top of page

Se avecina una tormenta Parte 1

Feb 19
16 min read
Se avecina una tormenta Parte 1


Parte 1


Por el Pastor John Paul Jackson


Este mensaje fue dado en el 2012. Es un poco largo, por tal razón lo he dividido en dos partes. Dios ha puesto en mi corazón traducirlo para ustedes. He obviado algunas secciones, pero he traído las que nos conciernen. Es más que una advertencia, es un llamado a la preparación. Parte de las profecías predichas aquí se han cumplido, tales como:


  • Vendrían dos pandemias. La primera se cumplió. Pero la segunda será más grave que la primera. (Ya la Organización Mundial de Salud publicó los protocolos para esta segunda).

  • Estados Unidos quitaría ayudas extranjeras. (Algo que el actual presidente ha hecho).


Otras están por cumplirse pronto. Este hombre de Dios pasó a morar con el Señor recientemente.

La palabra de Dios dice en Amós 3:7 Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.


Este es el secreto de Dios para nosotros. Para que no nos llenemos de temor y entendamos que todo, todo está bajo su dominio y control. Analice el contenido de este mensaje a la luz de la revelación bíblica. Tenemos el Espíritu Santo y Él nos guía en todas las cosas. 1 Juan 2:20 dice:  Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

 

Les dejo con las palabras del Pastor John Paul Jackson


Mensaje – Parte I:  Antes de que prosiga, necesito decirles algo en honor a mi padre. La noche antes de yo salir mi padre falleció. Así que vengo con un poco de pesar en mi corazón. Al mismo tiempo, fue algo inesperado. Él había estado cada vez más inquieto. Se había ido a vivir con nosotros. Él y mi madre vivían con nosotros por el último año y medio, más o menos. Entonces mi madre falleció en agosto y ahora mi padre. Así que volaré hacia mi casa esta tarde después de la reunión de esta mañana. Lo enterraremos mañana por la mañana.


Mi padre era un hombre maravilloso. Y necesito compartir esto porque les ayudará a entender mi composición ya que tengo un ADN de este hombre increíble. Tenía 85 años cuando falleció. Nació en lo que llaman el Pandhandle de Texas. Queda en el norte de Texas, Hertford, Texas. Hace mucho viento allá arriba y sube más en las planicies y es bien frío en el invierno. Él fue el hijo de un agricultor. Mi bisabuelo Jackson también era un agricultor. Cultivaba y atendía tierra para otra gente. Eran muy muy pobres. Mi padre fue criado en una pequeña casa de dos cuartos que actualmente fue convertida en un corral para gallinas. Ellos cubrían las paredes con cartones para que el viento y el frío no entraran a través de las paredes.


Mi padre era un hombre muy brillante, tenía un cociente intelectual bien alto. Saltó dos grados en la escuela y entró a la universidad bien temprano. Allí conoció a mi madre. Obtuvo dos maestrías y por una disertación no obtuvo dos doctorados y un grado de especialización. Pero él quería ser un misionero. Mi madre y él querían ser misioneros.


Pasaron por todo el entrenamiento y cuando estábamos listos para salir, la denominación de la cual éramos parte instituyó una ley. No era una ley sino una política que decía que todos los misioneros tenían que dejar sus niños e irse sin ellos al campo de labor. Así que mi padre y mi madre desistieron de ir como misioneros a Nigeria. Pero Nigeria siempre susurraba en sus oídos y vivían con una pasión por las misiones. Entonces mi padre comenzó a ejercer como maestro. Se graduó para ser un Pastor, pero en medio de los sermones se quedaba en blanco, tenía que detenerse pues no recordaba lo que estaba diciendo.


Creo que era el Espíritu Santo que lo estaba moviendo y él no entendía aun a pesar de su inteligencia. Él memorizaba sus sermones, así que se convirtió en un maestro.  Desde allí comenzó a aconsejar personas y las personas eran tocadas.


