El último grito de amor
Alguien me envió el siguiente video pues las personas se hacen preguntas y a veces no obtienen respuestas. Y generalmente las respuestas vienen a través de un lente opaco de presuposiciones sobre lo que realmente es la redención. Sobre lo que realmente es la misericordia divina. Y no es que pretendo haberlo alcanzado todo y tener la respuesta concreta. Pero como el apóstol Pablo, digo que también tengo el Espíritu de Dios.
No quería escribir esta publicación. Pero el Espíritu Santo me dijo: “Tienes que hacerlo. Porque mis hijos no ven más allá de sus prejuicios y criterios propios. Mis hijos no entienden mi misericordia, sólo sus conclusiones teológicas.”
Entiendo que este es un himno que sale de un corazón quebrantado. De un hombre cuyo estilo está en contra de concepciones teológicas. Aun en contra de todo lo que yo creo. Titubeé un poco en abrirlo y escucharlo. Pero somos los que estamos en el muro. No es asunto de lo que yo creo o no creo. A Ezequiel se le dijo que comiera su comida cocida con excremento humano. Protestó porque él era un sacerdote y esto iba en contra de su teología. A Isaías se le ordenó caminar desnudo con las nalgas al descubierto por tres años. (Isaías 20) Él era de la realeza, un hombre de letras. Pero lo hizo. Lo hizo porque la obediencia excede a los sacrificios.
Yo protesté porque creo y predico la urbanidad en el culto a Dios. ¡Dios es santo! Y su santidad demanda santidad de sus adoradores. Ante el Rey del universo no nos presentamos comoquiera. Creo que los cambios internos se manifiestan externamente. Y desde mi conversión al Señor, cuando tenía once años, con mano fuerte me llevó a esto. A lo que vivo hoy. Lo primero que el Espíritu Santo hizo en mi vida fue quitarme los pantalones. Sólo tenía once años.
Una vez me dijo: “No te presentes delante de mí con símbolos de rebelión.” Y yo obedecí. Hasta hoy jamás volví a ponerme unos pantalones. El resto ha sido un trato de toda una vida, arrancando cosas y aún sigue en los últimos días de mi vida.
Pero esto no es un asunto de mis percepciones e interpretaciones personales. Es asunto de Dios. Es un asunto del corazón. Es un asunto del amor de Dios que aun siendo Dios usa cuerdas humanas para atraer al más hundido en el pecado. Usa sus cuerdas de amor para alcanzar al ser más miserable que vive en el planeta tierra.
Este es su último grito de amor por una humanidad tan desajustada como la del presente. ¿Por qué? Porque el tiempo ya no será más. Porque el tiempo es corto. ¡El tiempo se acaba para nosotros los humanos! Es lo último que Dios está haciendo por la humanidad. Recibiéndolos con el excremento de su pecado con el fin de limpiarlos y hacerlos parte de Su sacerdocio santo. Es lo que dice mi Biblia: …porque yo me quebranté a causa de su corazón fornicario que se apartó de mí, y a causa de sus ojos que fornicaron tras sus ídolos; y se avergonzarán de sí mismos, a causa de los males que hicieron en todas sus abominaciones. Ezequiel 6:9
Y mientras escuchaba la canción, la tranquila y reconfortante voz del dulce Espíritu Santo me decía: “Es mi último grito de amor a la humanidad.”
Dios le dijo al pueblo de su pacto que había quebrantado su corazón. También con paciencia y longanimidad esperó por ellos. Con su corazón quebrantado como espera hoy por sus hijos pródigos intentando llevarlos a un arrepentimiento. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida. Oseas 11:4
Querámoslo admitir o no esta es la hora que vivimos y como se le dijo a Esther, para esta hora nacimos.
¿Acaso este hombre, que intenta recoger los pedazos de una vida destruida no es un reflejo de la patética condición espiritual de esta nación que ha traicionado el amor de Dios? Este es el resultado de los púlpitos sin vida. De altares sin fuego. De un pastorado complaciente que ha abandonado el altar. Templos llenos de incienso de rezos muertos.
Este es el resultado de una iglesia que ha dejado desierto su lugar de encuentros con su Dios. Este es el resultado de instituciones y monumentos que rinden culto a empresas humanas. Es el resultado de los falsos maestros de la prosperidad. Como el hombre rico, se sientan a las mesas con manjares deleitosos mientras los Lázaros de la vida recogen migajas.
