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Un Desierto En Su Presencia – Parte 2

Aug 15
13 min read

Updated: Aug 27

Un Desierto En Su Presencia Parte2

Por Emily Colón

 

Primera cita con los especialistas

 

8 de septiembre de 2023 - Llegamos a mi primera cita con los especialistas. Ya no me encontraba en la oficina de mi doctor. Ahora estábamos en el hospital, específicamente en el área de neonatología.

 

Yo aún no había procesado la noticia y me encontraba muy nerviosa porque no sabía qué era lo qué habría de acontecer. Qué encontraría. Qué nos dirían.

 

Esta vez, los estudios consistían en un sonograma aún más extenso (una hora) donde verían toda la anatomía del bebé. Pero al llegar a la habitación de aquel hospital me encerré en el baño y solo lloraba y lloraba. Los nervios se apoderaron de mí en aquel momento. ¿Cuáles serían los resultados? Aún no entendía lo que estaba pasando. 

 

Después de un tiempo, me compuse y salí del baño. Me siento en la cama para así comenzar el estudio, pero antes la tecnóloga se dirigió a mí y me preguntó: “¿Quieres que hable y te explique mientras hago el examen o prefieres que estemos en silencio?”

 

Pero mis labios no se movían. Yo estaba sin palabras. Quería hablar, pero no podía. Mi esposo estaba junto a mí y él fue quien respondió por mí. Mis nervios se habían apoderado hasta de mi hablar.

 

Al finalizar el sonograma, la tecnóloga salió y nos quedamos esperando por el doctor y los resultados.

Pasaron los minutos y llegó una doctora junto a una enfermera y se sentó delante de mí y me dijo: “Lo siento mucho, pero todo indica lo mismo. No hay nada que podamos hacer. No es tu culpa”.

 

Al instante extiende un papel para mis lágrimas. En silencio me observaban esperando mi reacción luego de haber recibido aquella noticia. Pero yo no reaccioné al momento, quedé en silencio y luego comencé a llorar.

 

Nos explicaron que el único tejido de riñón que pudieron ver no estaba completamente desarrollado y por eso no había el fluido amniótico necesario (agenesia renal).

 

Normalmente, cuando no hay suficiente líquido amniótico los doctores optan por hacer una intervención médica llamada “Amnioinfusion”, donde introducen agua de solución salina en el útero para reponer el líquido perdido y proteger al bebé. Pero en mi caso no había ningún tratamiento que pudiera cambiar el diagnóstico.

 

La doctora no tocó el tema, pero todo lo que mencionaba nos hacía entender que el bebé no sobreviviría. La doctora nos dio otra cita más adelante para ver si había algún cambio o aumento en el líquido amniótico en los próximos días. En esta ocasión nos reuniríamos con el director del Departamento de Neonatología.

 

Después de aquella visita nos fuimos a nuestra casa sin ninguna solución y sin ninguna esperanza. Pero para mí, el saber que ellos no podían hacer nada fue un alivio. Lloré. No es algo que una madre quiere escuchar, pero adoraba y daba gracias a Dios porque no podían tocar a mi bebé.

 

En esos momentos sólo nos costaba esperar en Dios y confiar que su perfecta voluntad se hiciera en nuestras vidas.

 

Luego de aquella visita entendí que tenía que tomar un tiempo para orar y ayunar. Porque solamente Dios podía hacer un milagro.

 

Propuse en mi corazón retirarme por tres días. El primer día lo pasé en el templo, fue en aquel día que mi hermana fue a verme y estuvo conmigo. El segundo día era domingo y ya nos encontrábamos en la casa después del servicio, cuando a las 6:30 pm comencé a sentir un dolor en mi pelvis, un dolor horrible. Pensaba que el bebé se me iba a salir.  Era tanto el dolor que tuve que acostarme, pero aún persistía y muchas veces pensé ir al hospital. La presión y ansiedad que sentía eran salir corriendo.

 

Tuve que decirle a mi esposo que comenzara a leerme todos lo versículos que yo escribía en mi libro y orara por mí. Sabía que si íbamos al hospital me sacarían al bebé y eso no era una opción para mí.

