Anulando el acta de decretos

La revelación que recibió el apóstol Pablo sobre el triunfo contra el pecado, contra las huestes espirituales de maldad y contra nuestra herencia pecaminosa es una de las revelaciones más espectaculares registradas en las Sagradas Escrituras. Esta ha sido una de las escrituras con la cual he vencido los acoses de Satán muchas veces.
La misma dice: Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Colosenses 2:13-15
Se hace difícil al ser humano entender el mundo espiritual porque nuestra visión está limitada al mundo material y tangible que nos rodea. Eliseo tuvo que orar a Dios para que abriera los ojos de su cridado y pudiera ver la realidad que le rodeaba en un momento crucial. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo. 2 Reyes 6:17
La mente racional del criado veía una cosa, pero la realidad era otra. Es la misma disyuntiva que cada día vive el ser humano. Existe una realidad en un ámbito espiritual que nuestro intelecto, nuestros sentidos e inclusive nuestros ojos físicos no pueden entender y apreciar a capacidad.
Jesús dijo en Juan 16:12: Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.
Hasta que el creyente no entra en una comunión íntima con el Espíritu Santo y es lleno de su plenitud, sus sentidos espirituales yacen adormecidos y se le hace difícil entender el mundo espiritual que le rodea.
La vida del cristiano no termina con la salvación. Allí es que comienza. La salvación es una garantía para nuestra eternidad. El acto de la salvación es el comienzo de un proceso que dura toda una vida, hasta que el creyente pueda despertar a la semejanza de su Redentor.
Con la salvación comienza el proceso del desalojo de la casa (el alma, cuerpo y espíritu) del creyente. La casa comienza a ser barrida y limpiada. En algunos creyentes este proceso puede ser inmediato, en otros es más lento y en algunos puede tomar toda una vida. Aun cuando el proceso sea inmediato, los huéspedes que habitaban la casa comienzan a hacer fuerza por volver a su antigua morada. Aquí es que comienza la batalla del creyente, la lucha entre la carne y el espíritu, la fe y la razón.
En nuestro ADN llevamos la maldición de nuestros antepasados. Estamos marcados por el pecado. Una herencia pecaminosa que nos subyuga. Concerniente a Israel, el Espíritu Santo dijo: El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares, (Jeremías 17:1) Esta es la condición del ser humano. Con cincel de hierro y punta de diamante el pecado está esculpido en la tabla de nuestro corazón. Desde nuestro nacimiento hemos estado sometidos a esta ley, obedeciendo y sometiéndonos a cada capricho de nuestro corazón.
El ser humano carga dentro de sí inclinaciones malsanas: hechicerías, inmoralidad, miedos, ansiedad, depresión, deseos suicidas, mentira, robo, etc. Somos influenciados por estas tendencias desde nuestro nacimiento. Tan fuerte son estas tendencias que el Espíritu Santo hace un llamado a cada seguidor de Cristo a hacer morir esta naturaleza malsana día a día. (Lea Colosenses 3.
Hay decretos contra nuestros cuerpos. Enfermedades que nos transmitieron nuestros antepasados por su rebelión contra Dios. Están escritos en nuestros genes. Hay decretos contra nuestro espíritu. En su rebelión contra Dios nuestros antepasados incursionaron senderos espirituales prohibidos de brujería y prácticas ocultistas. Los que practicaron en un momento dado la masonería, al hacer juramento sometieron su descendencia a maldiciones.
Hay decretos contra nuestra mente y nuestras emociones debido a actos que nuestros padres efectuaron generalmente en ignorancia. Palabras que nunca debieron ser dichas fueron lanzadas contra nosotros. Hemos bebido el cáliz del desprecio, el rechazo y la traición, y nuestras emociones quedaron marcadas y paralizadas. Aun aceptando el sacrificio de Cristo, muchos no han superado su parálisis emocional causado por los traumas del rechazo. Satán no pierde tiempo. Sus demonios aún están parados en la puerta detrás de estas fortalezas emocionales.
