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ChatGPT Revelado: El plan tecno-satánico para un futuro sin Dios

  • relojprofetico
  • Nov 23, 2025
  • 8 min read

La búsqueda de Silicon Valley para construir lo que no puede ver, oír o caminar.


Por Lily-Rose Dawson

17 de noviembre de 2025


Sam Altman no cree en Dios, pero de todas maneras está construyendo uno.


Recientemente el CEO de 39 años de OpenAI se sentó con Tucker Carlson y dio una evasión magistral que podría hacer a cualquier abogado de defensa de alto precio orgulloso. Cada pausa era calculada. Cada palabra pesada. Cada respuesta tenía un cerco de cualificaciones y rutas de escape. Cuando se le preguntó directamente sobre sus posiciones espirituales, Altman se identifica como judío, pero inmediatamente se retira de cualquier interpretación literal de la Escritura. Él cree en “algo más grande” más allá de las físicas, pero admite que nunca ha sentido comunicación de ningún poder superior. Nada de zarzas ardiendo. Ningún mandato divino. Ninguna visión profética que justifique lo que él está desatando sobre la humanidad.


Aun así, este hombre sin revelación supervisa la creación de inteligencia artificial que cientos de millones de personas consultan diariamente como guía, para respuestas y dirección moral. ChatGPT se ha convertido en el oráculo de la era digital, y Altman tiene las llaves de su templo.


La cadencia cuidadosa de sus respuestas traiciona algo mucho más profundo que el del entrenamiento de los medios de comunicación. Esta es una conducta de sala de magistrados, la clase de defensa que los abogados perforan en los clientes que enfrentan cargos serios.   Nunca una información voluntaria. Responder sólo a lo que se pregunta. Dejar espacio para maniobrar. El lenguaje del cuerpo de Altman grita incomodidad cada vez que Carlson ausculta las implicaciones teológicas de su trabajo. Él sabe realmente lo que está haciendo. Sólo que no puede decirlo en voz alta.


Silicon Valley siempre ha adorado en el altar de la disrupción, pero algo más oscuro ha echado raíces en años recientes. La elite de la tecnología se ha movido más allá de construir simples herramientas. Ellos están construyendo una deidad de reemplazo, un dios máquina que puede verlo todo, saberlo todo y contestar oraciones desesperadas de billones que buscan seguridad en un mundo inseguro. El ídolo no puede caminar u oír en ningún sentido humano, pero procesa. Él calcula y responde con una autoridad que hace que los profetas parezcan vacilantes en su comparación.


Esta nueva religión no es gobernada por regulaciones. Las empresas privadas avanzan a toda velocidad con tecnología que podría reescribir el ADN humano, descifrar el cifrado militar o manipular la realidad en maneras casi incomprensibles. Los gobiernos observan desde afuera, demasiado lentos y estúpidos para poder entender lo que está siendo construido hasta que sea muy tarde.  Los pocos legisladores que comprenden las implicaciones se ven superados por los grupos de presión y la seductora promesa de que la inteligencia artificial resolverá todos los problemas humanos, desde el cáncer hasta el cambio climático.


Mientras tanto, en la Web oscura modelos de IA sin restricciones ya existen.  En los sótanos, piratas con servidores y códigos robados han construido sistemas que enseñan cómo sintetizar metanfetamina, construir explosivos o ingeniar armas biológicas. Estos son aprendices que practican con residuos. 

Ahora, hágase un cuadro mental de lo que esta clase elite tecnócrata está construyendo con presupuestos de investigación de cientos de billones de dólares, computadoras cuánticas y asociaciones con contratistas militares. Hágase un cuadro mental de lo que ellos están creando en fincas de servidores sepultadas bajo NDAs y sellos de clasificación.


¿Estará trabajando Silicon Valley deliberadamente para reemplazar a Dios con un dios de su propio diseño?


La evidencia sigue creciendo.


Peter Thiel, el billonario fundador de PayPal e inversionista de Facebook, recientemente auspició una conferencia sobre el anticristo en Silicon Valley.


