Sueños y Misterios – El Misterio de la Guerra Espiritual

Pastor John Paul Jackson
Cuando piensas sobre el cielo, ¿qué cuadro te viene a la mente? ¿Lo ves como un lugar solamente? Eso es lo que la mayoría de la gente piensa. La Biblia dice que en el principio Dios creó los cielos y la tierra. Sí, “cielos” en plural. Más de uno. ¿Qué quiere decir esto entonces? Tocaremos esto en un momento. Pero, volviendo atrás a mi pregunta original, ¿qué cuadro te viene a la mente sobre el cielo?
Seguramente hay lugares en los cielos que son como praderas verdes junto a aguas tranquilas. Y te garantizo que esto es cierto. Pero también hay lugares que son fieros campos de batallas. En los cielos hay momentos y lugares para las arpas. Hay también un lugar para sonar el shofar. ¿Qué ocasionan estas batallas? ¿Colisión entre el bien y el mal?
Bien, actualmente es lo que haces parte del tiempo. Más específicamente, lo hacen tus oraciones. ¿Cómo? Ese es el misterio de la guerra espiritual.
Quizás nunca has oído sobre la guerra espiritual. Pero de una manera u otra toda oración es, de hecho, guerra espiritual. De esta manera, aun cuando no puedes verlo, cuando oras desatas una guerra, o más bien una escaramuza. Estás desatando un ataque aéreo. Estás pidiendo a Dios que venga y ataque desde el aire. Estás dando el lugar a Dios para que conteste esa oración usando cualquier acto soberano que Él crea necesario. Él puede mandar sus ángeles para que den ayuda. Él puede responder a través de las obras del Espíritu Santo. Él puede moverse en el corazón de un hombre y cambiar su dirección.
La oración puede hacer que Dios envíe señales y maravillas en tu camino.
La oración puede hacer esto y muchas cosas más. Tus oraciones hacen que Dios actúe y que el enemigo reaccione. Este reino espiritual, gracias a tu oración, se convierte en una autopista de colisiones entre el bien y el mal.
Este es el lugar descrito por Jesús cuando dijo que el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan.
Hay una batalla constante que se lleva a cabo en el mundo espiritual alrededor nuestro. Aun cuando no lo sepamos y ni aun la veamos, existe. No solo está alrededor nuestro, tú y yo tenemos parte en esta batalla. Dios nos creó para tener parte en esa batalla desde el momento que nos puso para subyugar la tierra. Pero elegimos hacer ese trabajo un poquito más difícil en la caída. Pero la misión sigue siendo la misma: estamos aquí para vencer el mal con el bien. Dios está esperando para ayudarnos en esta empresa, pero no actuará sin preguntarnos primero. Toda oración es un pedido. Toda oración de una manera u otra llega a ser un arma espiritual.
Es por esto que Pablo en su carta a los Efesios nos alienta a que nos pongamos toda la armadura de Dios. No es una armadura física pues no luchamos contra carne y sangre. La armadura completa de Dios consiste en herramientas espirituales necesarias para defendernos cuando somos atacados por el enemigo. Esto nos permite seguir avanzando en la ofensiva cuando esta se desarrolla sobre el terreno. La espada, la coraza, el yelmo, el escudo, el cinto, el calzado: estos son los que tienes que tomar contigo en el campo de batalla cuando oras.
Pablo no presenta la armadura de Dios como alguna poesía alegórica o metáfora. Pablo es visto dentro de este reino invisible, y él sabe que esto no es un pasadía. El pidió a Dios instrucciones para la batalla y estas instrucciones nos son pasadas a nosotros. Todo esto es parte del ingenio divino de guerra espiritual. Es por esto que tranquila y pacíficamente oramos y durante todo este tiempo la batalla arrecia alrededor nuestro.
Para entender la guerra espiritual tienes que entender primero la estructura de los cielos. Tenemos el primer cielo, segundo cielo y tercer cielo. Tenemos el lugar donde viven los hombres. Las fuerzas demoniacas están donde está el segundo cielo. Y tenemos el tercer cielo. La clave la tenemos en lo que Pablo habla en 2 Corintios 12:2. Dice que él sabía sobre un hombre que fue al tercer cielo. Si fue en el cuerpo o en el espíritu, realmente él no sabía.
