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El beso del Maestro

  • relojprofetico
  • Nov 28, 2025
  • 8 min read

El libro de Cantares es uno de los libros más hermosos y de profundidad espiritual que hallamos en la Biblia. Es un poema, un canto de amor que tipifica la relación íntima entre la Novia del Cordero y su Amado. Las mentes profanas no pueden entenderlo porque fue escrito para aquellos que han tenido una verdadera y profunda experiencia con Cristo a través de la purificación de su sangre sacrificial.

 

Cantares habla de amor. Habla de la agonía de un amor perdido. Habla de ausencia, de angustias y derrotas. Nos habla de victorias y de la gratificante experiencia de recobrar lo perdido, de volver al primer amor. Habla de la extrema realización de un amor puro. Es el anhelo del Señor que sus seguidores lleguen a la cúspide de la realización de este amor puro que eleva las almas a Dios.  La dulce experiencia de la realización humana cuando todos los anhelos son satisfechos por el beso del Maestro.

 

Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. 7 Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían. Cantares 8:6,7

 

Todos los que deseemos entrar a las bodas del Cordero tenemos que haber recibido ese beso del Señor que comunica los más profundos sentimientos de su amor consumado. Un amor que fue demostrado con la muerte. Un amor sellado con sangre.

 

Este poema de Cantares nos habla de sentimientos y nos sugiere que a Cristo hay que amarlo con ternura y pasión, a Cristo hay que amarlo con sentimientos. El servicio a Jesús no es un simple acto de acciones frías y ritualistas. El servicio a Jesús no está envuelto en una religiosidad de rezos fríos.  Tampoco es la letanía de oraciones y cánticos sin vida.

 

En la ley detallada en el Antiguo Testamento Dios respondía con fuego a los sacrificios ofrecidos a su presencia cuando eran aceptados por Él. Era una demostración no solo de aceptación, también de amor porque Dios es amor.  En el fuego hay vida, hay acción que consume. De esta manera la relación del creyente con Cristo arde constantemente en un altar sacrificial. Está saturada con el fuego de la pasión y la entrega, como aquel que se posó sobre las cabezas el día de Pentecostés.

 

Jesús dijo: Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos no entrareis al cielo (Mateo 5:20), queriéndonos decir que, si nuestro servicio a Dios o nuestra devoción a Dios se ha convertido en una monotonía apática, en una religiosidad seca y vacía de un ir y venir a la iglesia simplemente por acallar una conciencia o porque mis padres lo hacían, no somos aptos para vivir eternamente con él.

 

Este fue el espíritu que caracterizó al fariseísmo del tiempo de Jesús:  Una religión seca y vacía. Una religión sin amor y misericordia.  Estas mismas actitudes hicieron que el Espíritu Santo se apartara de la nación de Israel. Léase el libro de Malaquías en el Antiguo Testamento.

 

Servir a Cristo es un desafío porque si nuestro corazón no late para Cristo es porque su sangre no corre por nuestras venas.  Este desafío se consuma con la muerte. La muerte al yo, la muerte al mundo y aun hasta la muerte física. Servir a Cristo conlleva aceptar el martirio.

 

Ningún creyente debe pensar que el evento del regreso del Señor o el evento de la muerte efectuará un cambio repentino en nuestra condición espiritual. Es la preparación espiritual la que nos alista para Su regreso y para la muerte y esto demanda un caminar constante cerca del Señor. Demanda negación propia día a día. La actualidad es entonces un tiempo de preparación y la mejor preparación es la que se ve en esta doncella de Cantares que se aleja más y más del mundo y se apoya más en su Amado.  Esto es un reconocimiento de que ella no tiene fuerzas en sí misma y necesita su apoyo para este caminar.

 

Hay una pregunta: ¿Quién es esta que sube desde el desierto recostada sobre su Amado? Cantares 8:5 Lo que nos muestra es que ella es incapaz de encontrar su propio camino en el desierto del mundo, por lo tanto tiene que aferrarse a su Amado, necesita recostarse sobre su hombro de la misma manera que lo hizo Juan cuando puso su cabeza sobre el hombro de Jesús.

 

Realmente sólo el Señor mismo puede conducir a un creyente al estado de preparación para la rendición final; así que la vida de la fe es indispensable en la preparación para el gran evento de nuestro encuentro con el Señor.

 

Cuando recordamos nuestro verdadero origen, de dónde Dios nos sacó, no podemos menos que abrigar un profundo sentido de humildad. Estamos conscientes que somos nada, de la esterilidad de nuestros esfuerzos, nuestras aspiraciones indignas y nuestra búsqueda sin resultados de valor. Es en este estado que nuestra atención comienza entonces a enfocarse en la fortaleza de nuestro Amado.

 

Cuando llegamos a darnos cuenta de esta verdad, de nuestra insuficiencia, lo único que podemos exclamar es: “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo”. ¿Por qué? Porque tenemos miedo a deslizarnos. Tenemos miedo de nuestras inclinaciones que constantemente nos llevan hacia el mal, hacia el pecado. ¡Cuántas veces hemos rogado al Señor que antes de que nos apartemos de Él mejor tronche nuestra vida aquí en la tierra! El corazón es el asiento del amor y los sentimientos y el brazo el órgano de la fuerza. Esta doncella entonces clamaba al Señor que le diera un lugar permanente en Su corazón y la hiciera consciente de Su seguridad. En pos de este anhelo es que tenemos que emplear nuestras fuerzas día tras día.