 

Yo me acosté en mi cama y Felixalberto comenzó a leerme la Palabra y el dolor se calmó, pero no fue de momento. Tomó tiempo. Al día siguiente tuve que pedirle a una hermana que me ayudara con mis hijos ya que yo no podía moverme como antes, ni tan siquiera podía bajarme a recoger algo del suelo. Pero eso no impidió que completara el ayuno.  Entendía que era un ataque del enemigo.

 

Al día siguiente entregué mi ayuno y puse todo en las manos de Dios. Sentí una paz y una tranquilidad de que había hecho mi parte y ahora le tocaba a Dios.

 

Segunda Cita

 

12 de septiembre de 2023 - El martes fue mi cita. Toda la noche dormí bien y no hubo ninguna molestia. Desperté con tranquilidad en mi interior y no había ansiedad o temor sobre lo que los doctores dirían o qué encontrarían.

 

De camino al hospital, comencé a hablar con mi esposo de nuestros planes en el futuro y lo que Dios tenía para nosotros y nuestra familia. Al llegar al estacionamiento del hospital, Félixalberto leyó la palabra y oramos juntos. Mientras caminábamos por los pasillos de aquel hospital no podía dejar de sonreír y sólo decía: ¡Gracias, gracias! ¡Gracias Señor! Porque sentía que no estábamos solos sino acompañados por el ángel de Dios. Su ángel iba delante de nosotros.

 

Llegamos a la sala de espera y llamaron mi nombre. Nuevamente me acosté en la cama y comenzaron a hacerme otro sonograma. Para mi sorpresa, nos percatamos de que el dolor que sentí el segundo día de ayuno era que el bebé se encontraba en posición y al tener poco líquido amniótico pude sentir todo su movimiento. La tecnóloga hizo el estudio y cuando concluyó, el director de neonatología entró al cuarto donde nos encontrábamos. Rápidamente se sentó tomando la máquina de sonograma y comenzó a ver para confirmar lo que ya había visto en los resultados anteriores.

 

Concluyó su examen rápido, se voltea a nosotros y directamente comienza a decir: “No hay tejido de riñón desarrollado. El corazón del bebé cubre toda la posición del pecho y sus pulmones no están tampoco desarrollados.”

 

Recuerdo que nos dijo: “Puedo enseñarte una foto de un corazón normal para que lo comparen”.

 

Y fue en ese momento que se dirigió a Felixalberto y nos presentaron nuestras opciones: Continuar el embarazo o no.

 

Él nos hizo entender que aún, si seguíamos el embarazo, el bebé no sobreviviría. Y por esa razón para ellos no era viable mi embarazo. En el pensamiento del director, no había  ningún  sentido en continuar. Y mientras el doctor proseguía hablando de cada una de las imperfecciones que encontraba en nuestro bebé, yo guardaba silencio. Lo único que pasaba por mi mente era el siguiente versículo:

 

Profesando ser sabios, se hicieron necios.” Romanos 1:22

 

Yo veía aquel hombre no como un experto en la ciencia o como un doctor. Observaba a aquel hombre y sólo podía ver su humanidad. Que él era polvo como yo. Que en un momento podemos estar y en otro dejamos de existir. Y que todo su conocimiento sólo provenía de Dios. Y si él estaba hablando todas estas palabras era porque el Creador lo había permitido.

 

En aquel día ninguna de sus palabras hirió mi espíritu. Ninguna palabra me quebrantó en ese momento, pero cuando fijé mi mirada en mi esposo su semblante había cambiado, él estaba pálido. No había color en él.

 

Félixalberto quería ver un milagro en aquel momento, pero no es como nosotros queramos. Porque si fuera por nosotros no estaríamos en esta situación.

 

Entonces mi esposo hace una pregunta: ¿Cuántas personas deciden no proseguir?

 

El Director responde: “No te voy a decir el 99%, pero sí el “90% de las personas en esta situación no prosiguen el embarazo.” 

