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Aprendiendo a caminar sobre las aguas

  • relojprofetico
  • Dec 8, 2025
  • 7 min read

Los caminos de Dios son inefables, incomprensibles para nosotros los humanos. Aprendidos muchas veces a través de experiencias cruciales y a veces extrañas a nuestro intelecto. Son altos, como dijo el profeta. ¡Muy altos!¡Inescrutables! Como escribió el apóstol Pablo. Para nosotros, los caminos de Dios están llenos de lecciones. Lecciones para crecer, para fortalecernos. Lecciones que nos ayudan alcanzar lo prometido. Nos ayudan a llegar a la meta. Lecciones que nos hacen mejores seres humanos.


Generalmente estas lecciones están escritas en vivencias. Vivencias del diario vivir. Experiencias muchas veces tristes y dolorosas que quedan grabadas como amonestaciones de la vida. Es la manera como generalmente los humanos asimilamos las lecciones dadas por nuestro buen Pastor, Jesús.


Algo con lo cual Dios tiene que trabajar mucho en nosotros es con nuestra fe. Y hemos oído hablar mucho de la fe. Tenemos diferentes percepciones de la fe, incluyendo la que hemos recibido de la Escritura en Hebreos 11. Cada cual tiene su percepción de lo que es fe, porque la fe está incrustada en todo el dinamismo de nuestra existencia. La vida de por sí es un acto de fe.  Pero Dios también tiene su percepción. Percepción que quiere transmitirnos. Porque como criaturas suyas sabe nuestras inclinaciones de continuamente al mal. Sabe que nos gobierna un espíritu de independencia donde nuestros criterios se anteponen a los de Él. ¡Y nuestros criterios siempre son equivocados!


El discípulo Pedro es un ejemplo nuestro. Aunque impetuoso, Pedro era un hombre de altos ideales espirituales. Hombre de ambiciones y hazañas, pero con una fe fuera de la perspectiva divina. Entonces Jesús, como nuestro maestro por excelencia, comienza a simplificar unas lecciones de enseñanza con el fin trabajar con la fe de este hombre.  Y sus lecciones a veces son cruciales, extremas e incomprendidas por nosotros.

Todo lo que hallamos en la Biblia responde a un designio ya delineado desde antes de la fundación del mundo. La atención de Dios estaba centrada en nosotros, los que habríamos de responder a su llamado y vivir por Él. Entonces cada situación y circunstancia por más adversa que parezca cumple ya con un designio preparado para llevarnos a unos objetivos. No sólo la salvación de nuestra alma, también la formación de nuestro carácter y la perfección de nuestra naturaleza.


Es vital que cada hijo de Dios entienda esto para cuando seamos matriculados en estos cursos intensivos. Estos cursos cumplen un propósito. Y es un propósito noble y santo porque tienen que ver con nuestra eternidad. Y esta eternidad depende de cómo respondamos. De las calificaciones obtenidas en los exámenes tomados. De si obtendremos el diploma de aprobación. Sin este diploma no podremos ocupar las distinguidas posiciones preparadas para cada uno de nosotros.


Pedro entonces había sido matriculado en estos cursos. La posición que ocuparía Pedro requería la aprobación de estas lecciones pues él se sentaría como un juez sobre un trono para juzgar, o dirigir a las doce tribus de Israel.


Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Mateo 19:28


En una de las pruebas Pedro falló. La Biblia dice en Mateo 14: 25Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. 27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. 30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! 31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. 33 Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.


Vemos aquí un área de Pedro que necesitaba ser tratada: el problema de la duda. La duda es la antítesis de la fe. La duda impide la progresión de los santos propósitos de Dios con los humanos. Impide la progresión del Reino. El problema de la duda se supera entonces a través de lecciones intensivas.


La primera lección que Pedro recibiría entonces era aprender a caminar sobre las aguas turbulentas.

En el momento actual que vivimos hemos comenzado una travesía a través de un turbulento mar. En la Biblia, el mar tipifica las naciones con sus inestables sistemas políticos. Tipifica las luchas diarias y situaciones adversas. El mensaje entonces es que hay que aprender a caminar sobre las tempestades y turbulencias de la vida. Hay que aprender a caminar sobre las aguas.


El mar es como un mundo sin caminos, un mundo lleno de desafíos que esconde misterios de cosas perdidas y naufragios. Así es nuestra vida, como el mar.


Aparentemente Pedro carecía de una perspectiva. La perspectiva divina que nos habla el Salmo 77:19: En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas.


O sea, que las huellas de Dios aun están presentes en las aguas turbulentas del embravecido mar. Fue una de las lecciones que Jesús daría a Pedro. ¿Por qué temer entonces? ¡Dios camina sobre el mar! Por más fuerte que sople el viento.


