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El abismo entre la fe de la iglesia primitiva y nuestra fe

Jan 30
10 min read
El abismo entre la fe de la iglesia primitiva y nuestra fe


La obesidad es una crisis en esta nación. No es tanto por lo que comemos.

Es por lo que no hacemos.


¿Cómo valoras tu relación con Dios? ¿Qué precio le pones a tu salvación? Para Esaú fue el equivalente de un plato de comida. Para Judas 30 piezas de plata. Para gran parte de la presente generación es entretenimiento y placer. Comodidad y confort.


La iglesia primitiva tenía otra vara: EL MARTIRIO. Y esto ha creado una separación abismal entre la fe de la iglesia primitiva y la fe de nosotros los cristianos de Occidente, específicamente las Américas y Europa. No entendemos el concepto del martirio.


¿Te has preguntado alguna vez si estarías dispuesto o dispuesta a morir por tu fe? ¿A renunciar a todo a cambio de tu fe? Inclusive, dejarte morir de hambre y ver a tus hijos morir de hambre antes de renunciar a tus convicciones. Ya algunos se están incomodando. Están diciendo:  ¡Imposible! JAMAS DIOS PERMITIRIA ALGO ASI.


Nunca podrán contestar estas preguntas porque han pasado su vida cristiana evadiendo y negando que ser cristiano es abrazar el martirio de alguna manera.


Pues hay que leer la historia entonces. Tenemos que pasar un día con los cristianos primitivos. Tenemos que dejar de estar arreglando y adornando nuestra cómoda existencia. Evadiendo ser forzados a elegir entre nuestras convicciones y nuestra sobrevivencia.


Los apóstoles del Señor vivieron esto. Fueron confrontados. No había zona de comodidad. Sólo desafíos. Los cristianos de hoy son alimentados por el romanticismo ficticio de la internet de lo que es ser cristiano. ¡Palabras motivacionales! ¡Filosofías poéticas! ¡Memes de lo que supuestamente es la vida cristiana!


Y no negamos que esto es un aliciente. Que esto eleva el alma en sus momentos oscuros. Pero los apóstoles de Cristo lo vivieron de otra manera. Fueron hervidos en aceite. Desollados estando vivos. Crucificados con la cabeza hacia abajo. Arrastrados por las calles por caballos hasta que morían. Eligieron esto no porque eran religiosos fanáticos divorciados de la realidad. Lo que habían recibido era tan real que era imposible negarlo. Y una sola palabra se interponía entre ellos y su sufrimiento: FE.


No una fe ciega, practicada a oscuras. Era una fe inflamada. Inflamada por una pasión. Inflamada por amor.


Cuando la fe sobrepasa al miedo se autoprotege violentamente. No hay entonces poder, ni miedos, ni fuerza, ni ideología que se anteponga.  Juan, quien ya en sus años avanzados fue hervido en una olla de aceite, dijo: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.  1 Juan 5:4  ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 1 Juan 5:5


ESTO ES LO UNICO QUE LO CAMBIA TODO: FE


Cuando el apóstol Andrés fue amarrado a una cruz en forma de X, donde le amarraron sogas en lugar de clavos para prolongar su sufrimiento, miró a sus ejecutores y les dijo: “He vivido por largo tiempo esperando este feliz momento.”. Desde allí, desde su patíbulo por dos días predicó a los espectadores mientras moría. Esto va más allá de todo razonamiento humano. ¿Qué hacía a estos hombres diferentes de los demás humanos? ¿Cómo se podía amar así hasta la muerte?


Nada. Nada podía detenerlos. Nada podía llevar a retractarse de su fe. Nada podía hacerlos negar.


Según escritos extrabíblicos,


·      Mateo fue muerto por la espada en Etiopía.

·      Marcos fue arrastrado por caballos a través de las calles de Alejandría hasta que su cuerpo fue despedazado.

·      Lucas fue colgado en Grecia.

·      Pedro fue crucificado. Lo pusieron con la cabeza hacia abajo porque dijo a sus ejecutores que no era digno de morir como su Maestro.

·      Santiago, el líder de la iglesia en Jerusalem, fue lanzado cientos de pies desde el pináculo del templo y al sobrevivir la caída lo apalearon hasta que murió.