Asistíamos a la iglesia tres o cuatro veces en semana. Nosotros los muchachos salíamos a jugar con canastos o con cualquier cosa en el estacionamiento de la iglesia. Papá estaba adentro aconsejando personas. Yo les decía a las personas que mi papá hacía llorar a la gente.  Yo no entendía por qué todo el mundo que salía tenía lágrimas en sus ojos. Sus rostros se veían rojos y tenían Kleenex en sus manos. Entonces yo le preguntaba a mi padre, ¿Por qué? ¿Por qué pasaba eso? Entonces él me decía: “Bueno, hijo cuando el Señor toca la gente algunas veces suceden cosas en sus corazones.” Yo decía: “Bueno, Dios los toca a ellos porque ha usado a mi padre para hacerlo.” Mi padre amaba la gente profundamente. Amaba que la gente lo visitara. Aunque cuando estaba más anciano y tenía degeneración macular en sus ojos ya no podía verlos.


Sus rodillas comenzaron a ceder. Comenzó a perder el balance y periódicamente más de una vez olvidaba que dejaba cocinando cosas en la estufa. Pero él amaba la gente y la gente lo amaba a él. Desde el hombre que pasaba la máquina en su patio, quien una vez intentó suicidarse hasta que conoció a mi padre, hasta la enfermera que cuidó de él los últimos meses.  Todos amaban a mi padre. Durante toda su vida llevó gente al Señor. Aun sin poder ver y caminar, aun cuando tenía problemas recordar versos de la Biblia hebrea y griega que a través de los años había memorizado, aun así llevaba gente al Señor. Desde su cama de hospital, Dios salvó gente.


Antes de que falleciera, por dos semanas una pareja de Meals on Wheels estuvo con él recibiendo estudios bíblicos. Él le gustaba laborar con Meals on Wheels porque le daba la oportunidad de hablarle a la gente de Jesús. Meals on Wheels era una agencia de trabajo de un Pastor luterano que se había descarriado, volvió y dedicó nuevamente su vida al Señor. Observaba a mi padre y pensaba cuán grande hombre él era. Y todo lo que he recibido del Señor es por lo que él y mi madre sembraron en mí. Amén, amén.


Ahora, ¿qué puedo decir? Es bien importante honrar a nuestro padre y a nuestra madre. Eso no quiere decir que estés de acuerdo en todo con ellos.  Y tampoco que ellos sean perfectos, pero hay que honrarlos. Lo que Dios ha puesto en mí no lo hubiera alcanzado sin mi padre. La disciplina que me dio. Yo era travieso. Un niño bien travieso. Una vez en un día me dio once azotes solo por una cosa: cruzar la calle. Y no fue porque lo hice una vez. Lo había hecho ya once veces. Yo era un niño rebelde y voluntarioso. Siempre estaba corriendo contra la corriente de la familia. Mis hermanos y hermanas se sometían. Yo, siendo el mayor, no me sometía. Pero Dios trabajó conmigo. Y Dios usó a mi padre para moldearme y para prepararme.


Yo no hubiera podido hacer lo que hago hoy, ni decir lo que digo hoy si no hubiera sido por la disciplina de mi padre. Así que yo lo honro ante ustedes. Mañana en la mañana lo estaremos enterrando. Y aunque me hace falta, el cielo es un lugar mejor.


Me encontré con Julie Myers en el 1985. Estaba casi en pañales. Por largo tiempo nos habíamos conocido. Solo que después de algunos años nos volvimos a encontrar. Vine a Kansas City para estar con Mike Bicky por cinco años o más. Algo sucedió conmigo y exactamente no sabía qué hacer con esto. Estaba en el mundo de negocios corporativos y ya había trazado toda mi vida. Iba a tener una casa grande. Llevaría a mi esposa a través de un vecindario rico, por casas de un millón de dólares y le diría: “Cariño, escoge la que quieras. En diez años será tuya.” 


Había trazado mi vida. Sabía lo que quería. Sabía lo que iba a hacer. Pero no tenía ni idea sobre lo que Dios quería conmigo. Ni aun lo consideraba a Él, excepto en la creencia de que todo lo que yo quería era lo que Él quería. Probablemente ninguno de ustedes es así. Nunca han llegado a asumir que todo lo que ustedes quieren es lo que Dios quiere. Él ha dicho que me daría todos los deseos de mi corazón y ese era mi deseo. Ese era yo hasta que una mañana tuve un encuentro mientras estaba en la cama.

