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¿Qué ha priorizado esta iglesia del último tiempo?

Jun 6
9 min read
Que ha priorizado esta iglesia del ultimo tiempo 3

La nuestra es una generación sin compás. Sin dirección. Una generación que ha sido levantada bajo estrategias de mercadeo de una iglesia que pensó que la manera de llegar a las mentes fértiles y vidas disfuncionales era haciéndoles el camino más ancho y placentero. Un camino al cual Jesús llamó estrecho.


En un ambiente de luces opacas, paredes pintadas de negro, templos estilo discoteca. Altares donde predicar en mahones y radicalizar el vestuario femenino se proyectó como un atractivo. Templos donde los himnarios fueron repudiados. Donde las noches de oración se convirtieron en noches de Facebook. Donde los ayunos eran ayunos sin tecnología.  Donde las películas se usaban como manuales de instrucción bíblica.


Entonces esta generación comenzó a experimentar el fenómeno de la disociación. Disociación de la revelación divina. Disociación de la historia. Disociación de la Biblia. Disociación de la vida de iglesia. Disociación de todo lo tradicional. Disociación de la gente que los vio crecer.


Aparentemente este mercadeo estratégico de iglesia cumplió su cometido. Surgieron los mega templos. Los ministerios corporativos tomaron auge. Los sencillos templos de comunidad se convirtieron en mega corporaciones. Los pastores estilizaron su retórica. Maquillaron sus atuendos. Suavizaron su teología. El consumismo religioso colmó la medida. Rompió los estándares. ¡Había que acabar con lo tradicional!


Pero algo salió mal. Los números en las últimas encuestas muestran una cifra cada vez más en aumento de gente que deja la iglesia. Templos que están siendo cerrados. Jóvenes que se tornan al satanismo o se desbarrancan por los oscuros túneles del ateísmo.


El movimiento evangélico se está convirtiendo en una minoría ahora mismo en Estados Unidos. Y estos monumentos, producto de estrategias de mercadeo y gloria humana, están cada vez más vacíos. Estos hijos de estrategias y alcance humano no saben adónde ir. Sin brújula. Sin dirección. Sin un compás que le muestre el camino. Sin historia. Porque les fue borrada a través de expresiones peyorativas. O fue desplazada a través de presentaciones circenses desde los altares.


Esta generación que durmió bajo las bancas de la iglesia y hoy las miran con menosprecio, vive una crisis. Crisis de fe. Crisis de valores. Crisis de identidad. Crisis de cultura. Van en busca de algo que les nutra esa deficiencia en sus vidas. Un vacío que no saben cómo llenar.


Lamentablemente no buscan ese algo en el altar porque el mismo yace demolido por los constructores de la nueva fe. Pero allí está el altar de Facebook. Allí está YouTube. Allí esta TikTok. Esta generación está adorando en otros altares. Se están tornando a dioses extraños. Adoran en cultos extraños. Consultan a otros dioses.


¿Tienen un problema? ¿Una duda? Allí están los chatbots. ¿Por qué? Porque no pueden hallar ese algo en el lugar donde fueron criados. Han llegado a la conclusión de que lo correcto que creían ahora es incorrecto. Llegaron a la conclusión que su vida de iglesia fue un error. Que no hubo llamado. Que Dios los traicionó. Hoy desafían a Dios y lo culpan por sus fracasos.


Estos jóvenes que una vez quisieron ser pastores. Jóvenes que soñaron con ser misioneros y ministros del altar naufragan en el mar de la desilusión. Hoy están dudando de su fe. ¿Por qué? Los altares están secos. Los pastores no gimen en los altares. Las madrugadas de oración son veladas con los chatbots, Facebook y Google. Fueron muchas las falsas promesas. Los mensajes halagüeños de estrategas que negaron la cruz de Cristo y rebajaron las demandas del Reino a cambio de dólares en las cuentas bancarias. A cambio de entretenimientos. Los mensajes de motivación y no de confrontación llevaron al pueblo al conformismo. Un conformismo con la decadencia espiritual y el problema del pecado.


Este presente desplazamiento de la fe causa temor. Esta apostasía está trayendo consecuencias.  Y no es que no hayamos sido advertidos. Los atalayas han estado en el muro sonando la trompeta. Pero están siendo apedreados y acribillados por la nueva fe. La Biblia ha hecho énfasis y ha dado advertencias. Pero ha sido suplantada por Google. Su mensaje ha sido desviado a cómo ser un hombre de éxito en las empresas. Cómo ser una mujer atractiva. Cómo vivir la vida cristiana sin el yugo del cristianismo. Cómo ser un buen cristiano sin ser cristiano.


