!Hazme oír tu voz!

Es el grito surcando en el aire de aquellos que aman a Dios. Ese fue el clamor de la doncella a su amado: Oh, tú que habitas en los huertos, los compañeros escuchan tu voz; házmela oír. Apresúrate, amado mío, y sé semejante al corzo, o al cervatillo, sobre las montañas de los aromas. Cantares 8:13-14
Oír la voz de Dios no es fácil. Y más difícil se hace en esta hora de oscuridad cuando tantas voces surcan los aires. Los auto proclamados profetas vociferan desde las plataformas diciendo “Dios dice, Dios dice.” ¿Pero está hablando Dios?
¡Cuán difícil es oír la voz de Dios en medio del ruido que aturde nuestros oídos!
Desde el momento que somos señalados por Él, nuestra alma entra en una agonía. En un deambular con un ardiente deseo de su presencia. En un anhelo por hacer su voluntad. El anhelo de escuchar su voz.
Con esta misma agonía Job exclamó: ¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla. Job 23:3
El anhelo de hacer su voluntad nos lleva a una búsqueda constante y en ese caminar comenzamos de paraje en paraje. De lugar en lugar tratando de dar reposo a nuestra alma. “Dime dónde sesteas”, le dijo la doncella al que era el objeto de sus anhelos. De la misma manera nuestras almas entran en la búsqueda por conocer los deseos del corazón de Dios. Por saber qué lugar ocupa en los recónditos de nuestra alma.
Tal parece que no hay reposo. No hay profesión, no hay deleite mundanal, no hay dinero que pueda traer satisfacción a un hombre, a una mujer que ha recibido el beso de Maestro.
Ese es el testimonio que da la Biblia sobre Moisés: Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Heb. 11:25-28
En el momento que nuestra alma es atraída bajo los influjos de su gracia, cuando con corazón sincero nos allegamos a Él y nos desbordamos en arrepentimiento, Dios despierta en nosotros un instinto latente de unirnos a Él. De ser uno con Él.
Es en este nivel que nuestra alma entiende que no fue creada para las frivolidades de esta vida, sino que tiene un centro. Un objetivo.
Salomón vivió esa angustia. Se cree que cuando escribe el libro del Eclesiastés ya estaba viejo. Su vida se había gastado en el pecado y comienza un peregrinaje de retorno. Una búsqueda. La reconquista de algo perdido. Dulces momentos de comunión y compañía divina. Algo añorado que yacía en los recónditos de una vida de dulces experiencias con Dios. ¿Encontró Salomón lo que había perdido? La Biblia no lo dice.
El pecado había hecho estragos en su vida. El camino de retorno se había cundido de cardos y abrojos. Y volver a reconquistar aquello que había perdido se convertía en una empresa de tal envergadura que apenas sus fuerzas le daban para comenzar el retorno. Salomón había perdido la presencia de Dios en su vida y ahora era un deambulante espiritual.
Algunos huyen como Jonás y escapan en un barco hacia Tarsis. Huyen de la voluntad de Dios. Otros se esconden detrás del bagaje, como Saúl. Y otros se vuelven a las redes. A la pescadería, como Pedro.
¡Qué terrible es perder el horizonte! ¡Qué difícil es reconquistar lo perdido! La tragedia más grande que puede vivir un ser humano es perder la presencia de Dios en su vida. Saúl la perdió y no hubo retorno. Esaú la lloró con lágrimas.
¿Podrá un cristiano que ha perdido la presencia de Dios soportar los tiempos del fin?
Dos de los discípulos de Juan, Simón y Andrés, fueron cautivados por la persona del Maestro. Juan el Bautista lo identifica y lo señala diciendo: “He aquí el Cordero de Dios”. Los discípulos fueron cautivados inmediatamente. ¿Quién no es cautivado por la maravillosa persona de Jesús? El que no es cautivado es porque sus sentidos espirituales están muertos y ha perdido su visión.
Cristo llama a sus seguidores a amarlo tan apasionadamente que todos los demás afectos tienen que ser insignificantes en comparación. Porque Él es hermoso. Él es rubio y señalado entre diez mil. Su nombre es como ungüento derramado. La doncella dijo: “Con razón te aman las doncellas”.
Hay razón para amar a Jesús y hay miles de razones para no descuidar y perder su presencia en nuestra vida.
Simón y Andrés, cautivados por su presencia, preguntan a Jesús: “¿Dónde moras?” Y Jesús le mostró. Dice la Biblia que desde aquel día se quedaron con Él. Los discípulos de Emaús le rogaron: “!Quédate con nosotros que ya se hace tarde!”
Marta y María le dijeron: “Si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto.” Pedro, Jacobo, y Juan, arrobados por aquella manifestación sublime de su gloria le dijeron: “Hagamos tres enramadas. Una para Elías, una para Moisés y una para ti.” Moisés le protestó a Dios: “Si tu presencia no ha de ir con nosotros, no nos saques de este lugar.”
¡Es que hay algo en la presencia de Jesús! Algo sublime. Algo que hace descansar el alma. Se van las sombras. Huyen las tinieblas. Debemos preferir entonces estar mejor un día en su presencia que mil en las moradas de maldad.
¡Cuán necesario es Jesús en nuestras vidas! Con razón el salmista exclamó: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.”
¿Cómo oír la voz de Dios? Es estando en su presencia, metiéndolo a nuestra recámara como hizo la doncella de Cantares. ¿Dónde podemos escucharla? Sobre las montañas de los aromas. Allí, en ese lugar oirás la voz de Dios. Estas montañas son los lugares de encuentro con nuestro Dios. Es el lugar secreto donde pasas horas con Él. Donde le cantas y le adoras. Aun muchas veces sin decir palabras, sólo adorándole.
¿Has intentado entrar a ese lugar secreto? Es un espacio tan pequeño que apenas caben tú y Jesús. Sin ruidos. Sin terceras personas. Sin música. Sin otros elementos extraños humanos. Sólo en el dulce sonido del silencio con Dios puede tu alma doblegarse e inclinar su oído para captar esa dulce y apacible voz.
¡Hazme oír tu voz! ¡Házmela oír!
Ana Ríos
17 de septiembre de 2026
Si desea recibir nuestros mensajes únase a nuestro canal en WhatsApp El Reloj Profético o suscríbase en nuestra página elrelojprofetico.com





Comments