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¿Está Dios en todos los lugares que se invoca su nombre?

Feb 5
9 min read
Esta Dios en todos los lugares que se invoca su nombre_


Hay un paralelo en la vida del profeta Elías con los días que está viviendo el remanente fiel de este último tiempo. Algunos eventos son característicos de estos últimos días y sirven como una tipología de los tiempos del fin, lo que entendemos son los días que señalan al retorno de Cristo a la tierra.


Este tiempo que vivió Israel fue uno de los momentos más críticos en la historia de la nación. Fue un tiempo de oscuridad espiritual pues el pueblo había apostatado de la fe. No era que la gente ni el sacerdocio había abandonado llanamente el culto de Jehová. Peor, lo habían adulterado y habían acomodado los preceptos y ordenanzas dadas en el Sinaí dentro de los cultos paganos de las naciones que le rodeaban.


Lo que se le ofrecía a Dios era una adoración híbrida. Un culto híbrido. Por la mañana le oraban a Jehová y por la noche sacrificaban en los altares de los demonios.


Satán es experto en el engaño y para haber seducido de la manera que lo hizo a un sacerdocio instruido en la ley de Dios tuvo que haber camuflado bien sus artimañas. Pues lo que caracterizó el culto que se daba a Dios en esos tiempos fue una mezcla del paganismo con la religión de Jehová.

Aquello era la norma de ese tiempo. Se habían relajado las restricciones del culto e imposiciones de la ley de Jehová por prácticas más livianas, más a tono con la cultura contemporánea.


Algo bien parecido a lo que estamos viviendo en esta hora. Con la excusa de que hay que alcanzar la gente, de que hay que ayudar los jóvenes de esta generación, de que los niños necesitan algo más que el pan liviano y crudo de la Biblia se han ido violentando estatutos, preceptos y mandamientos estipulados por el Espíritu Santo respecto a la adoración y servicio a Dios cuyo objetivo es trabajar en nuestra santificación para el día del Señor.


La generación de los días de Elías carecía de una falta de percepción espiritual para hacer una separación entre lo santo y lo profano. Esto los llevó a atentar contra la santidad de Dios y a traspasar límites establecidos por el Creador. Esta misma alevosía y falta de temor ha llevado a nuestra generación a contristar al Espíritu Santo de Dios.


En todas las edades Satán ha hecho creer al ser humano que todo lo de Dios es arcaico. Pasado de moda. Que está muy distante de la percepción que se efectúa a través de los sentidos. Que la Palabra no está a tono con el tiempo. Que es antigua y difícil de entender.


En todas las edades Satán ha logrado convencer al ser humano de que los instrumentos del mundo son legítimos en el servicio a Dios y lo ha tentado para introducir artificios que apelan al intelecto y a los sentidos carnales para ser ofrecidos como adoración y ofrenda a Dios. Pero en diferentes ocasiones a través de la narrativa bíblica Dios nos dejó sentadas varias lecciones y una de ellas fue la de Nadab y Abiú. Dios fue bien específico en dejarnos saber que a Él no se le puede traer cualquier cosa o lo que se nos antoje en nuestro corazón.


Al profeta Ezequiel le fue mostrado cuando la gloria de Dios abandonó el templo debido a las abominaciones introducidas en aquel lugar sagrado. De la misma manera la casa de Dios, el cuerpo del ser humano que es templo del Espíritu Santo, está quedando desierto y este vacío está siendo suplantado por un espíritu de depresión y desolación.


Los templos o las iglesias, como se les llama ahora, que son una extensión de nosotros que somos templos del Espíritu Santo, están quedando desiertos por la insensatez y la falta de temor de supuestos adoradores que creen que Dios está mendigando adoración. Se les olvida que Dios tiene billones y billones de seres angelicales de todas las castas que no cesan de alabar su nombre.