Pero esta generación quería algo más profundo que ser un exitoso marido o un hombre de negocios. Esta generación quería algo más que payaserías y conciertos. Algo más que los kioskos de maquillaje en las asambleas. Esta fue la generación que pudo ser la propulsora del tan esperado avivamiento. Pero ha habido una constante que no puede ser obviada y sacada de los libros de historia. Los grandes avivamientos vinieron cuando un hombre o una mujer se puso de rodillas. Cuando una iglesia reconstruyó el altar caído y se ofreció a sí misma como un sacrificio vivo. Cuando los altares fueron mojados en lágrimas.


Me impactaron las palabras del fenecido pastor John Paul Jackson. Tenía una misión con estos despatriados que se han vuelto al satanismo y la brujería. Acostumbraba poner una pequeña carpa en las fiestas paganas de estas almas sin brújula. John Paul tenía el don de interpretar sueños y lo usaba para salvar almas porque según él, aún en su condición más caída Dios sigue tratando con el ser humano, especialmente a través de sueños. Y allí estaba él. Atendiendo a estas pobres ovejas descarriadas. Noventa y cinco por ciento, según su estimado, habían crecido en la iglesia.


Un día se le acercó un joven. Sintió una compasión inmensurable por él y fue movido a preguntarle cómo había llegado al lugar donde estaba. El joven le dijo que en su adolescencia había tenido un sueño impactante. Un poder sobrenatural había caído sobre él. Hablaba lenguas extrañas. Los enfermos eran sanados y los muertos resucitados. Estaba intrigado por el sueño porque no lo entendía. Entonces consultó a su Pastor. Su respuesta fue que lo que había experimentado en el sueño era del diablo. Allí comenzó su odisea hacia el satanismo. Si un poder así era del diablo, entonces había que inquirir. Había que buscarlo. Y Satán, que no pierde tiempo, lo atrapó en sus garras. El Pastor le ofreció el camino para que retrocediera. Pero el joven le dijo que ya era tarde. Que no podía volver atrás. Se había ido por el abismo del satanismo. Cuatro meses luego de haber hablado con el Pastor Jackson, el joven falleció.


Es fácil engañarnos a nosotros mismos inventándonos excusas que alivien nuestra conciencia. Diciendo que aquella no era un alma de salvación.  Es una manera fácil de evadir la responsabilidad que cae sobre cada uno de nosotros. Especialmente sobre los Pastores de los rebaños. Dios estaba indicando el camino a aquel joven. El evangelio de poder. Que Dios sana. Que la iglesia tiene poder sobre los demonios. Que podemos hablar lenguas del cielo y vivir así una vida victoriosa. Pero esto no es lo que predica gran parte de las iglesias. Hablar lenguas hoy en un templo es anatema.  Gran parte de la iglesia del siglo presente no busca poder. Y lo mismo que Dios dijo a los sacerdotes de Israel, lo vocifera hoy a este pastorado muerto.


 Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15 Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. 16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17 aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Isaias 1:14-17


La iglesia le dice a esta presente generación que no tiene que cambiar. Pero esta generación quiere cambiar. Los jóvenes quieren cambiar. Ellos quieren algo que los cambie. Que los saque de la podredumbre donde están. Que los saque del lodo de la pornografía. Los matrimonios quieren algo más que mecanizados seminarios de consejería para poder arreglar sus matrimonios. Esta generación quiere poder.  Quiere sanidades y milagros.


Lamentablemente esta acomodada iglesia de Laodicea no pude dar nada de esto. Nadie puede dar algo que no tiene.


Una vez fui a una de estas acomodadas iglesias y me dieron una lista de lo que podía y no podía predicar. En otra iglesia el Espíritu Santo mi dijo que hablara sobre el único requisito para poder ver a Dios. Luego del mensaje el Pastor tuvo la osadía de invitarme a coger un estudio sobre lo que es santidad porque yo había ofendido la iglesia.


¿Qué ha priorizado esta iglesia del último tiempo? Ha echado a un lado el poder de Dios que opera en almas humilladas y quebrantadas ante su presencia. Un poder que se manifiesta sanando los enfermos, libertando a los cautivos de sus prisiones espirituales. Opera y se manifiesta con lenguas espirituales que edifican el alma. Pero la prioridad de esta iglesia son las cifras en los bancos. Las luces. Las plataformas. La música. Los vestidos costosos y de última moda. Irónicamente en el lugar que aparece designado en la Escritura para el Arca del Testimonio, es a saber el lugar santísimo, se exhibe una batería o unos tambores.


