¿Cómo vamos a utilizar la autoridad conferida por Dios?
- relojprofetico
- Jul 31, 2025
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En los años 60 el retrato de un niño ocupó todas las primeras planas de los periódicos en EEUU. Le llamaban el niño prodigio. Un niño de 5 o 6 años, con una unción especial del cielo, una palabra profética especial y una elocuencia que hacía callar a los más grandes oradores. El niño se subía a los púlpitos de las iglesias y los grandes estadios donde multitudes acudían a verlo.
Aquello era algo único, pero igual que tantos otros casos, los padres del niño carecían de la visión para entender la magnitud espiritual de aquel regalo llegado del cielo. Embriagados con el espíritu materialista de la época no protegieron la vida espiritual del niño. No entendían que la autoridad conllevaba compromiso conforme a las demandas del reino. Comenzaron entonces a exhibir al niño como un trofeo. Es más, comenzaron a utilizar al niño para proyectarse ellos mismos y así poder realizar sus ambiciones materialistas.
¿Cuál fue el resultado? Años más tarde, ya entrado en la adolescencia aquel jovencito sucumbió. Estaba lidiando en un ámbito espiritual que requería una cobertura especial, en este caso de sus padres terrenales. Pero éstos no cumplieron con su responsabilidad de proteger y servir de escudo aquel niño. En lugar de pedir sabiduría y pelear por el niño la batalla espiritual para la cual él no estaba preparado, comenzaron a satisfacer unos intereses personales egoístas. Un día el niño, ya hecho un joven, fue hallado muerto intoxicado por el alcohol.
¿Fue Dios arbitrario? No. Cada cual es responsable por la autoridad conferida. En el caso de este niño, tanto el padre como la madre eran responsables por su hijo y debieron protegerlo con sus oraciones. Debieron haber puesto la Palabra divina como lámpara a sus pies. Dios nos garantiza bendiciones, protección y victoria si vivimos en el orden de Dios y usamos su autoridad con responsabilidad.
¿Para qué Dios da los dones a la iglesia? ¿Para prodigarlos a diestra y siniestra? ¿Podemos echar los demonios a todos los endemoniados que se cruzan en nuestro camino? ¿Cómo vamos a utilizar la autoridad espiritual recibida? ¿De acuerdo con nuestros criterios o de acuerdo con las directrices del Espíritu Santo?
Toda investidura de autoridad conlleva una responsabilidad. Ésta no está exenta de riesgos y pérdidas ¿Por qué? Aun sabiendo que llevamos este tesoro en vasos de barro (2 Cor. 4:7), que somos instrumentos limitados y que el único conocimiento que tenemos del mundo espiritual es aquel que nos revela Dios a través de su Espíritu Santo muchas veces nos arriesgamos a poner nuestro pie más allá de los límites establecidos por Dios. Hay tres errores que comúnmente son cometidos:
1. Pensamos que lo que tenemos es nuestro.
2. Queremos hacer las cosas a nuestra manera.
3. No nos gusta someternos a la autoridad.
Estos errores graves han costado mucho a los intereses del reino. Vamos a presentar un ejemplo, el caso del profeta viejo en 1 Reyes 13.
Esta es una historia poco usual y casi incomprendida. Una historia que está conectada a nuestro tiempo, un tiempo donde se repetiría este momento crítico de Israel. Este es un tiempo de oscuridad espiritual y de apostasía, un tiempo donde la verdadera adoración a Dios está siendo desviada hacia un culto extraño. Un culto pervertido y contrario a lo establecido por Dios.
Fue esta misma oscuridad que cubrió a Israel en ese tiempo. Jeroboam, un rey a quien Dios llama, deposita su confianza en él y lo unge como rey con la promesa de hacerle una dinastía, toma las cosas espirituales por su cuenta y conforme a sus razonamientos y manera de ver las cosas corrompe el culto a Dios.
