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Amístate con el Espíritu Santo

  • relojprofetico
  • Nov 26, 2025
  • 9 min read

Una de las revelaciones más maravillosas que aparece en las Escrituras es la Persona del Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Deidad. Y hay unos atributos peculiares que hacen a este Ser único. Uno de ellos lo expresa el Apóstol Pablo en Romanos 8:26:


Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

 

Entiendo que lo que quiere decir aquí el Apóstol es que como no sabemos orar, como no sabemos pedir y mucho menos sabemos cómo dirigirnos a Dios, el Espíritu Santo nos pone a un lado, toma nuestra voluntad y el control de nuestra mente y emociones y comienza a orar en lugar nuestro. Comienza a interceder en lugar nuestro. Este debe ser el objetivo de cada hijo de Dios, entregar la voluntad y emociones al Espíritu Santo.

 

¿No es esto maravilloso? Fue como cuando Dios quiso hacer un pacto con Abraham para darle toda la tierra de Canaán. Dios sabe que los humanos no cumplimos pactos. Entonces en su amor y misericordia hace que un sueño profundo caiga sobre Abraham y la parte que le correspondía a Abraham hacer en aquel pacto, Dios lo hizo por él. Dios se hizo cargo de todas las obligaciones. Él lo haría todo, el hombre sólo tendría que creerle y caminar por fe.

 

¡Esto es gracia! ¡Esto es misericordia! ¡Jamás entenderemos la gracia de Dios! Así lo describió el Apóstol Pablo en Romanos 11:33¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

 

En esos tiempos los pactos se llevaban a cabo abriendo un animal por la mitad y ambas partes envueltas en el pacto tenían que pasar por el medio del animal para que el pacto quedara sellado. Pero Dios hizo todas las partes correspondientes. (Génesis 15). De la misma manera, Jesús rogó al Padre para que nos diera al Espíritu Santo pues sabía que jamás podríamos a travesar solos este desierto y cumplir con el pacto. Es el Espíritu Santo que toma la obligación y hace la parte nuestra. Él nos ayuda en nuestras debilidades.

 

Moisés tuvo una visión donde ve una zarza ardiendo que no se consumía. Aquella manifestación de gracia divina fue una expresión de amor. Expresión de misericordia donde se hacía manifiesto al ser humano la buena disposición de Dios de comunicar con los humanos. Fue una manifestación de cómo el fuego divino impregnaría la naturaleza humana convirtiéndola en algo honorable y sublime.

 

Así como aquella llama impregnó aquel inservible arbusto y no se consumía, el Espíritu Santo ha impregnado todo nuestro ser, saturándolo con el agradable ungüento de su santidad.

 

El Salmo 133 dice que: Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion.

 

La presencia exterior de Cristo fue retirada de la tierra pues cumpliría una misión a la diestra del Padre: ser nuestro abogado, nuestro representante ante el Trono. Entonces, antes de irse rogó al Padre, hizo una oración por nosotros, para que enviara otro Paracleto o Consolador. No nos dejaría huérfanos, ni solos, ni desamparados. Enviaría al Espíritu Santo quien estaría con nosotros, no sólo con nosotros, mejor dicho, en nosotros. Viviría con nosotros y haría de nuestro cuerpo un templo y allí oraría con nosotros, adoraría con nosotros y actuaría a través de nosotros. Allí nos santificaría, nos equiparía y nos daría dones. Nos enseñaría a orar. Con Él creceríamos hasta convertirnos en uno. ¡Qué gloriosa experiencia!

 

Podemos confiar implícitamente en la guía y defensa de este Abogado, de este Paracleto pues es el “Espíritu de la verdad”. El mundo no puede conocerlo. No puede escuchar sus súplicas y advertencias. No le acepta como guía pues la única evidencia por la que juzgan es la de la vida exterior y los resultados materiales.

