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¡Cumple tu destino!

  • relojprofetico
  • Oct 29, 2024
  • 8 min read

Updated: Dec 22, 2024



Llegó a mis manos un relato sobre dos águilas en una jaula. Cuán cierto sea, no sé, pero lo he tomado como una analogía que nos enseña que cuando nos desenfocamos del verdadero propósito para el cual Dios nos trajo a esta existencia, fracasamos. Cuando no seguimos la ruta que ya fue trazada para nosotros aun desde antes de nacer, y cumplimos nuestro propósito en la tierra las consecuencias son funestas. 

 

Había un par de águilas cautivas. Las habían capturado muy pequeñas, menos de dos semanas de edad, y las encerraron en una jaula enorme. Con el paso de los años siguieron creciendo hasta llegar a ser dos magníficas y hermosas aves de su especie. Tenían unas enormes alas que extendidas median de más de cinco pies.

 

El dueño relató que había tenido que salir en un prolongado viaje. Durante su ausencia unos muchachos del barrio abrieron la jaula y dejaron los pájaros en libertad. Inmediatamente las águilas respondieron al profundo instinto para el cual habían sido creadas. ¡Querían volar! Su destino eran las alturas. No fueron creadas para estar encerradas en una jaula. Desesperadamente intentaron alzar el vuelo, pero comenzaron a dar tumbos alrededor de la aldea.

 

Luchaban por volar, pero caían. Volvían a intentarlo, pero caían.  Batían las alas en esfuerzos inútiles por elevarse, pero volvían y caían. Una cayó en un arroyo de agua y se ahogó. La otra, con esfuerzos inútiles logró subirse a una rama, pero allí uno de los muchachos cruelmente la mató. 

 

¡Qué fin trágico! Estas águilas tenían que haber respondido a su destino. Al plan trazado por Dios que no era vivir encerradas en una jaula. Su destino era volar, surcar los aires. Ascender hacia las cumbres y realizarse en lo que ya había sido designado para sus vidas. Tenían que haberse ejercitado en la misión designada para su vida. Tenían que haber fortalecido sus alas volando hacia las alturas.

 

A veces nos vemos nosotros mismos como aquellos pequeños aguiluchos y en momentos dados las circunstancias nos acorralan. Otras veces nos quedamos enjaulados dentro del camino que parece ser fácil. Nos ponemos renuentes ante los rigores que requieren alcanzar aquello para lo que fuimos creados. En muchos casos son las trabas que nos pone el enemigo en el camino. En otros somos nosotros mismos que nos encerramos en nuestras propias ideas y percepciones de lo que es seguir a Cristo, de lo que es cumplir con nuestra misión en la tierra.

 

El apóstol Pablo dijo: No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:12-14

 

Tengo la convicción personal de que además de las responsabilidades de familia, de ciudadanos, hijos, padres, etc., todo ser humano nace con una finalidad en su vida, con un propósito santo enmarcado dentro de los sublimes y eternos planes del Señor.

 

En Ezequiel 18:4 Dios dijo:  He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.

 

Quiere decir que cada alma nace con un propósito santo, con una misión que cumplir aquí en la tierra. No importan las circunstancias del nacimiento.

Jefté fue hijo de una prostituta, pero descubrió su destino en la vida y se convirtió en uno de los líderes más destacados que tuvo la nación de Israel.

Ruth, la moabita era una pagana, pero buscó su lugar en Dios. Rahab la ramera era otra pagana y asió aquello para lo cual había sido asida.

 

Y así como estos, hay muchos ejemplos en la Biblia que nos indican que vinimos a esta tierra dentro de unos propósitos santos y eternos. El problema es que cada cual escoge su propio camino.

 

No importa el momento, ni el lugar. No importan las circunstancias, un ser humano puede ascender del estado más profundo de rebelión, o de depravación pues dentro de sí está cincelada esa imagen de Dios. Imagen que lo ennoblece y lo ubica en el lugar de estos gloriosos y potentados propósitos. El asunto radica en que cada uno carga con una responsabilidad suprema y desde el momento que comenzamos a tener conciencia que nuestra única misión en la tierra no es comer o levantarnos cada día y reportarnos al trabajo o a la escuela tenemos entonces que enfocarnos y con todas nuestros anhelos y fuerzas hallar nuestro destino en Dios.