Pero para nosotros, débiles humanos, andar sobre las aguas turbulentas requiere fe, pero requiere también una perspectiva o visión correcta de la soberanía y omnipotencia divina. La fe de Pedro entonces era una fe limitada, carente de perspectivas que sólo pueden ser halladas en la Palabra de Dios. Por esto el salmista hizo de la Palabra divina su lámpara y su lumbrera a su camino.


Cuando carecemos de perspectivas y puntos de referencias la duda nos puede dislocar y sacarnos del camino. Entonces Dios tiene que meternos en cursos intensivos. Como a Juan y Ezequiel, nos ordena comer el Rollo. Nos lleva a lugares desiertos. Estos lugares desiertos pueden ser hospitales, enfermedades, pérdida de koinonia de iglesia o familia, crisis económicas, etc., etc. Son parte de su disciplina. Son las cosas que Dios usa para ubicarnos en su perspectiva, en el santo propósito y plan para nuestra vida.

¿Con qué objetivo? Enseñarnos a caminar sobre las aguas.


Atravesaba una vez una prueba difícil. Muchos de los procesos en los cuales Dios mete a sus hijos se asemejan a túneles oscuros que parecen no tener salida. Yo estaba en uno de estos túneles donde apenas podía respirar, sólo suspirar.  En un momento inesperado, mientras me envolvía en las faenas del diario vivir, escucho una voz que me dice: “Estoy enseñando a mis hijos caminar sobre las aguas como enseñé a Pedro.

Sé que era la delicada voz del Espíritu Santo. La misma voz que habló a Elías cuando se hallaba en una cueva oscura. El hombre que había desafiado ejércitos, que hizo bajar fuego del cielo, que hizo que descendiera la lluvia, que enfrentó a un rey y una reina con sus 800 profetas de Baal ahora se hallaba sólo con sus pensamientos. Pensamientos que lo acribillaban sin piedad haciéndole ver que estaba solo, sin ayuda y abandonado.


Elías se había echado a morir y parece que quería morirse de hambre porque Dios tuvo que enviar su ángel a traerle comida y decirle que tenía que seguir caminando, que su ministerio no había terminado. Existen niveles y tipos de fe.  Dependiendo de la fe tengamos es el logro alcanzado. Jesús en cierta ocasión dijo: 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Mt. 9:29.


Para los altos niveles de fe se requieren procesos cruciales. Estos son procesos que transciendes lógicas humanas, que suprimen apetitos carnales. Son generalmente procesos de quebrantamiento y negación propia.

Los dones obsequiados a los creyentes por el Espíritu Santo funcionan en base al nivel de fe alcanzado, (Romanos 12:6). Jesús puso una medida: como un niño. Creer como cree un niño: sin cuestionamientos, sin lógicas, sin tapujos e incondicionalmente.  Jesús dijo:  De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.  Mateo 18:3


Dios quiere llevarnos al nivel más elevado. Dios quiere llevarnos a caminar sobre las aguas turbulentas.

Los días que vivimos son días de presión mental, espiritual y emocional. Son días difíciles pues contemplamos un colapso total de lo que nos rodea. Estamos en medio de un mar tempestuoso y parece como si nuestra barca fuera a hundirse al ser azotada por las olas.


Pedro vio la solución: caminar sobre las aguas, cruzar con Jesús el tempestuoso mar y llegar a la orilla. Pero Pedro no estaba preparado para la experiencia. Aunque sus intenciones eran genuinas, su fe no era como la de un niño.


La fe que Pedro tenía había sido desgastada por los ejercicios de la religión muerta y vacía. Era quizás la fe de sus padres o la fe que tuvieron los que atravesaron el mar rojo. Era una fe tradicional donde se vive de lo que otro dice. Así fue como se lanzó a caminar sobre las aguas.


Pero los audaces siempre alcanzan una pizca de misericordia y Jesús extendió su mano e impidió que se hundiera. Era la primera de muchas lecciones para Pedro. Que no es con una fe basada en las experiencias de otros que podemos caminar sobre las aguas. Ese no es el tipo de fe que Dios demanda de sus hijos.

 

Dios nos está preparando a nosotros. Nos está refinando. La prueba que vivimos ahora es un proceso de preparación porque no tendremos de otra. Tendremos que lanzarnos sobre las olas tempestuosas y los vientos que rugen y caminar sobre las aguas. Los días que vienen serán más difíciles, más retadores. Necesitaremos alcanzar altos niveles de fe para poder enfrentarlos y ya tenemos la promesa. Ahora es el tiempo de escalar. Ahora es el tiempo de comprar aceite. 


Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. 

 

Ana Ríos

8 de diciembre 2025

 
 
 

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