Cómo Pasar de una Maldición a una Bendición-Parte 2
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Por Derek Prince Solamente resumiré las otras causas principales de maldiciones enumeradas en Deuteronomio 27. Como dije, la primera es idolatría y falsos dioses, la segunda es deshonrar los padres. Y esto es muy importante. No dudo que haya algunos de ustedes quienes tienen problemas en su vida por mala actitud hacia los padres. Recuerde que el primer mandamiento con una bendición es lo opuesto: Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien y tengas larga vida en la tierra.
En mi experiencia ministerial cristiana no he conocido aun una persona que haya deshonrado a su padre y su madre y le haya ido bien. Nunca. Automáticamente la persona es expuesta a una maldición. Esto no quiere decir que tienes que estar de acuerdo en todo con tus padres, inclusive hacer todo lo que te digan. Pero tienes que honrar a tus padres. Es el primer mandamiento con promesa de bendiciones.
¡Cuántas personas he conocido cuyas vidas fueron arregladas cuando arreglaron sus actitudes hacia sus padres! Sé de otros que nunca lo hicieron y nunca fueron bendecidos. Sé de un miembro de mi familia quien murió de cáncer a los cuarenta años. Era salvado y bautizado en el Espíritu Santo. Servía al Señor, pero nunca disfrutó de las bendiciones del Señor porque nunca quiso arreglar su relación con su madre que era espiritista. Tenía todos los problemas que usted pueda imaginar. Podía librarse de ellos si hubiera mejorado la relación con su madre. No estoy hablando sobre teorías, estoy hablando de cosas que las sé de la experiencia.
La próxima razón para maldición es el sexo ilícito o contranatural. Cualquier forma de sexo contranatural lleva a una maldición. Cualquier forma de homosexualidad o bestialismo traerá maldición. También relaciones sexuales con miembros de familia fuera de los parámetros permitidos. En la actualidad sabemos que hay millones de niños que han sido victimizados por sus padres en el área del sexo.
La cuarta razón principal es injusticia a los débiles y desamparados. En mis series grabadas presento el caso de los indios americanos de Estados Unidos quienes pusieron una maldición sobre la Casa Blanca porque el gobierno americano regularmente quebrantaba sus tratados con los indios americanos. Y créame, sin duda alguna ellos saben cómo maldecir. Esta es la razón por la que desde el 1860 hasta los 1900’s de la era presente cada presidente electo en el año vigésimo moría en su oficio. Puede trazarlo a dos cosas en el pasado: la infidelidad del gobierno americano hacia los indios americanos y al hecho de que Abraham Lincoln, quien fue el presidente electo en el 1860, permitió una sesión de espiritismo en la Casa Blanca oficiada por su esposa quien más tarde terminó en una institución mental.
Entonces usted puede ver cómo estas cosas no solo afectan individuos, afectan también naciones completas. También creo que lo mismo pudo haber sucedido al presidente Reagan. Un atentado de asesinato fue hecho a principios de su presidencia. Pero antes de hacer el juramento como presidente, un grupo nos unimos en una reunión en oración y fe y lo liberamos de esa maldición. No solo a él, también rompimos la maldición que había sobre la presidencia. Puede usted ver lo cerca que estuvo la maldición de cumplirse cuando una bala penetró a una pulgada de su corazón.
Creo que, en cierto sentido, esa fue la respuesta de Dios a la oración que liberó la maldición. Espero usted se dé cuenta que esto no es teoría abstracta. Esto es algo que afecta la vida de la gente y las naciones en todos los lugares.
