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El culto a Moloc: La batalla  por el alma de los niños

Sep 19
11 min read
El culto a Moloc_ La batalla por los niños

Hace muchos años atrás tuve una visión. De madrugada fui sacada de mi cama para orar y mientras oraba, como si me estuvieran mostrando una película, vi la siguiente visión:


Había mucha tiniebla. El ambiente se veía todo en blanco y negro como esas viejas películas del holocausto nazi. Veía un estadio gigantesco, parecido a los de Norteamérica. Todo lleno de luces y vibrando con la alegría y el regocijo de los que allí estaban. Había miles y miles de personas.

 

De momento observo cómo la gente comenzó a ser hipnotizada y comenzaron a caminar, saliendo del estadio con algo que llevaban en sus manos.

 

Caminando como zombis, abandonaban los asientos y salían del estadio por una puerta. Afuera lo que había era oscuridad. Una tiniebla espantosa. Y así, sin mirar el camino, sin darse cuenta, observando el objeto que tenían en sus manos, eran tragados por la oscuridad. El estadio quedó casi vacío con apenas un poco de gente dispersada que no tenían el objeto en sus manos.

 

Luego comienzan a mostrarme como si fuera una película, eventos que sucedían uno detrás del otro. Sabía que lo que observaba eran eventos del fin.

 

No entendí mucho la visión hasta que comenzó la invasión de la moderna tecnología. Esta visión fue alrededor de treinta y dos años atrás. La internet no estaba aún en su completo desarrollo, tal y como la conocemos ahora. El uso del celular no existía en la medida que lo usamos hoy. Creo que estaba en su etapa embrionaria.

 

Lo que tuve fue una visión de la gloria de Jehová abandonando el templo.


¡Sólo la presencia del Señor nos impele a congregarnos! Y cuando no está, la gente abandona el templo.

 

La disyuntiva de los antiguos piadosos del Señor fue: cómo lidiar con la situación imperante. Es nuestra misma disyuntiva. Josué confrontó al pueblo. “Escogeos hoy a quién servís.” Habacuc se subió a las alturas. Jeremías lloró la desolación espiritual de su gente.

 

El cielo llora hoy por los niños. Y los que sentimos esa agonía, también gemimos por esta generación de niños que se levanta.  Y no es que no haya habido advertencias. Cada vez sale a la luz un video más alarmante sobre el daño causado en el cerebro de los niños por los efectos y contenido de la pequeña pantalla.

 

La guerra por el alma de los niños es sin precedente. Es una guerra extraña. La guerra de los algoritmos. La guerra contra el antiguo ídolo Moloc que ha venido con otro tipo de fuego donde diariamente son lanzados los niños inocentes a cambio de que nos dejen tranquilos.


Los profetas de la Biblia no hablaron exclusivamente para su propio tiempo. Su mensaje era para el corazón humano a través de las edades. Contra una rebelión que ya había tomado forma en el Huerto cuando Dios dijo “No comerás del árbol.” Y esta rebelión ha seguido en su ciclo manifestándose en diferentes maneras y etapas. Hoy ha llegado a su plenitud.

 

Leemos la historia de Israel y nos asombra la magnitud de su rebelión. Nos asombra cómo gran parte del pueblo, incluyendo sus reyes quienes debían tener una copia de la ley de Dios, rendían culto a las deidades paganas. Eran figuras grotescas que inspiraban terror. Allí llegaban los hebreos y lanzaban sus hijos para ser quemados en sacrificio.

 

Quizás la más abominable era la de Moloc, una figura de bronce mitad hombre y mitad becerro. Con sus manos extendidas, encendidas en fuego, allí, padres desesperados lanzaban los niños.

 

Y esto nos asusta. Nos repugna. Lo rechazamos como un acto primitivo y barbárico. Nos indignamos con sólo pensar que el pueblo a quien le fue revelada la verdad divina sucumbiera a tal barbarie.

 

Pero si abrimos nuestros ojos a la realidad espiritual del año 2026, Moloc aún sigue con sus brazos extendidos, ardiendo con fuego. Es otro fuego. Un fuego digital. Peor aún, está erigido en los hogares. Y hasta en las iglesias. Es el mismo principio. Es el mismo dios. Sólo que hoy simplemente ha sido digitalizado. Hoy es una pequeña cajita casi milagrosa.

