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Dios siempre nos sorprende

Aug 8
3 min read

Dios siempre nos sorprende 3

He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. Isaías 43:19


Dios permite pruebas inimaginables que ni aun el ingenio más audaz hubiese pensado. Todo lo que pasaría en esta senda de la subsistencia.


Con sacrificio, logré adquirir la casa donde me crié. Laboré con el tiempo el hermoso jardín de mis sueños. Alcancé realmente una vida planificada, organizada con la presencia de Dios en mi hogar. Pero llegó a mi cercanía una pareja que aparentaba y presuntamente eran problemáticos. Tuvimos algunas diferencias. Cada vez que pensaba en ellos venía a mi mente la sabiduría de Proverbios 14:30: El corazón apacible es vida de la carne; más la envidia es carcoma de los huesos.


Para mi sorpresa, era más que todo eso. Mi vida tomó un giro inesperado en esos dos años y medio de su llegada. Era una verdadera maldición.  Con el tiempo, al estudiar su perfil, identifiqué características de psicopatía integrada. No soy una profesional de la salud mental, pero era evidente que tenían problemas con su yo interior. Arrojaban químicos alrededor de mi residencia provocándome náuseas y vómitos. Mis mascotas sufrían las consecuencias. Quemaron mi jardín. Invadieron mis comunicaciones privadas, utilizaban karaoke con las bocinas dirigidas a mi dormitorio. Me perseguían cuando salía de mi domicilio y laboraban en mi residencia todo tipo de artimañas. No podía denunciar esta conducta porque los agresores laboraban en sus faenas representando la ley y el orden.


Multiplicaron su maldad a la máxima expresión. Me preguntaba una y otra vez: ¿Por qué a mí? ¿Por qué Dios lo permitía? Abandoné mi hogar. Autoricé a un agente de bienes raíces para que hiciera la venta. Mi fe estaba en tierra movediza. Tenía dos caminos: entrar con misiles o confiar en Dios. Comprendí entonces que Dios no cambiaría mi desierto. Dios cambiaría lo que el desierto haría en mí. Así que decidí desplazarme con el Creador del Universo.


Mi sustento era el Salmo 37. De mañana y de noche comencé a estudiar y aprendí que esa conducta de perversidad se alimenta de la reacción emocional de la víctima. Utilizan el miedo como herramienta. Mientras la iniquidad se propagaba, mi tercera reubicación se hacía presente, pero aun así Dios era mi centro.


Mi respuesta estaba en Isaías 41:10: “No temas porque yo estoy contigo; no desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

Una noche, mientras meditaba y hablaba con el Dios de lo alto, preguntaba: ¿Adónde podré irme? ¡Si pudiera encontrar un apartamento! ¡Tu ayuda es urgente para mí!


 El alma estaba fatigada, pero tan transparente como el agua. Confiaba en Dios. Esa noche sucedió algo dentro de mi ser. Escuché una voz en mi interior decir: “Habla con Mercy, ella te va a ayudar.”


El hermano difunto de Mercy era casado con la hermana de mi padre. Al otro día logré dialogar con ella. Le pregunté si ella estaba vendiendo un apartamento pues era mi petición al Todopoderoso. Sorprendida y con su mirada fija, me preguntó quién me había hablado de eso porque nadie sabía lo que ella había dialogado con su esposo en la habitación de su hogar unos días antes. Le expliqué lo que había sucedido la noche anterior. Le dejé saber el interés de compra de esa propiedad. Ella me respondió que no podía comprar lo que no había visto y le respondí: “El Dios que me reveló y me dio tu nombre no me llevará a un lugar que no sea apropiado para mí.” Ella no pudo contestarme. Atónita, abordó el vehículo indicando que luego hablaríamos.


Días más tarde asistí como de costumbre al grupo de intercesión de la iglesia. Ese día la líder nos dio la oportunidad de orar por las peticiones que deseábamos. Cuando llegó mi turno les dije: “Hoy voy a orar diferente.”


Me arrodillé y comencé a clamar como David solía hacer en el aposento. Nadie sabía cuál era mi petición realmente, pero Dios y yo sabíamos que necesitaba vender mi casa urgentemente para adquirir el apartamento.


Al otro día cuando me levanté y observé mi teléfono, había un mensaje. “Buenas noticias, vendiste tu residencia.”.


Mi agente de bienes raíces me notificó. Mi Dios me respaldó con el Salmo 37: “Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón.”


Cuatro días más tarde compré el apartamento en Rincón.


Margarita de Puerto Rico

8 de agosto de 2026


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1 Comment


ubaldobori100pre
Aug 09

Waoooo...Él no deja justo desamparado, Él le tiende Su mano, Él nos protege hasta el fin, Él es faro en la tormenta, Él es agua en el desierto, Él es fuente inagotable que sacia tu alma y nos protege hasta el fin.

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