·      Bartolomé fue desollado a latigazos hasta que murió.

·      Tomás fue sajado con lanzas en la India hasta que murió.

·      Judas fue matado con flechas.

·      Pablo fue decapitado por Nerón años después de su encarcelamiento.

·      Juan no murió martirizado, pero fue lanzado a un calderón de aceite hirviendo. Como no murió lo tiraron a la isla de Patmos. Allí recibió la revelación más impactante jamás habida. Se le mostró la derrota del mal, el triunfo de los salvados, el juicio de la tierra y condenación de los malvados. Luego fue dejado libre y murió más tarde en edad avanzada.


¿Y qué más digo?, es la pregunta en Hebreos 11. Estos hombres no murieron no porque la vida no tenía sentido para ellos. Al contrario, su vida era un bullicio de actividad: predicando, escribiendo, coleccionando historia, cantando, testificando, esparciendo las nuevas de redención, orando, ayunando… Murieron porque rehusaron hacer esto. Cuando se les puso a elegir entre lo que estaban haciendo o la muerte, eligieron la muerte. Ellos podían echarse hacia un lado y vivir vidas cristianas tranquilas. Sin hacer mucho ruido. Sin que nadie se enterara que eran cristianos. Podían bajar el volumen de sus cánticos y en secreto reunirse. Pero no lo hicieron.


Y como dijo alguien: Las razones por las cuales ellos no lo hicieron debe causar grave preocupación en aquellos que dicen que creen.


Debe llevarnos a poner en balanza nuestra fe y convicciones y hacernos la siguiente pregunta: ¿En qué nivel de profundidad están mis convicciones?


A los tres jóvenes hebreos se les encendió el horno siete veces más de lo acostumbrado. Porque no cedieron.  “…Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. (Daniel 3:16-18


¿Podrá resistir mi fe si el horno es encendido siete veces sobre lo normal?

¿Podré vivir sin mi médico si mi fe es confrontada? ¿Sin mis pastillas si me veo obligada a hacerlo, aunque me muera?


¿Qué significa creer en algo? ¿Qué es la fe? Para analizar algo tan incomprensible y profundo como la fe tenemos que hacerlo a través de un auto examen profundo. Un examen de nuestros valores y prioridades en la vida. Mi fe se mide en base a cuán profunda y real sea mi percepción de Dios. La fe no es un asunto de preferencia. No es una filosofía, tampoco una conveniencia. Es algo que gobierna tu conducta y aun tu propia existencia.


A veces a lo que llamamos fe es sólo una opinión del corazón. Decimos tener fe hasta que ésta se convierte en una inconveniencia. Si el precio entonces es muy alto la convertimos en una justificación buscando las avenidas más fáciles que no nos saquen de la zona de confort.


Pero la fe de estos hombres de la iglesia primitiva no los llevó a detenerse. No buscaron ni senderos ni avenidas. No calcularon el costo. No negociaron. Y aun muriendo seguían creyendo. Seguían predicando. Seguían amando a sus verdugos.


Cuando se le hizo juicio a Santiago, el hijo de Zebedeo, éste hizo defensa de su fe en el juicio. El oficial romano quedó tan conmovido por lo que vio que allí mismo se declaró cristiano. Se arrodilló al lado de Santiago y allí pidió ser también decapitado.


¡El hombre que estaba allí para dar muerte a Santiago! ¡Un pagano con un alma más oscura que la noche! ¡Un oficial de rango quien quizás había obtenido beneficios por entregar a un prominente líder del cristianismo! Tirado de rodillas abrazando la fe del Despreciado entre los hombres. Lo peor que podía ser un hombre en ese tiempo era ser cristiano. Y aquel hombre fue movido. La fe de aquel mártir rompió algo en su corazón y destapó el lugar oscuro de su alma. Allí reconoció su necesidad y fue oído. Allí respondió con su vida abrazando el martirio.


Es lo que necesita este mundo nuestro que está colapsando. Nuestros jóvenes que fallecen navegando en un mar de inmoralidad, perversión sexual, drogas y cuántas cosas más. Hacen falta Santiagos, Marcos… hacen falta hombres de convicciones. Hombres y mujeres de fe.