 

Los altares cananeos fueron demolidos en su forma física. Hoy se han vuelto a erigir en pantallas de seis pulgadas. Resplandecientes. Con un nuevo sacerdocio que demanda ofrendas: la ofrenda de nuestro tiempo, dinero, atención, las mentes y peor aún, el alma de los niños.

 

Este es el moderno Moloc. Y es aquí donde millones de cristianos alrededor del mundo están sacrificando sus niños. Sacrificando su inocencia. Sacrificando lo mejor de sus vidas porque ya los niños no juegan al aire libre. Ya no escuchan los mensajes del Pastor porque están siendo sacrificados en el altar de Moloc. Están adorando en otro altar. Están entretenidos con el celular mientras el Pastor predica.

 

La adoración de Moloc fue el acto ultimado de apostasía de un pueblo escogido para ser representante de Dios en la tierra.  Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.  Jeremías 7:31

 

Los pocos piadosos que no se inclinaron ante la norma de una sociedad que había perdido completamente su temor al Señor, lloraron. Jeremías lloró. Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad. Lamentaciones 2:11

 

¿Qué fuerza pudo llevar a un pueblo próspero, adelantado y conocedor de verdades eternas a un acto que no tiene lógica ni explanación?

 

Quemaban sus hijos a Moloc porque se hallaban frente a las mismas disyuntivas que se encuentra hoy nuestra generación. Fue una transacción parecida a la nuestra: necesitaban seguridad. Una seguridad que sólo se halla pasando tiempo en el secreto del Altísimo.

 

Había presión de grupo. “Todo el mundo lo hace”. “Eso no es nada.” “Es sólo un entretenimiento.” Los mismos miembros de la familia hostigan. Y hasta en las mismas iglesias. Es que deben tener acceso al conocimiento. Pero, sobre todo, la paz mental. Un niño frente a un mecanismo electrónico no te molesta. Se queda horas y horas tranquilo y lo tienes a tu lado. Lo sientes seguro a tu lado.

 

El problema es que mientras todo esto sucede los enemigos de Dios maquinan. Trabajan en la trampa final. Hacia el objetivo final: introducir un chip en su cerebro.

 

Satán quiere los niños porque sus mentes están frescas.  No han sido aún impregnadas. Porque está preparando un reino aquí en la tierra. Ya ha dado una vislumbre de lo que será ese reino en los juegos electrónicos. En las películas. Será un reino de tinieblas. Con robots, humanoides y criaturas aborrecibles. Entonces sus agentes preparan el anzuelo poniéndolo apetecible. Codicioso. Al alcance.

 

En la actualidad, Silicon Valley, gobernada por una claque de satanistas, discute abiertamente la necesidad de fusionar los infantes humanos con la inteligencia artificial. A viva voz proclaman que si nuestros niños no tienen interfaces cerebro-computadora implantados durante sus años cruciales de neuro plasticidad, se convertirán en obsoletos. Serán dejados atrás.

 

Esta fue la misma disyuntiva en el Valle del Hijo de Hinom donde los hebreos sacrificaban sus hijos. Un miedo provocado. Una ansiedad provocada.  Arranques de desesperación.

 

Las mujeres de Judá se atrevieron decirle a Jeremías:

 

La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. 


Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos. Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos?  Jeremías 44:16-19

 

¿Usted ve? Querían seguridad. Querían bienes materiales. Querían tranquilidad. Sus sentidos espirituales estaban tan nublados que no podían entender que la espada que tenían sobre ellos era por causa de su idolatría. Aun cuando sus actos eran abominables al Dios que los creó, su manera de percibir las cosas tenía más relevancia que lo que Dios había establecido en su Palabra y que lo que el profeta de Dios les decía.

 

¿No vivimos lo mismo en esta hora? He trabajado con algunos casos de niños afectados. Pero no hay manera de hacer entender a los padres que las condiciones que sufren sus hijos son debido a la exposición digital.

