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Experiencias con la sublime presencia del Espíritu Santo

Feb 11
8 min read

Experiencias con la sublime presencia del Espíritu Santo

8 de febrero de 2026Es dulce hablar sobre este tema. Acogedor como una fresca noche de verano. Es temprano en la mañana y desperté sintiendo esa cálida Presencia a raíz de una breve experiencia. En la madrugada sentí a alguien parado a mi lado. No percibí figura alguna. ¿Pero quién no sabe distinguir la fragancia de su perfume favorito?  Allí estaba Él. Su presencia. Suave y delicada. No imponente. Como cuando un niño se para al lado de la cama de su madre dejándole saber que quiere recostarse cerca de su regazo. Reaccioné de la misma manera. Como cuando una madre recibe a su hijo con un beso y un abrazo y lo sube a la cama, en su regazo, y ambos se quedan dormidos sintiendo el calor de dos cuerpos que se aman.


Son momentos fugaces que si nuestros sentidos espirituales no están afinados podríamos dejarlos escapar. ¡Y cuánto necesitamos esos momentos con el Espíritu Santo! Aunque sean fugaces. ¡Basta solo un toque de su presencia!


Si alguien anhela que le conozcan es el Espíritu Santo. Si alguien anhela nuestra compañía es el Espíritu Santo. En Santiago 4:5 dice: ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?


Este anhelo es con celo. Un celo que muchas veces le lleva a apartarse de nosotros cuando persistimos en nuestras terquedades y rebeliones. Un anhelo que muchas veces lo pone a pelear contra nosotros como hizo con los hebreos en el desierto. Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. Isaías 63:10


Mi jornada con el sublime Espíritu Santo comenzó cuando era niña. Mis primeros años fueron años de un terror constante aspirando el humo de las velas que se encendían los viernes. Viendo y oyendo las manifestaciones tenebrosas en las reuniones hechas en mi casa donde mis padres intentaban comunicarse con familiares ya fallecidos. Hasta que me fue revelado el amor de Jesús.


Todo comenzó en medio de unos rezos a un crucifijo. Mientras hacíamos los rezos, vi que el crucifijo se convirtió en una calavera. Entonces no hubo más rezos. Fue el primer acto de misericordia para romper con las obras de las tinieblas. Así que, fuimos atraídos a los que predicaban la Biblia. Tenía como ocho años cuando las notas melodiosas del evangelio comenzaron a sonar en mis oídos. Por cortesía mi padre aceptó un servicio a Dios en nuestro hogar y esto bastó para que se disiparan las tinieblas. Se rompieron barrotes de oscuridad. La puerta se abrió.


Allí comenzó mi jornada con el Espíritu Santo a quien no conocía. Cuando leía la Biblia lloraba y lloraba. No entendía. No había explicación. Comenzaron los sueños y las revelaciones. Eran resultado de la presencia del Espíritu Santo en mi vida y yo no lo entendía. Él quería revelarme a Jesús. Su obra redentora. Su amor. Su sacrificio y yo no lo entendía. ¡Quería manifestarme el amor de Jesús! Y yo no lo entendía.


Un día leyendo la Biblia tropecé con una advertencia. La blasfemia contra el Espíritu Santo. Esto me espantó. Tenía miedo de blasfemar a alguien que yo no conocía. Más adelante, cuando era una jovencita, fui impactada por su poder. Fui sumergida en su esencia. Mi madre quien tampoco conocía al Espíritu Santo, me decía que dormida hablaba un lenguaje extraño. En sueños, el poder del Espíritu Santo se manifestaba en mí y hablaba ese lenguaje extraño. Yo no lo entendía. Hasta que pasó lo inevitable.


Un humilde predicador con el don de imposición de manos fue invitado a una rústica capilla de madera en uno de los barrios pobres donde vivía. La promesa era que, si lo anhelábamos con todo el corazón, el predicador pondría sus manos sobre nosotros y allí seríamos impactados, llenos del poder de Espíritu Santo. La señal sería que hablaríamos un lenguaje diferente. Un lenguaje del cielo. Y así sucedió. No en los estándares humanos. Fuera de toda ética de urbanidad. Fuera de cualquier concepción o expectación humana. No hay explicación para esto.


Mi hermana y yo nos sentamos en la primera fila. Cuando llegó el momento del predicador imponer las manos yo sabía que algo iba a suceder allí. Y así fue. Hablamos lenguas. Corrimos por la iglesia. Lloramos. Yo gritaba y gritaba. No podía contener el impacto de lo que había caído sobre mí. Hablaba un lenguaje extraño y profetizaba.


Como Enoc, comencé a caminar con el Espíritu Santo. Una amistad dulce, sin coerciones. Sin imposiciones. El Espíritu Santo denota la naturaleza de una paloma: escurridizo, simple, tierno, sensible, suave. Es la manera más simple que usa la Escritura para que entendamos su naturaleza. Hay acciones nuestras que lo hacen llorar. A veces se entristece y se esconde de nosotros por un tiempo. A veces no nos abre la puerta dejándonos saber que está triste.  Y a veces se manifiesta a nosotros con poderosas revelaciones que no tienen explicación.

Una de las ocasiones fue años más tarde, recién comenzado el ministerio pastoral de mi esposo en una comunidad donde imperaba la brujería.


Todos los jueves al rayar el alba llegaba al altar de la sencilla capilla a orar. Un día por la mañana mientras oraba sentí a mis espaldas que alguien había entrado. Estaba sola ese día. Sentí el batir de unas alas gigantescas. Cuando miro hacia atrás una hermosa y gigante paloma estaba en el pasillo. Por la referencia bíblica sabía quién era. Su presencia era acogedora, tierna. Tomó luego la forma de un niño. Es como una percepción. Algo que los ojos físicos no pueden abarcar ni describir.


