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La bendición de la disciplina

Jun 20
6 min read
La Bendición de la Disciplina

Tenemos que orar al Señor con intensidad para que cada día nos de pan espiritual. Lo obtenemos a través de un constante caminar con Él y un constante ejercicio de lectura de su palabra. Y esto se logra a través de medidas disciplinarias en nuestra vida día a día. 


En vista a esto el apóstol Pablo dice:  ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. 1 Corintios 9:24-27


¿Qué dice el diccionario sobre la palabra disciplina?  Nos dice que es … instrucción de una persona, especialmente en lo moral.  Instruir, enseñar a alguien su profesión, dándole lecciones, educar, formar. Azotar, dar disciplinazos por mortificación o por castigo. Imponer, someter, corregir.


Si queremos realizarnos en algo o alcanzar algo, todos sabemos que hacerlo legítimamente requiere procesos cruciales de práctica, dedicación y esfuerzo. O sea, disciplina. La disciplina es un elemento esencial en todas las facetas de la vida humana:  comida, conversación, trabajo, vida espiritual, estudios, actitudes, etc. El éxito de toda empresa está determinado por las medidas disciplinarias aplicadas día a día.


Cuando estudiamos grandes civilizaciones del pasado observamos que la disciplina aplicada en su ejército y sistema de gobierno fue un factor decisivo que las llevó a la cúspide.


La vida de grandes hombres estuvo gobernada por la aplicación de una disciplina diaria en los estudios, trabajo, actitudes y aun en los instintos que gobernaban sus vidas.


Ningún imperio salió de la nada. Se formaron a través de rigurosos ejercicios disciplinarios. Y los grandes hombres y mujeres que han marcado la historia positivamente han sido personas formadas dentro de moldes disciplinarios de corrección, aprendizaje y superación.


Generalmente nuestros fracasos los atribuimos a errores cometidos. Cosas que debimos hacer y no hicimos. Cálculos equivocados. Falta de preparación o desconocimiento. Sin embargo, pocas veces analizamos que muchas veces estas pudieron haber sido medidas disciplinarias que nos preparan para el próximo eslabón.


Aun los niños con un espíritu de aprendizaje necesitan explicaciones detalladas, mucha paciencia,

oportunidades para entrenarse y experimentar, así como el derecho de aprender mediante sus errores. Y esto se logra a través de medidas disciplinarias correctivas que moldeen su carácter y sus actitudes. Proverbios 29:15 dice: La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.


¿Por qué dice a su madre y no a su padre? Porque generalmente nosotras las madres estamos más inclinadas a consentir nuestros hijos y no permitir que se le aplique disciplina. Y en Proverbios 22:15 nos dice la Sagrada Palabra: La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él.

El niño consentido no hace caso de lo que le han enseñado y rompe la armonía familiar. La respuesta divina a ello es la disciplina firme y amorosa como dice Proverbios 23:13:  No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá.


Leí la historia de una madre que tuvo un niño autista. Aquella madre tomó la determinación de trabajar con su hijo y ayudarlo a superar aquella condición. Dejó su trabajo y se dedicó 24/7 a formar el carácter y el intelecto de aquel niño. Y el niño llegó a la universidad y terminó un bachillerato. Muchas veces las medidas que usó parecían crueles pues tenía que día a día meterlo dentro de moldes de estricta disciplina para que el niño pudiera funcionar bien. Pero más adelante aquel niño, ya joven, agradecía a su madre su superación.


Todo el mundo decía que era un milagro, pero los que estuvieron cerca sabían que además del milagro, sólo la firme determinación de una madre, su fe y su confianza en los principios divinos la llevó a hacer que aquel niño superara una condición bien difícil de superar a través de medidas disciplinarias.


Dios se describe como partidario estricto de la disciplina y ha sido su manera de tratar y de formar el carácter de aquellos que le aceptan como Padre. Aunque nos hace clara la distinción entre la disciplina correctiva y el abuso físico. Nunca debemos hacer daño a un niño como dice Proverbios 19:18: Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo.