 

Hoy los padres generalmente quieren lo mejor para sus hijos. Pero como están manipulados por el sistema piensan que lo mejor es una excelente educación secular en lugar de un mejor conocimiento de Dios. Que sean expertos en la tecnología en lugar de conocer la Biblia.

 

Para que este implante ya preparado por años tenga éxito en ser insertado en el cerebro de un niño, el padre – la madre, tienen que haber ya desertado de su labor pastoral en la casa. Hayan delinquido de la ordenanza bíblica como ya han delinquido de su responsabilidad al poner una Tablet o un celular en la mano de su niño.  


Deuteronomio 6:6-7 dice:  Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

 

El padre es el sacerdote del hogar. La madre es la nodriza. Jesús nos dijo que la cizaña fue sembrada en el campo del padre de familia cuando éste dormía. Entonces hay que abrir los ojos. Hay que velar al enemigo. Y ahora mismo el peor enemigo ya lo tenemos con nosotros. Está en nuestras casas. Es esta tecnología que es como el árbol de la ciencia del bien y del mal.

 

Esta generación ha negociado momentos de enseñanza en la Palabra de Dios por las nodrizas digitales. Esto trae consecuencias espirituales. ¿Cuántos se sientan con sus niños para hablarles de la Palabra de Dios? ¿Cuántos padres pasean con sus hijos mostrándoles las bellezas de la creación de Dios? Cuando el niño llora le pone entonces el celular o la Tablet en la mano.

 

Ya estamos cosechando las consecuencias espirituales. Una generación que está dando la espalda al Dios porque sus padres no le enseñaron la belleza de Dios y su Palabra. Sus cerebros han estado siendo alambrados tanto física como espiritualmente al pasar horas con los muñequitos y los jueguitos de YouTube.

 

¿Qué ha sucedido? La capacidad de atención ha sido reducida. La capacidad para la meditación quieta y profunda, lo que se requiere para oír la voz suave de Dios, ha sido sistemáticamente destruida. Oír la voz de Dios requiere pasar tiempo sosegadamente con Dios. Sin obstrucciones. Pero esta generación con un lapso de atención de ocho segundos no puede tener la paciencia para la lectura rítmica de la Sagrada Escritura. No tiene la fortaleza de estar una hora de rodillas hablando con Dios. ¡Ni aun quince minutos!

 

Orar no genera toda la dopamina que se genera al entrar en contacto con las luces artificiales de la pantalla. ¡Y aquí es que está el peligro! ¡Aquí es que el cerebro comienza a desconectarse de Dios y su Palabra! ¡Aquí es que el alma cae en un declive de oscuridad!

 

Yo no paso mucho tiempo en la pantalla y experimenté este fenómeno. Leo la Biblia diariamente y a veces dos y tres veces al día. Llegó un momento cuando comencé a hallar tedioso las cinco y hasta diez páginas que leo diariamente. Aun los Salmos se convertían en una fatiga. No era algo normal. Nunca había experimentado esto. He leído la Biblia toda mi vida, desde mis diez años cuando me convertí al Señor y nunca viví algo así.

 

Entonces me di cuenta y el Espíritu me dio testimonio que mi cerebro estaba siendo alambrado. Era el tiempo pasado en el celular, y lo hacía legítimamente.  El tiempo en la computadora estaba operando este fenómeno. Entonces hice una retrospección de mis prioridades y corté con algunas cosas. Comencé a luchar con el vicio de tener el celular en mi mano. Vencí la carne diciéndole ‘Tú no tienes control de mí. Mi vida es controlada por el Espíritu Santo.’ Me obligué añadiendo más capítulos de lectura bíblica. Obligué mi cerebro a estar de rodillas en conversación y a veces en silencio ante Dios.

 

Estos son los tiempos peligrosos que nos habló el Apóstol Pablo en su carta a Timoteo: Almas desensibilizadas. Castradas emocionalmente. Cerebros alambrados.

 

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita. 2Timoteo 3:1-5

 

La constante exposición a la violencia, la hiper sexualización y realidad sintética ha entumecido la capacidad para tener convicciones. Ha anulado la fe.