¡Gloria a Dios que el precio de nuestra sanidad y liberación ha sido pagado! ¡Gloria a Dios que toda esta acta de decretos que había contra nosotros fue quitada de en medio y clavada en la cruz!
El problema es que tenemos un ladrón que solo ha venido para robar, matar y destruir y busca la manera de arrebatarnos lo que ya Cristo pagó por nosotros.
Los científicos son expertos en los decretos. Han descubierto secuencias en los genes y dicen que pueden identificar genes afectados por el síndrome Down, los del cáncer, etc. Entonces dan dictámenes y sentencias. Si tu madre o tu padre padecieron de esta o tal enfermedad tú tendrás el mismo problema. Esa no es la ciencia bíblica. Ese no es el dictamen bíblico. El dictamen bíblico es que fue quitado. Que fue clavado en la cruz. El acta de los decretos que había contra nosotros fue anulada. El acta que nos era contraria fue quitada de en medio y clavada en la cruz.
¿Qué sucede entonces que gran parte de los hijos de Dios siguen arrastrando cadenas de terribles pasados? El problema es la calidad del terreno. ¿Estoy preparando mi terreno para que la semilla de la fe germine y se convierta en un grande árbol que pueda dar fruto? ¿Por qué seguir arrastrando las cadenas de pasados vergonzosos? ¿Por qué seguir siendo atormentado por mi pasado?
Hay que preparar el terreno. Tengo que ir erigiendo fortalezas espirituales en mi mente a través de ejercicios espirituales, lecturas bíblicas, conversaciones generadas en la fe y el poder de la palabra de Dios, renuncias, confesiones, destrucción de fortalezas espirituales contrarias a la naturaleza de la palabra y la fe.
Alrededor de veinticinco años atrás un médico me dio un dictamen. Cáncer en el útero. Me mostró los estudios hechos. Pero días antes la misericordia de Dios me había cobijado abriendo mis ojos a la realidad de la fe. La realidad de Dios. Que cuando el hombre da un dictamen ya Dios nos ha dado otro en su Palabra. Mi sobrina tuvo una revelación. Y en la revelación Dios le habló y le dijo: “Dile a Ana que no acepte las falsas profecías de los médicos.”
Cuando el médico habló, refuté con la palabra. Él me dijo que si dudaba los resultados buscara una segunda opinión. Busqué una segunda opinión no porque dudaba lo que Dios había dicho. Quería testimoniar al médico el poder de la fe en Jesús y su palabra. Cuando le llevé el segundo estudio hecho en otro lugar, el médico no podía creerlo. Me indicó que en el primero aparecía el tumor y en el segundo todo estaba normal. Que esto era imposible. Pero cuando ponemos nuestra fe en el poder de la sangre de Jesús y su palabra todas las cosas son posibles.
Años más luego tuve otra experiencia parecida donde una doctora me diagnosticó Parkinson. Era lo que indicaban los síntomas descritos. No accedí a los estudios porque no acepté la palabra de la doctora. En esta ocasión mi reacción ante la doctora fue más recalcitrante pues le dije que yo reprendía todo espíritu de Parkinson y que no aceptaba ese dictamen. Percibí su estremecimiento como si la palabra que había dicho chocara contra una pared. Era la fe contra la lógica humana. Han pasado quince años. Los síntomas desaparecieron un tiempo después cuando comencé a mejorar mi dieta de alimentos.
¿Qué es un decreto? Hay varias definiciones, pero la más cercana al pensamiento que queremos traer es: Anotar marginalmente de manera breve el curso o respuesta que se ha de dar a un escrito.