Yo estaba en la cima de las compañías más grandes. Solo tenía 30 años. Tenía la llave del club de ejecutivos en el último piso del edificio. Era la persona más joven que había obtenido la llave de ese club. Yo iba allí y todos estos hombres mayores, de 50…60 años. Ahora los llamo muchachos. Pero todas estas personas mayores estaban allí. Me miraban y decían: ¿Qué hace aquí este muchacho? Yo le mostraba mis llaves.


Una mañana estaba recostado en la cama. Teníamos un negocio por el lado, un centro de cuidado. Teníamos como cien niños que entraban y salían del centro de cuidado todos los días. Acostumbraba ir al centro de cuidado con mi esposa para abrirlo. Abrazaba los niños y luego me iba a trabajar. Mi esposa se quedaba con los niños junto a las maestras. Pero ese día no podía hablar. Desperté y no podía hablar, ni aun un susurro. Nada salía de mi boca. Nada más pensar que tendría que pasar todo un día en el teléfono. Tampoco quería impresionar a los niños, así que me quedé en casa. Mi esposa se fue sola al centro de cuidado.


Era el 11 de noviembre de 1980 y el cuarto estaba oscuro. Después de haber salido mi esposa estoy recostado en la cama y veo una luz en el cuarto. Pensé que la había dejado encendida. Comencé a levantarme para apagar la luz y me di cuenta de que la luz no provenía de la bombilla. En solo pocos minutos la luz comenzó a expandirse hasta cubrir todo el cuarto. Todo lo del cuarto desapareció. Las puertas del gavetero desaparecieron. El espejo desapareció. Las lámparas desaparecieron. Todo desapareció. Quedé yo solo ante la presencia de un Dios santo. En la presencia de esta santidad me rodé de la cama hacia el piso pues la cama era muy alta. En ese momento particular comencé a revisar mi vida dentro de mí. Él comenzó a pasar mi vida hacia el momento cuando mi madre me llevaba en su vientre y el milagro de yo haber nacido después de mi madre haberme llevado en su vientre por once meses. Hasta el día que mi nacimiento fue documentado.


Desde antes de haberme concebido, un ángel había anunciado a mi madre que su embarazo de once meses sería una señal. La señal era que yo tendría el ministerio de la undécima hora. Que diría cosas que serían como si no fueran y que se cumplirían. Que su embarazo sería una señal de mi ministerio de la undécima hora.


Ella pudo haber elegido una manera diferente como señal, pero esa fue la señal particular que Dios le dio. Y Él me mostró esto. Me mostró cuando seis semanas después de haber nacido yo morí. Había habido una ruptura. Había roto tres costillas de mi madre durante mi nacimiento y mis intestinos habían tenido ruptura. Por seis semanas, parte de lo que comía había entrado en mi cavidad abdominal provocando una gangrena. Pensaban que yo era un niño cólico, pero no lo era. Pensaban que la gangrena estaba allí pues la podían ver a través de la piel. Me llevaron al doctor. El doctor me vio y se dio cuenta que había problemas. Inmediatamente me llevaron a sala de operación y me operaron. Morí durante la operación. Entonces mi madre comenzó a clamar a Dios: “Dios tú me prometiste que mi hijo iba a tener el ministerio de la hora undécima. Que él predicaría el evangelio y aún él no lo ha hecho. Tú no mientes. Tú eres Dios. Tienes que devolverle la vida.”


Y Dios me devolvió la vida. Dios me mostró todo lo sucedido antes del nacimiento. Me mostró a mi madre tomando botellas de aceite castor. Algo que yo no sabía y cuando pregunté a mi madre me dijo que era cierto. Ella trataba de inducir las contracciones del útero. La vi sentarse en la cima de una escalera subiendo y bajando, tratando de inducir el nacimiento de este bebé. Nada de eso hizo efecto. Ella me dijo que era una señal de mi terquedad desde su comienzo. Mientras comencé a crecer y a crecer, el Señor comenzó a manifestarse en mi vida.


Comencé a saber cosas antes de que sucedieran.

Cuando tenía cuatro años, le decía a mamá y a papá cosas que habrían de suceder. Cuando tenía seis y siete años les decía quién tocaría la puerta ese día. Alguien había dejado su negocio… el hombre que dejaría el trabajo y se iría con otra compañía. Todas estas cosas sucedían. Yo no sabía que tenía un don. Yo pensaba que todo el mundo podía hacer esto. Cuando tenía 14,12,10 venían niños a mi casa. Yo visitaba a mis abuelos y el juego era que todos los niños se reunían en el patio alrededor de John Paul y él les decía cosas sobre ellos. Yo decía: Ok, todo el mundo puede hacer esto lo que pasa es que ellos no quieren hacerlo, así que yo lo hago.