Tenemos otro caso completamente diferente. Jeremías 17:5,6 dice: 5 Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. 6 Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
Este es un caso típico de una persona bajo una maldición. Todos los demás están recibiendo la lluvia de bendición, de prosperidad, pero tal persona está en el medio de todo esto. En tierra seca y no se da cuenta que es porque está bajo maldición. ¿Cuál es la causa de esa maldición? Maldito es el hombre que confía en el hombre, que hace de la carne su apoyo, que se apoya en la capacidad humana y en los recursos materiales, y cuyo corazón se aleja del Señor. Creo que esta maldición está sobre muchas iglesias cristianas quienes han tentado la gracia de Dios. Habiendo sabido lo que es ser bendecido por su gracia se han tornado y han comenzado a confiar en sus propios esfuerzos, su propia inteligencia y en su propia religión. Han hecho de la carne su brazo. La bendición de Dios se ha apartado y en su lugar una maldición ha venido sobre estas congregaciones.
Yo he predicado en muchas congregaciones y percibí que estaban bajo una maldición. Luchas y peleas y predicas, pero los resultados son muy pocos. Hasta que no se trate con la maldición no habrá resultados. En Zacarías 5, el profeta tuvo una visión de un rollo que contenía maldiciones en ambos lados. Por un lado, recaía sobre quien robaba y por otro sobre quien cometía perjurio y juraba en falso en el nombre del Señor; y esta maldición se desató sobre las casas de la gente y las destruyó.
Se da cuenta, muchas casas son destruidas porque ha venido una maldición. Familias están rotas por una maldición. ¡Cuántos en su país estarán bajo una maldición! Si usted añade todos los que roban y han perjurado, cuántos no son honestos cuando llenan las planillas de impuestos. ¿Se ha dado cuenta que esto puede traer una maldición sobre usted? En Estados Unidos hay mucha gente que está bajo maldición, incluyendo mucha gente que va a la iglesia.
Ahora bien, el siguiente ámbito de fuentes lo constituyen los hombres que representan a Dios. Solo consideraremos unos pocos. El primero es Josué.
En Josué 6:26 nos dice que después que los hijos de Israel capturaron la ciudad de Jericó milagrosamente Josué pronunció una maldición en cualquiera que la reconstruyera.
En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas.
Esto fue pronunciado alrededor de 1300 años antes de Cristo. Alrededor de 800 años antes de Cristo un hombre la reconstruyó. Lo leemos en 1 Reyes 16:34: 34 En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun.
Así que 500 años más tarde la maldición pronunciada por Josué operó en aquel hombre que la había reconstruido. Le costó dos de sus hijos. ¿Puede usted imaginarse a los doctores de ese tiempo intentando buscar la causa de sus muertes? No pudieron hallar ninguna razón médica obvia. Ningún virus ni diagnóstico médico. Los médicos no sabían que la causa se remontaba a 500 años atrás. A una maldición que un hombre de Dios había puesto como juicio a aquella ciudad la cual Dios había determinado que nunca fuera reconstruida.
¿Puede usted entonces entender que quizás esté lidiando con cosas en su vida cuya causa pueda remontarse a cientos de años atrás?
Lo que aparece entre comillas son las palabras de David en su canto tras la muerte de Saúl y Jonatán en 2 Samuel, capítulo 1, versículo 21. Y tengo que decir que, si se interpreta correctamente, David era un tipo increíble. No me refiero al sentido en el que lo usaríamos hoy en día, pero él lanzó unas maldiciones espeluznantes contra algunas personas. Es decir, si lees algunos de los Salmos, se te hiela la sangre solo de pensarlo.
Usted ve, eso era parte del ministerio de un hombre de Dios. No meramente bendecían, también maldecían. Esto fue lo que dijo en su hermoso cántico sobre Saúl y Jonatán en 2 Samuel 1:21: Montes de Gilboa, ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; porque allí fue desechado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.
¿Tiene algún sentido hablar a las montañas? ¿No es algo extraño?
Estas palabras fueron habladas alrededor de mil años antes de Cristo. Casi 2000 años después de Cristo usted va a las montañas de Gilboa y no hay vegetación verde al día de hoy. En todas las montañas alrededor crece vegetación y árboles. El gobierno de Israel quien tiene mucho interés en la reforestación del país ha tratado de plantar árboles en esa montaña, pero no crecen. La razón por las cuales David habló tales palabras alrededor de 3000 años atrás es la evidencia visible hoy en la tierra de Israel.
