¿Conoces la voz de Dios?
- relojprofetico
- Jul 26, 2025
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¿Qué es oír la voz de Dios? ¿Por qué la gran mayoría de los seguidores de Jesús no oyen su voz?
En Juan 10-24-30 dice: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10:27-29
Lo que leímos es una aseveración de Jesús, de que si somos de sus ovejas primero, somos conocidos por Él. Segundo, le seguimos y tercero, oímos su voz.
¿Por qué Jesús usó la alegoría de las ovejas y el pastor? Lo hizo por el grado de cercanía e intimidad que existe entre la oveja y el pastor. Por el tiempo que pasa un pastor con estos animales se vuelven sumamente inofensivos y dóciles. Y también porque al estar todo el tiempo el pastor con sus ovejas, éstas crean dependencia de él. Conocen su voz y responden a sus instrucciones.
¿Qué hace que una oveja escuche la voz del Pastor?
Primero: Pasan tiempo con él. Los rigores del pastoreo de rebaños tiene una connotación bien prominente en la Escritura debido a la relación que guardan respecto all trato de Dios con los humanos que han aceptado su pacto.
Jehová se identificó como Pastor del pueblo de Israel. Y ahora en el pacto de la gracia, Jesús se ha identificado como nuestro Pastor. La vida del pastoreo era algo bien difícil. Requería de un sacrificio espectacular cuidar rebaños de ovejas pues las ovejas son animales extremadamente delicados. Crean una dependencia casi absoluta de sus pastores al nivel que cuando este no está a su lado se desorientan. Al pasar tiempo con el pastor, saben identificar los sonidos y vocablos. Aman estar cerca del pastor pues esto les brinda seguridad.
La pregunta que surge es: ¿Es Dios tu Pastor? ¿Conoces su voz? ¿Puedes identificarla de la voz de los extraños? ¿Conoces el sonido del Espíritu Santo cuando llega a tu vida? ¿Puedes identificar sus vocablos?
En la hora crítica que vivimos aprender a oír la voz de Dios debe sur uno de los objetivos primordiales en la vida de cada hijo de Dios. Nuestra atmósfera está cargada e intervenida por la interacción de fuerzas espirituales malignas. Quiere decir entonces que, en medio de todo este ruido, en medio de esta avalancha informativa, se hace cada vez más difícil escuchar la voz de Dios.
¿Por que? Porque la voz de Dios generalmente es un susurro, es un silbido apacible que difícilmente puede ser escuchado en el ruido de los ajetreos del mundo.
En cierta ocasión Dios se quejó de su pueblo. En el Salmo 81 dice:
Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí.12 Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos.13 ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, si en mis caminos hubiera andado Israel! 14 En un momento habría yo derribado a sus enemigos, y vuelto mi mano contra sus adversarios.15 Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido, y el tiempo de ellos sería para siempre.16 Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, y con miel de la peña les saciaría.
¿Cuáles son las consecuencias de no oír la voz de Dios? Dios nos deja a la dureza de nuestro corazón, deja que caminemos en nuestros propios consejos. Y todos sabemos los resultados que acarrea caminar por lo que yo creo o pienso.Tristemente así camina la gran mayoría del pueblo de Dios. ¿Cómo yo puedo entonces aprender a oír la voz de Dios?
Es un asunto de fe. Es un asunto de que nuestros anhelos no transciendan sus anhelos y el plan que él tiene con cada uno de nosotros. De que nuestra voluntad haya sido rendida en el altar del sacrificio, en el altar de la entrega. Hasta qué grado estoy dispuesta/o a rendir mis afectos y todo mi ser.
El que se allega a él tiene que creer. Hebreos 11:6 dice: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
Yo tengo que creer que hay una profunda disposición departe de Dios en comunicar y compartir conmigo sus secretos. Que él es mi amigo. Y así como el amigo abre su corazón, Dios quiere abrirme su corazón. Y como él sabe más que yo entonces yo me someto a él y acepto su consejo y su dirección.
Oír la voz de Dios es una experiencia. ¡Una grata experiencia! Y sólo se le puede oír en el acogedor silencio de la entrega. En el silbo apacible de la adoración y exaltación de su nombre. Todo esto lo produce el Espíritu Santo en nuestra vida.
El mundo no puede oír la voz de Dios porque no le conoce. Pero nosotros le conocemos. Y si yo le conozco me familiarizo entonces con Él y le escucho. Me siento como María a sus pies, abriendo mi oído, absorbiendo cada una de sus palabras.