Él comenzó a revisar todas estas cosas conmigo. Cuando yo tenía doce años, un día llegué a mi casa enfermo con una temperatura de 104 grados. Por tres semanas estuve en cuarentena. Después de tres semanas empeoré. Comencé a alucinar. El doctor vino a chequearme y tenía encefalitis y varicelas simultáneamente. Cuando la temperatura sube, las paredes del cerebro se hinchan y terminas en un sueño y mueres. Por tres días me tuvieron en una bañera de hielo pues mi temperatura llegó al fin del termómetro, sobre 107°. En el informe médico el doctor puso sobre 110°. Decía que durante sus 40 años de práctica de medicina nunca había visto algo parecido. Comenzó a preparar a mi madre y a mi padre para mi muerte. Él dijo que era mejor si moría ya que nunca los reconocería a ellos. “Su hijo es un vegetal. Su corazón todavía late. Él está respirando, pero su cerebro está muerto.”

Ellos decían: “Él nunca los reconocerá a ustedes. Nunca podrá hablar. Va a tener problemas del corazón. Va a tener problemas con los riñones. Va a tener problemas con el hígado. Y morirá a una edad temprana. Deberán tenerlo en pañales y tendrán que cambiarlo. Este es su hijo. Lo mejor es que muera.”


Sucedió al tercer día. Yo morí. Mi madre, mi padre, mi Pastor y mi doctor estaban en el cuarto. Mis padres lloraban. Mi Pastor trataba de consolarlos. Yo había muerto. Dejé mi cuerpo e iba por una luz. Miré hacia atrás y la luz era cegadora. Miré hacia abajo y mi cuerpo estaba en la cama. Era como un cuadro en una ventana. Y mientras más distante me iba, la ventana se volvía más pequeña. Mientras me miraba a mí mismo, escucho a mi madre llorando, diciendo lo mismo una y otra vez. Ella decía: “Dios tu dijiste de mi hijo. Tú no mientes. Tú tienes que honrar tu palabra. Tienes que volverlo a la vida.”

Estuve allí más o menos 45 minutos. Volví hacia abajo. Entré por el techo y sentí el dolor y me di cuenta de que me estaba congelando por todo el hielo en que me tenían metido. Entonces dije: “Hey, tengo frío. Sáquenme de aquí.” El doctor estaba consternado y gagueaba. Comenzó a preguntarme: Cuánto es 1+1. ¿Cuál es tu número de teléfono? ¿Cuál es tu nombre? Intentaba averiguar si todavía quedaba algo de inteligencia en mí. Más tarde me dieron un examen para medir mi inteligencia. Mi cociente intelectual sobrepasó por 20 puntos.  ¡Necesitaba eso!


El Señor comenzó a revisar todas estas cosas conmigo. Y me dijo: “Aquí hay cosas que tú no sabes. Comenzó a mostrarme algunas cosas, luego yo pregunté a mi madre y ella me decía cómo yo lo había sabido si ella nunca me lo había dicho. Yo le decía que yo la había visto hacerlo. Comenzó a mostrarme todas las veces que había salvado mi vida. Él dijo: “Esto es nada. Durante muchas ocasiones salvé tu vida.” 


Me dijo: “De esta misma manera cada día libro a todos mis hijos y ellos no lo saben.” Me dijo: “Observa esto.”


Me mostró una ocasión cuando el vehículo no encendía, la batería estaba muerta. Yo golpeaba el encendedor para que funcionara. Estaba furioso. ¡El hombre que quería conquistar el mundo! Si el vehículo hubiera encendido yo hubiera tenido un accidente y hubiera muerto en el accidente.

Me mostró también cuando mi vehículo se quedó sin gasolina. Yo pensaba que era imposible que me hubiera quedado sin gasolina. Dos millas atrás yo tenía medio tanque. Si hubiera tenido gasolina hubiera tenido un accidente y me hubiera matado. Él dijo: “Yo hago esto por mis hijos y ellos no lo saben.”