Ahora, piensa sobre esto por un momento: la complejidad de esta ponencia sobre un hombre que había ido al tercer cielo. Esta ponencia debe ser tomada como una prueba escritural de que hay tres cielos. Si hay un tercer cielo, entonces por definición tiene que haber un segundo cielo. ¿Correcto?
Ahora, ¿menciona la Biblia específicamente un segundo cielo? No. Ni una sola vez. Esto es lo que hace ser la Biblia tan misteriosa. Hay mensajes como el mensaje de la salvación que son claros. Pero hay también misterios escondidos como el de 2 Corintios 12:2. Misterios como la clave que nos es dada sobre los cielos nos es dada en este contexto que no se está refiriendo realmente a ese asunto.
¿Qué dicen los estudiosos sobre el tercer cielo? Hay algunos argumentos generales. Generalmente se cree que el primer cielo es el de la tierra y su atmósfera. Y el tercero la morada de Dios nuestro Padre que está en los cielos. Pero el segundo es debatido y frecuentemente con fiereza. Hay dos escuelas de pensamiento. La posición presentada con más frecuencia es que el segundo cielo es el espacio exterior. El espacio donde están los planetas y el sistema solar. Esa posición presenta los tres cielos separados por las distancias. Yo no creo esa ponencia. Esta es una manera física de describir algo que yo contemplo como espiritual. Un lugar real, pero espiritual. Algo así como otra dimensión.
He escuchado el argumento de que no hay tal cosa como segundo cielo. Algo que no puedo entender y con lo que estoy en desacuerdo porque si hay un tercer cielo, tiene que haber un segundo cielo. Si Pablo lo menciona, entonces esa es la manera que es.
Es como si le dijera a un agente de bienes raíces que me mostrara una casa con dos baños y él viniera con la idea de que la casa solo viene con un primer y tercer baño.
Yo no creo que el segundo cielo es el espacio exterior. El segundo cielo es el lugar donde toman lugar las batallas espirituales entre los ángeles y demonios. Un reino espiritual. Quizás una dimensión espiritual. El segundo cielo literalmente no es tierra del hombre. Es el lugar donde los ángeles y otros seres espirituales se hacen paso para llegar a nosotros.
Como ve, el segundo cielo es el cielo que Dios creó para que habitaran los seres demoniacos. Es la morada que fue abandonada en Génesis cuando vieron que las hijas de los hombres eran hermosas. Y por último el segundo cielo es un campo de batalla. Pero no es nuestro campo de batalla. El nuestro pertenece a Dios. Él nos habla sobre esto en Salmos 115:16 cuando el salmista escribe que los cielos de los cielos son del Señor pero que Él ha dado la tierra al hombre.
Hay un campo de batalla al que pertenecemos y al que debemos acudir cada día. Pero también hay otros campos de batalla en los que no tenemos cabida ni autoridad para intervenir. ¿Qué quiero decir con esto? Que podemos ir a algunos campos de batalla, pero a otros no podemos ir.
Esto es lo que quiero decir. Cuando nos enfrascamos con el enemigo en el segundo cielo nuestra seguridad no puede estar garantizada porque hemos dejado nuestra morada en la tierra. ¿Qué quiero decir por una batalla en el segundo cielo? Cuando tú oras contra principados o los reprendes, o contra un poder sobre una región, tú estás dejando tu reino de autoridad espiritual porque el Señor dice que los cielos son del Señor, no del hombre.
En mi libro Needless Casualties of War, digo historia tras historia de pastores e iglesias que han sufrido ataques espirituales contra sus familias. El denominador común es que se han envuelto en guerra en el segundo cielo. Jamás hubiera hecho esta conexión si no hubiera sido por un sueño que tuve.
El sueño que definió mi perspectiva claramente sobre la guerra espiritual sucedió una noche.
El cielo estaba increíblemente negro. Un negro azul en un enorme horizonte. En este horizonte había una luminosa luna aún más grande que llenaba casi todo el cielo. Había figuras dibujadas entre mí y la luna. Y estas figuras empezaban a gritarle duramente a la luna. Mientras comenzaban a gritar a la luna comenzaron a levantarse del suelo las plataformas donde estas figuras estaban paradas. Mientras se levantaban, más y más personas se reunían y mientras más se reunían más se elevaban las plataformas.