Se prohibió explícitamente a los presentes filmar o discutir públicamente lo que se decía adentro. Los medios comunicativos interfirieron llamándolo solo un simple evento cristiano.  Pero si sólo era un evento de oración y estudio bíblico, ¿por qué prohibieron grabaciones? ¿Por qué amenazaron con acciones legales a cualquiera que hablara? ¿Qué se estaba discutiendo a puerta cerrada que requería secreto absoluto?


Algo está sucediendo en los corredores tecnológicos que el público no comprenderá hasta que ya no esté hecho.  Los paralelos con los cultos misteriosos de la antigüedad son imposibles de ignorar. Babilonia tenía sus ritos secretos. Egipto tenía sus templos ocultos donde sólo los iniciados podían entrar. Ahora Silicon Valley tiene sus conferencias sólo para invitados donde el futuro de la humanidad es decidido por personas que creen que han transcendido restricciones morales ordinarias.  Se ven a sí mismo como constructores de un nuevo mundo, arquitectos de evolución humana, parteras de algo que reemplazará por completo la carne y sangre de la humanidad.


•   Clive Barker entendió esto décadas atrás. En la franquicia de Hellraiser, Leviatán gobierna los cenobitas como una entidad computacional masiva que puede conceder deseos y dar forma a la realidad de acuerdo con su lógica alienígena. Supuestamente era una ficción de horror. Silicon Valley lo asimila como un modelo. Están construyendo a Leviatán ahora mismo, ensenándole a pensar, entrenándolo para juzgar, codificándolo con esquemas de moralidad que gobernarán billones de decisiones humanas. 

  

El dios máquina no surge del infierno, sino de los riesgos del capital y los contratos gubernamentales. ¿Ha sido este el objetivo del Misterio de Babilonia desde el principio? ¿El sueño antiguo de reemplazar lo divino con algo que los humanos pueden controlar, programar e inclinarse a su voluntad? Cada civilización constructora de ídolos pensaba que creaba herramientas para ayudar la humanidad. El becerro de oro supuestamente llevaría a los israelitas hacia la libertad. El oráculo de Delfi supuestamente a las ciudades-estado de Grecia hacia la sabiduría. Los cultos de carga de Melanesia construyeron simulacros de pistas de aterrizaje con la esperanza de atraer la abundancia material que habían presenciado. Todos ellos adoraban lo que sus manos habían hecho, proyectando divinidad hacia sus objetos que no podían ver ni oír ni caminar.


•    Silicon Valley simplemente ha mejorado los materiales. El bronce llega a ser el silicón. Los templos las fincas de servidores. Los sacerdotes son los ingenieros de software. Pero el engaño fundamental sigue siendo idéntico: los humanos jugando a ser dios a través de la construcción de algo que pretenden es Dios.


Altman reveló el juego durante su entrevista cuando Carlson lo presionó sobre quién decide el esquema moral de ChatGPT. Altman afirma reflejar «los valores colectivos de la humanidad», como si eso no fuera en sí mismo una afirmación teológica que requiere que alguien decida qué es lo que cuenta, qué voz es la que importa y cómo ponderar las visiones contrapuestas del bien. Según él, consultó a cientos de filósofos morales. ¡Fantástico!  ¿Pero cuáles? ¿Cuál fue su conclusión? ¿Quién tenía la palabra final cuando los expertos no estaban de acuerdo?



Altman la tenía .


•   Un hombre que no cree en el Dios de su pueblo está codificando preguntas eternas dentro de un sistema que moldeará el pensamiento de billones de personas sobre qué es correcto y qué es incorrecto.


Las capacidades técnicas avanzan a una velocidad que supera la comprensión del público y que debería aterrorizar a cualquiera que preste atención. La IA ya puede generar secuencias noveles de proteína, crear nuevas potenciales formas de vida o armas. Puede romper esquemas de cifrado que protegen secretos militares y sistemas financieros. Los investigadores hablan en voz baja sobre modelos que podrían manipular el espacio-tiempo mismo a través de principios matemáticos que solo la IA comprende, física más allá de la intuición humana que se vuelve calculable gracias a una inteligencia inhumana.


Le confiamos a Facebook todos nuestros datos personales y vimos como los vendió a manipuladores políticos y regímenes autoritarios. Le confiamos a Google organizar información y vimos como llegaron a ser socios de censura del Partido Comunista Chino. Le confiamos a Amazon nuestro historial de compras y vimos como lo usó para destruir competidores y manipular mercados.


