Cuando los grandes hombres y mujeres de Dios dudan
- relojprofetico
- Nov 3, 2025
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Por Ana Ríos 3 de noviembre 2025 La Biblia presenta muchas historias peculiares. Y más que historias, experiencias plasmadas en el lienzo de la vida que sirven de luz. Son faros en la oscuridad. Son pautas, senderos misteriosos que iluminan pensamientos durante las turbulencias de la vida cuando los fuertes vientos azotan las débiles embarcaciones.
Cuando a veces se oscurece nuestra senda y no vemos el camino, el Espíritu Santo quien es el que nos guía a toda verdad, nos insta: Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, ve, sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores. Cantares 1:8
Seguir las huellas del rebaño es aprender de las experiencias de otros, sobre qué hicieron en la hora de la duda. Qué hicieron cuando las sombras se agolparon sobre sus almas abatidas. Entonces Dios nos dejó historias plasmadas en el Sagrado Libro para darnos luz y dirección.
Una de estas historias es la de Juan el Bautista. En cierto momento Jesús dijo en Lucas 7:28: Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista…
Sin embargo, aun a pesar de esas palabras dichas por Dios mismo aquí vemos a Juan, metido en un calabozo. El gran heraldo de Cristo. El que había anunciado que el que venía detrás de él, ni aun era digno de desatar la correa de su calzado.
Generalmente, nosotros los humanos tenemos un lente muy diferente para ver las cosas, especialmente los grandes propósitos de Dios. Quizás hasta el mismo Juan vislumbraba aquel reino que se establecería pronto como la realización grandiosa de años de espera donde tronos, jinetes, armamentos, monumentos grandiosos de gloria humana serían desplegados como el cumplimiento de lo que fue anunciado por los antiguos profetas.
Los pensamientos lanzados como dardos quizás estaban debilitando la esperanza del fogoso predicador. Las celdas romanas eran castigos crueles para los prisioneros, no importando el crimen. Fuera enemigo del estado o un homicida. Quiere decir que todo, todo lo que se volcaba en derredor del Bautista tomaba un curso diferente de lo que quizás él había esperado.
¿Habría obrado bien? ¿Constituía parte de su vocación divina no solo haber denunciado a Herodes, sino también haberse enfrentado directamente acusándolo sobre su adulterio con la mujer de su hermano? En cierto momento dijo a aquella generación que el hacha ya estaba puesta a la raíz de los árboles y que todo árbol que no diera buen fruto sería cortado y echado al fuego. Quizás intentó entonces enarbolar el hacha él mismo, haciendo las cosas a su manera. ¡Estos y cuántos pensamientos más estarían quizás golpeando la mente del profeta!
Dia a día Juan era llamado por Herodes mientras estaba encerrado en aquella torre pues la Biblia dice que Herodes lo escuchaba y le temía. Temía a aquella figura que contrastaba con todo lo que él era y que quizás en lo más profundo de su ser se elevaba como un ideal de pureza, de redención para su vida desquiciada. A veces el temor más grande del hombre es enfrentar su propia realidad. Y cuando esta se ve reflejada apareciendo lo que ellos debieron ser o haber alcanzado, se espantan.
No, no basta sólo desear la santidad. No basta sólo desear la pureza. Estas cosas tienen que convertirse en objetivos en la vida de cada ser humano. Tienen que ser perseguidas a como dé lugar. La santidad tiene que ser peleada y luchada en el ruedo de la carne y el mundo. Peleada y luchada hasta hacer morir todo deseo malsano, todo deseo por el mundo y por el pecado. Hasta hacer morir los instintos más bajos de la carne. Peleada hasta la muerte. Hasta la muerte del yo.
La bendición por la cual Jacob peleó envolvía también la ascensión hacia esta esfera, alcanzar ese ideal ya olvidado por el hombre que es la santidad. Pues es como único nuestra distorsionada visión puede apreciar la hermosura del rostro de Dios. Y Herodes no estaba dispuesto a pagar ese precio.
Si no consumimos y hacemos morir los deseos de nuestra naturaleza caída, estos terminan matando todo deseo y anhelo de santidad. Entonces la vida humana se vuelve en algo estéril, sin propósito, sin vida. En este nivel hacemos cualquier cosa. Es en este nivel que los padres abandonan sus hijos, las madres abortan sus bebés, en fin, toma lugar toda la podredumbre que observamos día a día alrededor nuestro.
Herodes estaba en la misma condición de Saúl. Una vida atormentada. Era un hombre desquiciado. Juan era su antítesis, igual que David de Saúl. Juan había logrado llegar a un pedestal de gloria a través de la negación propia, la obediencia y el sometimiento a Dios y a su misión.
Herodes había descendido hacia los niveles más bajos de degradación humana enfervorizado por ansias de glorias y conquistas humanas. Juan representaba todo lo que Herodes había perdido.
Para Juan éstas eran entrevistas inútiles que cansaban su alma. Un alma acostumbrada a la soledad del desierto y a la mansa presencia de Dios. Esta alma que sólo se alimentaba de horas solitarias pasadas con Dios, ahora era acribillada por un espíritu perturbado. Una mente que desvariaba. Todo esto fueron ardides de satán para quebrantarlo y llevarlo a la turbación.