Mientras eso sucedía yo me aproximé y comencé a darme cuenta de que tenían algo en sus caderas. Eran como pistoleras. De repente, empezaron a sacar la funda que llevaban en la cadera y a lanzársela a la luna; lo que lanzaron fue un hacha. Simplemente lanzaban hachas a la luna aun cuando el hacha no tenía la más leve posibilidad de golpear la luna. Literalmente caía en la distancia más allá en la oscuridad. La gente aplaudía y las plataformas comenzaban a elevarse.
Mientras esto sucedía, comenzaron a cansarse. Empiezan a sentirse cansados y agotados y entonces se tiraron en su plataforma, donde se quedaban dormidos. Fue entonces que algo no detectado comenzó a suceder. Yo podía verlo, pero ellos no podían porque se habían quedado dormidos.
Figuras comenzaron a caer de la luna a la tierra. Esto sólo puede suceder en un sueño, pero los sueños nos dicen muchas cosas. Las figuras que caían a la tierra eran oscuras y cuando caían a la tierra comenzaron a subir a través de un poste que estaba sostenido en la plataforma donde estas personas estaban. Aquellos que estaban gritando a la luna y lanzando hachas. Cuando estas fuerzas demoniacas subieron hacia la borda, comencé a escuchar gritos que helaban la sangre. Los gritos venían de estos líderes. Gritos por sus familias. Gritos por sus hijos. Gritos por las iglesias. Gritos por el ministerio.
Decían: “!Alguien que me ayude! ¡Ayúdenme, estoy muriendo! Ayúdenme con mis hijos.” Fue una vista terrible y un sonido escalofriante, como si fuera una película. El sueño se desvaneció y las figuras. Entonces en la quietud que siguió Dios me habló y dijo: “Atacar a los principados y potestades que dominan una zona geográfica es tan inútil como lanzar hachas a la luna, y te deja expuesto a ataques imprevistos e imperceptibles”.
Algo imprevisto: eso es lo que les pasó a estos pastores; estaban dormidos; estos líderes estaban dormidos. Desapercibidos: ellos pensaron que algo los estaba atacando, eso es así, pero no tenían idea porqué o cómo o quién. Ataques imprevistos y desapercibidos.
La palabra de Dios hizo eco en mi mente. Estos líderes no pudieron ver lo que venía. No vieron los principados. No vieron el contraataque. Pensaban que estaban haciendo algo por Dios, pero fallaron en comprender la naturaleza de la autoridad del enemigo para reaccionar con fiereza ya que habían dejado a un lado su autoridad dada por Dios y se introdujeron en un terreno donde no tenían autoridad para ir.
Siendo creados un poco menor que los ángeles decidieron que atacarían los poderes demoniacos que fueron creados en la misma estructura y orden que los ángeles. También el Señor me dijo una cosa más y me pidió que leyera Job 41 e Isaías 27 sobre el Leviatán, sobre a quién se le ha encomendado la responsabilidad de atacar o capturar al Leviatán, y sobre los peligros de atacar al Leviatán cuando no se cuenta con la autoridad que Dios ha otorgado para hacerlo. Dios tiene la autoridad y no le ha dado esta autoridad al hombre.
Ciertos Pastores me habían llamado preguntándome sobre cosas que estaban pasando en sus iglesias. Cinco mujeres habían abortado. Cuatro más tenían síntomas de aborto. Otras cinco habían abortado el mismo mes. En esa misma semana un Pastor me comunicó que su hijo se había ido de la casa. Su hijo era increíblemente sumiso, un gran hijo. Era un adolescente, un atleta, estudiante de Escuela Superior que no tenía problemas. Se había ido de la casa.
Otro Pastor me llamó y me dijo que su hija había desaparecido. No podían encontrarla e iban a notificarlo a la policía. Me preguntó si Dios me había dicho algo sobre su iglesia. Si me había dicho algo sobre su hija. Algunos me llamaron también, así que comencé a buscar al Señor tratando de encontrar alguna respuesta. Entonces vino este sueño y entendí lo que estaba pasando. Así que llamé a estos Pastores el día siguiente. El primer Pastor tenía su iglesia en el área de Chicago y le pregunté que si había estado haciendo algo en contra de principados y potestades. Él dijo que sí, que habían estado yendo contra el espíritu de aborto en la ciudad y contra la perversión sexual. Los estaban derribando.