 

Nuestro destino en Dios no es estar encerrados en una jaula como las dos águilas mencionadas. ¡Dios nos creó para las alturas! Nos dio águilas para ascender y volar y hacer nuestros nidos en las alturas. Hay que inquirir y descubrir ese propósito. Hay que amistarse con Dios y hacer nuestro nido en su lugar secreto.

 

¿Qué es ese lugar secreto? Es donde está la presencia de Dios. Es donde hallamos a Dios. El altar aquí en la iglesia… allá en el cuarto o el lugar de oración.

 

Descubrimos este propósito cuando pasamos largas horas con Él. Cuando renunciamos a nuestros sueños y comenzamos a vivir los sueños de Dios.

Pero es peligroso cuando nos acomodamos dentro de los barrotes que nos ha metido el enemigo o nos resignamos quedarnos donde nos han tirado las circunstancias nefastas de la vida.

 

Muchos hijos de Dios ven ciertas circunstancias negativas de sus vidas como si fuera el plan de Dios para ellos. ¿Por qué? Porque se desenfocaron del plan original. Tenemos que enfocarnos en saber qué es lo que dice el cielo, qué es lo que quiere Dios para nosotros o qué es lo que ya nos ha dicho Dios.

 

Ninguno de los hombres de Dios escogió el camino por donde quería caminar. Ninguno escogió su ministerio. Ninguno decidió dónde quería vivir, y los que lo hicieron cosecharon consecuencias nefastas. Porque si queremos caminar con Dios tiene que ser conforme a las reglas de Dios.

 

Cuando los ancianos de Israel tomaron la iniciativa de pedir rey, las consecuencias fueron desastrosas. Costó la vida de millones de inocentes. El pueblo sufrió muchas calamidades. Cuando Lot eligió las llanuras de Sodoma, lo perdió todo. Sus yernos, sus esposas y sus hijas se depravaron. Si no llega a haber un hombre en la brecha que intercedía por él hubiera perdido hasta su propia vida.

 

Cuando Jonás escogió ir para Tarsis en lugar de Nínive, se desató una tormenta que casi le cuesta la vida de él y la de otros inocentes. Unos hombres impíos se pusieron en la brecha. Todo aquel que ha querido trabajar en los asuntos del reino a su manera, conforme a lo que él considera que es beneficioso sin la aprobación del Espíritu Santo está en problemas. 

 

Todo acto originado en el corazón del hombre, si no está bajo el control del Espíritu Santo, es engañoso. Porque nuestras pasiones se generan en pensamientos vanos.  Acciones mediatizadas. Decisiones erradas que afectan gravemente el plan de Dios en su implementación del reino. 

 

Había un hombre de Dios que buscaba dirección respecto a una iglesia que quería pastorear. El camino que Dios le había señalado era otro. Lo que Dios le había dicho no estaba en sus perspectivas. Primero porque la revelación no le fue dada directamente a él. Dios usó una segunda persona para hablarle. Y segundo, porque era una decisión drástica. Era una decisión de romper con lazos sentimentales. Había que dejar muchas cosas.  Dios lo había enviado a un lugar que él no quería ir.

 

El hombre de Dios le había puesto señales a Dios. Y como Dios no hace las cosas como nosotros queremos que Él las haga, Dios no le habló directo a su persona. Le habló a través de un humilde instrumento. El instrumento de Dios tuvo una revelación. En la revelación vio un ángel glorioso que subía una cuesta empinada hasta llegar al lugar adonde él estaba y le dio un mensaje para el hombre de Dios. Le dijo: “Dile que la señal que él puso a Dios no le va a ser contestada. Y te voy a mostrar por qué.”

 

Lo llevó a un lugar alto y desde allí le mostró el planeta tierra. Vio muchos países y le dijo: “¿De quiénes son esos dominios?” La persona se quedó callada pues no sabía. Entonces le dijo: “Esos son los dominios de….” [Y le mencionó el nombre de la organización a la cual él pertenecía.]