Nuestra vida está escrita en el libro de Dios. Allí hay propósitos santos. Allí hay victorias. Hay también espinas, pero son espinas que producen rosas. Hay lágrimas, pero se convierten en perlas. Hay obras encomiables de renombre. Así lo percibió el salmista David cuando dijo:
Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro? Salmos 56:8
Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. Salmos 139:16
Aun antes de nacer ya Dios había entretejido nuestra vida y nos había investido con un santo llamado. Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. (Jer 1:4-5)
Pero nosotros, de una manera arbitraria, al ir creciendo comenzamos a conformarnos al espíritu del mundo que nos rodea. En los márgenes de nuestro libro, donde deben estar escritas las acciones justas comenzamos a anotar el curso o respuesta a lo que Dios ya había escrito. Dios nos dice que doblemos a la derecha y nos lanzamos a la izquierda. Dios nos dice que nos detengamos y seguimos caminando. Y así, seguimos el curso de nuestras vidas agarrando cargas que apenas podemos con ellas o que no nos corresponden llevar. Al final del camino terminamos irreconocibles al Dios que nos creó.
Leí una vez una historia bastante intrigante. La esposa de un hombre rico enfermó muy joven de locura. Muchos de los antepasados de la mujer habían padecido de locura y habían sido internados muy jóvenes en manicomios. El matrimonio había tenido una hija. El padre se dedicó a criar a su hija de apenas un año pues a raíz del parto la mujer es recluida en un manicomio, tal y como había sucedido con muchos de sus antepasados.
Intentando prevenir el ciclo maldito, el padre separa a su hija de su madre. Quería librarla y romper con la cadena. Pasaron muchos años, la niña se convierte en una mujer y vive una vida completamente normal hasta que un día alguien le revela el secreto de su madre. Intrigada por la revelación hecha va a ver a su madre dentro de una celda de un manicomio. En cuestión de días la mujer sucumbe también a la locura. Aceptó el dictamen del enemigo contra su vida y no el de Dios.
Nuestra vida tiene que comenzar entonces dentro del margen de lo que Dios ya ha trazado para nosotros, no en lo que ya nosotros hemos escrito. Lo que hemos escrito está distorsionado. Es lo que otros nos dicho descomedidamente. Es lo que hemos aceptado como nuestra realidad aun cuando es contraria a la realidad de lo que Dios tiene para nosotros. Nuestra vida tiene que comenzar en lo que Cristo ya conquistó por nosotros. Está en su libro. Allí está mi nombre. Tenemos entonces que cumplir ese plan. Tenemos que luchar por ello. Tenemos que pelear por ello de la misma manera que Jacob peleó por la bendición.
La Biblia nos advierte sobre los pensamientos. Que nuestros pensamientos tienen que ser renovados. Tienen que ser formados a lo que Dios escribió para nosotros en nuestro libro. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:8
¿Por qué somos advertidos sobre nuestros pensamientos? Mis decisiones son grandemente influenciadas por mis pensamientos. Mi forma de pensar determinará grandemente dónde voy a vivir, con quién me voy a casar cómo voy a vestir, la carrera que voy a estudiar o el trabajo que desempeñaré. Y como generalmente nunca o pocas veces consultamos a Dios por las decisiones que tomaremos, nuestra manera de pensar determinará entonces cada acción tomada. La manera en que un ser humano percibe las cosas generalmente se convierte o en un obstáculo para que el plan de Dios se cumpla en su vida o en una posibilidad para alcanzar lo prometido.
Los diez espías enviados a incursionar la tierra prometida, la tierra de Canaán, vieron gigantes. Josué y Caleb los vieron como pan para comérselos. Los diez espías vieron una tierra mala. Josué y Caleb vieron una tierra que fluye leche y miel. Los diez espías vieron un pueblo fuerte, ciudades grandes y fortificadas llena de gigantes. Josué y Caleb se vieron a sí mismos más fuertes que ellos. Los diez espías se vieron como langostas al lado de los gigantes. Josué y Caleb vieron que con el poder de Dios destruirían los gigantes. (Números 13 y 14)
El enemigo utiliza una y mil maneras para desviar a todo creyente del propósito de Dios para su vida. La manera más suspicaz es cuando se aprovecha de las fortalezas que hay en nuestra mente para detenernos en razonamientos vanos que van contra la fe y lo que Dios quiere para nosotros.
