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Cómo llegar al corazón de Dios

Sep 8
3 min read
Cómo llegar al corazón De Dios

Más que pregunta, es un desafío. ¿Se puede llegar al corazón de Dios?


Quien más proximidad tuvo, quizás, al corazón de Dios fue Juan el apóstol cuando se recostó en el hombro de Jesús. La Biblia no da detalles de tal inefable experiencia. Sólo un corazón cargado de poesía podría describir algo tan sublime. Pero ese es el anhelo de Dios con sus criaturas. Todo el acto redentor de la cruz se centró en esto: que cada ser humano en la tierra pudiera llegar al corazón de Dios y ser partícipe de su dulce fragancia.


La Biblia nos da infinitas descripciones de Dios que exaltan su naturaleza y que nos llevan a doblegar nuestro ser ante la majestuosidad de su carácter. Este conocimiento de Dios, aunque limitado de nuestra parte, es esencial en nuestro servicio a Él. ¿Por qué? Porque conociendo su esencia y su poder preparamos nuestro corazón para agradarle y ser útiles en nuestro servicio a Él.


En cierto momento Dios se quejó contra su pueblo: Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron. Jeremías 4:22


En este aspecto David se esforzó y en su búsqueda e inquirir descubrió que hay maneras que podemos llegar al corazón de Dios. Pero antes, tenemos que con claridad mental entender que Dios no está distante. Que nuestra vida está entretejida en la de Él. Que somos el fruto de sus anhelos. Hechura suya. Obra de sus manos. Que Dios siente. Sufre, llora y se aflige. Que vibramos a su esencia. Él nos hizo a su imagen y semejanza. Aunque físicamente nos separan galaxias, está a mi lado y mi alma vibra a su melodía y a lo que Él quiere que yo sea. Sus anhelos. Un anhelo ultimado de ser como Él.


Esta fue la expresión del salmista. Una expresión que sólo pudo ser expresada en el lenguaje poético: En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. Salmos 17:15


Este anhelo de Dios se consumó en su Hijo cuando fue engendrado por el Espíritu Santo en la fragilidad humana. En el vientre de la virgen María. Entonces más adelante ese amor se materializó. Se hizo carne. Y llegó a ser la máxima expresión del amor. Y la máxima expresión del amor es el sacrificio. Y como si fuera poco, selló ese sacrificio con la muerte.


Y es con la muerte que sellamos nuestra entrega a Él. Muerte al mundo. Muerte al yo. Aun la muerte física.

 

Ese ha sido el objetivo de Dios. Ese es el hilo que corre a través de toda la Escritura. No es el juicio. El juicio es una reacción de su amor.


El rey Manasés, quizás uno de los reyes más malos y apóstatas mencionado en la Biblia, se tornó a Dios a raíz del juicio. Fue encerrado en una celda y allí lloró ante Dios. Se tornó en arrepentimiento al Dios de sus padres. Y fue escuchado. Alcanzó misericordia y fue perdonado y restaurado. Igualmente, David. Nosotros también estamos incluidos. ¿Cuántas veces Dios ha usado su vara de corrección para hacernos entrar en el camino? Esa es la vara de su celo. La vara de su amor.


Ese es el anhelo divino manifestado en sus obras. En sus palabras. Ese anhelo de cercanía. De comprensión. De que lo respetemos y le temamos con temor reverencial.


¿Cómo es posible que en nuestra condición caída podamos llegar a realizarnos en ese sentir de Dios? Es a través de su Espíritu Santo.


El Espíritu Santo trabaja en nosotros día a día para acercarnos a Dios. Para hacer presente la Persona de Jesús en nosotros. Él nos redarguye. Nos exhorta. Nos guía. Él pone su hombro para que lloremos. Él nos acurruca bajo sus alas. Pasa su mano sobre nuestra cabeza mientras dormimos.


¡Qué sublime experiencia! No hay comparación. Con razón David expresó: Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas.  Salmos 63:1


¿Cuál debe ser el supremo objetivo del ser humano? Dios lo expresó de la siguiente manera:


Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.  Jeremías 9:24


Ana Ríos


7 de septiembre del 2026


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