No hay manera de explicarlo ni entenderlo. Solo sé que lo que mi espíritu percibe es la presencia de un niño como de cinco o seis años. No puedo descifrar rasgos físicos. Lo único que percibo en mi espíritu es que es un niño.  Es como una manifestación de espíritu a espíritu donde ni los sentidos físicos ni carnales interactúan. Así lo he visto muchas veces. Más que verlo, así lo ha percibido mi espíritu. Si viera todo esto en mi naturaleza física o carnal sé que moriría. Pero todo esto es parte de Su humillación. Él se humilló hasta lo sumo. Y es hacia ese nivel que lucha generalmente Su santo Espíritu con nosotros con el fin de llevarnos a ese nivel y desde allí comenzar nuestras jornadas con Él.


El que no entienda el misterio de la humillación, jamás podrá apreciar la belleza y esplendor del sacrificio de Cristo. No es que ya yo lo haya entendido. No es que ya esté en ese sendero. No soy humilde. No entiendo la humillación. Todo es gracia. Pura e insondable gracia.


Entonces esta gloriosa Persona me dio ciertos mensajes para miembros de la iglesia. Luego me introdujo por una caja electrónica y me explicó los peligros y el mundo espiritual de tiniebla que gobierna en la nueva tecnología, en este caso los juegos electrónicos. Me dio una advertencia para una joven madre que permitía a su hijo jugar estos juegos.


Otra de las experiencias (y me voy a limitar solo a algunas) fue en medio de las crisis vividas los últimos ocho años. Meses antes de salir hacia los Estados Unidos escuchaba, primero en sueños, un niño como de cinco años llorando. Era un llanto conmovedor. Un día mientras oraba en mi casa siento el mismo niño llorando a mi lado. Y allí en la oscuridad de mi cuarto estaba ese sublime Ser parado. Entonces recordé la experiencia que había tenido años antes sobre la visión de la majestuosa paloma. Allí, de rodillas en la sala de mi casa, recibí un mensaje.


Casi dos años más tarde tengo la misma experiencia. Por casi una semana, todas las noches, esa presencia sublime se paraba a mi lado. Le escuchaba llorar con un llanto conmovedor. Lloraba por la iglesia. Una noche en visión me trasladó a una de las iglesias que mi esposo pastoreó. Ambos llegamos al atrio del templo. Lo que veía eran escombros y suciedad, un simbolismo de la condición espiritual de la iglesia. Él lloraba hablándome sobre la condición de la iglesia. Me decía: “¡Mira que destrucción! ¡Mira que destrucción! Todo está destruido.”


En otra ocasión me trasladó a otra de las iglesias que años atrás pastoreó mi esposo. El altar era una montaña de escombros. Había sido destruido. El templo estaba destruido. En los extremos del templo, incrustado dentro de una pared, había cuartos con rejas. Eran como pequeñas cárceles. Allí estaban encerrados algunos líderes de la iglesia. Gente de oración. Eran los guerreros de la iglesia. Gente que pasábamos las noches en vigilia orando. Gente que ayunaba y sostuvieron en alto los brazos de mi esposo durante momentos críticos. Aquella había sido una iglesia vibrante. Llena de vida y lozanía del Espíritu. Mientras caminábamos observando toda la suciedad y escombros oía el gemir. Entonces sale un grito conmovedor. Un grito que hacía eco en medio de aquellos escombros: 


“¡Que prevalezca la voluntad de Dios y no la de los hombres! ¡Que prevalezca la voluntad de Dios y no la de los hombres!”


 En solo una ocasión Jesús lloró. Y fue ante una tumba. Fue ante la muerte. Fue ante la muerte de un amigo. No fue por el amigo pues Él lo resucitaría en el día postrero. Fue ante las implicaciones de lo que es la muerte. Quizás Jesús pensaba en los millones muertos espiritualmente. Quizás pensaba que en una tumba parecida yacería gran parte de su iglesia en los días de su venida. El Espíritu Santo llora ahora por la iglesia. Muchos yacen en una tumba. Millones abrirán sus ojos en un infierno ardiente de donde no hay salida. Hay muchos muertos espiritualmente. Muertos que serán sorprendidos por la muerte física y ya no habrá esperanza. Tenemos que meternos en la brecha. Tenemos que orar por estos muertos espirituales.

 

Tenemos que profetizar ante la iglesia como le fue ordenado a Ezequiel:


La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. 2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. 

3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. 4 Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. 5 Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. 6 Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.

7 Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. 8 Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. 9 Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. 10 Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo. Ezequiel 37:1-10


Mientras más nos aproximamos a los eventos de los días finales será más contundente el llamado del Espíritu Santo a la iglesia. Habrá un anhelo más evidente del Espiritu Santo de manifestarse a los hijos de Dios. Aquellos que le aman.


En siete ocasiones se oye un clamor en el libro de Apocalipsis: “…el que tiene oído oiga lo que el Espíritu le dice a la iglesia.” Pero sólo un pequeño remanente fiel abrirá su oído.


¡OREMOS Y PROFETICEMOS! ¡OREMOS Y PROFETICEMOS!


CADA ORACION ES UNA PROFECIA DE VIDA SOBRE AQUELLOS QUE ESTÁN MUERTOS ESPIRITUALMENTE.


Ana Ríos

11 de febrero 2026

 
 
 

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