Restauración y Liberación Espiritual: Cómo ser libres de las ataduras
Parte 1

Dios hizo provisión para la restauración del cuerpo, del alma y del espíritu. Queda estipulado cuando nos manifiesta su buena voluntad en no solo santificar nuestro espíritu, también nuestro cuerpo y nuestra alma, que es el asiento de nuestras emociones.
1 Tesalonicenses 5:21-23 dice: Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
La provisión hecha en el Antiguo Testamento fue muy limitada como dice Hebreos 10:1-4:
Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
En el verso 14 de ese mismo capítulo nos asegura que “con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”, refiriéndose al poder que tiene la sangre de Cristo para liberar al ser humano de sus ataduras y de la maldición del pecado. Dios ha provisto un medio para que tanto el cuerpo como el alma y el espíritu obtengan restauración completa y puedan alcanzar la perfección a la medida del hombre perfecto, Cristo es el modelo. (Efesios 4:13)
Al ser insuficientes la sangre de los toros y los machos cabríos en la ley, Dios tiene que imponer la pena capital para ciertos pecados. ¿Por qué?
Había un plan futuro con el pueblo de Israel y para evitar la perpetuación que se hace a través de la herencia de la conducta y afectación demoníaca generacional, Dios impone la ley de muerte en aquellos casos donde el sacrificio no podía cubrir ni romper la cadena de iniquidad. Dios procuraba una nación santa no solamente porque Él es santo. El plan presente de Israel comprendía preparar el instrumento que serviría para la encarnación de su Hijo. Satanás luchó por corromper la línea genealógica mesiánica. Sin embargo, el Espíritu Santo se encargó de mantener y preservar estos genes de donde encarnaría por la parte humana el Hijo de Dios.
Un caso en específico lo observamos cuando el rey Sedequías fue desarraigado de esta línea genealógica mesiánica debido a su pecado contra la autoridad divina. El pecado contra la autoridad de Dios genera unas consecuencias funestas terribles que no solamente afectan el estado presente de las personas. Toda una descendencia queda afectada por este pecado capital. Está también el caso de Eli, Acán, Caín y otros.
!Gracias a Dios por Jesucristo porque su sacrificio expiatorio es poderoso para romper toda atadura, herencia demoníaca, genes deformados y todo pecado y maldad generacional!
Contrario a la ciencia médica y la ciencia psiquiátrica, la Palabra Divina nos ofrece una serie de medios preventivos para impedir que seamos víctimas de las enfermedades emocionales y espirituales, restaurar nuestros genes y toda nuestra naturaleza humana. A diferencia de estas ciencias, no incursiona en el enmarañado mundo del esquizofrénico, ni la psicosis aguda, ni la locura. Por el contrario, nos hace un llamado a penetrar en el maravilloso y sereno mundo de la mente de Cristo.
En Cristo convergen todos los mundos y el distorsionado estado mental del ser humano halla su reposo porque el principado está sobre su hombro: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. (Isaías 9:6)
Cristo ha sido refugio para millones de seres destruidos, maltratados, abusados y quebrantados por el egoísmo humano. No ha habido persona que sinceramente se haya acercado a Él y haya sido defraudada. Su profesión fue carpintero, como una anticipación a su oficio cumbre: Reparador de almas. Las almas más desahuciadas como María Magdalena (prostituta), Saulo de Tarso (criminal), Mateo (ladrón y usurero) y tantos, tantos otros, han sido su especialidad.
Sus recetas son simples: “Vencer con el bien al mal”, “Todo lo justo y todo lo bueno en esto pensad”, “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas”. Con solo una pizca de fe como un grano de mostaza podemos hacer nuestra la paz, el gozo, la libertad y tranquilidad que tanto desea el alma humana.
¿Qué de nuestro pasado?
La mente humana no borra ni elimina las amargas y tristes experiencias del ayer. Si estas experiencias han sucedido en nuestra época de inocencia son más dolorosas. Pero hay una puerta que Él ha abierto. Es la puerta del perdón y te llevará a un lugar donde tus heridas pueden ser vendadas, curadas y suavizadas con aceite.
Cuando una persona se convierte a Cristo ya obtuvo la garantía de salvación, el próximo paso es procurar la restauración de su alma.
Pablo lo especificó claramente en el capítulo 4 en su carta a los Efesios. Este es el camino que Dios ha trazado para nuestra regeneración y restauración.
En el contorno del alma está envuelto nuestro carácter, nuestro intelecto, nuestros sentimientos. Todos estos elementos interactúan en nuestro ámbito social. Al estar afectados, tanto nuestra personalidad como nuestra actividad social, o sea, nuestra relación con los demás, está en cierta medida afectada.