Si nuestra mente está formada con novelas, películas, libros y toda la parafernalia y filosofía de este mundo las fortalezas que se crean hacen difícil el cumplimiento del plan de Dios para nuestra vida pues percibimos las cosas conforme a esta formación. Es en este aspecto que el Espíritu Santo nos hace un llamado urgente en Romanos 12:2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
El precio que Cristo pagó incluye una transformación completa de nuestra mente, regeneración de nuestros genes recibidos por nuestros antepasados, anulación de decretos contrarios en nuestro libro de propósitos santos y también una renovación completa de nuestro espíritu.
Muchas veces las fortalezas mentales, que es donde el enemigo ha asentado sus cuarteles y desde donde comienza con bombardeos día y noche, nos hacen perder la bendición prometida. Nos llenamos de duda y comenzamos a debilitarnos.
¿Cómo se derriban las fortalezas mentales? No es fácil luchar con los decretos que hay sobre nosotros desde nuestro nacimiento. Las cosas que hemos aceptado como ciertas haciéndolas parte de nuestra personalidad y nuestro destino. Se requiere valentía para admitir ciertas deficiencias y defectos. Aceptar los errores cometidos sin inculpar a otros. No es fácil desnudarse del viejo hombre y dejarlo morir para que nazca en nosotros la nueva criatura. Todo esto requiere esfuerzo, dominio propio, humildad y negación propia. Esto envuelve dolor. Dolor por lo que nos es arrancado. Todo esto demanda un quebrantamiento.
Fue lo que nos habló Cristo en Juan 12:24: De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
¿Cuáles son las armas de nuestra milicia para la destrucción de estas fortalezas?
1. La Palabra de Dios ¿Cómo Jesús venció al enemigo? ¿Cómo Jesús doblegó su naturaleza humana? Jesús era cien por ciento hombre y cien por ciento Dios. Si era cien por ciento humano tenía entonces que doblegar esta naturaleza humana. Jesús cargaba los genes de todos sus antepasados. Y en esta línea genealógica hallamos hombres como Manasés, Ruth la moabita y Rahab la de Jericó, entre otros. Muchos de los antepasados de Jesús vivieron vidas de rebelión e idolatría. Jesús doblegó esa herencia humana genética que no era perfecta y usó el poder de la palabra divina para vencer a su enemigo.
2. La fe La palabra divina nos dice en Hebreos 11:6: Empero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. ¿Creo lo que me dice la palabra de Dios? ¿Entiendo la batalla que estoy lidiando por la salvación de mi alma? Si no entiendo ni acepto la realidad espiritual donde soy confrontada día a día entonces hay peligro. Necesito claridad y ayuda como la tuvo el siervo de Eliseo. ¡Necesito esa semilla de fe!
3. La oración Las batallas más cruentas narradas en la Biblia se han peleado en la rodilla. Se pelearon con la oración. Jesús en Getsemaní. Pedro en la cárcel. La invasión de Senaquerib. Gran parte de los Salmos son oraciones producto de grandes batallas.
4. El ayuno Hay géneros en el mundo espiritual y aun en el físico que sólo pueden ser vencidos con el ayuno. Jesús fue bien enfático sobre esto. (Mateo 17:21)
5. Desligarnos de la corriente del mundo. El mundo que es este sistema en el cual vivimos, quiere ahogar nuestra fe. Entonces hay que distanciarse. Hay que caminar con cautela y no dejarnos ahogar por la corriente de este mundo.
6. Resistir las sugestiones que el enemigo lanza a la mente. Entender el acceso que las potestades espirituales tienen a nuestra mente y adiestrarnos con las armas espirituales para poder resistir todo acoso.
Ana Ríos
20 de abril de 2026





Comments