Viajando a través del tiempo

Pastor John Paul Jackson
[John Paul Jackson fue un pastor con un testimonio peculiar. Según él, fue separado desde el vientre de su madre con una misión especial: un ministerio de la undécima hora. Dejó un legado de prédicas y enseñanzas que circulan en la internet, videos y libros publicados. Uno de sus libros de más circulación es Desenmascarando al espíritu de Jezabel. El mismo fue traducido al español. Para esta publicación traduje una de sus experiencias impactantes. Les dejo con este testimonio.]
Fui arrancado de la cama y miro hacia atrás, hacia mi cuerpo. Mi cuerpo no estaba en la cama. Entonces me doy cuenta de que me estoy yendo. Me sacaron a través del techo y ¡puf!... salí del techo y fue tan rápido que apenas me di cuenta por lo que estaba pasando. ¡Wau! ¿Dónde está el techo?
Y mientras todo sucede, aterrizo en un lugar. Aterrizo en un lugar 3,000 años hacia atrás. Era el tiempo de David. David aún no era rey. Había sido ungido por Samuel la primera vez, pero todavía no había sido ungido la segunda vez. Aterricé y sabía lo que tenía que hacer. No puedo decirles cómo lo sabía. Aterricé en un mercado en Jerusalén. La cubierta era un tipo de pérgola de cepillo. La calle era del ancho de tres carruajes. El otro lado se veía de la misma forma y allí estaba el mercado.
Lo primero que me impactó fue el mal olor. Es difícil describirlo. Yo siempre pensé que esto debió haber sido prístino, pero no era así. Era orina. Orina de animal mezclada con orina humana, con melones. Moscas mezcladas con carnes. Había pimientos que colgaban y varias otras cosas mezcladas con frijoles y melones. Todo esto en el mismo aire. Sentía que el aire me asfixiaba.
Lo siguiente que pude observar era los niños, con sus manos y rostros bien sucios. Los nudillos de los mercaderes estaban llenos de sucio. Asumía que todo esto era más limpio, pero no lo era. Era la impresión que tenía por la película La Biblia. No estaba preparado para aquello.
Lo próximo fue la noción clara en mí sobre lo que tenía que hacer. Sabía lo que tenía que hacer. Estaba vestido como ellos. Vestía una ropa de lino. Quizás no era lino, pero un atuendo parecido. Vestía una túnica con una soga amarrada a mi cintura. Tenía sandalias. Y tenía que decirles que era el deseo de Dios que David fuera el próximo rey de Israel. Saúl moriría pronto en la batalla y era el deseo de Dios que David fuera al próximo rey. Que David los llevaría de victoria en victoria sobre los filisteos y que sería grande. El rey más grande que Israel jamás haya tenido.
Yo pensaba en inglés, pero las palabras que salían de mi boca eran en hebreo. Yo las escuchaba en hebreo, pero entraban en mi cerebro en inglés. Así que era fácil conversar con ellos. Yo sabía que estaba hablando hebreo, pero los entendía a ellos en inglés. Yo no entendía las palabras hebreas que decía, pero las entendía en inglés. Mientras la gente pasaba yo conversaba con ellos sobre esto y decían:
“Por supuesto, David va a ser nuestro rey. Ya tenemos una canción: “Saúl mató sus miles y David sus diez miles.”
Yo pensaba y me decía a mí mismo: ¡Oh, realmente esa era una canción! Pensaba que quizás todo esto era un eufemismo, pero en realidad era una canción.
Otros decían: “No, David no va a ser nuestro rey, el solo es un muchacho. Saúl es fuerte, alto, vigoroso y hermoso. Y ya nos ha llevado a victorias sobre los filisteos. No, David no. De ninguna manera lo aceptaremos como rey. No haremos a David nuestro rey. Saúl no va a morir. ¡Tenemos un ejército fuerte!” Entonces otros decían: “¡Ah… rey… rey!”
El mercado era de 50 a 75 yardas de largo, más o menos. No podía hablar con nadie excepto para decirles estas cosas.
Alguna de la gente decía: “¿Eres un profeta? Necesitamos escuchar a un profeta. ¿Eres un profeta?”
Yo les decía: “No. Yo solo soy un hombre de Dios que intenta hacer lo que Dios me ha pedido que haga. ¡Déjenme!”
Y seguí. Literalmente me agarraban por el brazo. Di un tirón a mi brazo y proseguí calle abajo. Mientras tanto, al ir caminando calle abajo, yo pensaba: “Mi esposa no va a poder cobrar la póliza de seguro. Soy una persona desaparecida. Ya han pasado siete años, y ella va a pensar que la abandoné junto con todos los demás habitantes de Jerusalén.” Pensaba: “¿Qué haré para subsistir?”