El mundo espiritual generalmente está regido por símbolos y hay principios eternos en estos símbolos que son innegables e inquebrantables, porque señalan a cosas eternas que en nuestra condición caída no podemos entender. Esta insensatez de un pueblo que yace en la embriaguez del vino de Babilonia ha dado lugar a un espíritu de depresión, ansiedad y desolación que se ha ido apoderando de las mentes porque la gloria de Jehová se ha ido alejando pues el Espíritu Santo está siendo contristado.  

En 1 Reyes 19:9-18 aparece un relato donde Dios da una lección al profeta Elías. Lección que ha quedado grabada en las páginas de la historia bíblica como una amonestación para nosotros.

 

Como escribió el apóstol Pablo a los corintios: Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. 1 Corintios 10:11


Después de una victoria arrolladora cuando desafió a los sacerdotes de Baal e hizo frente a la malvada Jezabel y al apóstata Acab, Elías huye por su vida. Se va por el desierto un día de camino y sentándose debajo de un enebro deseaba morirse. Allí fue visitado por un mensajero de Dios quien le trajo una torta de pan y agua y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al monte de Dios. Allí se metió en una cueva esperando quizás que llegara la muerte.


Pero Dios aún no había terminado con este hombre. No sabemos qué estaba pasando por la mente de aquel profeta, aquel hombre de Dios de quien el escritor Santiago dice que era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras. Quizás pensaba que se había equivocado. Que era más fácil seguir la corriente con la mayoría que ser un marginado. Y Satán que es un oportunista, quizás le susurraba a su mente que su ministerio había sido un fracaso.


Elías se veía a sí mismo un hombre acabado.


Un hombre que lo había dejado todo, que había renunciado a todo por la causa de Jehová nunca llegó a ver los frutos esperados ¡Cómo acosa Satán a estos hombres y mujeres! Y Elías no era una excepción. Quizás había visto los cultos ofrecidos a Dios por esta gran mayoría y allí había también supuestamente mover del Espíritu. Quizás había descendido alguna nube cuando se quemaba el incienso y se hacían los sacrificios.


¿Acaso no era más fácil vivir una vida normal y corriente a tono con la mayoría?


¿Acaso Acab no invocaba también a Jehová? ¿Acaso Dios no estaba tratando con aquel rey que invocaba su nombre? ¿No había recibido el monarca palabra de Jehová en diferentes ocasiones?

Es en este torbellino de ideas y quizás confusión mental que Dios da una lección al profeta.

Dios lo saca del pozo de la desesperación. Elías se levanta y sube al Monte de Dios. En el Monte de Dios su llamado es reafirmado y Dios le muestra que no todo lo que brilla es oro.


Dios le dice: “Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová.” Y dice la Biblia que Jehová pasaba y un grande y poderoso viento rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová, pero Jehová no estaba en el viento. Luego, detrás de ese viento vino un terremoto, pero Jehová no estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero Jehová no estaba en el fuego.


Entonces tras el fuego vino un silbo apacible y delicado. Entonces Elías se dio cuenta que allí estaba Dios y cubrió su rostro con sus manos y salió de la cueva.


El término que dice que Jehová pasaba implica que es Dios quien permite todo esto. Pero lo permite para que una gente que ha gozado de la gracia de Dios, una gente que ha recibido palabra directamente de la boca de Dios, que ha visto sus milagros y ha experimentado protección y sanidades crean a la mentira a fin de que sean condenados.


¿Por qué? Porque tenemos que ser agradecidos. Tenemos que ser leales a Dios. Dios es celoso y no tolera que el que se llama su pueblo le sirva a dos señores.


Observemos lo que nos dice el Apóstol Pablo:


…por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia. 2 Tesalonicenses 2:10-12


¿Cuánto tiempo lleva el Espíritu Santo hablando, exhortando y amonestando? De diferentes maneras ha estado hablando a esta generación. ¿Qué han hecho con la palabra que ha sido impartida no por ángeles sino por el mismo Espíritu Santo?


