Cristianos de Fortaleza

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Efesios 6:10
¿Qué es un cristiano de fortaleza?
El apóstol Pablo hace énfasis sobre tres aspectos esenciales en la vida de cada creyente que camina con Dios:
1. Su fortaleza
2. El efecto de la Palabra de Dios en su vida
3. Su posición frente a su archienemigo satán
La fortaleza de un cristiano no se determina por su capacidad intelectual o física o por logros alcanzados en la vida. Se determina en base a su ejercicio constante de sus facultades espirituales y su carácter. El cristiano comprometido con Dios se ha hecho fuerte en un campo de batalla nada común: el mundo, la carne y enfrentando principados espirituales de maldad.
El mundo nos desgasta, nos agobia, nos exige, nos obliga… el mundo nos quita la vida de Dios porque nos introduce dentro de márgenes de compromisos, responsabilidades y exigencias.
Pero el Espíritu Santo nos dice que hay algo que es una victoria y que vence al mundo y es la fe. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. 1 Juan 5:4
Vivimos asediados día y noche por tentaciones que nos sacuden. Las tentaciones se producen en nuestra naturaleza carnal. Y la carne es como nuestra sombra que a veces nos asusta. Como nuestro otro yo con sus vicios, deseos y sueños terrenales. La carne no anhela los lugares celestiales. Es como la gaviota que solo pesca en la orilla. Es como la gallina que sólo quiere vivir inclinada escarbando gusanos del suelo. Como los caballos halan la carreta, nuestra carne quiere halarnos para realizar nuestros propios deseos. Necesitamos entonces a alguien que con destreza tome las riendas de la carreta y nos conduzca a los lugares apropiados.
Nos estremecemos cuando nuestra mente es asediada por pensamientos ajenos a nuestra naturaleza. Pensamientos que se originan en nuestra naturaleza carnal. Uno de estos asedios son los sentimientos de venganza. Herir al que nos destruye. Lastimar al que nos ha ofendido. Alimentar el dolor provocado maquinando eventos de venganza. ¡Y qué dulce es la venganza! ¡Como se satisface la carne con cada acto de venganza! Pero sus frutos son amargos. Amargos porque dan paso a otras pasiones que nos arrastran y nos hunden el lago cenagoso.
A veces nos preguntamos: ‘¿De dónde salen estos pensamientos?’ Y esto nos asusta pues el enemigo no pierde tiempo y comienza entonces con su acose de “has pecado”, “tú estás mal” “Dios te ha dejado”.
El ejercicio de nuestra capacidad volitiva es crucial entonces en esta hora. Y para ejercerlo eficazmente necesitamos la espada de la palabra para arremeter contra estos pensamientos sembrados por satán. Y este es el momento preparado por Dios para hacernos fuertes. Dios nos hace fuertes en el campo de batalla de nuestras debilidades. De nuestras tentaciones. Porque nos enfrenta a dos opciones: O las derrotamos y somos derrotados. Ese es el propósito de Dios, fortalecer nuestros lados débiles.
La fuerza de carácter, de voluntad y de convicciones sólo se logran por un continuo ejercicio de nuestras facultades espirituales quienes a su vez son nutridas por el pan de la palabra de Dios. Pues nuestros enemigos son espirituales. Todos los frutos del Espíritu rigen en un ámbito espiritual y tienen que ver con nuestras facultades. No están sujetos a ley humana alguna porque rigen en base a nuestra capacidad volitiva. Nuestra fuerza de voluntad. Yo soy la que decido que estos frutos gobiernen en mi vida. Yo decido amar. Yo decido perdonar. Yo decido ser benigna. etc.
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Gálatas 5:22-23
Un cristiano de fortaleza es aquel que ha delineado sus pasos tras los ideales del cielo, mirando al invisible con el fin de dejar huellas que trazarán caminos para las próximas generaciones. Sí. Porque generalmente se nos olvida que somos constructores de generaciones.
La Biblia dice que David tuvo un ejército. Aquellos no eran hombres letrados. No eran lo mejor de la sociedad. Eran una banda de endeudados y amargados a quienes la vida le había fallado en casi todos los aspectos. (1 Samuel 22:2)
O sea, que el ejército que formaría las bases de lo que sería un reino eterno estuvo compuesto de una banda de fugitivos armados y sin disciplina. Pero Dios los entrenó.
Había un denominador común en la vida de estos hombres: ERAN VALIENTES.