 

En otras palabras: ABORTAN.


En el estado de Illinois es legal abortar un bebé por cualquier motivo hasta la viabilidad fetal (aproximadamente entre las 24 y 26 semanas).

 

El doctor nos mira y nos dice: “No existen los milagros. No hay solución. ¿Tienen alguna pregunta?”

 

Y yo solo sonreí y dije: “Sólo tengo una pregunta: ¿Puedo seguir viendo a mi doctor primario?”.

Y él preguntó: ¿Quién es él?  Respondí: “Dr. Saleh”.

 

Entonces dijo: “Porque es el Dr. Saleh puede seguir tus visitas en la oficina.”

 

Luego de aquella charla, extendimos nuestras manos y nos marchamos.

 

Aquel día salimos del hospital sin ninguna esperanza, pero yo solo sonreía. Trataba de contenerme porque mi esposo no había recibido la noticia de la misma manera. Él se encontraba muy angustiado, pero yo quería gritar y dar gracias a Dios.

 

Sentía que tuve una victoria de algo. No era algo físico sino espiritual. Una victoria en el mundo espiritual.

 

La Espera

 

Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40:31

 

Creo que uno de los procesos más difíciles no es recibir la noticia o el diagnóstico. Lo más difícil para el creyente es la espera. Esperar en el momento de Dios es lo más difícil. El no desesperarnos, tal y como le aconteció al rey Saúl.

 

La opresión que sentía aquel rey del pueblo y al ver que Samuel no llegaba lo llevó actuar locamente. (1 Samuel 13:13) En el último momento, en el último instante cedió a la opresión y su reino fue destruido.

 

 Esa es la verdadera prueba: LA ESPERA. El ser pacientes y descansar en Su palabra. Es aquí donde somos probados. Que, aunque veamos el caos, veamos el problema y todas las personas alrededor nos digan: “actúa ahora, haz algo ahora, decide ahora” y tú dices “NO, yo espero en Él”, esa es la verdadera prueba.

 

Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso. Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová. Salmos 40:1-3

 

13 de septiembre de 2023

 

Los días pasaban y nuestra vida continuaba a pesar de cualquier diagnóstico. Mi esposo volvió a su rutina de trabajo y sus labores en la iglesia. Yo permanecía en mi casa al cuidado de nuestros hijos.

 

Muchas veces, mientras hacía mis quehaceres en el hogar venía el recuerdo de nuestro proceso, del diagnóstico. El recuerdo de que cargaba una vida adentro de mí que para el hombre era imperfecta. Que no había solución. Que no había esperanza.

 

Entonces el miedo quería apoderarse de mí y comenzaba a desesperarme. Tenía que tirarme de rodillas en mi hogar a suplicarle a Dios que quitara esta ansiedad de mí. Tenía ganas de salir corriendo y suplicar la ayuda de los médicos.

 

Mi mente se inundaba de pensamientos inyectados por el enemigo de que me desangraría en mi hogar y perdería a mi bebé al frente de mis hijos. Para ese entonces Samuel, mi hijo mayor, sólo tenía dos años y Jane tenía uno. No había nadie con nosotros. La familia más cercana estaba a una hora de distancia y mi esposo viajaba una hora todos los días al trabajo. Yo me quedaba sola con esos pensamientos, en esa condición.

 

A veces la opresión y la preocupación eran tan fuertes que no podía ni tan siquiera arrodillarme a orar. Muchas veces llamé a mi esposo para que llegara a casa lo más pronto posible y cuando llegaba me dejaba en mi cuarto para que descansara y él atendía a los niños. Una vez que los niños se acostaban él venía, se sentaba delante de mí y yo, acostada en la cama comenzaba a escuchar la Palabra de Dios de sus labios. Y eso calmaba mi alma. 

 

¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío. Salmos 42:5


17 de septiembre de 2023


En una de nuestras reuniones en la iglesia vi que una dama quien recientemente había comenzado a visitar la iglesia no llegó al servicio. Al ver a su esposo le pregunté cómo se encontraba su esposa. Él me respondió que la hija de la dama había perdido a sus bebés que eran gemelas. Le dejé saber al esposo que en la tarde llamaría a su esposa y así hice.