 

¿Cómo conocemos la realidad de la existencia del Espíritu Santo en nuestras vidas y la verdad de sus ruegos? Mediante su presencia continua con nosotros. Él es esa voz suave y tranquila que nos aconseja, que nos detiene cuando somos tentados con el pecado. Él nos dice cómo caminar, cómo vestir, qué comer, a dónde podemos ir. Él nos hace sentir incómodos cuando hacemos algo que no está bien. Inmediatamente pone señales cuando pensamos lo incorrecto o intentamos desviarnos por el camino fuera de su voluntad. Es como si fuera un cuerpo con nosotros.

 

Es en este aspecto que comienza la diferencia esencial entre nosotros y el mundo. El Hijo fue enviado al mundo, pero el Espíritu Santo es enviado para nosotros los que amamos a Jesús. El mundo no le conoce, pero nosotros le conocemos. Él es el que despierta en nuestro ser anhelos por Dios, anhelos por la pureza y santidad. Anhelos por la justicia. Es como si el mismo Jesús nos llevara de la mano. Es como caminar con el mismo Jesús pues el Espíritu Santo glorifica a Jesús en nosotros.

 

Al tener el Espíritu Santo morando en nosotros podemos saber todas las cosas, Él nos las revela.  1 Juan 2:20 dice:  Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

 

Y 1 Juan 2:27 dice: Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

 

Podemos entender los tiempos y las sazones y tener la clara certeza de su venida a la tierra. Daniel 12:10 dice: Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.

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¿Cómo sabemos que el Espíritu Santo vive en nosotros? Porque amamos a Cristo. Porque sentimos anhelos por Cristo y este amor a Cristo se manifiesta cuando guardamos su Palabra, entonces queda asegurado también el amor del Padre.


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Cristo vino en el nombre del Padre como el primer Paracleto o Consolador, como su representante, el Espíritu viene en el nombre de Cristo como el segundo Paracleto, el representante de Cristo, que está en el Padre.

 

¿Qué más puede hacer Dios por la humanidad? No sólo envió su Hijo, también nos envió su Espíritu Santo para que nos hiciera fuertes. Fuertes para alcanzar la salvación. Fuertes para poder guardar la palabra divina. Fuertes para seguir las huellas de Cristo. No hay excusa entonces. Nadie puede decir no sirvo a Dios porque soy débil para las cosas del mundo. O porque los apetitos de la carne me dominan. Tenemos al Espíritu Santo nuestro Consolador.

 

La unión con Cristo comprende la separación del mundo. Esta unión la efectúa el Espíritu Santo viviendo en nosotros. Si estamos unidos con Cristo el mundo nos repudiará. Y esta unión es corporativa, vital y efectiva. La obra de Cristo es una lucha moral que tiene lugar sólo por medio del Espíritu de Dios, en que, desde su posición, cada cual tiene que tomar parte.

 

Solamente viviendo en nosotros puede el Espíritu Santo interceder por nosotros. ¿Y de qué manera lo hace?

 

¿Cómo intercede el Espíritu Santo por nosotros?  Tomando nuestro lugar.  A esto se refiere la Biblia a “orar en el Espíritu”. Es dejar que el Espíritu Santo nos guie en la oración, en la intercesión y use su propio vocabulario con el Padre, todo en el nombre de Jesús.

 

Pero esto no se logra con una oración ritualista de “lo que te dije ayer, te digo hoy”.  Se logra con una entrega, ya sea de rodillas o tirados en el piso en el lugar escondido donde nadie nos ve. Se logra en un estado de permanencia, de espera, de adoración salida del alma. Se logra con los ojos mojados por el llanto. Llanto de arrepentimiento y congoja por nuestras ofensas y por el pecado de la humanidad.  Es un llanto de confesión y agradecimiento por sus bondades.