Según su testimonio, Jelly Roll se crió en la calle. Hijo de una mujer adicta. Sin padre. Sin educación. Sin niñez. Sólo conocía las reglas de la calle y hablaba la jerga de los presidiarios porque parte de su vida la pasó entrando y saliendo de la cárcel. Aun habiendo llegado al fondo, sin saber del amor de Dios, era impulsado por una esperanza. Esa chispa de divinidad que hay en cada ser humano al ser vivificados por el soplo de Dios. Ese aliento divino lo llevó a alzar sus ojos porque sabía que había algo más. Él podía elevarse y se elevó. Subió los peldaños porque Jesús puso sus ojos en él de la misma manera que los puso en María Magdalena y en Natanael. No lo miró como lo miraba el mundo. El mundo nos mira como lo que somos, Dios ve posibilidades. Dios ve el instrumento. Dios ve lo que podemos llegar a ser en sus manos.
Su esposa, hija de una adicta, fue abandonada en un hospital y recogida más tarde por su padre. Fue criada también en los basureros. En los arrabales cundidos de adictos y prostitutas.
No sé mucho de los detalles de esta pareja, sólo lo que me han dicho y he leído de algunos testimonios. Que cuando se le entregó el premio Grammy como la mejor canción, tuvo la osadía, y más que osadía, valentía de proclamar a viva voz el nombre de Jesús dándole a Él la gloria. Las turbas rugieron. Los demonios rabiaban de ira. Pero un hombre todo tatuado, sin formación teológica, sin letras ni diplomas, quizás sin doctrina bíblica (porque ya las iglesias no doctrinan) se atrevió desafiar el orden. Creo que ningún Pastor lo hubiera hecho. Creo que ningún evangelista lo hubiera hecho. Quizás yo no lo hubiera hecho.
Las prostitutas, cobradores de impuestos, ladrones y toda una claque de gente de la calle se convirtieron en el círculo de Jesús. Hoy son los adictos, tatuados, destituidos, hijos del divorcio y abandono. Los hijos de la calle. Los que nadie quiere. Y Dios los está usando porque pocos se atreven meterse en los horrendos arrabales de la depravación humana. Dios los está llenando de su Espíritu Santo. Y nosotros, como los de la parábola protestamos: 12…Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. Mateo 20:12
Y el Señor nos dice: 13…Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. 15 ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? 16 Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. Mateo 20:13-16
No es que aplaudo ni apruebo la apariencia de este hombre. La manera como se sube en los altares. No. La regeneración produce cambios. Pero él es el reflejo de mi descuido espiritual. De la negligencia de una iglesia tibia y sin compromiso. De una iglesia que solo ve desechos de sociedad. Jesús veía prospectos del Reino. Este hombre es el reflejo de Pastores sin compromiso con su misión.
Cuando se produce un nuevo nacimiento nace un primitivo anhelo de santificación. Queremos ser como Cristo. Queremos imitarlo a Él. Comenzamos a amar la santidad. Cambiamos nuestro vocabulario. Echamos al zafacón todos los aparejos de la vida pasada. Los que se hicieron tatuajes quieren taparlos pues sienten vergüenza. Los que adulteraban ya no adulteran. Pero el Apóstol Pablo nos confronta con la siguiente disyuntiva: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Romanos 10:14
Generalmente estas personas no entienden el lenguaje del amor. No conocen el tibio calor de un abrazo fraternal. Sus vidas están marcadas por el desprecio y la marginación. Llevan un estigma. El estigma que cargaban los destituidos del tiempo de Jesús. El estigma que cargaba la mujer que rompió el frasco de alabastro y ungió los pies de Jesús con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Pero el teólogo protestó: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Lucas 7:39
Escribo esto porque vinieron las preguntas.
Hace unos años atrás una dama de una de las iglesias que pastoreamos me preguntó: “¿Qué de la iglesia americana? ¿Qué de las mujeres y hombres vestidos como faranduleros, que predican con unción y las almas se salvan y los enfermos se sanan?”