 

Entonces le dijo: “La petición no va a ser contestada porque tal Organización no está bajo la jurisdicción de Dios porque la voluntad de sus líderes está en conflicto con la voluntad de Dios.”

 

Aquel siervo de Dios prosiguió en su empeño porque pensaba que él no podía equivocarse. Que él siempre había oído la voz de Dios de una manera personal y ¡cómo era posible que Dios le hablara a través de otro instrumento!

 

Pensó que los sentimientos de negación que lo invadían era el trato del Espíritu Santo en su vida. Y aunque lo que el ángel había dicho se cumplió porque el mismo día que debieron haberlo instalado en la iglesia que él pensaba quedaron frustrados los procesos, aun cuando ya todo había sido canalizado, no obedeció a lo que le había sido dicho. ¿Resultados? Un ministerio que no culminó su finalidad y una vida acortada. 

 

El profeta Amos dijo: ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?   Amós 3:3

 

En 1 de Reyes 13 hay una enseñanza para nosotros sobre un profeta joven que frustró su ministerio. Un llamado en los albores de su gloria, cuando en lugar de seguir las instrucciones específicas que le habían llegado del cielo optó por una segunda opinión y siguió el consejo de otro ministerio frustrado, un profeta viejo.

 

Cuando estos ministerios frustrados siguen funcionando, fabricando su propio aceite y usando su propia unción y no la del Espíritu Santo causan mucho daño porque desvían a otros del camino.  La desobediencia lleva a salirse del lugar secreto que es donde único recibimos instrucciones del cielo. La rebeldía detiene los procesos de Dios en la vida de los individuos.

 

Estos profetas viejos, sin unción, comienzan a dar sus propias profecías e inspiraciones. ¡De verdad que hay que ser humilde para admitir que nos equivocamos! Pero muchos no están dispuestos a pagar el precio de la humillación, de admitir que se han equivocado entonces comienzan a fabricar su propia unción y desvían a muchos del propósito de Dios.

 

¡Busque su lugar en Dios! Muchos piensan que la realización de grandes propósitos en su vida es lanzarse a otros países u ostentar títulos como pastor, evangelista, etc. Si ese es tu lugar en Dios realízate entonces con todas tus energías y llega a la meta. Pero mi lugar en Dios no es necesariamente estar en plataforma. El lugar en Dios de Ana era estar en el templo de donde no se apartaba haciendo oraciones y ayunos. Dios le dio el privilegio que muchos desearon y fue ver al Mesías. 

 

Estoy traduciendo un libro ejemplar del Pastor Richard Wurmbrand. En cierto momento recibió un mensaje del Señor: Trabajaría con Jesús y los santos para construir un puente entre el bien y el mal; un puente de lágrimas, oraciones y sacrificio propio para que los pecadores lo atravesaran y se unieran a los bendecidos. El puente tendría que ser de tal forma que aun los más débiles pudieran usarlo. Se le dijo que tenía que amar a los seres humanos tal y como eran, no como lo que deberían ser.

 

Pero construir aquel puente envolvía construir un carácter, y construir un carácter toma tiempo, a veces años. En ciertos casos toda una vida. Así fue como el Pastor Wrumbrand pasó parte de su preciosa vida en una cárcel comunista en Rumania. El puente que construiría Wurmbrand envolvía una ruptura. Romper con lazos familiares, eclesiásticos… lazos institucionales. Dios tuvo que vaciar la mente de aquel hombre llena de libros y títulos humanos para que hubiera espacio sólo para su presencia.

 

Como a Pablo, Dios lo metió en un desierto. Por catorce años estuvo en una prisión comunista. Dos años en confinamiento solitario. Allí fue que vio a Dios.  Cuando se desenfocó del ajetreo humano y se vio obligado a tener sus ojos puestos sólo en Jesús. Cuando encontró su lugar en Dios, cuando encontró su destino y comenzó a cumplir con él.

 

¿Has encontrado tu lugar en Dios? ¿Estás cumpliendo con lo que está escrito en el libro de Dios para ti?

 

¡Cumple con tu destino!

 

 

 

 
 
 

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