 

Para que el Espíritu Santo interceda por nosotros tiene que vivir en nosotros. Y para que viva en mí Jesús tiene que ser mi Señor, yo tengo que amar a Jesús. Yo tengo que haber bebido de su sangre y participado de su cuerpo. Haberme hecho una o uno con Jesús. Yo tengo que invitar al Espíritu Santo para que haga de mi cuerpo su templo. Tengo que alegrarlo y que Él se sienta a gusto conmigo. Tengo que aprender a caminar con Él, hablar con Él y orar con Él. Yo tengo que obedecerlo y hacer lo que Él diga, no lo que yo crea.

 

Amós 3:3 dice:  ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?  Puede caminar conmigo el Espíritu Santo si yo no estoy de acuerdo con Él. ¿Si quiero poner yo las pautas?

 

En el cielo no puede haber dos voluntades, tampoco en nuestras vidas puede haber dos voluntades. O obedecemos nuestros impulsos e instintos o obedecemos la voz del Espíritu Santo.

 

¿Cuántos consejos nos ha dado el Espíritu Santo y no los hemos seguido? ¿Cuántas veces nos ha pedido cosas y no le hemos obedecido? ¿Cuántas veces lo hemos entristecido con nuestras acciones? ¿Con nuestras palabras? ¿Con nuestras actitudes?

 

El Espíritu Santo nos cela. Una de las definiciones para la palabra celo es: Sospecha, inquietud o temor de que la persona amada deposite su cariño en otra. Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.


Esto define claramente al Espíritu Santo. El pueblo de Israel provocó muchas veces a Dios a celos con ídolos. La Biblia nos revela que el Espíritu Santo se enojó porque Él es celoso. Isaías 63:10 nos dice: Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos.

Cuando perdemos la amistad del Espíritu Santo Él se vuelve nuestro enemigo y pelea contra nosotros. ¿No es acaso lo que estamos viendo en esta nación que por dos veces fue visitada con los derramamientos más poderosos del Espíritu Santo?


Por años la Biblia, la Sagrada Palabra de Dios, ocupó un lugar honorable y de prominencia en esta nación. El nombre de Jesús aparecía inscrito en diferentes banderas que ondeaban en lugares públicos de gobierno. Las clases en escuelas públicas no se comenzaban sin haber antes elevado una oración a Dios.

Pero cuando el nombre de Jesús comenzó a ser menospreciado, cuando los Diez Mandamientos comenzaron a ser demolidos de muchos edificios públicos, cuando la Biblia comenzó a ser quitada, cuando se comenzó a transgredir la ley sempiterna de Dios legalizando el matrimonio de hombres con hombres y mujeres con mujeres, legalizando el asesinato de los niños en el vientre de sus madres, legalizando la mutilación del cuerpo y así por el estilo el Espíritu Santo ha comenzado a pelear con esta nación y se ha convertido en su enemigo.


Y Dios dice de Estados Unidos lo mismo que dijo de Jerusalén: Ezequiel 22:30 Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.


Proverbios 6:34 dice: Porque los celos son el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza.

 

¿Como serán entonces los celos de Dios? Y aunque los sentimientos de la Deidad están muy distantes de los nuestros de la misma manera que son más altos los cielos que la tierra, hay una medida de comparación pues, así como reaccionamos ante la traición y la infidelidad Dios reacciona ante la traición y la infidelidad de los suyos.

 

Deuteronomio 6:15 dice: Porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti está; para que no se inflame el furor de Jehová tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la tierra.


Es con celo que nos anhela el Espíritu Santo.  Santiago 4:4-5 dice:  ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? 

 

Si persistimos en vivir la vida a nuestra manera, conforme a nuestras ideas y pensamientos, el Espíritu Santo se irá. El apóstol Pablos nos exhorta en Efesios 4:30: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.


Si lo provocamos a celos, Él es mucho más fuerte que nosotros. Realmente saldremos perdiendo. Amístate con el Espíritu Santo y adórnate para Él. Arregla su templo que eres tú. Límpialo, siembra fragantes flores, hermosos jardines donde Él pueda deleitarse. Conversa con Él y más que nada, hazlo tu Consejero.


Ana Ríos

25 de noviembre 2025

 
 
 

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