Siete obstáculos que impiden la comunión con Dios

La comunión con Dios es vida para el que ama a Dios. Es a saber, el alma que se nutre día a día de esta dulce comunión con el Señor. Una persona no puede decir que es cristiana y sirve a Dios si no existe un hilo continuo de comunión con su Señor.
¿Qué es comunión? El diccionario lo describe como: Trato familiar, comunicación de una persona con otra, unión, vinculación, vínculo, conexión, lazo, relación, alianza.
Si lo descrito antes no existe o existe parcialmente entre Dios y yo entonces voy por un camino diferente al de Dios. Y la Biblia dice que dos no pueden caminar juntos si no están de acuerdo. (Amós 3:3). Y cuando no hay acuerdo no hay comunión.
He detectado en la Escritura siete obstáculos, siete barreras, que se interponen en nuestra relación con Dios. Hay muchas, pero vamos a enfocarnos en las siguientes porque son las que echan a perder la viña. Como las zorras, sutilmente hacen sus nidos en nuestra alma hasta corromperla y dañar nuestra comunión con Jesús. Impiden que mi alma experimente esa dulce comunión que sólo puede ser experimentada por un alma que tiene anhelos de Dios.
1. Falta de temor. La Biblia dice: La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto. Salmos 25:14 Porque Jehová abomina al perverso; más su comunión íntima es con los justos. Proverbios 3:32 La falta de temor es un factor que ha hecho que el Espíritu Santo se contriste en personas e iglesias. El costumbrismo y la rutina conducen a la irreverencia. Y la irreverencia es un problema que caracteriza a esta generación. Dios quiso sentarnos ejemplos claros en su trato con la nación de Israel. Ejemplos como el caso de Nadab y Abiu cuando ofrecieron fuego extraño.
2. Amargura. Existe la amargura contra las personas, pero también existe amargura contra Dios. Cuando Dios confrontó a Caín con su pecado, éste groseramente le respondió: “¿Soy yo guarda de mi hermano?” Un torrente de amargura contra Dios salió de la boca de aquel que un momento dado experimentó la gracia de Dios.
Muchos creyentes sucumben en sus pruebas y tribulaciones culpando a Dios por cosas que generalmente son consecuencias de sus actos y decisiones. Lastiman el corazón de Dios tal como lo hizo Israel. Dios le dijo a este pueblo: Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? 14 Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? Malaquías 3:13-14.
3. Infidelidad. El infiel es un adúltero espiritual. Y Dios es un Dios celoso. Su Espíritu nos anhela y no aceptará que caminemos con Él a medias. Dios no acepta un amor compartido. La súplica de Jesús es que seamos fieles hasta la muerte. Y la hace con una promesa: “Te daré la corona de la vida.” Fieles a nuestras horas de encuentros con Él. Fieles a su palabra. Fieles en congregarnos para adorarle. Fieles en nuestros diezmos y ofrendas. En fin: Fiel hasta la muerte.
4. Tibieza. El tibio es el “aba”. “Yo oraba”. “Yo predicaba”. Yo cantaba.” “Yo ayunaba.” Sólo se congrega a conveniencia o por costumbre. El tibio es una molestia y terminará vomitado por Dios.
5. Desobediencia. Tenemos muchos ejemplos en la Biblia de las consecuencias de la desobediencia. Fue el primer pecado que propició la caída y la explosión de la primera pareja del Edén. Corremos grave peligro cuando caminamos por el precipicio de la desobediencia.
6. Incredulidad. La incredulidad contrista el corazón de Dios. Abraham se convirtió en Su amigo porque creyó. Creyó contra esperanza. Aun pidiéndole Dios al hijo de la promesa no dudó en concedérselo a Dios porque creyó. La línea de la incredulidad es fina. Caminar por ella pone en grave peligro nuestra relación con el Señor.
7. Apatía. Si usted lee el libro de Malaquías observará que el peor error del pueblo que llegó de la cautividad fue permitir que un espíritu de apatía se interpusiera en su relación con Dios. El diccionario la define como: dejadez, indolencia, falta de vigor o energía. Actitudes graves en el culto a Dios hicieron que el Espíritu Santo se apartara. El Talmud Babilónico dice que después del profeta Malaquías el Espíritu Santo se apartó de Israel. Pasaron cuatrocientos años de silencio antes de que la voz de Juan el Bautista irrumpiera en el desierto de Judea con un llamado al arrepentimiento.
Jesús viene. Vienen momentos difíciles. Es más, vivimos ya esos momentos difíciles. ¿Cómo puedo afrontarlos? Depende cuál sea mi relación con el Señor. ¿Camino en intimidad con Jesús? ¿Es mi amigo? ¿Me comunica sus secretos? ¿Puedo escuchar su voz? ¿O me hallo en un torbellino de pasiones humanas, dudas, reclamos contra el Señor y dejadez espiritual?
Ana Ríos
11 de agosto de 2026





Comments