Generalmente el proceso de restauración es un proceso largo y doloroso. Hay muchas adherencias amalgamadas dentro de nuestra personalidad. Nuestro carácter ha sido formado generalmente dentro de los valores de una educación hostil a los principios y estipulaciones divinas. Nuestros padres, pretendiendo darnos la mejor formación, en su ignorancia han cometido muchos errores, a veces nefastos para nuestra vida espiritual. Nos ensuciamos en el camino. El engaño y la falsedad de un mundo nos ha desviado del camino y las luces han opacado y distorsionado nuestra visión al grado de no poder distinguir la realidad de la fantasía.
Hemos asumido diferentes personalidades intentando imitar a los magos de la fantasía. El dios de este siglo, como dice el apóstol Pablo, nos ha enceguecido a través de la farandulería de un sistema contaminado. Los medios comunicativos, la TV, el cine, la computadora, y los juegos electrónicos están diseñados con técnicas que anulan la voluntad y alteran la manera de pensar, subyugando la iniciativa y sentimientos. 4 …en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo el cual es la imagen de Dios. (2 Cor. 4:4)
Aun la historia que supuestamente nos delinea un pasado que nos debe servir de guía y darnos dirección para evitar cometer los nefastos errores de nuestros antecesores, nos es deformada y dislocada. En fin, cuando venimos al Señor llegamos quebrantados. Como el vaso que se ha caído de las manos del alfarero, nos acercamos a su taller. Deformados y prácticamente destruidos. Necesitamos entonces que el Carpintero de Nazaret comience su obra maestra en nosotros y arregle todas las piezas dañadas de nuestra complicada naturaleza.
Dios, siendo el arquitecto del universo y de nuestra delicada estructura podría, muy bien, hacer un milagro y en un abrir y cerrar de ojos transformar todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. El asunto es que Dios no trabaja en principios de magia. Todo lo creó en una armonía perfecta y trabaja en principios de justicia y orden. Es un asunto de cuánto cedemos a Dios. Qué nivel y espacio de mi voluntad estoy dispuesto a ceder a Dios.
Respecto a esto el mismo Espíritu Santo estipuló: No os engañéis, Dios no puede ser burlado porque todo lo que el hombre sembrare esto también cosechará. Esta es una de las leyes que rigen en el mundo espiritual.
Nuestro cerebro, parecido a una computadora, está diseñado de tal forma que cuando recibimos un dato al revés, él lo endereza y lo procesa tal y como está diseñado. Cuando la experiencia es complicada y difícil de procesar, tal experiencia es vaciada en un compartimiento separado y guardado hasta que en un momento dado es sacada y procesada.
El objetivo de Dios es restaurar nuestra personalidad sin anular nuestra voluntad, para que funcione debidamente. Al nosotros ser formados en el mal, tenemos que que procurar entender cómo somos afectados y decidir. En este aspecto, Dios en lugar de ejecutar unas maniobras mágicas, nos provee de unas herramientas para poder fortalecer nuestra capacidad volitiva y enderezar lo torcido. Estas herramientas aparecen en nuestro camino y nos son provistas por Dios para nuestra restauración.
¿Podrá el hombre en su búsqueda de lo perfecto e infinito hallar reposo para su cansado corazón mientras camina por este desierto de la vida? Pensar en la eternidad causa ansiedad. Y más aún, saber de la eternidad de nuestra alma nos causa temor.
La humanidad arrastra las cadenas de un pasado de experiencias amargas increíble. La terrible sensación de nuestros malos actos y fallos a través de la vida se vuelven cada día en una carga más pesada. Jesús entendió esta problemática humana porque convivió con la raza humana. Tuvo unos padres imperfectos, vivió en un vecindario pobre donde diariamente observaba, y no sólo observaba, sentía sobre sí cómo estas pesadas cadenas mantenían las almas atadas. Jesús experimentó el discrimen racial y la opresión de un gobierno déspota. Entendiendo nuestro problema, ¿no puede acaso ayudarnos a salir del hoyo?
El recuerdo inmisericorde de un pasado tormentoso nos agobia y lo corto de nuestra vista no nos permite cruzar al otro lado del camino. Y la solución que se nos presenta suena extraña a nuestra manera de pensar y nuestra naturaleza en general: La fe.
La fe es tan corta como su número de letras. En nuestro acostumbrado razonamiento nos suena increíble que apenas dos letras sean la solución para nuestra situación. Parece tan fácil pero tan difícil a la vez que generalmente decidimos permanecer sumidos en el cieno.