Me estaba dejando saber que yo no era especial. Mi padre nunca olvidó de dónde él venía. Nunca olvidó su corral de gallinas. Nunca olvidaré cuando Dios me dijo: “Tú no eres especial. Es sólo una función en el Reino. No es de más valor que los detalles del estacionamiento. No es de más valor que el ministerio de niños. No es de más valor que los momentos de adoración. Es algo que hace que el reino funcione. Así que no es que tú eres especial.”


Entonces el Señor comenzó a tratar conmigo esa mañana mientras me hacía el recuento. Yo yacía en el piso llorando y gritando, entendiendo cuán impío yo era y cuán santo era Él. Entonces comenzó a decirme: “Esto es lo que yo voy a hacer contigo en el futuro.”


Comenzó a mostrarme y a decirme: “Esto es lo que voy a hacer. Haré que hables palabras bien, bien difíciles. Voy a hacer que lleves cosas en un tiempo específico, un tiempo cuando la gente no va a querer oír lo que tienes que decirle. Pero cuando tengas la oportunidad de decirlo, debes pararte firme y debes hablar las cosas que te he llamado a hablar.”


Entonces dejé el mundo corporativo y acepté el ministerio. Me siento feliz de que Dios me haya llamado a hacer lo que Él me llamó a hacer.


Pero hay dolor. Salomón dijo que el mucho conocimiento trae aflicción. Cuando vine a Kansas City en el 1985, comencé a trabajar con Mike Bickle en aquel tiempo particular. Había una conexión entre yo y Mike y algo sucedió en una manera poco usual. Llegué a Kansas City con el peso de todas estas cosas que van a suceder en Estados Unidos de América y todo lo que Él me había mostrado. Mientras el tiempo corría, Dios comenzó a decirme: “Necesito ampliar aquello que yo te he llamado a hacer.”  Comencé un ministerio profético más personal versus un ministerio profético nacional. Aquello terminó cuando John Wormer vino a Kansas City y me preguntó si podía ir con él a California para enseñarme teología, bibliología y escatología y así por el estilo.


Fui a California y me quedé con John Whimber por un número de años entonces el Señor decidió que lo próximo que necesitaría era aprender a ser más paciente y más amable. Entonces me envió tribulación. Me envió a ser un Pastor pues la tribulación produce paciencia. Así que terminé plantando mi primera iglesia en Molen, Illinois. Desde entonces he plantado seis iglesias. Pastoreé otras dos iglesias y estuve en el cuerpo administrativo de otras tres iglesias. Iglesias muy muy grandes con Larry Lee, Mike Bickle y con John Wimber. Y ahora estoy en mis últimos años de ministerio. Pienso que no viviré por muchos años. A los 62 años no estás pensando que vas a conquistar el mundo. Ves a hombres como Matt diciendo: “Ve y conquista el mundo.”  Lo que piensas es cómo me desenvuelvo y cómo dejo un legado.  Dónde están esas jóvenes y esos jóvenes que van a ser campeones en el próximo mover. Cómo puedo ayudarles a llegar a donde Dios quiere que lleguen.


En el 2007, repentinamente el Señor me dijo: “Quiero que comiences a hablar sobre eventos nacionales e internacionales otra vez.”


Yo pensé: “Eah, dame tiempo. Ya soy paciente. Soy un Pastor. Y Él me dijo: “Tu nunca has sido un buen Pastor.  Has obtenido más paciencia, pero aún tienes mucho trabajo que hacer.” Él dijo: “Quiero que seas aquello para lo cual naciste.” Entonces Él comenzó nuevamente con las cosas que me había hablado sobre la nación y a mostrarme más cosas concernientes a la nación. Entonces dijo: “Este es el tiempo para el cual naciste. Esta nación y el mundo están a punto de entrar en esta nueva edad de la cual hablé a tu madre. Tu ministerio de hora undécima ha comenzado.”


Comenzó entonces a decirme sobre cosas que estarían sucediendo bien pronto. Él dijo: “Tienes que prepararte tú mismo. Necesitas comenzar a hablar sobre esto. Tienes que comenzar a preparar la gente. Viene una tormenta. Es una tormenta terrible.”