 

Llamé a la dama y comencé a platicar con ella. Me comentó que a los cinco meses de su hija estar embarazada los médicos encontraron que una de las bebés venía con un problema en el corazón.  Más adelante determinaron que si la bebé nacía no había forma de salvar su vida. Ninguna intervención u operación. Entonces los doctores y especialistas se sentaron con ambos padres dejándoles saber que no había solución y que para ellos sería mejor abortar a sus hijas. Los padres debían decidir qué harían antes de las 26 semanas. Ambos padres optaron por abortar a sus dos bebés.


Mientras yo escuchaba esta noticia mi corazón estaba quebrantado. No podía creer lo que estaba escuchando. Me preguntaba: ¿Qué pude haber hecho yo para detenerlo? ¡Hubiera hablado con ella! Le hubiera dicho que Dios es quien tiene la última palabra. ¡Que no está sola! ¡Que confiara en Él!

La dama me comentaba que luego de la decisión su hija cayó en un estado de depresión. A pesar de que el hospital había provisto todo: una caja para todas las pertenencias de las bebés, fotos, ayuda económica y también el ataúd, su estado emocional había quedado marcado.

 

Fue claro entonces el propósito de este proceso. Porque son muchas las mujeres que reciben estas noticias y piensan que la única salida o solución es la que el médico ofrece. Pero no saben que el problema no desaparece, al contrario, creamos otro. Porque viviremos con el recuerdo. Quedaremos marcadas con el recuerdo de una vida que estuvo dentro de nosotras y ahora no está.

 

Yo oraba aquella noche y meditaba: !Dios, tiene que haber algo! ¡Dios debe tener un plan!”

 

 Lloré toda la noche por la vida de aquellas bebés. ¡Cuánto más Dios!  

 

23 de septiembre de 2023

 

Fuimos a visitar la iglesia de mi hermana que queda al norte de nuestro pueblo. Estando en el servicio, voy un momento al baño y me percaté de que había comenzado a sangrar. No era algo grande, pero vi manchas. Al ver la sangre mi corazón paró de momento, pero no dije nada a nadie.

 

El sangrado persistió por los siguientes días. Al ver que no se iba, llamé a mi mamá quien estaba en Puerto Rico y ya tenía planes de estar un tiempo conmigo y ayudarme. Recuerdo que la llamé llorando y le expliqué lo que me ocurría.

 

El miércoles fue cuando más sangre vi. Si hacía una fuerza, esto aumentaba el sangrado. Caí en desesperación y ansiedad. No sabía qué hacer. El miedo quiso apoderarse de mi vida.

 

Clamé a Dios: ¡Tú tienes que hacer algo! ¡Eres lo único que tengo! Los médicos no pueden hacer nada por mí. ¡Para los médicos no hay solución!

 

Poco a poco comencé a sentirme mejor y me recuperé. Ya el sangrado no estaba.

 

 Aquella semana mi doctor llama, a ver cómo seguía. Y le dije que estaba bien, no mencioné lo del sangrado en aquel momento. Luego él me hace una pregunta: “¿Qué vas a hacer? ¿Qué sientes hacer?”

 

 Y yo le digo. “Yo no voy a interrumpir el embarazo. Yo voy a esperar.” Y él dijo: “Muy valiente de ti. Te veo en mi oficina.”

 

Nuevamente me encontraba en mis citas de rutina, pero ahora el proceso era más largo. Porque todas mis citas consistían en un sonograma primero y luego mi consulta con el doctor.

 

Expliqué al doctor el sangrado, pero él no se preocupó, lo importante era que ya no estuviera. En aquella visita escuchamos el corazón del bebé y el doctor mencionó: “Es fuerte”. Solamente me aconsejó que me cuidara y no hiciera ningún tipo de fuerzas.