Titubeé ante la pregunta. No supe qué contestarle en el momento. Siempre se me dijo que la palabra nunca torna atrás vacía pero no quería esta respuesta genérica. Quería algo concreto. Es cierto. Las hijas de Sion americanas parecen estrellas de cine. Predican desde los altares como si estuvieran en discotecas. Es más, los altares de las iglesias compiten con las más sofisticadas discotecas de Hollywood. Aun así, oímos sobre milagros. Y esto preocupa. Esto provoca interrogaciones. No respondí a la hermana. Quería orar. quería la respuesta del Espíritu Santo, el enviado por Jesús para mostrarnos todas las cosas. Entonces, en oración, el sublime Espíritu Santo me dio la respuesta: “Dile que lo que ella ve es una iglesia apóstata que me ha dado la espalda. Pero que se enfoque en mi misericordia. ¡Es mi misericordia!”
Luego. un tiempo después tuve dos experiencias que ampliaron mi visión espiritual. Vi la misericordia de Dios desde un ángulo diferente a la percepción que tenía. De que tenemos que mirar las cosas a través de la magnitud de la misericordia de Dios y no de nuestras formaciones y concepciones teológicas. Así fue como Dios se presentó a Moisés:
Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Éxodo 34:6-7
En la primera experiencia estoy en una tienda. Fue un sueño y en este sueño entra una joven como de veinte años. Su pelo estaba pintado de violeta y rojizo. Tenía unos pantalones ajustados y una blusa que sólo cubría parte de su torso. La joven comenzó a hablar lenguas. Profetizaba y danzaba. Yo me turbé porque en lo más profundo de ser sabía que lo que tenía era del Espíritu. Asombrada me preguntaba si aquello sería real. Que cómo era posible. Entonces escuché una potente voz desde el cielo que decía: ¿La ves a ella? Lo que ella tiene es mío. ¡Es mi misericordia! ¡Es mi misericordia!”
En la segunda visión, íbamos una enorme multitud de gente caminando. Entiendo que era la iglesia del Señor. El camino era estrecho y dificultoso. Muchos estaban cansados. Algunos yacían recostados en el camino, otros sentados y otros lentamente seguíamos caminando. Observo una mujer como de treinta años que caminaba cerca de mí. Estaba vestida con pantalones poco decorosos. Entonces el Señor se paró a mi lado y me dijo: “¿La ves a ella? Yo la llamé. Mi unción está sobre ella. Yo le di una investidura.”
Entonces alzando su rostro con tristeza dijo: “!Pero ay de los Pastores que no instruyen las ovejas!”
Entonces tuve cierta comprensión sobre la responsabilidad que cae sobre los que dirigen los rebaños. La difícil tarea de hacer una separación entre nuestros prejuicios religiosos y la insondable misericordia de Dios. El deber santo de aplicar la doctrina de Cristo con justicia y misericordia, tal y como dice el Proverbio: Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal. Proverbios 16:6
En cierta ocasión Jesús dijo: Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 5:20
Entonces tenemos que dedicarnos con ahínco a entender lo que es la misericordia de Dios. Entender el valor de un alma. ¡Un alma costó la sangre del Hijo de Dios!
Un Pastor amigo nuestro quien ya partió con el Señor nos relató su historia. Siendo muy joven comenzó a pastorear su primera iglesia. Se sentía preocupado y sin la capacidad de dirigir una grey. Así que se encerró en un sótano en oración y ayuno por varios días. Una noche mientras oraba sintió que alguien se paró a su lado. Era Jesús. Entonces el Señor metió su mano en uno de sus costados. El Pastor vio cómo la sangre bajaba de la mano de Jesús que estaba extendida. Y Jesús dijo al Pastor las siguientes palabras: “Cuida mi iglesia. La saqué de mi costado. Costó mi sangre.”
¡Necesitamos un avivamiento! Necesitamos fuego que purifique. Los ríos de agua viva que limpien los corazones. ¡Oremos por ese avivamiento tan esperado! ¡Necesitamos un acto de misericordia que nos saque de la cárcel donde estamos! Esta generación es la generación que no pasará. Esta generación desconoce la obra del Espíritu Santo.
En mis años de juventud, cuando un poderoso avivamiento arropó la isla de Puerto Rico, no había espacios para orar en los altares. Si querías orar en el altar tenías que llegar temprano. ¡Hoy están vacíos! Nadie gime en el altar. Y los ángeles están allí parados, esperando recoger nuestras lágrimas. Pero nadie llega. ¡Los altares están vacíos!
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Ana Ríos
7 de junio 2026





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