Recuerde el profeta Eliseo. Tenía un sirviente llamado Giezi quien corrió detrás de Naamán después de este haber sido sanado de lepra y le pidió dinero y vestidos y los escondió de Eliseo. Cuando volvió, Eliseo le dijo que su espíritu había ido con él. Y luego le dijo que la lepra de Naamán el sirio estaría sobre él y su descendencia para siempre. Giezi salió tan blanco como la nieve. ¿Acaso no fue esto consecuencia de la maldición pronunciada por el hombre de Dios?
Vamos al Nuevo Testamento en Marcos 11:12 dice: Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. 13 Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. 14 Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
Lo que voy a decir no lo diré con una seguridad absoluta. En aquel tipo de árbol de higuera, antes de nacer los higos, hay un tipo de cosa redonda que nace primero, lo que los árabes llaman nafa, que quiere decir aquello que cae.
Jesús no fue tan irrazonable como para esperar higos cuando no era la época. Pero sí que procedía de la nafa. La enseñanza es que, si un árbol no produce la nafa, lo primero que ocurre es que no dará higos. O bien Jesús sabía que aquel árbol no daba fruto, y ¿qué hizo? Le habló al árbol. ¿Tiene sentido? En respuesta, Jesús le dijo que nadie volvería a comer fruto de él jamás. Estoy seguro de que los discípulos pensaron que nuestro Maestro se había pasado un poco de la raya.
Paso ahora al versículo 20: Por la mañana, al pasar por allí, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Veinticuatro horas después, el árbol estaba totalmente seco y Pedro, recordándolo, le dijo: “Rabí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado”.
Observe que él le dijo a Jesús “el árbol que maldijiste.” Ese fue el resultado. Jesús dijo “tened fe en Dios”. Miraremos otro pasaje paralelo en Mateo 21:21. Lo mismo aparece en el verso 20. Cuando los discípulos vieron el árbol se maravillaron diciendo: ¿Cómo el árbol de higuera se secó tan rápido? Respondiendo Jesús les dijo “En verdad os digo que si tuviereis fe y no dudareis no solo harían lo del árbol de higuera.” El árbol de higuera se secó y Él dijo que podrían hablar a una montaña. Observe entonces que Él los autorizó a maldecir cosas. Él dijo: No solo haréis esto de la higuera.
Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. 19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. 20 Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? 21 Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. 22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.
El poder que tenemos, si lo llegamos a usar, es atemorizante. Somos como Moisés cuando Dios le dijo que volviera a Egipto y libertara a Israel. Moisés le dijo que no tenía nada que con que podría ir. Entonces Dios le pregunta sobre lo que tenía en su mano. Era un cayado de pastor. Dios le dijo que lo tirara al piso. Y lo que sucedió fue que se convirtió en una serpiente y Moisés corría de aquello que él tenía en su mano.
Entienda esto: Dios dijo que lo único que vamos a necesitar es nuestro bastón, que volvamos a Egipto y cumplamos nuestra misión. Muchos de nosotros somos así. Llevamos un bastón en las manos. No nos damos cuenta de que, si lo tiramos al suelo, puede convertirse en una serpiente.
Permítame contarles una historia real. Alrededor del año 1965 yo era un Pastor asociado en una iglesia en Chicago. Justo en la esquina, contigua a la iglesia, pared a pared con la iglesia había un salón de baile o como usted quiera llamarle. No solo vendían alcohol, también era un lugar de prostitución y drogas ilícitas. Estábamos teniendo una reunión de oración en la iglesia en algún momento en octubre. Yo estaba en el altar dirigiendo la oración. Me paré allí en aquella plataforma y dije: “En el nombre de Jesús yo maldigo ese salón de baile. No pensé mucho sobre esto. Pero en la época de Navidad, creo que después de Navidad, como a las 4:00 entró una llamada telefónica. “La iglesia está ardiendo”, me dijo un hermano, “¿podría venir y ver?”
