Un nuevo estilo de adoración

Durante dos noches consecutivas tuve la siguiente revelación nocturna:
Una tiniebla espantosa cubría el mundo y sus habitantes. Y como cuando una ciudad está en tinieblas y gradualmente comienzan a ser encendidas las luces, comenzaron a ser encendidas muchas luces que tenuemente iban ahuyentando la densa oscuridad. No era la luz natural del sol, eran luces digitales. Luces de neón, artificiales.
No era que aquellas luces alumbraban indicando caminos o carreteras o señalando objetos, simplemente se imponían en la espantosa tiniebla que había. Eran luces digitales, tal y como son observadas desde la altura de un avión.
Estaba con mi familia cercana y comenzamos a escuchar predicadores, no con una nueva religión, sino con una revelación nueva sobre el pensamiento cristiano.
Su énfasis era la adoración. Un nuevo estilo de adoración que comenzó a contagiar las multitudes cristianas.
El mensaje llegaba a una gente que estaba cansada. Un pueblo cuya fe había sido agotada. La gente estaba sin dirección. Lo que observaba era algo como una frágil barca en el medio de un mar turbulento siendo tirada por los vientos. Sin rumbo y sin dirección. Pero de momento a lo lejos se vislumbra una orilla. La barca comienza entonces a ser atraída hacia esa orilla donde se vislumbraba descanso.
Por lo menos, esa era mi percepción del ambiente, de la gente y de cómo nos sentíamos yo y mis hijos.
No puedo dar mucho detalle pues la oscuridad me impedía poder apreciar muchas cosas. Lo que era se estaba dispersando a traves de todas la plataformas de internet. Entonces veo predicadores. Veo Pastores. Llegaban a los templos casi desiertos pues la gente ya no se congregaba. Estos predicadores habían invadido todos los medios de comunicación. Sus mensajes eran convincentes. Estaban documentados. Era un falso mover del Espíritu. Había señales.
Todos fuimos atraídos y abríamos nuestro oído para escuchar el supuesto glorioso mensaje. Pero en lo más profundo de mi espíritu sabía que no era cierto. Que era un engaño. Aunque llegaba de momento la duda, sabía que habia algo que no estaba bien. Pero mi naturaleza no quería aceptar que era un engaño. Quería que fuera realidad. Lo que nos hablaban se podía sentir. Casi se podía tocar, pero yo sabía en lo profundo de mi espíritu que estaba dirigido hacia otro objetivo. Que traería destrucción.
Fin del sueño.
Lo que vi no necesita mucha explicación. Si hemos leído la Palabra, específicamente la palabra profética, entenderemos cómo hemos sido advertidos. El peor peligro que afrontamos lo creyentes de los días del fin es el engaño. La proliferación de falsas enseñanzas. Espíritus de error que infestan las mentes y llevan a la destrucción.
¿Cómo escapar de esta hora de engaño? Jesús dijo: Orad sin cesar. Nos ordenó escudrinar las Escrituras. Nos ordenó retener lo recibido.
Ana Ríos
27 de septiembre de 2026
Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por
palabra, o por carta nuestra.





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