 

Pero al llegar a mi casa, vi todas las notas que la tecnóloga hizo del bebé. Y en una de ellas habló de su pie izquierdo que se encontraba un poco torcido. Eso me entristeció por completo. Fue recibir otra mala noticia.

 

Cómo madre, me rompió el corazón. Y recordé que NO QUIERO ESTAR EN ESTA SITUACIÓN.

 

Quería decir como Jesús: “…Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Mateo 26:39”

 

Pero al final entendí que es mejor que se haga la voluntad del Padre. Y vino consuelo nuevamente por el Salmo 42:5

 

¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.

  

26 de octubre de 2023

 

Asistí a otra cita y esta vez tomaron una foto del bebé y me la dieron. Luego de aquel diagnóstico, todos en la oficina nos trataban con mucha amabilidad y deferencia. Ya sabían mi nombre. Me trataban con mucha delicadeza y constantemente nos preguntaban a mí y a Félix cómo nos sentíamos.

Después de esta cita, las siguientes seguirían cada dos semanas.


El tiempo pasó tan rápido que no me había dado cuenta de que pronto entraría en las treinta semanas de mi embarazo. El bebé pesaba solo dos libras con algunas onzas. Al ver que su peso aumentó trajo un alivio a mi corazón.


Pero al llegar a casa nuevamente recibí los resultados y notas de las visitas y nada mejoraba. Al contrario, encontraron más cosas. Pero en este punto ya no hablaban con nosotros. En las notas pude leer que el cordón umbilical estaba envuelto en el cuello del bebé. Su pie izquierdo estaba virado y la placenta se encontraba previa. Al ver todas esas notas la tristeza invadió mi corazón y ciertamente no quería seguir.


¿Pero qué somos nosotros? No somos mejores que otros. El ser humano pasa por el dolor y la aflicción. ¿Y qué dolor más grande cuando es tu hijo?


En ese momento entendí que cuando más se acercaba la hora más presión, angustia y miedo querían tomar control de mí.


Quería estar preparada y segura para lo que nos enfrentaríamos. Me sentía entrando en el ojo de la tormenta. Solo daba gracias, gracias, gracias a Dios por el dolor. Gracias a Dios por la prueba.


27 de octubre de 2023


Llegué temprano a la iglesia y estuve orando y clamando. Creo que nunca había llorado y orado de aquella manera. Le decía a Dios, “Yo no puedo sola, necesito de tus fuerzas. Necesito que aumentes mi fe y mi esperanza.”


Leí del libro de 1 Reyes 7:8, habla sobre cómo el profeta Elías llegó hasta la casa de la viuda y le pide algo para tomar y luego de comer. Pero lo que ella tenía solo daba para ella y su hijo. Era lo último que tenía. Pero él insiste y pide que le dé a él primero y luego ella daría a su hijo.

Es difícil servir a Dios primero cuando la necesidad es de vida o muerte.


¡Félix, es una niña!


Al paso de las semanas tuve un sueño, en donde me encontraba en el baño de nuestra casa y comienzo a dar a luz. Cuando de momento veo que en mi mano tengo una niña.


Sabía que aquel bebé era una niña porque su ropa era la misma que mi hija Jane había utilizado cuando era una recién nacida. En su cabeza tenía un lazo rosa y me escuché decir en voz alta: “!Todo este tiempo pensando que eras un varón y eres una niña!”. 


Al instante, me arrebataron a mi hija de mis manos. Era un personaje vestido de médico y la alzaba y observaba con desprecio. Él comenzaba a mencionar todas sus imperfecciones, pero yo trataba de arrebatársela de sus manos y decía:  “!Ella es perfecta! ¡Ella es perfecta!”.


Cuando pude arrebatársela de sus manos y abrí mis manos no tenía a mi hija. Tenía una muñeca de mi

hija Jane.


Despierto de aquel sueño, y solo comienzo a llorar y a llorar. Mi esposo está junto a mí y despierta. Entonces llorando le decía: “!Félix, es una niña!” “!Es una niña!” 


Fin de la Parte 2


Continuará en nuestra próxima publicación.


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