Una extraña guerra espiritual

Intentaré describir con las palabras más sencillas y comprensibles la experiencia que tuve esta madrugada.
Cumplo con el deber de orar en las madrugadas. Es lo que nos sugiere la Palabra. Hay momentos y circunstancias que se interponen algunas veces y no puedo hacerlo, pero lucho por hacerlo.
Intentaba orar, pero no podía. Cuando esto sucede sólo adoro a Dios e invoco su santo nombre. Sentía la presión. No era sólo una presión espiritual, era física y emocional. Era una fuerza extraña que drenaba mi ser completo.
Después de luchar en la oración por un breve tiempo, me recuesto en la cama. Y comienza a materializarse ese ataque. Era una fuerza extraña difícil de comprender porque no hay contexto para poder compararlo. Sólo clamaba por los pequeños corderos del Señor. Su rebaño que está dispersado a través del planeta. Sentía la lucha de cada uno. Sentía su agonía. Pensaba en los niños. ¿Cómo lidiarían con esta fuerza extraña? Quizás llorando.
Entonces gradualmente comienzan a desplegarse frente a mí cosas extrañas. Algo que no sé explicar. Si era en mi mente o realmente lo estaba viviendo, no sé. Contemplaba la tierra y se veía como en una red. Parecía como un árbol de Navidad con sus luces encendidas. Pero no era la luz de Cristo, era todo artificial. Debajo de aquella red había un niebla densa y comienzo a ver unos rayos centellantes que desde el espacio eran disparados hacia todas las direcciones en la tierra.
La humanidad estaba siendo bombardeada por aquellos rayos invisibles. Percibí que eran ondas electromagnéticas, pero no estoy segura. Eran invisibles para la gente, pero yo podía verlos.
Diferentes sensaciones sobrecogían las personas. Las más terribles eran un acose en los instintos sexuales y el cansancio. Veía que el acose era tan fuerte que personas corrían a masturbarse. Esto agobiaba sus cuerpos. Cristianos piadosos se sentían perturbados por este acose. Algo que era extraño a su naturaleza.
Veía que se activaban diminutas partículas en los cuerpos de las personas. Percibí que era nanotecnología. Nanorobots que por años han estado poniendo en alimentos, en el agua y lanzando en la atmósfera. Estas partículas ejecutaban cosas extrañas en las personas, especialmente en su naturaleza sexual y el sistema inmune. Muchas personas se dormían, otras se activaban.
Lo peor era el cansancio. No era un cansancio meramente físico, era también emocional y espiritual. Yo lo sentía. Esto hacía que los creyentes se durmieran y no podían batallar. Entonces vino a mi mente el texto de la parábola: Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Mateo 25:5
Casi siempre que tengo experiencias de ataques malignos, tomo la armadura espiritual y me paro en pie de guerra. Comienzo a caminar por la casa o el dormitorio y actúo con gestos e invocaciones, como lo hace un soldado que está en el fragor de una batalla. Pero esta vez no podía. Me sentía agobiada física, mental y espiritualmente.
Vi entonces cómo el Espíritu Santo que habita en los creyentes hacía toda la parte: Llorando, gimiendo, intercediendo, clamando. Aun cuando los creyentes no estaban al tanto, Él estaba allí haciendo un trabajo espectacular.
Esta es la mejor manera que puedo explicar esta extraña experiencia.
Mientras medito sobre esto, una pregunta viene a mi mente: ¿Cómo los cristianos del último tiempo vamos a pelear esta batalla? Venía a mi mente la siguiente escritura:
Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo. Daniel 2:40
Pero en momentos así, cuando la sombra del desconcierto quiere cubrir mi horizonte, las palabras de Jesús resuenan en mi mente: …y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28:20
He pasado el día agobiada. Mi espíritu se siente cargado pues siento como si hubiésemos comenzado a adentrarnos dentro de un estrecho túnel. Pero sé que al final del túnel brilla la luz de la esperanza. Las hermosas promesas de nuestro amante Padre celestial.
16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. Juan 14:16-17
Ana Ríos
7 de octubre de 2026
Si desea recibir nuestros mensajes únase a nuestro canal en WhatsApp El Reloj Profético





Comments