El consejo de Dios prevalece
- relojprofetico
- Sep 28, 2025
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Esdras y Nehemías son dos libros que relatan el retorno del remanente del pueblo de Dios que fue llevado cautivo a Babilonia. Había una palabra dicha por Dios. Dios había declarado que el pueblo de Judá iba a ser llevado cautivo a Babilonia por 70 años y que luego de los 70 años volvería a su tierra y el templo sería reconstruido. Cuando Dios cumple su palabra y el pueblo retorna, hubo dos instrumentos claves en el cumplimiento de esta palabra: Esdras y Nehemías quienes se dieron a la tarea de animar al pueblo y reconstruir el templo que había sido destruido por los babilonios.
Hubo conflictos y oposición de los enemigos de Dios quienes impulsados por los poderes del infierno se dieron a la tarea de detener el plan y la palabra dicha por Dios. Pero tanto Esdras como Nehemías no se dejaron amedrentar y se llenaron de fuerza y valentía para que la obra de Dios prosiguiera su curso. El consejo de Dios prevaleció.
Dios dijo: He aquí que como león subirá de la espesura del Jordán a la morada fortificada; porque muy pronto le haré huir de ella, y al que yo escoja la encargaré; porque ¿quién es semejante a mí?, ¿y quién me emplazará?, ¿o quién será aquel pastor que podrá resistirme? Jeremías 50:44
En su visión, Daniel vio como los cuatro vientos se debatían en un mar turbulento. Juan en el capítulo 12 de Apocalipsis describe una batalla épica entre el sistema de la bestia, simbolizado por el dragón y la nación de Israel, simbolizada por la mujer. A través de gran parte del Antiguo Testamento la historia de la nación de Israel se desarrolla en medio de luchas sangrientas, batallas, conflictos y guerras. Pero nunca, nunca el consejo de Dios se ha detenido, siempre ha prevalecido.
Las páginas de la historia de la iglesia están manchadas con la sangre de mártires y héroes que estuvieron enfrascados en las cruentas luchas por la fe cristiana y la causa de Dios. Todo el conflicto humano surge porque Dios dijo una palabra. Dios dijo que pondría enemistad entre la serpiente y los seres humanos, entre la simiente de la serpiente que es satán y la simiente de la mujer que es Jesús. La simiente de la mujer heriría a la serpiente en la cabeza y la serpiente heriría a la simiente de la mujer en el calcañar. Génesis 3:15
Si no tenemos una comprensión del porqué y la naturaleza de los conflictos que lidiamos aun desde nuestro nacimiento, no usaremos las estrategias y armas apropiadas para poder ser vencedores en las batallas que lidiamos diariamente. Pero hay una constante que cada hijo de Dios debe tener presente y es que el consejo de Dios prevalece.
Si Dios ha declarado una palabra sobre tu vida. Si hay una promesa, si has sido marcado y separado para una gloriosa encomienda del cielo no hay fuerza del enemigo, no hay poder del infierno, no hay oposición en tu camino que pueda detener el plan para tu vida. Podrías detenerlo tú si te detienes o te rindes ante los acoses del enemigo.
Todo depende de nosotros. De nuestras actitudes, nuestras disposiciones, nuestra receptividad al trato de Dios y a lo que Él tiene que hacer en nosotros. Todo depende de la comprensión que tengamos de la naturaleza de la batalla y si estamos usando las armas correctamente. Si estamos siguiendo las directrices del Espíritu Santo.
De la comprensión que tengamos de ese glorioso propósito que nos llevará a que se cumpla la palabra divina predicha: de que heriremos a la serpiente en la cabeza, de que reinaremos y nos sentaremos en tronos para juzgar a los ángeles, de que seremos parte de una casta de reyes y sacerdotes y gloriosamente gobernaremos la tierra con Cristo, dependerá si saldremos triunfantes en esta batalla que lidiamos.
Gran parte de la nación que salió de Egipto quedó enterrada en su desierto porque no se dio a la tarea de auscultar en ese propósito divino. No tuvieron la capacidad de discernir la naturaleza de los conflictos que lidiaban. Su fe menguó frente a los obstáculos y oposiciones. Terminaron murmurando contra Dios. Todo era queja. Se rebelaron contra Dios porque se sentían decepcionados.
Aun viendo lo que Dios había hecho con los egipcios, viendo la columna de fuego de noche y la nube que los cubría durante el día, gustando del maná bajado del cielo y del agua salida del pedernal se dieron a sus razonamientos lógicos de que era mejor estar en Egipto. Perdieron de vista el propósito porque quitaron su vista de aquel que los llevaba a ese propósito. ¡Cuántos creyentes yacen hoy sepultados hoy en su desierto por estas mismas razones!
A través de mis años de experiencia en mi caminar con el Señor me he dado cuenta de algo y es que el peor enemigo nuestro es nuestra lógica. Lo que Platón llamó la dialéctica y que fue de gran tropiezo a Karl Marx quien en un tiempo fue un devoto cristiano que escribía poemas de amor a Dios.
En la dialéctica de Platón la solución es la antítesis y la antítesis para el pueblo de Israel fue levantar su puño contra Dios y acusarlo de traidor.
Y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Ex. 16:3
Lo mismo hizo Marx cuando no encontraba respuesta a sus vanos razonamientos e inflamado por el príncipe de las tinieblas cambia su retórica y termina escribiendo cientos de poemas a satán.
El razonamiento humano cuando carece de la brújula o timón divino se convierte en una fortaleza gigantesca que obstruye la visión para poder ver el camino y contemplar la gloriosa ciudad hacia la cual nos dirigimos. La brújula o el timón es la Palabra de Dios. El salmista dijo: Lámpara es a mis pues tu palabra y lumbrera a mi camino. En otro lugar dijo: En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti.
Y así, hay cientos de citas bíblicas que nos indican que el arma más segura y poderosa en la batalla de la mente es la Palabra de Dios. La mente es un campo de batalla. Es peor luchar contra presuposiciones mentales que luchar contra una persona armada. Porque en las luchas físicas se activan todas nuestras capacidades físicas y sensoriales para protegernos de los ataques que vienen.
Cuando luchamos contra pensamientos, muchas veces contra palabras que son estrelladas en nuestros oídos día a día. Cuando luchamos contra ideologías que como sanguijuelas se incrustan en la mente, contra conceptos falsos y errados es más difícil la lucha. Generalmente no sabemos qué armas usar contra esto.
La Biblia lo compara a dardos de fuego. ¿Por qué a dardos de fuego? En sus batallas los romanos se aterrorizaban de esta arma poderosa de su enemigo. Estos eran unas flechas pequeñas, casi como agujas, que eran incendiadas para ser lanzadas y encender al contrincante en fuego.En este caso era necesario estar ceñido con toda la armadura, especialmente con el escudo que para detener estos dardos cuando eran lanzados.
A veces pensamos que si es lógico es legítimo. Que esto es lo que hacía mamá o papá. Que esto es lo que dice la religión de mis padres. Que esto es lo que me dice el médico (y muchas veces son ateos, homosexuales, brujos, etc. y no tienen a Dios en su noticia). Que esto es lo que me enseñó el profesor (y el profesor era ateo). Que esto es lo que dice el gobierno, etc., etc.
Y aun cuando el Espíritu Santo ya nos ha dicho cuáles son las armas que tenemos que usar para la destrucción de todas estas fortalezas mentales aun optamos por nuestro propio razonamiento.
Esculpamos esta palabra en nuestra mente, gravémosla en nuestro corazón y entendimiento: El consejo de Dios prevalece.
Ana Rios



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