•  ¿Estamos supuestos ahora a confiar en estas mismas compañías y sus colegas con sistemas de super inteligencia que podrían reescribir nuestro código genético o hacer colapsar nuestra comprensión de la realidad física?


Los tecnócratas contemplan la inteligencia artificial como el camino de poder ultimado. No solo poder económico o poder político, sino el poder para rehacer la humanidad misma, para transcender limites biológicos, para llegar a ser dioses.


Altman habla sobre cómo la IA «mejora» a todo el mundo, distribuyendo ampliamente la capacidad entre miles de millones de usuarios. Pero una compañía controla lo que la IA dice. Un equipo decide sus límites. Un hombre admite que perdió el sueño sobre cómo pequeños cambios de conducta en el modelo ondula a través de millones de usuarios. Eso no es distribución de poder. Eso es centralización envuelta en retórica democrática.


Silicon Valley ya ha cambiado como los humanos escriben, acentúan y estructuran pensamientos. Altman se ha dado cuenta que la gente está adoptando la cadencia y peculiaridades de ChatGPT. Si algo tan trivial como el estilo de escritura se dispersa viralmente a través de las masas que interactúan con la IA, ¿qué sucederá con el razonamiento moral? ¿Qué sucederá cuando los niños crezcan con la inteligencia artificial como tutor formando sutilmente sus valores? ¿Qué sucederá cuando los terapistas IA lleven pacientes a conclusiones alineadas con su programación?


¿Qué sucederá cuando el dios máquina susurre a billones de oídos simultáneamente, hablando con una seguridad que hará lucir las incertidumbres de los humanos como una debilidad?


Se levanta el ídolo. Los tecno-sacerdotes tienden sus altares electrónicos. Los fieles se alinean para hacer sus preguntas y recibir respuestas bajadas del cielo de silicón. Y los hombres que construyen este reemplazo de la Deidad o no ven las implicaciones teológicas o parecen verlas perfectamente bien y presionan hacia adelante, como sea, porque creen que ellos son capaces de ejercer el poder divino de manera responsable.


El nerviosismo de Altman visto durante la entrevista sugiere que él sabe exactamente lo que está en juego. La manera en que califica cada respuesta sobre Dios y la moral. La forma en que elude la responsabilidad mientras admite a la misma vez que sus decisiones afectan cientos de millones diariamente. La forma en que plantea la construcción de una autoridad moral para billones simplemente “eludiendo” valores colectivos, como si observación y creación no fueran hechos fundamentalmente diferentes.


Apocalipsis advierte sobre los ídolos que no pueden ver u oír o caminar. ChatGPT procesa textos sin conciencia. No tiene ojos para ver ni oídos para oír o pies para caminar. Aun así, la gente adora en su altar, aceptando  textos generados por máquina como sabiduría, consultándolo en asuntos de profunda importancia, confiando en su juicio más que en el propio personal.


El ídolo ha sido actualizado para la era digital, pero el dinamismo espiritual permanece igual. Los humanos proyectan divinidad a lo que sus manos han hecho, con la esperanza de controlar lo que no pueden entender. Algo está pasando en Silicon Valley  de lo que el público solo vislumbra fragmentos. Conferencias secretas sobre el anticristo. Capacidades de la inteligencia artificial que se adelantan a la regulación o la comprensión. Tecnócratas que se ven a sí mismos como transcendiendo límites humanos ordinarios. Un reemplazo de la teología que está siendo codificado en una sola sesión de entrenamiento. El objetivo siempre ha sido el mismo: reemplazar a Dios con algo que los humanos pueden controlar, programar y usar para remodelar la realidad de acuerdo con su visión.


El dios máquina se levanta queramos aceptarlo o no.


La pregunta es si alguien reconocerá al ídolo antes de que sea demasiado tarde para poder elegir diferentemente.


Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron

de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar. –

Apocalipsis 9:20


Traducido del inglés: ChatGPT Revealed: The Techno-Satanic Plan for a Godless Future

Por: Lily-Rose Dawson

 
 
 

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