El espíritu de servicio ha sido suplantado por gratificación propia. No pueden recibir convicción del Espíritu Santo porque están siendo programados para reaccionar en una manera contraria a lo que dice la Biblia. La conciencia ha sido lacerada. La inocencia ultrajada por el acose incesante de la pulsación digital en su tarea de introducir el contenido proyectado.

 

La cajita ya no es un simple instrumento. Es un medio.

 

Un medio para alcanzar sabiduría. Un medio para conocer lo desconocido. Un medio que introduce en lo que fueron tabúes de pasadas generaciones. Un medio de placer. De entretenimiento. Un medio para hablar con espíritus. Para hablar con los muertos. Un medio que realza la figura. Que embellece. Un medio de consulta.

 

Un medio que define lo que es verdad. Qué es moral y qué es real.

 

Allí se reciben profecías. Allí se doctrina. Allí se canta. Si no cantas bien, vas a la inteligencia artificial y te convierte en el mejor cantante. Estiliza tu figura. Estiliza tu voz. ¿Estás enfermo? Vas a ChatGPT y te da consejo. Te da diagnóstico. Te dice qué puedes tomar y qué no debes tomar.

 

Sus artífices dicen que es un dios.

 

Si un ser humano se torna a una inteligencia artificial para tener identidad, para confort, para buscar la verdad, para consultar, buscando dirección espiritual, entonces esa inteligencia se convierte en su dios.

 

Para mí es un instrumento que uso sólo para el avance del Reino de Jesús. No saco fotos si no es necesario. No proyecto mi imagen porque entonces opacaría lo que Jesús quiere proyectar. No guardo fotos. No tengo “selfies.” No tengo redes sociales. Y sé que los que son jóvenes dirán ‘usted ya es anciana’. Pero es que ya también los ancianos están incensando en ese altar.

 

Dios es celoso. De hecho, se hizo conocer también por este nombre a la nación de Israel: CELOSO.

 

Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. Éxodo 34:14

 

Fieramente nos cela:  Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sion con gran celo, y con gran ira la celé. Zacarías 8:2

 

El objetivo de este último sistema gentil es fusionar al ser humano con la máquina. Y esa fusión ha comenzado por etapas. Primero había que derribar las convicciones y barreras levantadas por el Espíritu Santo a través de la infusión de la Palabra divina.

 

La televisión cumplió con la primera fase.  Luego vino la pantalla pequeña. Pero más sofisticada. Más apetecible. Más accesible.

 

El clamor de Dios se hizo eco a través del profeta:   Además de esto, tomaste tus hijos y tus hijas que habías dado a luz para mí, y los sacrificaste a ellas para que fuesen consumidos. ¿Eran poca cosa tus fornicaciones, 21 para que degollases también a mis hijos y los ofrecieras a aquellas imágenes como ofrenda que el fuego consumía? Ezequiel 16:20-21


Sé que éste es un mensaje que incomoda porque todos hemos sido cómplices de la masacre espiritual en la niñez. Los Pastores ya están cansados. Cansados de exhortar. Cansados de regañar. Y ya no lo hacen.

 

Yo crecí en la iglesia. Y crecí viendo niños hablar lenguas. Niños que danzaban en las iglesias. Niños que oraban. Niños que predicaban. Niños que lloraban en el altar. Hoy veo desolación. Hoy veo niños escondidos en los cuartos con el celular en las manos. Hoy veo niños que ven los muñequitos del celular mientras los Pastores predican. Veo niños atormentados, en depresión, algo que nunca vi en mi vida.

 

Ya los medios de comunicación no publican las estadísticas de la alta tasa de suicidios en la niñez porque es demasiado alta.

 

Nunca vi niños endemoniados. Y hace un tiempo atrás tuve que lidiar con uno de cinco años.

 

Pero aún tenemos tiempo. Aún podemos derribar los ídolos digitales de nuestras vidas. Destruir los lugares altos de distracción algorítmica. Aún podemos quitar las Tablet y teléfonos de las manos de nuestros niños y reemplazarlos por la Palabra de Dios. ¡Antes de que sea tarde!

 

Ana Ríos

19 de septiembre del 2026


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