Jeroboam rompió todos los parámetros violentando todo lo que concernía al culto levítico. Erige su propio altar y por su cuenta nombró un sacerdocio e impide al pueblo a ir al templo de Dios en Judá. Me imagino escuchar la voz de Jeroboam: “He tenido palabra profética departe de Dios, he tenido revelación. Levantemos un nuevo lugar de adoración, olvidémonos de estos levitas legalistas que quieren tener al pueblo esclavo de sus tradiciones. Salgamos de la vieja levadura. Yo he venido a libertarlos a ustedes de la esclavitud de un sistema rígido y legalista.”
Esta acción de Jeroboam se asemeja mucho a la nueva teología y eslóganes de supuesta liberación de muchos líderes que vociferan y dicen como el Salmo 2: Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo:3 Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. (Salmo 2:-1-3)
Ese es el espíritu que controlaba en aquella hora de apostasía del tiempo de Jeroboam y el que controla a gran parte de nuestro sacerdocio espiritual de este tiempo.
La historia del varón de Dios que es enviado con un mensaje a Jeroboam no está escrita por coincidencia. Es una historia que se ha repetido a través de los años en aquellos que fungen bajo la autoridad de Dios. Vemos que no se menciona el nombre del varón de Dios porque lo que se procura resaltar aquí no es el nombre sino la acción negligente de un hombre que recibe unas instrucciones precisas del cielo, pero es seducido por una voz extraña a hacer lo contrario.
Satán sabe que los hombres que caminan con Dios en estos niveles difícilmente son seducidos por las tentaciones mundanales. Este varón de Dios difícilmente hubiera podido ser seducido por el dinero, por la comida o por cosa material alguna pues en el verso 7 y 8 se hace énfasis de que rotundamente rechazó la oferta del rey.
Sin embargo, este hombre de Dios tropezó con un problema: confió en su propio razonamiento. El que camina con Dios lo primero que tiene que sacar de su panorama es caminar por el sentido común, la lógica humana. Somos ampliamente advertidos en la divina palabra sobre esto.
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. (Jeremías 17:9-10)
Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte. (Proverbios 14:12)
La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón. (Proverbios 19:3)
De Jehová son los pasos del hombre; ¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino? (Proverbios 20:24)
odo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero Jehová pesa los corazones. (Proverbios 21:2)
Este varón de Dios perdió de vista la realidad espiritual sobre el precio que el infierno tiene sobre la cabeza de los voceros de Dios y que Satán usará aun aquello que parece legítimo para desviarlos del propósito divino. El varón de Dios tropezó con algo que fue y ya no era. Si se hubiera detenido y usado el discernimiento espiritual que Dios da a cada uno de sus servidores hubiera entendido quién era el que le hablaba.
Aquel profeta viejo en un tiempo fue un hombre de Dios, pero quizás a raíz del descuido espiritual, la unción fresca, el maná fresco que hay que recoger cada mañana yacía corrompida en su depósito. Mintió al varón de Dios. ¿Cómo Dios le iba a dar una palabra a este profeta viejo si ya el varón de Dios había tenido señal de confirmación del cielo? Y como dice el dicho: “No todo lo que brilla es oro”. Bastaba nada más esto para que sirviera como señal al varón de Dios de no torcer su camino y desobedecer las instrucciones de Dios.
¿Quién no se entera de todo lo que se mueve a su alrededor en estos mundos de Dios? Por lo tanto, el varón de Dios tenía que tener alguna noción de que aquel era un instrumento vacío y sin vida de Dios. ¿Cómo iba pues a aceptar una palabra profética de alguien que no tiene vida con Dios o de alguien que camina contrario a Dios?
Aquel profeta vacío de vida de Dios quería traficar con la fresca unción recibida por el varón de Dios porque la unción es algo que se evidencia en todas las facetas de nuestra vida.
Si algo envidia Satán de nosotros es lo que él ya perdió: la unción fresca del Espíritu Santo. Si algo envidian los detractores de la época apóstata que vivimos es la unción fresca que Dios ha depositado en aquellos que viven en el secreto de Dios. Y entran en negociaciones con palabras de mentira y engaños para seducir a los hombres y mujeres de Dios para sus propios intereses personales y egoístas.