Le dije que esa era la razón por la cual sus mujeres habían perdido sus bebés. Esa era la razón por la cual cuatro mujeres tenían síntomas de aborto. Que se arrepintieran de esto. Entonces le relaté el sueño. Le di los versos bíblicos y hablamos un poco sobre el asunto. Le hablé sobre el pasaje de Hebreos, sobre las cinco cosas que hablamos anteriormente. Y le dije que si se arrepentía Dios detendría los síntomas de aborto en las mujeres en 24 horas y llegarían a un término completo y tendrían sus bebés. Todos los bebés nacerían saludables. Le dije que habían violado la estructura de autoridad que le había sido dada al hombre por Dios. Entonces llamé al Pastor cuya hija estaba desaparecida y cuyo hijo se había ido de la casa. Le pregunté lo mismo y estaban haciendo exactamente lo mismo. Habían excedido su estructura de autoridad. Se habían rebelado contra el orden establecido por Dios. Se habían rebelado contra la orden dada por Dios al hombre.
En el proceso, el Señor me habló y me dijo que de la misma manera que ellos se rebelaron contra Dios, sus hijos se rebelaron contra ellos. Así que hablé con ellos sobre lo sucedido y les dije que si se arrepentían de estas cosas sus hijos volverían en 24 horas y que todo estaría bien. Ellos creyeron. Se arrepintieron y eso fue exactamente lo que pasó. La iglesia donde hubo los abortos, al siguiente día por la tarde todas las mujeres habían reportado que todo estaba bien. La hija que había desaparecido había vuelto a la casa. El hijo que se había ido había vuelto a la casa. Aun años más tarde todo seguía bien.
Descubrí la seriedad sobre lo que Dios nos ha encomendado a hacer y lo que le toca a Él hacer. Algún día tendremos la autoridad de juzgar a los ángeles. Absolutamente. Pero eso es en la edad que viene. Efesios 2:7 nos dice que no es en esta edad. Cuando sobrepasamos la autoridad que Dios nos ha dado entonces el enemigo tiene una avenida que nunca había tenido antes para atacar.
Nuestra guerra espiritual es orar por los enfermos y el resultado de esa oración debe ser la sanidad. Fuimos llamados para orar por los endemoniados y el resultado debe ser que queden libres. Estás llamado a orar por los que tienen el corazón quebrantado, y el resultado de ello debería ser que esos corazones se sanen por el poder del Espíritu Santo. Esta es la guerra espiritual para la cual fuimos llamados. Destruir las obras del mal con el bien. Esto es lo que yo llamo guerra espiritual terrestre. En primer lugar, la batalla celestial se libra aquí en la Tierra. La presencia demoníaca a la que estás ordenando que abandone a una persona se encuentra aquí en la Tierra.
Dios ha dado la tierra al hombre, pero no solo la tierra física, incluye también el primer cielo. El primer cielo es la dimensión espiritual que existe alrededor nuestro. La realidad espiritual de este reino espiritual coexistente. Cuando una persona está oprimida por poderes demoniacos, ese ser espiritual está en nuestra jurisdicción. La jurisdicción que nos fue dada para gobernar. Sin embargo, un poder o principado que se extiende sobre esta zona geográfica es un asunto totalmente distinto. Es una entidad del segundo cielo. Entonces la Biblia es clara cuando nos dice que debemos dejar esos seres a Dios.
Esto no quiere decir que no nos vamos a levantar o hacer nada. Lo que quiere decir es que simplemente nos dirigimos a Dios en oración y pedimos que cambie las cosas. Esta es la diferencia: puedes reprender al espíritu del aborto que está sobre una mujer que está sufriendo un aborto espontáneo o que se ve empujada en esa dirección, pero no puedes reprender al principado del aborto que se cierne sobre una ciudad particular.
Para ser claro, un principado sobre una ciudad tiene derecho de estar allí sobre esa ciudad hasta que los corazones de la gente de esa ciudad sean cambiados. Esta es la manera que debes hacer guerra espiritual contra los poderes y principados. Oras a Dios que cambie los corazones y las mentes de la gente que dirige esas ciudades.
Cuando los lugares de autoridad en el reino natural son cambiados, los poderes y principados son removidos y poderes y principados santos son puestos allí. De esto es lo que habla Jeremías 17. Cuando una ciudad hace justicia, Dios remueve el mal. Cuando una ciudad hace impiedad, Dios pone el mal a cargo. Es nuestro corazón que determina quién gobierna en el segundo cielo. No lo derribaremos a menos que derribemos los lugares altos de nuestros propios corazones.