Roma se hallaba de esta misma manera. En un colapso moral, político y social. Pero la fe de estos hombres salvó esta civilización del colapso. Un peligro grave que afrontamos es la comodidad. Pasamos la vida sentados frente al televisor y ahora con el celular en la mano o la computadora. Engordando.


La obesidad es una crisis en esta nación. No es tanto por lo que comemos. Es por lo que no hacemos. No ayunos. No buscamos los caídos. No visitamos los presos. No visitamos los enfermos. Se espera que sobre 15,000 templos sean cerrados este año en esta nación americana, líder mundial del evangelismo en un momento dado. ¡La gente no asiste a adorar a los templos! Están adorando en YouTube. En Facebook, Tweeter, TikTok. ¡Necesitamos ese fuego! ¡Necesitamos pasión por Jesús!  Por su obra. Por la Biblia. Por los que se pierden.


Los cristianos primitivos no eran arrastrados a los patíbulos por cuestiones teológicas o posiciones políticas. ¿Cuál era el problema que tenía el estado?


ERA EL TESTIMONIO DE ESTOS HOMBRES Y MUJERES.


No podían cerrar su boca. Lo que habian experimentado era demasiado real para poder cerrar su boca. Vivían por lo que creían. Vivían con una pasión. Le testimoniaban de Jesús a sus familiares. A sus vecinos. A los guardias. Y aun a sus ejecutores. Es una de las maneras de derrotar al enemigo. Si Satán te lleva ventaja en algo, derrótalo con tu testimonio. Con tu vida y tus palabras. ¡Derrótalo!


Pero nosotros, la presente generación. La generación del último tiempo hemos perdido la noción de lo que verdaderamente es ser un cristiano. Un cristiano es un testigo. Y un testigo habla de algo que vio. De cosas concretas. Cosas válidas.


Nuestra crítica situación de comodidad ha opacado nuestros ojos a la realidad del evangelio. El evangelio de internet nos ha desviado con sus notas románticas y sus vendas mágicas. Hay aplicaciones completas, enormes, de mensajes y memes de motivación que anestesian los sentidos desviando a los creyentes del verdadero sentido de lo que es ser cristiano.


¡UN CRISTIANO ES UN MARTIR!


Es un mártir porque muere al mundo. Muere al yo. Sufre en silencio por no traer vergüenza al evangelio de Cristo. No tira sus despechos a los cuatro vientos. No hiere al cuerpo de Cristo, aunque esté enfermo. Se traga los sinsabores valientemente en silencio. Llora sus penas en un silencio con Jesús. Sufre los agravios. No lanza indirectas sabiendo que el mundo entero las ve. No critica. No murmura. No se pone como el centro de atención haciéndose ver el más herido y maltratado. ¡Sufre los agravios! Y por último: Protege. Protege. Protege porque ama la cruz de Cristo.


¡Esto es ser un mártir! ¡Esto es ser cristiano!


Debemos… Tenemos que desarrollar en nosotros la habilidad de preferir la muerte antes que la traición. Pronto seremos confrontados. ¡Todos seremos confrontados! Quizás tenemos la capacidad, pero nunca hemos llegado hasta allí como llegó Policarpo, el venerable obispo de Esmirna.

Cuando supo que lo estaban buscando para arrestarlo se ocultó, pero fue descubierto por un niño. Cuando los guardias lo prendieron, les preparó una comida, les pidió una hora de oración y se lo permitieron. Policarpo oraba con tanto fervor que los guardias se sentían culpables por haberlo arrestado. Sin embargo, lo llevaron ante el procónsul y fue condenado y quemado en la plaza del mercado.

El procónsul comenzó a presionarlo diciéndole: “Jura y te daré la libertad. ¡Blasfema contra Cristo!”

Policarpo le respondió: “Durante ochenta y seis años le he servido y nunca me ha hecho mal alguno. ¿Cómo voy a blasfemar contra mi Rey, que me ha salvado?”