Mi pasatiempo favorito es la carpintería, pero entonces razoné que no tenía herramientas. “Así que esto va a ser diferente. Esto va a ser diferente. No estoy seguro si sabré usar un serrucho. No sé dónde me voy a vivir.” Mientras caminaba y hablaba con la gente estos pensamientos cognitivos venían a mi mente.
Llegué al final del mercado y miré a la intersección de la calle y me dirigí hacia esa dirección. Pero a través de la calle veo un joven que me había estado siguiendo calle abajo. Sabía que era David. Había una luz radiante sobre él. Una luz bien clara. Me fue fácil verla. Pensaba si otros la verían pues fácilmente yo la percibía. Parecía no quitar la vista de mí y a la misma vez sobre una persona con quien había estado hablando. Pero me observaba.
En el momento que llego al final de la calle, yo pensaba: “Ok, tengo que buscar un lugar donde quedarme. Tengo que buscar alguna manera de vivir ya que no puedo volver. No puedo volver por mí mismo.” Sabía que no podía agarrar un teléfono y llamar a mi esposa. Estaba preocupado sobre lo que ella pensaría. “Pero ¿qué voy a hacer aquí?”
Entonces me hace una señal con la mano: “¡Tú, ven aquí!” Me volteo y voy donde él. Pregunto: ¿Quién? “Tú, ven aquí!”
Así que camino hacia el medio de la calle y él también camina hacia el medio de la calle. No llegaba ni a los cinco pies de estatura y probablemente no llegaba a las 105 libras. Pero tenía un aire muy al estilo de GQ. El rostro anguloso, de tez algo rojiza, pero con unos ojos de un azul verdoso increíble. Me miraba a los ojos y extendió su mano y tomó la mía en forma de nudo. Sus manos eran pequeñas y tenía un cabello largo ondulado, no rizo sino ondas de un color rojizo oscuro.
Yo pensaba: “Este muchacho podría ser un modelo. Con seis pies o seis dos podría ser un modelo y hacer millones de dólares. Entonces me mira y dice: “Sé quién eres. Sé quién te envió y nos volveremos a encontrar.”
En ese momento pasó un carruaje lleno de melones y un burro cruzó cerca con sacos y algo en sus lomos. Y cuando pasaron “fusss”, fui arrebatado. Aterricé en la cama y estoy moviéndome en la cama. Mi corazón quería salírseme del pecho. No podía casi respirar. Mi esposa Diane se rueda y dice: “¿John, sientes la presencia del Señor aquí?”
Se voltea y sigue durmiendo. Yo preguntaba: “¿Por qué hiciste esto? ¿Por qué has hecho esto conmigo? ¿Cómo voy a decirle esto a la gente? ¿Qué es esto?”
Entonces oí al Señor y esto fue lo que dijo: “La gran nube de
testigos es mucho más de lo que tú crees, y yo nunca hago nada sin un testigo”.
Entonces me di cuenta de que me había llevado atrás del tiempo para que yo pudiese ser testigo de lo que sucedió después que dijo a David que sería rey. Me di cuenta de que yo no era el único con quien Él había hecho esto. Varias personas habían sido llevadas atrás al tiempo para decirle a David que el sería rey.
Y sabía que, fuera lo que fuera... —no sé si hay distintos niveles,
o categorías, pero fuera lo que fuera—, yo formaba parte de una gran nube de testigos
en ese asunto.
Les digo esto porque es un tipo de portal. Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Es mi versión de lo que yo pienso sobre esto, algo que no es extraño para Dios.
Decidí que se lo diría al grupo como si fuera un sueño. De 7:00 a 8:00 teníamos la oración y de 8:00 a 9:00 tendríamos el desayuno. Entonces a las 9:00 nos iríamos para el recorrido. Así que bajo a las 7:00 para decirle al grupo el extraño sueño que había tenido. Comienzo por relatarlo y en un minuto y dieciocho segundos me doy cuenta del error que cometí pues estaban pensando que estaban en Jerusalén con el líder de una secta.
“Él nos pagó el viaje. Él nos compró los boletos. Él está pagando el hotel. No vamos a salir de aquí.” Esto me quitó el gozo. Así que terminamos nuestro desayuno. Llegó el guía turístico y nos dice: “¿Les gustaría ir a una nueva excavación en la Ciudad Antigua?”