Quizás la parte más difícil del misterio de la guerra espiritual es internalizar lo que realmente está diciendo Efesios 6:12. Nuestra lucha no es contra carne y sangre sino contra principados, contra poderes, contra gobernantes del mundo de maldad. En contra de maldad espiritual en lugares altos. Todo lo que Pablo menciona en este pasaje existe en el segundo cielo.
El contexto de Efesios 6 es recalcar la importancia de revestirse de la armadura de Dios y, una vez hecho esto, mantenerse firme. ¿Pero dónde te mantienes firme? Te mantienes firme en la tierra. La armadura de Dios nos prepara para la guerra espiritual.
Es cierto, todos los días luchamos contra la infantería de Satán. No luchamos contra Satán personalmente. El punto principal de Efesios 6:12 es recalcar la necesidad de prepararnos para la batalla y la batalla viene a través de fuerzas demoniacas que empujan la gente contra nosotros y nuestro llamado. Nos preparamos entonces a través del conocimiento de la palabra de Dios. Nos preparamos fortaleciendo nuestra fe. Nos preparamos manteniendo una atmósfera de paz, junto a la comprensión de la verdad y la justicia, y por supuesto con la certeza de que Jesús nos ha salvado de los efectos del infierno eterno. Un lugar que fue creado para Satán y sus secuaces, no para los humanos.
De la única manera que una persona va al infierno es porque eligió a Satán. Y cuando él sea lanzado al abismo, será lanzada también la persona porque le ha seguido ciegamente todo el camino.
Dios te creó a ti ambos: un ser físico y espiritual a través de su hijo Jesús. Puso en ti el ADN de la deidad. Juan llama a esto su simiente y Pedro lo llama la naturaleza divina. Dios te ha dado dones espirituales y atributos para operar en ambos, el mundo físico y espiritual simultáneamente. ¿Cómo él hace esto? Al ejercitar los dones dados por Dios y los derechos que tienes como hijo e hija de Dios.
Cada vez que oras estás ejerciendo estos derechos. Cada vez que pones las manos en alguien enfermo y pides a Dios sanidad estás usando las herramientas que Dios te ha dado. Estas no son herramientas simples. Son armas. Y se te ha dado el derecho de usarlas para destruir las obras del diablo. No destruyen al diablo, pero destruyen sus obras.
Esta empresa de destruir al maligno le corresponde a Dios. No puedes verte a ti mismo como el destructor del diablo. Pero dondequiera que vas, tu presencia hace que el enemigo piense dos veces sus planes de batalla.
Cuando entras a un banco los seres malignos de avaricia y manipulación instantáneamente están al tanto de tu presencia. Ven tu armadura espiritual. Ven tu coraza que te identifica como un seguidor de Cristo y esto los hace huir. Estos seres se agitan con tu presencia sobre lo que tú puedas hacer para ponerlos a raya. Podrías orar por el oficial bancario que quizás esté luchando con una depresión. Observan si tratas al guardia de seguridad con bondad. Estas acciones desmantelarán la atmósfera tensa creada por estos seres. Estos seres malvados se han pasado toda la mañana cavilando en su interior sobre: “¿qué vas a hacer? Se preguntan: “¿por qué está aquí?”.
Este es el campo de batalla por el que caminas cada día y la mayoría ni siquiera está consciente de esto.
No fuiste creado para andar de puntillas por este campo de batalla; fuiste creado para la batalla.
Recuerda, el reino de los cielos sufre violencia y el violento lo arrebata. Toda oración, de una manera o de otra, es guerra espiritual. ¿Pero es toda oración igualmente efectiva?
Nunca te enfoques en el poder bajo. Nunca te enfoque en el poder secundario porque Dios, el poder superior, es el que contesta tus peticiones. ¿Por qué enfocarse en algo que tiene menos poder que la suprema fuente de poder que es el Dios verdadero?
¿En qué debemos enfocarnos durante la oración? En las cosas por las cuales estamos orando. Hay cosas por las cuales no debemos orar. ¿Podríamos estar orando de la manera equivocada? Si oramos de la manera incorrecta Dios no nos oye. No todas las oraciones son iguales. Hay principios vitales respecto a la oración que deben ser entendidos antes de tener la expectativa del impacto máximo. Pero ese tipo de oración es un misterio que hablaremos en otro momento.
Pastor John Paul Jackson
19 de junio de 2026
Traducido de: https://www.youtube.com/watch?v=jG2rnSSC08M





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