Cuando Dios entra en la empresa de formar la nación de Israel usó medidas que para muchos parecen ser drásticas. Solo los que tuvieron plena confianza y depositaron su fe plena en Él pudieron pasar la prueba porque entendieron que era parte de un proceso para alcanzar algo mejor. Hoy nosotros, que vemos en un macro el desarrollo y proceso de la formación de este pueblo, podemos entender que todo lo que Dios hace es bueno y lo hace con un propósito que trasciende hacia lo eterno.


Muchos no lo entendieron en su tiempo y quedaron postrados en aquel desierto.  


¿Y nosotros lo estamos pasando? ¿Estamos entendiendo este proceso de Dios en nuestra vida? ¿O nos estamos rebelando como están haciendo muchos hijos de Dios en esta hora?


La disciplina que Dios nos aplica puede ser dolorosa pero no perjudicial. Los que han sido partícipes de ella han cosechado frutos apacibles de paz y comunión con Él.


¿Por qué Dios disciplina a sus hijos? Dios tiene que formarnos. Disfrutamos cantar cánticos como “Tú eres el alfarero”, “Rómpeme”, etc. Pero cuando estamos metidos dentro del molde, metidos en un horno de 400 o 500 grados de calor gritamos y decimos: “!Basta ya Señor!”.


Cuando leemos la Biblia y nos detenemos en la vida de instrumentos que en su tiempo cumplieron un propósito, nos damos cuenta que la disciplina fue un elemento esencial para poder cumplir con el santo cometido. Un poder sin disciplina es peligroso. La unción sin disciplina es peligrosa.  Hombres como Sansón, Saúl, Jefté quedaron limitados en la poderosa investidura recibida porque carecían de este elemento supremo. 


Sin embargo, cuando estudiamos sobre la vida de Samuel entendemos entonces la bendición de los rigores de la disciplina. Se caracterizó por vivir una vida de oración. Samuel pasó muchas noches en vigilia intercediendo en oración. Se requiere disciplina para orar toda una noche hasta que raye el alba. No solo eso, Samuel sobrellevó los rigores del nazareato. Samuel nunca cortó su cabello porque era nazareo. ¡Y esto requiere disciplina!


Recuerda: Tu destino eterno puede depender de la disciplina provista por Dios. Y el destino eterno de tu hijo puede depender de la disciplina provista por ti.


Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; 6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Hebreos 12:5-11

 

¿Por qué no se cumple el propósito y llamado de Dios en muchas vidas? Una de las dificultades del Espíritu Santo con aquellos que oran por unción, dones y ministerios es el problema de la disciplina. Por ser indisciplinado, Saúl no pudo esperar hasta que llegara Samuel para hacer los sacrificios antes de enfrascarse en guerra contra los filisteos. ¡La disciplina de saber esperar!

 

Jefté se apresuró con su boca y se ató a un juramento. Un juramento que transgredía el mandato divino. Un juramento que le costó entregar su única hija. Entonces hace falta disciplina aun para abrir nuestra boca.

 

Una vez tuve una experiencia respecto a esto. Estaba en una iglesia y mi deseo era quedarme allí y ser de bendición. Entonces escuché la voz del Espíritu Santo que me dijo: “Ni digas todo lo que sabes.” Hasta me confirmó por la palabra en Proverbios 12:23 y 13:3. Olvidé la amonestación del Espíritu. Y más adelante me sentí compelida a abrir mi boca y hablar. ¡Cuántos problemas me ocasionó no haber recordado la amonestación del Espíritu! El propósito fue abortado y el Espíritu Santo no pudo hacer el trabajo que quería hacer en aquel lugar a través de su instrumento. Todo, por haber abierto mi boca cuando no debí hacerlo.

 

Ministerios que pudieron ser fructíferos terminaron abortados cuando los instrumentos desatendieron la importancia de la disciplina. La disciplina de la espera. La disciplina de la paciencia. La disciplina del ayuno y la oración. La disciplina de orar en las madrugadas. ¡La disciplina del silencio!

 

Comencemos a ejercitarnos dentro de los moldes de disciplina. Las bendiciones cuestan. Los ministerios exitosos tienen su precio. La salvación es gratis pues Jesús pagó el precio. La unción tiene su precio.

 

Ana Ríos

20 de junio de 2026

 
 
 

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