 

Leemos en 2 Samuel 9 sobre un hombre que era cojo. No sólo era cojo, Mefi-boset no era apto para estar en la presencia del rey. En 2 Samuel 5:8 dice: Y dijo David aquel día: Todo el que hiera a los jebuseos, suba por el canal y hiera a los cojos y ciegos aborrecidos del alma de David. Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en la casa. Aquí hay una simbología respecto al Reino de Cristo, de cómo el pecado es aborrecible e inaceptable para Dios. Y será intolerable durante Su reinado en la Tierra.


Sin embargo, mediaba un pacto. Y el rey lo llevó a su palacio, lo sentó en su mesa y día a día participaba de los manjares del rey. Tenía un lugar permanente bajo la seguridad y protección del rey aun cuando tenía un defecto. Aun con nuestros defectos el amor de Dios se inclina a nosotros por el sacrificio de Cristo.

 

El anhelo de la doncella de Cantares es que tal como los sacerdotes de antaño llevaban los nombres de las tribus de Israel en sus pectorales sobre sus hombros, así ella rogaba que él la mantuviera cerca de su corazón y la sostuviera con la fuerza de su brazo.

 

 “Yo conozco mi debilidad y mi propensión a la vanidad. Soy consciente de mi impotencia. ¡Oh Señor, tratar de mantenerme a mí misma hasta que vea tu rostro sólo traería vergüenza a tu nombre y sería para mi propia pérdida y fracaso!  Toda la esperanza para mi subsistencia descansa sobre tu amor y poder.  En el pasado te he profesado amor, pero ¡cuán inestable ha resultado ser ese amor! Ahora sólo te miro a ti”.

 

“Porque fuerte como la muerte es el amor”, y ¿quién podrá escapar de las garras de la muerte? Nadie, puede escapar de la muerte, pero ella le dice al Señor:  “Si tú me amas estaré a tu lado para siempre porque tu amor no puede ser debilitado por la muerte y tú nunca podrás soltarme.  Ya que tú me amas entonces tu celo santo me seguirá, porque ‘duros como el sepulcro son los celos’.  Si tú me castigas, será para mantener íntegro mi amor, ya que tú no permitirás nada que separe mi corazón de ti.  Mientras más tengas de mí, más firme me sostendrás porque no quisieras dejar ninguna parte de mí. Tus ojos no tolerarían que tu amada fuera manchada con el mundo o que fuera tomada por otro amor.  Tu estarías celoso porque desde tiempo inmemorable tú has dicho que eres un Dios celoso”. Éxodo 20:5 Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos; yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, los provocaré a ira con una nación insensata.22 Porque fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del Seol; devorará la tierra y su fruto.  Deuteronomio 32:21,2


Los celos del Señor son duros como el sepulcro. El sepulcro es implacable y permanece impávido ante cualquier ruego de otros. Nada ni nadie puede cambiar tal realidad. 


Esta joven dice: “Si yo me ofrezco a ti como una esposa casta para pertenecer a ti y si tú encuentras en mí ese amor que produce en ti un celo santo, entonces tú guardarás mi amor, aunque tenga que hacer a un lado la persuasión de mis seres queridos, los ruegos de mis amigos o las lágrimas de los más amados”.

 

“Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama”.  Nuestro Dios es fuego consumidor.  La joven dice: “Tu amor por mí y tu celo por mí son tan vehementes como una llama de fuego que quema todo lo que es sin valor en mí, todo lo que es del tiempo y corruptible, todo lo que es del mundo y es mortal y temporal.”

 

“Las muchas aguas no podrán apagar el amor…”

 

El amor de Dios, con su llama de fuego divino, no puede apagarse por las muchas aguas de tribulaciones y pruebas, ni por los ríos que proceden de un enemigo perseguidor. Ni las tribulaciones, ni persecuciones pueden impedir su amor por nosotros. Un amor tal no puede comprarse ni se le puede encontrar un substituto. Ni las lenguas de los hombres, ni de los ángeles tienen valor aparte del amor de Dios.  Ni el don de profecía, ni la comprensión de todos los misterios, ni la adquisición de toda la sabiduría, ni la posesión de toda la fe se cambiaría por el tierno amor de Dios. Es un amor perenne y sacrificado que como una llama va día a día calentando todo nuestro ser y consumiendo las escorias de nuestra alma. 

 

Aunque diéremos nuestro cuerpo para ser partido, nuestros bienes para alimentar a los pobres, aunque fuésemos quemados en la hoguera, tales cosas serían menospreciadas como substituto del amor. Él solo quiere nuestro corazón. Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos. Proverbios 23:26

 

No debemos pretender tatar de ganar el amor ni los afectos de Dios con una pretendida piedad o por el aumento de nuestro servicio, o por más tiempo pasado en su servicio, ni siquiera reforzando nuestra dedicación a Dios.  Sólo tú te puedes ofrecer a ti mismo como un sacrificio vivo para el Señor quien primero te amó.  Sólo puedes ofrecerte para ser aceptado por el Señor cuando estás dispuesto a una entrega completa de ti mismo.

 

No es lo que hagamos. Nuestros actos tienen que llevar el sello de la entrega. De una entrega total, de lo contrario no son aceptos para Dios. Y estos actos tienen que haber pasado por el fuego de la prueba. Si están saturados de amor, las aguas no pueden apagarlo. Los vientos de la vida rugirán como mar en tempestad, pero ese amor se mantendrá imperturbable como los solitarios cayos de piedra que se erigen en el mar.

 

Ana Ríos

28 noviembre 2025

 
 
 

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