¿Cuántas veces han escuchado al Espíritu Santo llorando? Con ruegos, con súplicas, con cuerdas de amor, vendando, curando heridas, pasando aceite. Como la madre que se desvela por sus hijos así ha estado el Espíritu Santo por este pueblo rebelde y desleal.


Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.  Romanos 8:26


La pregunta que surge a raíz de esta lección dada al profeta y que es para nosotros en este tiempo es: ¿está Dios en todos los lugares que se invoca su nombre?


Vivimos unos días bien difíciles. Llenos de maldad, perversidad y sobre todo, días donde el engaño y la mentira es la orden del día. Los medios noticiosos que están comprometidos con esta agenda de engaño se encargan de proliferar las mentiras y lo que ellos llaman la nueva normalidad de vida. El engaño ha llegado a unos niveles que Jesús nos advirtió que ni aun los creyentes quedarían exentos de ser seducidos de caer en esta red. Solo con el poder del Espíritu Santo se puede discernir y separar la verdad de la mentira.


Los espectáculos religiosos que son exhibidos a través de los medios deslumbran los sentidos de las masas quienes corren con frenesí a levantar sus manos porque allí supuestamente está Dios. Todo este mover que vemos en medio de esta iglesia apóstata que carece de los frutos dignos del arrepentimiento se puede comparar al grande y poderoso viento que rompía los montes, al terrible terremoto que estremeció aquella cueva y al consumidor fuego que se esparcía por aquel lugar.

Pero hay un distintivo que nos sirve como señal cuando Dios no está presente en toda esta parafernalia mundanal de la iglesia moderna: cuando Dios no está lo que hay es ruido, lo que hay es metal que resuena y címbalo que retiñe. Cuando Dios no está no hay frutos que digan éste o ésta vive arrepentido de sus malas obras. De su vida pasada.


No hay melodía sino solo un ensordecedor ruido que agita al espíritu y conturba el alma.

A Elías le fue mostrado que sólo en el silbo apacible y delicado es que está la presencia de Dios. Y no es que Dios solamente está en la música solemne o en los silencios exacerbados de muchas iglesias. Tampoco en actitudes extáticas de meditación y contemplación. NO.


El Apóstol Pablo nos dice en 1 Corintios 12:3:  Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

Si el Espíritu Santo de Dios no está presente no hay vida. No hay poder. Porque el Espíritu es el que da vida. Cuando el valle de huesos secos le fue mostrado a Ezequiel y se le dijo al profeta que profetizara aquello conllevó acción. Hubo un enorme ruido cuando los huesos cobraron vida.


Cuando fue soplado espíritu de vida a la iglesia el día de pentecostés aquello fue como un estruendo ensordecedor. Pero era el silbo apacible de Dios que es como un estruendo ensordecedor que ensordece los sentidos carnales y abre nuestros canales espirituales para absorber su esencia y su vida en nosotros.


Esta melodía del cielo que es el silbo apacible de Dios no es otra cosa que la presencia de Dios. Y a la presencia de Dios tiembla la tierra. Y la presencia de Dios induce al alma inclinarse ante su Creador.

El silbo apacible de Dios produce cambios. Eleva el alma a las alturas de Dios porque desea ser santificada. La doncella de Cantares tomó una determinación en su vida cuando su alma despertó en anhelos por el Amado:  Hasta que apunte el día y huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, y al collado del incienso. Cantares 4:6

 

El silbo apacible de Dios, que es la vida del Espíritu, lleva al ser humano a separarse de todo impedimento del alma. A soltar las redes. A abrazar el martirio. A dejarlo todo. A renunciar a la vida pasada.

 

Lleva al alma a tomar una resolución determinante: Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Cantares 8:6


No nos confundamos, amados, todo lo que oímos alrededor nuestro es simplemente ruido. ¿Por qué ruido? Porque no hay cambios. Si no hay cambios no hay vida. Y si no hay transformación no hay regeneración. Jesús nos dio una señal infalible:


Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 2 Timoteo 2:19


Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. Mateo 7:15-20


Ana Ríos

5 de febrero 2026

 

 

 
 
 

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