Lo ataron en la estaca y no lo clavaron como era costumbre. Al encenderse la hoguera, las llamas rodearon su cuerpo como un arco, sin tocarlo. Entonces dieron orden al verdugo que lo traspasara con una espada. Comenzó a brotar tal cantidad de sangre que el fuego se apagó. Sus enemigos comenzaron a gritar que su cuerpo fuera consumido en la hoguera y la petición de sus amigos que querían darle cristiana sepultura fue rechazada. Así murió este honorable Pastor. Sus huesos fueron entonces recogidos y enterrados por los que lo admiraban. (El Libro de los Mártires de John Foxe, pg. 31)


La iglesia primitiva sabía que el problema de Roma con los cristianos no se resolvía con marchas. No se resolvía lanzándose a las urnas y elegir el mejor político. Como no se ha resuelto en Estados Unidos cuando toda la cristiandad americana se lanzó y votó por el actual presidente.


No se resolvía haciendo protestas o escribiéndoles a los senadores. Su arma fue el testimonio. No demandaban cambios. Hablaban de Jesús. Proclamaban su evangelio. Les testificaban a los asesinos, a los pervertidos y a los esclavos. A los ricos y a los pobres. Hasta que eran arrestados y llevados a la hoguera. Y aun mientras morían seguían testificando.

 

Por dos días estuvo Andrés desde su cruz testimoniándole a sus verdugos y a todos los que se regocijaban con su sufrimiento. Fue una muerte cruel, sofocadora. Amarrado de sogas por dos días a una cruz bajo un candente sol, sin comida y sin agua. Un dolor inimaginable. Pero no se detuvo. Murió testificando. Predicando. Hablando de Jesús. Esto es algo que va más allá del pensamiento. ¡Esta es la victoria que vence al mundo!


Estamos tan comprometidos con el sistema que ya no lo vemos como compromiso. Lo vemos como necesidad. Como una conveniencia. Como algo natural de nuestra existencia. Y este acomodamiento, este confort ha nublado nuestros ojos espirituales que apenas podemos discernir la hora que estamos viviendo. No podemos ver el peligro que se cierne sobre nosotros y lamentablemente la gran mayoría no está preparada si su fe es desafiada.


Los hijos de los cristianos primitivos crecieron contemplando lo que se había convertido en la norma de sus vidas: ¿Crees?: Mueres. Y la vida tenía sentido. Tenía propósito. Voluntariamente se unían a sus padres a morir por la fe. Hoy mueren en las cárceles. En las drogas. En la inmoralidad sexual y en la calle. Sus vidas no tienen sentido porque viven sin propósito.


Hoy crecen en la complacencia. En el señalamiento de los pastores. En la crítica porque todos los problemas de la iglesia se ventilan en sus casas. Los chismes de los hermanos. En una vida cristiana sin resultados porque no hay pasión. No hay poder. No hay entrega.


Los mártires de la iglesia primitiva no eran soldados que morían en batallas. Eran otra clase de soldados. Era gente ordinaria, pescadores, publicanos que tuvieron un encuentro con Jesús. Y cuando las turbas se tornaron contra ellos, cuando las leyes confligían con sus convicciones, cuando el gobierno les negó los beneficios, optaron por la muerte. Cuando los mandaron a callar, no se callaron. Cientos… miles… eran arrastrados a los coliseos para ser devorados por las fieras. Allí morían cantando. Allí levantaban sus manos en victoria. Porque vencieron al mundo. Así Roma, un imperio de casi mil años, fue vencido.


La historia dice que Roma no fue vencida por ejército alguno. Pero yo digo que Roma fue vencida por el testimonio de estos hombres y mujeres. La fe de estos hombres y mujeres subyugó al imperio más poderoso de la historia. Lo vencieron con su muerte para dejarnos un legado a nosotros.


Pronto viviremos la misma experiencia. Seremos confrontados por los poderes del anticristo. De hecho, ya estamos siendo confrontados. Primero a través de técnicas de seducción. Pronto será con una guillotina a los que rehúsen recibir su marca.

¡Preparémonos!


Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. 

2 Corintios 4:16-18


Ponga su granito de arena en este edificio compartiendo este mensaje y así despertar los que duermen.


Ana Ríos

30 de enero de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

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