Este es el aspecto más difícil de la salvación: creer. El Diablo se ha encargado de hacernos las cosas más complicadas para que sigamos sumidos en el hoyo. Nos ha puestos señales equivocadas en el camino que conducen por senderos más cortos y fáciles. Son las señales que generalmente dirigen a la humanidad, pero todas conducen a la perdición eterna. Por otro lado, los Cirineos que pretenden ayudarnos a subir a cuestas con la cruz nos ofuscan con sus bálsamos y sedantes.
Quisieron hacerle las cosas más fáciles a Jesús con el vinagre y la hiel, pero Jesús entendió que la copa que habría de beber debería beberla hasta lo sumo. Los remedios caseros, la psicoterapia, la meditación trascendental, la psiquiatría y tantos otros instrumentos son puestos a nuestra disposición para ayudarnos en el arrastre de nuestras cadenas, pero ¿han resuelto la problemática humana?
Mientras no entendamos lo principios fundamentales que rigen en nuestra conducta, mientras no entendamos el conflicto de nuestra naturaleza humana, mientras no busquemos la solución real, jamás podremos resolver nuestro conflicto.
La Mente y los Recursos que debemos utilizar contra las fortalezas de la Mente
Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. 1 Corintios 10:4 y 5
¿Qué nos dice la Biblia sobre la Mente?
1. Que es examinada por Dios Apoc. 2:23, Salmo 7:9, Jer. 17:10 y 11:20
2. Que tiene que ser educada en la Palabra de Dios. Jer. 31:33, Heb. 8:10 y 10:16
3. Que tiene que ser subyugada en afecto a Dios. Lucas 10:27
4. Que puede ser reprobada o desechada por Dios. Rom. 1:28
5. Que tiene que ser cambiada. 1 Cor. 2:16
6. Que tiene que ser renovada constantemente. Ef. 4:23
7. Que es corrompida. Tito 1:15
8. Que está llena de vanidad. Ef. 4:17
9. Que es carnal. Col 2:18
Las fortalezas se crean en la mente a través de los conceptos erróneos. Nuestras presuposiciones a veces nos engañan. Cuando vemos y analizamos las cosas a través de los lentes opacos de nuestras presuposiciones torcemos nuestro camino. Cometemos muchos errores. La mente es un campo de batalla entre Dios, el hombre y Satanás. Si el creyente desea vivir una vida sana no debe permitir que su mente se convierta en un zafacón. Así como el cuerpo se afecta por lo que comemos, la mente es mucho más susceptible y se perjudica por lo que recibe.
El Espíritu Santo nos provee muchos recursos para que podamos trabajar con nuestra naturaleza caída. Lo primario en nuestro campo de batalla son los argumentos porque toda una vida formada de argumentos es conflictiva para la fe. Hay entonces que derribar los argumentos. ¿Qué es un argumento? Razonamiento para probar o demostrar una proposición, o para convencer de lo que se afirma o se niega. Es en este punto entonces que Jesús pone una demanda: la negación propia. Aquí nos introducimos por el sendero de la fe. Dios dice que es rojo y mi argumento dice que es negro. Opto entonces por el rojo aun cuando yo piense que es negro, porque Dios dice que es rojo. Él es omnisciente, perfecto y todopoderoso. Aceptar lo que Dios dice es entregar nuestra voluntad. Es la renuncia del yo. Es echar a un lado los argumentos de mi mente y aceptar lo que Dios dice. Esto es tomar la cruz cada día. Esto es dejar lo que queda atrás.
¿Qué son ataduras? Una atadura es un ligamento donde queda aprisionada la persona. Es un impedimento que impide alcanzar la plena madurez. Hablando en término espiritual, podemos compararlo con las llamadas plantas “enredadera”. Estas crecen cerca de los árboles y otros arbustos y comienzan desde el tronco a enredarse en el árbol hasta que lo estrangula.
De la misma manera las ataduras comienzan a crecer en nuestra vida hasta estrangularnos física, emocional y espiritualmente. Hay ataduras espirituales, ataduras mentales y ataduras del cuerpo.
Para estas tres naturalezas del ser humano Dios ha hecho provisión con el fin de que éste pueda alcanzar una liberación total. Tal provisión es hecha tanto en el Nuevo como el Antiguo Testamento.
Las ataduras afectan en las siguientes áreas:
1. Alcanzar la plena madurez de nuestro carácter
2. Un completo desarrollo espiritual
3. Plenitud en la vida cristiana
4. Plena armonía con los demás
5. Plena capacidad para amar
6. Realización de nuestras capacidades intelectuales
7. En la adoración a Dios; la oración y el ayuno
Fin Parte 1
Ana Rios
28 de abril 2026





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