Y la Biblia da una descripción única de su valentía. Mataron gigantes, enfrentaron ejércitos poderosos, mataron leones. Adino el eznita mató a ochocientos hombres en una ocasión. Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo en pos de él tan solo para recoger el botín. Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia alzó su lanza contra trescientos, a quienes mató. 1 Crónicas 11:10-47 Estas son algunas de las descripciones que hace la Biblia de esta banda de hombres marginados.
En su desesperación, porque sabía que ya Saúl había resuelto matarlo y que no había lugar donde él pudiera esconderse, David recurre a uno de los ‘eternos’ enemigos de Israel: el rey Aquis en Gat. Los filisteos. (1Samuel 27)
¿Fue esto un error? Humanamente sí. Pero todas las cosas obran para bien para los que aman a Dios. Dios siempre interviene en todas nuestras movidas. Son actos de su gracia. Es su misericordia porque su plan nunca se detiene. Así que son enviados a Siclag. David andaba con seiscientos hombres casi salvajes. No eran soldados entrenados. Eran personas amargadas que habían perdido mucho en la vida. Por un tiempo Aquis los había dejado en la ciudad real, pero vinieron los problemas. Entonces son enviados a este lugar inhóspito al sur de la frontera de Israel, un lugar despoblado. Con frecuencia Siclag es interpretado como un lugar donde se es presionado. Donde el alma experimenta una gran presión como cuando las olivas son exprimidas para sacar su aceite. Allí estuvo este ejército con su jefe un año y cuatro meses. El tiempo suficiente para dar forma al carácter de esta banda de valientes.
Amados, nuestra misión y nuestro llamado (porque todos hemos sido llamados a laborar en esta grande misión del reino) no se circunscribe a al presente solamente. Esto sigue hasta aun en la próxima vida. Al más allá. Pero de este presente depende nuestro futuro. De cuánto resistamos.
Pienso que muchos del ejército de David no pasaron el Siclag. Allí estaban siendo exprimidos como se exprimen las olivas. Para que el aceite salga de las olivas éstas tienen que pasar por un proceso crucial. Crítico. Si nos comparamos a las olivas podríamos decir que es un proceso doloroso. Quizás hoy te encuentres en territorio enemigo buscando refugio y ganar tregua a tu perseguidor que no te pierde pies ni pisadas. Pero debemos tener algo presente: La prueba de David terminó en victoria porque pasó el grado.
Este escrito fue inspirado en una visión que tuve anoche. Dios es bueno y siempre nos habla. En esta visión salgo de un lugar donde había mucha gente. Tenía que emprender un camino. Llevaba un niño de la mano. ¿Ministerio? ¿Misión? ¿Encomienda? Generalmente este el símbolo de niños en los sueños y visiones.
En el camino me encuentro con una compañera de milicia de años. Esposa de un Pastor. Ella estaba detenida. Estaba dentro de un estacionamiento enrejado, sentada en el piso donde había agua sucia con muchos papeles en sus manos. No pensé saludarla, solo seguir mi camino. Pero me desvié y la saludé. Le pregunté si estaba haciendo su maestría. Sólo con un gesto triste asintió que sí. Le iba a decir que yo la había hecho pero que no valía la pena, pero me detuve. Estaba cansada y no quería controversia. Sabía que no me entendería.
Proseguí mi camino agarrando siempre aquel niño de mi mano. Llego entonces a la cuesta. Las montañas que siempre he visto en mis sueños. Tenía que subirla, pero me detuve. Me llené de temor. Pensé en los tramos solitarios. Yo iba sola con un niño y me llenó de temor. Era un tramo largo y solitario. Rodeado de peligros y dificultados pues no eran carreteras las que andaría, serían caminos difíciles y yo estaba cansada. Entonces me detuve y razoné: ¿Por qué voy a atravesar esta montaña si puedo llamar a alguien que me pase con su vehículo al otro lado?
Entonces viré y emprendí el camino hacia atrás, siempre con el niño agarrado de mi mano. Trataba de evadir los muchos vehículos que venían para a travesar aquella montaña pues la carretera no tenía aceras. Eran muchos los vehículos.
Dios tiene problemas porque nadie quiere a travesar la montaña a pie porque es más fácil hacerlo en un vehículo porque el vehículo la cruza ligero.
Pero hay senderos que tenemos que caminarlos. Es más fácil correrlos en un vehículo, pero los resultados no serán los mismos. Perderemos mucho en nuestra relación con Dios y en nuestro futuro eterno. Muchas personas se verán afectadas por nuestras decisiones pues marcamos un camino para muchas generaciones por delante.
Ana Ríos
26 de febrero 2026





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