El reto más grande de un cristiano no es predicar la palabra, sino vivirla.” Cuando nos metemos en la brecha recibimos golpes. Es como cuando pequeños nos metíamos a defender a nuestros hermanos o amigos de la escuela durante las peleas. O cuando protestábamos cuando nuestros padres usaban la correa o la vara cuando nuestros hermanos desobedecían. Si nos metíamos, recibíamos también el golpe. Así sucede a los intercesores. Los que claman y gimen por los caídos. Los que están