Yo dije: “No, vamos a Masada.” Y él dice: “Esto les interesará.” Yo dije: “Ya lo he visto todo.” Y él dijo: “No han visto esto pues acaba de abrir hoy.” Entonces dije: “Bueno lo que ellos deseen haré.” Dije al grupo: “¿Qué ustedes desean? ¿Quieren ir a verlo o desean ir a Masada?” Ellos dijeron: “Vamos a verlo. ¡Grandioso!”
Yo deseaba desaparecerme. Así que fuimos a la Ciudad Antigua y estoy leyendo una placa que estaba en el área de excavación. Escucho entonces a mi grupo que venía. Estaban riéndose y se supone que en estos lugares que son semi sagrados no estés haciendo mucho ruido. Trato de tranquilizarlos, pero me ignoran. Entonces vienen y me dicen: “Tienes que venir con nosotros.” Entonces les digo: “Permítanme terminar de leer esto e iré con ustedes.” Dijeron: “!No, ven ahora!”
Literalmente me arrastraron por el resto del andamio. Bajaron unas escaleras, recorrieron el pasillo, bajaron por otro andamio y siguieron bajando. Dieron la vuelta a una esquina y bajaron por otro lado; luego giraron a la izquierda y dieron unos tres pasos... ¡y bum! Aquí estoy. Habían reconstruido el mercado del tiempo de David. Un pequeño segmento de él, solamente treinta pies. Y era exactamente lo que había visto, excepto que la sombra del verde que habían elegido era un poco más oscura que el verde literal. Me sentí sobrecargado en solo dos segundos. Así que yo había sido llevado a esta calle.
Eran las mismas piedras de la calle porque lo había leído en la placa. Las mismas piedras de la calle del mercado. Mis lágrimas comenzaron a caer sobre aquellas piedras un poco redondas. La última vez que las vi eran planas. Me sentía sobrecargado porque yo había estado aquí 3500 años atrás o 3,000 años atrás. Estuve aquí hace cinco horas atrás y ahora estoy aquí otra vez. Y esto me sobrecargaba.
Cuando me compuse pude pararme. Me ayudaron a ponerme en pies. Me llevaron al final de la excavación, tenían 150 Salmos traídos del Museo de los Rollos del Mar Muerto. Describen a David con sus manos pequeñas, su pelo rojizo y un fabricante de arpas. Y dice:
“Dios me eligió, el último de mis hermanos. Dios me eligió para ser el líder de su gran pueblo Israel. Bendecido sea el nombre del Señor.”
El grupo entonces entendió que yo no había estado aquí pues aún no había sido abierto. Todo lo que describí, ellos lo vieron reconstruido. Nuevamente Dios dio pruebas y confirmación de un momento inusual.
Les digo esto no porque me sucedió a mí. Les digo esto porque mi madre y mi padre me enseñaron en mi juventud que Dios aún es Dios y Él puede hacer lo que Él quiera y cuando quiera. Yo crecí con esto. Quizás es por esto que me suceden estas cosas. Pero también sé esto y lo leí antes, que cuando tú tienes un corazón y un espíritu contrito, un corazón contrito y quebrantado, Dios estará bien cercano a ti. Y hará cosas que jamás has soñado. El orgullo te separará de esto.
Quiero entonces decirte esta palabra de aliento: deja que Dios sea Dios. Búscalo, estudia tu don. Hazte conocer a Él. Ten una relación con Él. Busca primero el reino de Dios y Su justicia y todo esto te será añadido. Nunca he buscado experiencia alguna, excepto algún sueño.
Le he pedido a Dios que me de sueños para protegerme. Pero nunca he buscado ser transportado y nunca he buscado esas cosas. Nunca he buscado volver atrás del tiempo. Nunca he buscado visitaciones. Nunca he buscado ser llevado al cielo. Nunca he buscado nada de eso. Nunca, nunca. Siempre creí que podía pasarle a otro, pero no a mí. Ni en sueños. Sabía que suceda lo que suceda todo esto se basa en una relación con Dios y no solo en un simple deseo. También estoy consciente de esto: no importa cuántas experiencias tengamos, Dios valora tu carácter más que los dones que puedas tener.
Él valora la rectitud en tu vida más que tus dones. Y buscarás Su reino, buscarás Su justicia y todo lo demás sucederá. Lo que Él quiera que suceda. Estoy seguro de que no tendré experiencias que otros han tenido. Y sé que no todo el mundo tendrá mis experiencias. Estoy también seguro de que podrían tenerlas, pero esto es asunto de Dios.
John Paul Jackson
9 de abril de 2026





Comments