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!Tenemos que alcanzarlo!

Feb 24
4 min read

!Tenemos que alcanzarlo!

Recientemente tuve una revelación nocturna. Todo era en blanco y negro. Caminábamos juntos, algunos miembros de mi familia y mucha gente creyente en el Señor por montañas y caminos tortuosos. Ascendíamos lugares escarpados y difíciles. Había neblina pues los lugares eran altos. Desde una de las montañas observo todo el camino que tenía que a travesar. Eran abismos. Pensé en los ríos y los lugares intransitables y me asusté. Mi corazón se llenó de desaliento.

 

Entonces observo que a mi lado había una montaña bien empinada. Se parecía al Peñón de Gibraltar, pero era tosca y amarillenta. No tenía arbustos para agarrarse, era completamente lisa y recta hacia arriba. Aunque era demasiado difícil, servía como un atrecho para no tener que a travesar todos los montes de largas distancias y muchos peligros. Me decidí con seguridad escalar el peñón. Algunos me miraban pues se veía imposible, pero yo decía que solo era cuestión de enterrar los dedos en la tosca lisa y empujarme hacia arriba.

 

Comencé a hacerlo y lo logré. Tenía mucha confianza y se me hizo fácil. En un instante, a mitad de escalada, miro hacia mi lado izquierdo y veía un abismo, pero decidí no seguir mirando hacia abajo para no marearme y me impulsé hacia arriba, enterrando mis uñas en la tosca hasta que llegué casi al borde. En la orilla había un joven musculoso instándome a que subiera. Mientras él me animaba, porque ya casi lo había logrado, yo me decía a mí misma: “¿Por qué no me agarra la mano y me ayuda en vez de instarme a subir?” No sabía cómo ejecutar la parte más difícil y era auparme para llegar a la planicie. En esa lucha desperté. Eran como las 6:00am.

 

Luego, algunos días después, tengo un sueño donde me muestran un mapa y me dicen: “Te espera una última prueba. Es corta. Con esto terminas el proceso.”  Y me mostraron un mapa mostrándome el trayecto de lo que sería la última prueba de mi proceso. Mi último examen para graduarme. ¿De qué? No sé. Así es la vida del cristiano. Caminamos sin saber. A veces a tientas a través de un camino oscuro.

 

Cuando piensas que has llegado, con tus pies sangrando por las piedras, tus rodillas cansadas y tu cuerpo sin fuerzas, te dicen ‘Hay que seguir caminando, hay que seguir hacia la meta. Hay que alcanzarlo.’

 

Elías había dado por terminada su jornada en medio del desaliento y frustración cuando vio que el enemigo que pensó haber derrotado había cobrado más fuerzas y emprendió una persecución contra él. Quería matarlo. Jezabel juramentó acabar con la vida del profeta. Entonces Dios le hace entender el peligro de acomodarse dentro de una cueva aun a pesar de las circunstancias. Y le da una nueva encomienda. También la misma advertencia es para nosotros aun a pesar de los peligros que nos rodean. Puede ser la cueva del desaliento. La del desánimo o la complacencia. Esto detiene los intereses del Reino y las pérdidas pueden ser enormes. Entonces la lección aprendida es: que hay seguir hacia el propósito. Tenemos que empujarnos y seguir sin detenernos.

 

La salvación es gratuita, pero las bendiciones, los dones y ministerios tienen su precio. La unción tiene su precio. Y para llegar a la promesa tenemos que hacer como Abraham: subir los montes.

 

Sansón no podía pasar navaja por su cabeza. Tenía una dieta estricta y no tocar cuerpos muertos. Ezequiel tuvo que dormir todo un año en uno de sus lados, sin moverse y cocinar sus alimentos con estiércol de bueyes. Si no protesta hubiera tenido que comérselos cocidos con estiércol humano. Jeremías no pudo casarse. David tuvo que pelear con gigantes y durante la mejor parte de su vida huir por un desierto. Pablo tuvo que soportar un aguijón casi toda su vida. Juan pasó días, quizás meses o años tirado en una isla de piedra quemándose por el sol después de haber sido freído en una olla de aceite. Isaías tuvo que convertirse él mismo en señal y presagio para su pueblo caminando descalzo y desnudo por tres años. Oseas tuvo que concertar un matrimonio con una prostituta y soportar sus prostituciones.

 

¿Somos la excepción? No. No somos mejores que ellos. Y esto ha creado un problema en la función del Reino. No queremos pagar el precio. Queremos las cosas a nuestra manera y mejor conveniencia. El propósito nos ha sido revelado, pero no nos impulsamos hacia él. No caminamos en pos de la promesa. Pensamos que las cosas caen del cielo o Dios tiene que ir a nuestra propia casa y darnos los dones, unción y ministerios en envoltorios mientras seguimos enterándonos de lo último en Facebook.

 

Pero esto cuesta.

 

El asunto es, si queremos pagar el precio o si queremos seguir en nuestra zona de complacencia y comodidad. Si queremos seguir con los entretenimientos o nos encerramos en el lugar secreto y quedarnos allí hasta que Dios nos hable. Porque Dios habla, algo que los cristianos ya casi ni creen. Si seguimos caminando y viviendo la vida lo mejor que podamos o nos agarramos del manto y le decimos al ángel ‘Hasta que no me bendigas no te suelto.’ Es asunto de si queremos seguir en nuestra percepción personal o el mapa que Dios nos ha puesto al frente.

 

He visto muchos llamados truncados. Muchos ministerios abortados. Muchos grandes propósitos que se han detenido en el proceso. ¿Por qué? El miedo. Percepciones equivocadas. La poca valentía. La pereza. O el no estar dispuestos a pagar el precio que requiere oir la voz de Dios y seguir sus instrucciones. Jesús dijo:

 

 Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Lucas 9:23-25

 Ana Ríos

24 febrero 2026

 
 
 

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