No habrá tiempo para arrepentirse

El mensaje central de la Biblia es la salvación. Y esto sólo se produce por el acto del arrepentimiento. Y el arrepentimiento se manifiesta a través de un corazón lleno de dolor por las acciones y faltas cometidas. En el arrepentimiento hay lágrimas. Hay confesión. Hay compunción. Es el dolor por haber fallado. El dolor por haber traicionado la pureza y bondad del que derramó hasta la última gota de sangre por nosotros. Si esto no se produce en alguien que ha pecado contra Dios, hay problemas. Problemas graves. Porque si no hay arrepentimiento no hay perdón. No hay regeneración. El pacto se invalida.
La Biblia nos dice lo siguiente: Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Isaías 57:15
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Salmos 51:17
[Jesús dijo]: Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Lucas 13:3
[Jesús dijo:] Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Lucas 3:8
Recientemente una hermana en Cristo me comunicó lo siguiente:
“Estoy en un desierto. He estado a travesando por batallas espirituales fuertes. Los bombardeos a mi mente no cesan. Y las tentaciones son cada vez más atropelladoras. Tentaciones de cosas ajenas a mi naturaleza. Cosas que yo misma aborrezco. Es una frustración, tanto espiritual como emocional porque me he sentido defraudada en muchos aspectos de mi vida. Casi todos, pues todo me ha salido contrario a como yo esperaba.
Hace unos días atrás tuve un sueño. Estoy en un lugar al aire libre. Estaba oscuro y se veían estrellas en el cielo. Comienzo a ver como si las estrellas se movieran de un lado a otro. Entonces escucho una voz que me dice: ‘El tiempo es corto. Si te deslizas no tendrás tiempo para arrepentirte.’
Desperté. Agradezco a Dios que esta experiencia me ha llevado a recapacitar que la salvación es algo que hay que cuidar con temor y temblor. Tenía que confesar. Agarré el teléfono y saqué a la luz lo que en secreto me susurraba el enemigo. Es como único podemos vencer sus acoses pues a él le gusta hacer sus maniobras a escondidas.”
Me impactó el testimonio de la hermana. Pero más me impactaron las palabras de quien tengo la convicción fueron del Espíritu Santo. “No tendrás tiempo para arrepentirte.” Fue la tragedia que vivió la generación antediluviana. A aquella generación se le concedió alrededor de 120 años para arrepentirse. 120 años echados por la borda. 120 años de rechazos, desprecios, críticas y burla a un Dios que no quiere la muerte del impío. Hasta que se acabó el tiempo. Aun así, la gracia de Dios sobreabundó. Siete días de gracia fueron concedidos desde que Dios instruyó a Noé entrar en el Arca hasta que se cerró la puerta. Cuando la puerta se cerró no hubo más oportunidad. Todos perecieron en el juicio, excepto Noé y su familia porque creyeron. Porque dieron frutos dignos de arrepentimiento.
Así pasará a esta generación. Mientras justifiquemos nuestros pecados detrás de una fachada de religiosidad y piedad ficticia, corremos el grave peligro de quedar excluidos de la gracia.
Ese fue el mensaje de Juan el Bautista, el arrepentimiento. La gran mayoría no escuchó. Eran tan religiosos que pensaban que no tenían necesidad de arrepentirse. Cuarenta años más tarde vino la destrucción. El general Tito atacó a Jerusalén y no quedó piedra sobre piedra del templo que no fue destruida. Todo fue sorpresivo. Los que no se arrepintieron y se metieron bajo la sangre redentora del Cordero de Dios perecieron sin esperanza. Pero ya habían sido advertidos. Como estamos siendo advertidos nosotros que lo que viene caerá como un lazo sobre la humanidad. ¡Este es el tiempo de escapar!
Ana Ríos
4 de mayo de 2026





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