Pero tenemos un enemigo que no pierde tiempo. Generalmente cuando en nuestro pastorado muchos jóvenes venían a mí porque estaban enamorados y no sabían cómo desenvolverse en las delicadas relaciones sentimentales, yo les daba un consejo. Haz que tus sentimientos sean entre tres: La muchacha o el muchacho, tú y Dios. Lo demás, como dice el dicho, es una multitud y las multitudes confunden. Crean divisiones, malentendidos y desánimos. Si algo disfruta una persona es inmiscuirse en los vulnerables sentimientos de los enamorados.
Esto también se aplica a nuestro adversario el diablo. Sus tácticas para desviarnos de la dulce comunicación con nuestro pastor son innumerables: cansancio, confusión, sueño, incredulidad, etc., etc. ¡Qué no hace el enemigo para impedir que escuchemos la voz de nuestro amado Pastor!
¿Cuál es su táctica más eficiente? Desarrollar un espíritu de incredulidad. Jesús le había hablado a aquella gente conocedora de la Escritura. Ellos eran parte del pacto. Ellos esperaban a su Mesías. Ellos ayunaban dos veces en semana, iban todos los sábados a la sinagoga, guardaban hasta el más estricto mandamiento de la ley.
Pero tenían un problema grave. Y me tomo la libertad de parafrasear las palabras que Jesús les dijo: “Yo les he estado hablando a ustedes, pero ustedes no creen. He ido más allá de las palabras y les he testimoniado, ni aun así creen.”
¿Por qué no creían? Porque tal y como una oveja deja de pasar tiempo con su pastor, aquella gente no quería ser parte del rebaño y se habían convertido en extraños. No pasaban tiempo con su Pastor. Por eso no conocían la voz de su pastor. ¡Qué terrible!
Fuimos testigos del infortunio de un hombre que estuvo casado como 40 años con una honorable mujer. Nunca se fijó en los delicados detalles de fidelidad y devoción que aquello frágil mujer mostraba día a día con aquel a quien ella decía era su esposo, el hombre que Dios le había dado. Nunca la valoró y dejó pasar los momentos más hermosos que puede tener un matrimonio de demostrar atención y afecto. Él siempre la vio como un estorbo a todo lo que él quería hacer; como un insignificante accesorio más en su ocupada vida llena de ambiciones y proyectos.
Hasta que Dios se la quitó del lado. Hubo un momento en que el sendero recto que Dios había trazado para ellos se tornó en dos vertientes. Y vino la división. Cuando se vio solo, transitando por el difícil sendero de la vida, entonces entendió lo que había perdido. El resto de su vida la pasó llorando y lamentándose pues nunca pudo recuperar lo perdido.
Así les pasará a muchos creyentes. Toda una vida Dios ha estado detrás de ellos intentando que le escuchen, pero llegará el momento en que el sendero se tornará en dos vertientes. Y estarán entonces como la doncella de Cantares, corriendo detrás del Amado. Inquiriendo a los profetas, buscando mensajes, consultando a aquí y allá. En su desesperación por haber perdido la presencia de Dios, Saúl dio su última estocada: consultó a una adivina.
Hace poco el Espíritu me dejaba ver como en su desesperación los creyentes están haciendo de los Chatbots sus videntes. Y el Espíritu me decía: “Correrán la misma suerte de Saúl.”
¿Por qué? Porque no conocen la voz de Dios. Porque nunca quisieron aprender a oír la voz de Dios y cuando le oían no obedecían. Porque nunca quisieron pagar el precio que envuelve oír la voz de Dios. Y aquí está el detalle.
La Escritura dice: Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?
Sólo en el secreto del silencio, lejos del bullicio de la vida y las constantes ocupaciones, podremos oír la voz de Dios. Llegará el momento que esto se convertirá en la búsqueda más infructuosa del ser humano. En Amós 8:12 dice: E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.
La voz de Dios escaseará como escaseó en los días de Samuel. Y cuando la lámpara estuvo a punto de apagarse, un acto de misericordia fulguró como un destello en la vida de un jovenzuelo quien se convirtió en el canal a través del cual Dios comenzó a hablar al pueblo. !Hoy hace falta un milagro de tal magnitud en la descuidada iglesia del Cordero! !Oremos por ese milagro!




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