Estaba bien frío en Chicago y a las 4:00am probablemente estaba a 200 bajo cero. No quería ir realmente a ver. Pero entonces pensé que si no mostraba interés en la iglesia que estaba en fuego la gente pensaría que no me importaba. Así que fui con mi esposa Lydia. Nos acercamos a las llamas y el humo subía. Pero descubrimos que no era la iglesia la que ardía, era el salón de baile. Fue completamente destruido pero la iglesia no sufrió ningún daño.
Aquello fue el resultado de la maldición. Cuando vi lo que sucedió me dije: Hermano Prince tienes que tienes que tener mucho cuidado como tú oras. Estaba como Moisés. Asustado por lo que tenía en mi mano.
Otra fuente de maldiciones —y esto es muy importante— son las personas con autoridad relacional. Dios ha ordenado la sociedad humana de tal manera que, en determinadas situaciones, una persona tiene autoridad sobre otra u otras personas. El ejemplo más obvio es un padre, que de acuerdo con la palabra de Dios tiene autoridad sobre su familia. Ya sea que la gente le guste o no o estén contra con esto o no, es absolutamente irrelevante. El hecho es que él tiene autoridad sobre su familia. Si no la usa, ese es su problema.
Otra persona que tiene autoridad es un esposo sobre su esposa. Está bien relacionado a lo que la Biblia dice que Dios es la cabeza de Cristo, Cristo es la cabeza de la iglesia y el esposo es la cabeza de la mujer. Las mujeres en el campo laboral pueden decir lo que deseen, pero el hecho es inalterable y ellas no pueden cambiarlo u objetarlo. Yo no soy anti-mujer, nunca ha sido un problema para mí. Tomemos el caso de Jacob y su familia. Jacob sirvió más de catorce años a su tío Labán. Adquirió dos esposas, dos concubinas y once hijos. Entonces decidió salir a la tierra que Dios le había prometido. Se fue secretamente porque temía que su tío le reclamara las esposas que eran las hijas de Labán.
Labán lo persiguió y lo encontró en la frontera de la tierra de Canaán. Raquel, la hija de Labán y la segunda esposa de Jacob, robó los dioses domésticos de su padre. En primer lugar, el no debió haber tenido dioses domésticos y en segundo lugar ella no debió haberlos robado, pero lo hizo. Labán estaba furioso porque sus dioses habían sido robados. Esas pequeñas imágenes que según él lo protegían, usted sabe, son cosas que la gente tiene en contra de la voluntad de Dios.
Labán encuentra a Jacob y le reclama. Jacob le dice que tenía miedo de que le quitara sus esposas y sus hijos. Entonces le pregunta por qué había robado sus dioses. Jacob no sabía que Raquel los había robado. Estaba bien indignado porque había sido acusado de robar los dioses de su suegro cuando él no tenía que ver nada con ellos. Entonces dijo lo siguiente en Génesis 31:32: Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado. El hebreo dice “no dejes que viva”.
Esto fue pronunciado por Jacob, el esposo de Raquel. El tenía autoridad sobre Raquel. Esta no era una palabra en el vacío, estaba investida con su autoridad. Y usted sabe la historia. Raquel tuvo un hijo y murió en el alumbramiento. Jacob había pronunciado el destino de su esposa.
La bendición del padre es como una segunda bendición a la bendición de Dios. Lo más deseado en la vida es la bendición del padre y una de las cosas más temidas es la maldición del padre. Muchos padres han puesto una maldición en la vida de sus hijos sin saberlo. Lo sé porque he tratado con muchos casos donde he tenido que ayudarlos a salir de esto.