Los discípulos de Juan se sintieron marcados por el fracaso al no entender el propósito y no poder abarcar todo el panorama de lo que envolvía el grandioso plan de salvación de la humanidad. Un plan aun encubierto para los ángeles y que sólo dependía de una sola promesa casi incomprensible: 15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Génesis 3:15
Los ángeles, igual que los seres humanos sabían de las promesas, pero aún el plan sobre cómo se cumpliría la promesa no había sido revelado. Sólo en visiones esporádicas fue vislumbrado por los profetas. Y ni aun entendían éstos lo que sus ojos espirituales vislumbraban.
Juan no sólo estaba siendo presionado por la presencia de un hombre perturbado y sin fe, también por sus discípulos quienes veían tan rápidamente desvanecerse sus esperanzas al ver su líder en un calabozo. Esto causaba un dolor profundo en el profeta al ver dispersada y en tan breve tiempo su misión. Una misión breve que no vio coronados los largos y rigurosos ayunos y estadías en los desiertos. Las preguntas que surgían a la mente del Bautista eran como serpientes que se enroscaban en su cabeza.
¿Qué si después de todo había sido una terrible equivocación de su parte? El curso de los acontecimientos eran todos contrarios a las expectativas. Ahora era un presidiario del hombre a quien había hablado con una autoridad que nadie se había atrevido antes. ¿Quién le hacía frente al hombre que era temido por todos? Herodes había matado casi toda su familia, incluyendo su esposa de quien vivió apasionado. Sin embargo, Juan se atrevió a desafiarlo y señalarle su pecado.
Si verdaderamente él era el tan esperado Elías jamás hubiera caído en manos de Herodías, la malvada adúltera, como Elías nunca cayó en las manos de la malvada Jezabel.
¿Qué hacía el supuesto Mesías? Ni aun lo había ido a visitar. Todas las noticias que le llevaban sus discípulos, quienes no se despegaban de los predios de su cárcel eran que estaba de fiesta en fiesta con publicanos y pecadores, algo que Juan nunca había hecho.
¿Era todo real? ¿Había llamado? ¿Había ministerio? ¿O fue todo un craso error de un anciano sacerdote que alegaba haber hablado con un ángel?
Frente a estas incongruencias e incomprensibles circunstancias de lo que son los propósitos de Dios, de cómo trabaja el plan de Dios, es que los grandes hombres se tambalean en piso arenoso de la duda. Sí, porque los grandes hombres y mujeres de Dios también son hostigados por lo incomprensible. Por lo que su visión no puede abarcar.
En esta hora muchos hombres de Dios languidecen en un lecho de enfermedad. Muchos son incinerados por un cáncer en su cuerpo. Otros recluidos en cárceles y hospitales. Muchos están endeudados, sin trabajo. Ahora mismo miles están siendo torturados de la manera más cruel por las turbas islámicas.
Leí la historia de una familia completa que fue enterrada viva en Corea del Norte simplemente por ser cristianos. Rehusaron negar su fe en Jesús y prefirieron el martirio. Estos son los grandes ante Dios. Son hombres, mujeres y jóvenes de estatura. El mundo no es digno de ellos.
La eternidad testimonia a favor de ellos. Los ángeles se sienten insignificantes al lado de ellos. Son corazones frágiles, que sólo han palpitado para Dios. Han respirado para Dios. Corazones frágiles que en algún momento dudaron del plan de Dios por no haber entendido su magnitud. Por no haber entendido cómo Dios se mueve en lo pequeño, en lo incomprendido e insignificante.
Como está en la Escritura: 27 …lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. 1 Corintios 1:27-29
En algún momento estos grandes hombres y mujeres dudaron por no haber entendido que muchas veces Dios nos exhibe como dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 4:9-13 …como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. 10…insensatos por amor de Cristo, …débiles, …despreciados. 11 Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. 12 Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. 13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.
Para el cielo, las obras de los que aman a Dios, los que conforme a su propósito son llamados, nunca están marcadas para el fracaso, todas obran para bien. Sus historias están siendo escritas por los ángeles y a través de los eones del tiempo, de eternidad a eternidad, serán relatadas como hazañas heroicas.
Un gesto, una lágrima, una palabra de aliento, un susurro a Dios, una oración en lo secreto, la vez que llevamos al drogadicto al restaurante… las veces que amamos sin ser amados, todos estos nobles actos llenan las páginas de los libros de historia de los redimidos. Una historia que seguirá marcando la eternidad.
Historias que serán narradas por toda una hueste de seres y criaturas angelicales pues están esculpidas como testimonio de que todo fue por amor. Vamos a la iglesia porque amamos a Dios. Ofrendamos y diezmamos porque amamos a Dios. Oramos porque nos apasiona hablar con Él. Ayunamos porque no solo vivimos de pan, Él es nuestro pan. Nos vestimos intentando agradarle a Él. Él es nuestra vida… nuestra única razón de respirar y existir.
Todo es por amor. Por amor Él derramó su sangre, por amor le damos nuestra vida, le damos nuestro aliento.
Quizás tengamos en un momento dado que transitar las movedizas arenas de lo incomprensible donde la duda, el temor y la ansiedad se convertirán en aguijones del camino. Pero Dios testimoniará de nuestra grandeza y no se avergonzará, como dice la Escritura, de llamarse Dios nuestro. Es que anhelamos algo mejor, esto es lo celestial, donde Dios nos ha preparado una ciudad.
Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Hebreos 11:16



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