Él la llamó una tormenta perfecta. Y dijo: “Voy a usar este término. Vas a seguir oyéndolo muchas veces en los próximos años. Ellos van a escucharlo cantidad de veces. Va a ser una tormenta en todo el sentido de la palabra. Una tormenta perfecta de una mezcla de condiciones económicas. Una tormenta perfecta de una mezcla de condiciones climatológicas. Una tormenta perfecta de condiciones políticas. Vas a escuchar esto una cantidad de veces. Pero te digo, hazlo ahora.”


Contendí por un año. Y a principios del 2008, dije: “Muy bien Señor, haré esto.” Y hemos llamado este mensaje como La perfecta tormenta que viene. Es lo que el Señor ha dicho.


Él dijo: “La tormenta está compuesta de cinco elementos. Estos cinco elementos son religión, políticas, economías, guerra y eventos geofísicos.” Él dijo: “Estas son las cosas de las que los profetas de la antigüedad hablaron. Estas son las cosas que quiero que hables. Vienen cambios políticos, recesiones que van a tomar lugar. Hay cosas que van a suceder climatológicamente. Y tú tienes que hablar y decir a la gente que esto es lo que viene.”


Él dijo: “Mi iglesia ha olvidado que aún yo soy un Dios de justicia y que todavía traigo juicios a mi pueblo con el fin de redimirlos. Y si no permito que vengan los juicios, y si no permito que las crisis vengan entonces tendrá que venir mi ira. Voy a permitir que mis juicios vengan con el fin de redimir mi pueblo. Para que clamen a mí. Y en el día que ellos clamen Yo seré hallado otra vez.”


Yo sé que nos dirigimos hacia un gran mover de Dios. Lo que me preocupa es lo que se necesitará para llegar allí. Yo sé que mejores días nos esperan. El asunto es lo que nos costará llegar allí. Eso es lo que me preocupa. El pecado nos separa de Dios. Y desde el principio esto es lo que nos ha separado de Dios. Mientras más pecamos, más y más su mano es quitada de nosotros y más ventaja tiene el enemigo sobre nosotros. Y esto es lo que está sucediendo.


El enemigo ha ganado mucha ventaja en esta nación y en este mundo en este momento. Nuestros políticos dicen que aman a Dios, pero citan mal la Biblia. No hablamos de textos bíblicos difíciles de entender, hablamos sobre Juan 3:16. Ni aún pueden citarlo. Esto es lo que está sucediendo. Una decadencia está tomando lugar y esta decadencia es el resultado de falta de intimidad con Dios. De Él depende nuestra vida. Mientras más nos alejamos de Él, menos vida tenemos.  Menos inteligentes somos. Ya no pensamos las cosas que solíamos pensar. No notamos las cosas que debemos notar. No sentimos las cosas que debimos haber sentido. Y hacemos decisiones en estos estados de ánimo apagados. Y nos preguntamos por qué cometemos errores.


Esas mismas decisiones erróneas son hechas por nuestros políticos. El problema es que nuestra decisión nos puede costar 50 centavos o 10$. Las decisiones de ellos nos pueden costar un trillón. Debemos tener mucho cuidado en esta hora porque hemos olvidado que todo tiene dependencia de Dios. No tenemos un pensamiento sobre la línea. Tenemos pensamientos de acá abajo, de la tierra y algunas veces pensamientos subterráneos.


Estuve hablando a un grupo de líderes jóvenes muy reconocidos en esta nación no hace mucho tiempo atrás. No fue la reunión profética que tuve recientemente, fue algunos 18 meses atrás. Mientras hablaba uno de ellos me dijo: “Yo no me preocupo sobre el pecado. Literalmente, puedo tener un romance adúltero y puedo volver al ministerio en dos meses.”  Esta es una actitud que ha comenzado a permear, y esto me preocupa. Por esto es que dije que la rectitud está siendo vista como legalismo, eso fue lo que ellos me dijeron. No hay tal cosa como santidad. Esto me preocupa. Mientras más el pecado nos separa de Dios, más el enemigo tiene entrada. Y el enemigo viene. Esto va a ser bien devastador.


19 de febrero de 2026

 
 
 

Comments


clock-timer-illustration-isolated-style.png

El Reloj Profético

© 2035 by by Leap of Faith. Powered and secured by Wix

bottom of page