Un padre puede tener, digamos, tres hijos. El primero es inteligente, el tercero es inteligente, pero el del medio no es tan brillante. Entonces el padre no le gusta el niño del medio. ¿Sabe de lo que me he dado cuenta respecto a los padres? Si hay un hijo que a ellos no les gusta, usualmente es el que más se parece a ellos. Pienso que a ellos no les gusta verse a ellos mismos en ese niño. Entonces el padre le dice a este niño que nunca va a tener éxito como sus hermanos quienes son inteligentes. Le dice que será un fracaso en la vida. ¿Sabe algo? Esto es una maldición. Usted se asombrará saber cuántas personas luchan a través de toda su vida por una maldición paterna pronunciada en sus vidas.
Otra clase de persona que puede pronunciar una maldición es el maestro pues tiene autoridad sobre sus estudiantes. Puede que una profesora de educación primaria tenga un alumno con el que, sencillamente, no se lleva bien. Hay algún tipo de choque de personalidades y ella le dice cosas como: “Nunca aprenderás. Nunca aprenderás a leer. Es que no estás hecho para esto. Nunca tendrás éxito”. ¿Qué es eso? Es una maldición. He tratado con personas que han tenido que liberarse de una maldición pronunciada por un profesor. Hay muchos casos diferentes.
Otra persona que puede hacerlo también es el Pastor porque un Pastor tiene autoridad espiritual sobre su congregación. Algunos Pastores tienen choques personales con miembros de su congregación. Aquella persona deja la congregación quizás con resentimiento. Y quizás el Pastor le diga: “Vayas donde vayas, nunca tendrás éxito hasta que arregles las cosas con esta iglesia. Nunca llegarás a ninguna parte”. ¿Crees que los pastores hablan así? Créeme, lo hacen. ¿Sabes qué? Eso es una maldición. Los grupos religiosos son terribles en ese sentido. Si te separas de algunos grupos, automáticamente te lanzarán una maldición. Y créeme, eso no es algo sin importancia.
Vamos a la próxima categoría. Es la maldición autoimpuesta. Algo que es bien común. Son maldiciones que la gente pronuncia sobre ellos mismos.
Volvemos a la historia de Isaac y Rebeca. Recuerde que Rebeca había persuadido a Jacob a que robara la bendición, o más bien a que obtuviera la bendición. No diría exactamente robarla, pero robar la bendición haciendo trampa. Jacob era inteligente y dijo: Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. Su madre entonces le dijo que la maldición fuera sobre ella. Rebeca pronunció entonces una maldición sobre ella.
Más adelante en este capítulo, se quejó ante su marido, Isaac, de las mujeres con las que se había casado Esaú. Eran las hijas de Het y ella no las aprobaba. Las cosas no estaban saliendo a Rebeca como realmente ellas las quería. En el verso 46 le dice a Isaac:
…Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como estas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida? : Génesis 27:46
¿Usted ve? Ella pronunció una doble maldición. Dijo que mejor le era morir. He tratado con mucha gente que ha pronunciado maldiciones sobre sí mismos al expresar el deseo de morir. Al decir que no van a llegar. No tienes que decir eso muy a menudo; es como una invitación al espíritu de la muerte, y no hace falta que le des muchas invitaciones: él entrará por sí solo. Hemos visto a decenas de personas liberadas del espíritu de la muerte en una sola reunión.
En noviembre del año pasado, en el norte de Irlanda, oré colectivamente por la gente que necesitaba liberación del espíritu de la muerte. En una audiencia de dos mil personas, alrededor de cincuenta personas recibieron liberación simultáneamente. La mayoría eran jóvenes. ¿De dónde viene esta actitud de desesperanza? “No hay nada bueno en la vida. ¿Qué me puede ofrecer la vida? Más me valdría estar muerto.”
Hermanos y hermanas, es algo terriblemente peligroso decir esto. En realidad, te estás lanzando una maldición a ti mismo. Y sabemos lo mucho que trabaja el diablo para engañaros. Para que digas lo que no debes decir. Son cosas que se dicen por razones inoportunas. Quizás en momentos de desaliento. Pero aun así estás sellando tu propio destino. Fin de la Parte 2
Derek Prince
24 de julio 2026
Traducido de: https://www.youtube.com/watch?v=_Dpxg0KY6Po





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