El templo rige en base a unos modelos estampados en las Escrituras como principio en la adoración y culto que Dios demanda. Estos principios han sido temerariamente violentados por esta nueva fe. Los mensajes son inspirados por los chatbots. Y no es que echemos a un lado el uso de estas herramientas pues son simplemente eso, herramientas. Es asunto de usarlas con cuidado y temor sin limitar la supremacía del Espíritu Santo y su oficio en la iglesia.


El problema crucial es que se ha intentado crear una ausencia de todo aquello que parezca ser muy religioso o muy espiritual. Una ausencia de todo lo que parezca ser muy santo. ¡Y Dios es santo! En este aspecto los eslóganes han cumplido su cometido. A la santidad la llamaron peyorativamente “santurronería”. La devoción fue tildada de “rajatabla”. Entonces las mujeres comenzaron a avergonzarse de vestir decorosamente. Y así por estilo. Esto creó un vacío que comenzó a ser llenado por los ídolos de la nueva tecnología. Los terafines se erigieron en los altares de estas pobres almas desorientadas. 


Nadie imaginó lo que pasaría con esta generación en diez, quince años. Nadie preguntó qué tipo de cristiano produciría la seca dieta de escuela bíblica y mensajes de Google. La iglesia enterró el mensaje de la cruz. No había los John Hus, los Madame Guyon, los Lottie Moon, los Charles Wesley, Adoniram Judson, etc. que sirvieran de brújula mostrando el camino de lo que es consagración. De lo que es perderlo todo. Dejarlo todo por un alma.


Cuando el hermano Yun logró escapar de China a través del poder del Espíritu Santo y comenzó a dar su testimonio en las decadentes iglesias de Occidente, fue tildado de mentiroso. Dios permitió que otros hermanos chinos que lograron salir del pais y quienes conocian al Hermano Yun confirmaran su testimonio. Las iglesias no entendían el mensaje de la cruz. Se aterrorizaron escuchar sobre los ayunos, las palizas y los años en las cárceles que pasó el hermano Yun. Pero más sorprendente fue la renuencia ante los poderosos milagros efectuados en la vida de este hombre de Dios.


¿Qué hubiera sucedido si hubieran tenido un encuentro con la historia? ¿Con el martirio de Watchman Nee? ¿Con el sacrificio de Mary Reed quien pasó parte de su vida en una comunidad de leprosos en Las Himalayas? Con la vida abnegada de Amy Carmichael quien renunció a todo, aun al matrimonio, a rescatar ninos en la India?


Pero la vida de estos hombres y mujeres no fue considerada práctica dentro de las estrategias de mercadeo de esta iglesia. Sus vidas estaban muy marcadas por el sufrimiento, por el desprecio, por la pérdida total de bienes materiales. Es imposible hacer compatible la idea del martirio con la nueva fe. La idea del sufrimiento y el precio que tuvieron que pagar estos hombres y mujeres para hacernos llegar lo que tenemos hoy.

 

¿Cómo recobrar lo perdido? Hay que buscarlo donde mismo le dejamos. En el altar. Dejamos el altar. Dejamos de llorar por el pecado. Dejamos de llorar por los perdidos. El altar está seco. No hay lágrimas. Y las lágrimas son el producto del quebrantamiento. Quebrantamiento por el pecado. Quebrantamiento por haber traicionado el amor de Dios. Quebrantamiento porque hemos caído dejando nuestro primer amor.


Hay que volver a las primeras obras. ¡Hay que llorar en el altar!


Hay que leer la Biblia con el corazón. No con la mente. Hay que tratar el templo como lo que realmente es: el lugar de encuentro con nuestro Dios. Hay que volver al altar como lo hizo Ana. Reconstruirlo como lo hizo Elías. Hay que tratar la Santa Cena como lo que realmente es. Un símbolo sagrado del cuerpo y la sangre de Cristo. Y esto merece respeto. Esto merece devoción y temor porque conlleva muerte espiritual si la observamos indignamente. Sea cual sea la teología que tengas sobre la Cena del Señor, es algo sagrado. No es una galleta que se disuelve en la boca. Ni un bizcocho con levadura y huevo. Es un símbolo claramente estipulado en la Biblia. Es trigo molido y jugo sacado de la uva. Sin levadura. Dondequiera lo busques en la Biblia la levadura es símbolo de pecado. Pablo fue explícito sobre los que estaban enfermos y los muertos por la manera que manejaban la Cena del Señor.


!Esta generación que se levanta busca dirección! Caminan palpando entre la tiniebla. Buscan luz.  ¿Quién le alumbrará el camino?


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Ana Ríos

6 de junio de 2026

 
 
 

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