Hay dos casos que coinciden con la trágica historia del varón de Dios enviado a Samaria. La historia de Elvis Presley y la historia de Whitney Houston. Ambos cantaban como un ángel y ambos fueron seducidos ante la falacia de rendir un servicio a Dios desde cierta plataforma controlada por los mercaderes de la época.
Por eso es que el Espíritu Santo nos advierte en 2 Peter 2:1- 3: Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.
(2Pe 2:1-3 R60)
¿Por qué día a día vemos sucumbir ministerios poderosos? ¿Por qué vemos languidecer de la noche a la mañana hombres y mujeres de Dios saturados con una unción especial para la hora? ¿Por qué? Porque abren sus oídos a los viejos profetas que están fabricando su propio aceite. Por seguir la avaricia y la corriente de la época han perdido su conexión del que nos renueva con aceite fresco día a día, el Espíritu Santo.
Tristemente muchos varones de Dios de esta época comienzan a sacar ventaja de lo que Dios ha depositado sobre ellos. En lugar de convertirse en instrumentos de Dios, convierten a Dios en su instrumento.
Cuando usted examina sus agendas las tienen tan y tan saturadas que apenas dejan espacio para nutrir su relación con el Espíritu Santo. Y es aquí donde comienza el problema grave pues se convierten en profetas viejos y caídos. Estos profetas viejos son como las serpientes en el camino que hipnotizan a sus víctimas diciéndoles: “Grande ministerio hay”, “Algo grande te espera”, “Jehová ha dicho”, cuando Jehová no ha dicho nada.
Escuché la historia triste de un gran varón de Dios quien fue ungido por el Espíritu Santo para el evangelismo. Su misión era evangelizar las masas en esta gran urbe americana. Dios lo tenía en las grandes pantallas y plataformas de la nación. Las cosas que Dios hacía con aquel hombre había que verlas para creerlas. La sabiduría que Dios le había dado no se igualaba a nada aquí en la tierra. Nos quedábamos absortos oír aquel hombre sin letras hablar de los misterios del evangelio.
Sin embargo, su propio razonamiento lo llevó a contemplar la idea de que las cosechas grandes de almas deberían estar bajo su propio dominio. Para él no había iglesia que fuera capaz de albergar a aquellas almas e instruirlas y ayudarlas a crecer. Su unción recibida fue para la evangelización, pero él quería usarla para el pastorado y levantó su propia iglesia. Allí comenzó su caída. Hoy está como el profeta viejo.
¿Por qué? Porque lo que tú tienes, lo que yo tengo no es nuestro y con lo que no es tuyo tú no puedes hacer lo que te da la gana, sino te expones a pérdida. Por algo Dios puso una cláusula en uno de los ministerios que más ha pervertido el orden de Dios, la profecía. Dios puso la iglesia para custodiar este don. Tal y como sucedió con el ministerio profético del Antiguo Testamento, el ministerio profético de la iglesia está siendo viciado y ha estado desviando a los siervos de Dios hacia la doctrina de Jeroboam y a cometer los mismos errores del varón de Dios que amonestó a este rey.
Si de algo somos responsables ante Dios es de la autoridad que Él ha depositado en cada uno de nosotros. Investidos con esta autoridad podemos introducirnos dentro de los cuarteles del enemigo, echar fuera demonios, hollar serpientes, sanar enfermos, predicar, cantar, evangelizar, pastorear y si tomamos cosa mortífera no nos hará daño.
Pero ¿en qué parámetros, en qué momento, en qué medida y cuándo podemos ejercer esta autoridad? Aquí es que tenemos que entender que esta autoridad no es nuestra. Nos ha sido conferida con directrices, instrucciones y advertencias. Cuando Dios deposita en Moisés la tarea de construir el tabernáculo le hace una seria advertencia: “Mira y hazlo conforme al modelo que has visto…” (Exo. 25:40; Éxo. 26:30; Núm. 8:4; Hechos 7:44; Heb. 8:5. Y el apóstol Pablo nos hace una seria advertencia: Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. (1Co 3:11 R60)




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