Visión sobre Cristo atrayendo a la gente

Estaba en lo que parecía ser un salón de conferencias. Había una mesa grande de conferencias en medio del salón. Era enorme. Llenaba casi todo el salón. Sentados alrededor de la mesa había lo que percibí ser hombres de Dios. Vi ministros, rabinos, etc. Los hombres de Dios discutían sus interpretaciones de ciertos versos y pasajes de la Biblia. Me paré y por un momento observé a los hombres de Dios.
Entonces divisé una puerta. Caminé hacia la puerta, la abrí y entré. Estaba en un pasillo. Caminé hacia abajo del pasillo y entré a un recibidor. Entonces me di cuenta que estaba en una iglesia. Vi gente que entraba por las puertas de la iglesia al recibidor. Cada persona tenía una copa en una mano y se veían heridos y agobiados.
La gente comenzó a congregarse en el recibidor. Se veían confusos y agobiados. Entonces a través de las puertas de la iglesia por donde entraba la gente se oían cánticos y una música suave. No podíamos escuchar las palabras, pero la voz sonaba suave y melodiosa. Cuando escuchamos los cánticos, comenzamos a reír suavemente. Casi todo el mundo volvió hacia las puertas. Yo los seguí. Hubo una gente que se quedó atrás y algunos trataban de impedir que otros salieran. Parecía que intentaban advertir a la gente que salía que no se fueran. Mientras las personas salían por la puerta yo los seguí.
A la distancia vi una montaña. Estaba cubierta de una verde y exuberante grama. Había unos pocos árboles en la cima de la montaña. Oía pájaros que se llamaban unos a otros. El sonido del cántico provenía de la cima de la montaña.
Miré alrededor y vi grandes cantidades de personas que venían de todas direcciones. Eran de toda raza y nacionalidad. Estaban vestidos con sus ropas de país particular. Cada uno tenía una copa en su mano. Igual que el primer grupo que había visto, éstos se veían heridos. Todos parecían con heridas en sus cuerpos. Habían comenzado a sonreír y a subir la montaña de donde provenían los cánticos. Los seguí. Allí en la cima de la montaña, sentado en una roca grande estaba Jesús. Él era el que cantaba.
Cuando la gente subió hasta donde Jesús estaba, se sentaron a sus pies. Cercano al Señor observé que había un pozo antiguo y a los pies del Señor había una hogaza de pan. Parecía ser una hogaza de pan francés.
Cuando la gente se sentó a los pies del Señor sostenían en sus manos la copa. El Señor se levantó y caminó hacia el pozo. Había un balde que colgaba de una soga en la boca del pozo. El Señor bajó el balde adentro del pozo, luego lo sacó. Tomó el balde de agua y comenzó a llenar de agua las copas vacías. El agua nunca se detenía de salir del balde. La gente bebía y bebía y bebía. Cuando parecían ya haber tomado toda el agua deseada, el Señor volvió el balde hacia el pozo y lo aseguró nuevamente con la soga. Entonces volvió a la roca grande y se detuvo frente a ella. Mantuvo sus manos sobre la multitud de gente. Las palmas de sus manos frente a la multitud.
Muchos de la multitud comenzaron a ponerse de pies y uno a uno venían al Señor, entonces El ahuecaba Sus manos sobre las cabezas por un momento y les daba una palmadita en el pecho, sobre el corazón. Mientras el Señor hacía esto, yo veía que las heridas de cada persona comenzaban a sanar inmediatamente.
Después de haber tocado la gente por un tiempo, el Señor volvió a sentarse en la roca y nuevamente la gente comenzó a sentarse a sus pies. El Señor comenzó a hablar suavemente a la gente. Después de un lapso de tiempo el Señor habló a la gente y les decía que volvieran al lugar de donde habían venido llevando con ellos lo que habían recibido. La gente comenzó a ponerse en pies. Se veían saludables y fortalecidos. Estaban sonriendo. Podía percibir una paz inmensa en sus corazones. Comenzaron a bajar la montaña y a dispersarse dirigiéndose hacia el lugar de donde habían provenido.
Mientras me preguntaba qué podría significar esto, sentí que el Señor me habló estas palabras:
“Mi pueblo está cansado, hambriento y sediento. Vienen a mi casa para recibir consuelo, sanidad y alimento. Muchas veces en lugar de esto lo que encuentran es a sus líderes discutiendo e interpretando mi palabra. En el proceso salen sin haber sido tocados y alimentados. Cuando Yo caminaba en esta tierra como un hombre, la gente venía a mí. Me seguían a los desiertos. Me seguían a las montañas. Me seguían a las orillas de las aguas. Me seguían por las calles. Me seguían hasta la cima de las montañas. Me seguían en el agua. Venían a mí cansados, sedientos y heridos. Yo les daba el agua de mi palabra para saciar su sed. Les daba el aliento de mi toque y eran sanados y restaurados.
Yo los enseñaba y los instruía. Sus necesidades eran satisfechas a mis pies. A mis pies hallaban lo que estaban buscando. Algunos no entenderán esto. Percibirán esto como una deserción contra las iglesias organizadas y establecidas. Buscarán detener a aquellos que irán hacia donde el sonido de mi voz los dirija. Rechazarán a estas personas cuando se vayan y no los aceptarán cuando regresen. Ciertamente un gran derramamiento de mi Espíritu viene. Pero no vendrá como muchos creen. Derramaré mi Espíritu en las calles. A las orillas del mar. En las cimas de las montañas. Derramaré mi Espíritu sobre aquellos que lo busquen sin importar denominación o nacionalidad.
Aquellos que escuchen mi voz y respondan a mi voz serán enseñados por mí. Ellos examinarán mi palabra y Yo les mostraré y revelaré a ellos mi voluntad y entenderán si la doctrina es de los hombres o es mi doctrina. Yo derramaré mi Espíritu en aquellos que están sedientos y acepten el agua que les doy. Muchos se confundirán cuando vean que Yo paso toda línea de nacionalidad y denominación cuando derrame mi Espíritu. Muchos creen que el derramamiento de mi Espíritu sucederá de cierta manera. Tal y como los judíos y líderes religiosos fallaron en reconocerme cuando aparecí en la tierra porque no me estaban buscando pues buscaban lo que ellos creían. Así sucederá durante el gran derramamiento de mi Espíritu. Muchos no lo reconocerán ni recibirán porque irá en contra de lo que ellos piensan.
Aquel que tiene oídos para oír oiga. Escucha lo que mi Espíritu dice a mi iglesia.”
Tuve esta experiencia el miércoles 1 de marzo del 2000.
Hollie L. Moody





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