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El peligro del conformismo

  • relojprofetico
  • Jan 9
  • 7 min read

Uno de los problemas más graves que confronta el ejército americano es que sus soldados carecen de un espíritu de lucha que los impulse a la conquista y la derrota de los enemigos. Sin mencionar los problemas de disciplina. Ha quedado demostrado en la gran cifra de suicidios desde la guerra de Irak. Esto es algo muy típico de esta generación y se puede medir en todos los niveles: superación física, académica, profesional, emocional y espiritual.

 

La historia de Jacob es bastante inusual.  Desde el vientre de su madre demostró unas actitudes y tendencias que lo incapacitaban prácticamente para recibir unas bendiciones de alcance espiritual. Jacob poseía unas cualidades que lo hacían indigno de las bendiciones conferidas.  No sólo su nombre que significa usurpador. También la Sagrada Escritura da testimonio del carácter complicado de Jacob. En los estándares de hoy las actitudes de este hombre denotan una personalidad disfuncional.

 

Pero algo bien evidente del carácter de este hombre aun a pesar de todos sus defectos, son dos cualidades excepcionales: Primero, su ambición por las cosas espirituales y segundo, su espíritu de lucha.  

 

Jacob no era conformista. Desde el vientre de su madre demostró su espíritu de lucha. Cuando Raquel consulta a Dios por lo difícil de su embarazo, pues sentía en su vientre cómo estos dos gemelos se debatían, Dios le habla palabras proféticas y le muestra los designios divinos con estas vidas con relación a la humanidad. La mano de Jacob venía trabada al talón de su hermano, algo que luego caracterizaría su vida.

 

Más adelante vemos a este hombre después de un largo trayecto de formación departe de Dios donde ambas voluntades, la voluntad de Dios que quería llevar a cabo sus planes para la redención del hombre y la voluntad de Jacob que quería hacer las cosas a su manera, entran en conflicto. Al querer alcanzar las cosas a su manera Dios tiene que tirarlo entonces a un desierto con el fin de formar su personalidad.

 

Las bendiciones que Dios tenía para Jacob no se podían medir en términos humanos. De su postrimería él profetizó:

 

Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre.26  … Hasta el término de los collados eternos. Génesis 49:25

 

Jacob tenía que conquistar aquello que no le correspondía porque estaba preservado para Esaú por el derecho de la primogenitura.  Pero lo conquistó.

Aun a pesar de sus defectos. Aun a pesar de las leyes espirituales y humanas. Aun a pesar de la ley de primogenitura, Jacob luchó y conquistó.  Luchó con Isaac, luchó con Esaú, luchó con Labán. Y por último luchó con Dios. 

 

En nuestra concepción humana las experiencias que se destacan en la vida de Jacob no encajan con el tipo de persona que proyecta la Santa Escritura. ¿Qué hombre ha luchado con Dios hasta rayar el alba?  ¿Qué ángel ha luchado con Dios?

 

Esta experiencia fue la que rompió con la vieja naturaleza que todavía tenía dominio de este hombre.  Pero esto no marcaba el fin de lo que se convirtió en la norma de su vida. Jacob fue un hombre de lucha. A diferencia de su padre Isaac, ¡todo tuvo que pelearlo!

 

Hoy los ministerios de plataforma han dislocado la verdadera perspectiva bíblica de lo que realmente es un llamado de Dios.  Los libros que abarrotan los estantes de las librerías seducen a las masas para adquirir la bendición de Dios de la misma manera que lo hizo Jacob en su vieja criatura. 

 

¿Acaso el fin no justificaba los medios?, dicen muchos.  Pero los fines de Dios se alcanzan por medios legítimos y es en la lucha y la persistencia. 

Las experiencias con Dios están despojadas de esa aureola de misticismo y extravagancia en la cual han caído muchos de nuestros soldados en el camino. Muchos han sido seducidos por este tipo de evangelio de vitrina. 

 

Las grandes bendiciones del cielo cuestan.  Los ministerios cuestan. Los títulos de Dios cuestan. Las condecoraciones cuestan.  Una vida de intimidad y relación con Dios tiene su precio y Jacob lo sabía.  Sabía también que sólo existía una forma legítima de alcanzar los preciados tesoros eternos y a esta forma legítima se la llama esfuerzo, lucha, persistencia y dedicación. En contra de toda circunstancia y decreto este hombre se propuso conquistar un reino y lo logró.  Conquistó un nombre insigne en la historia y en la eternidad.

 

Mi pregunta es:  ¿Qué te impide a ti alcanzar algo que ni aun tú lo has peleado porque Jesús lo peleó por ti? Algo que está a tu disposición. Que sólo tienes que levantarte de tu lugar y tomarlo.

 

¿Qué pasa con los cristianos de esta generación?  Nuestra población penal está llena de jóvenes. Gran parte de nuestros jóvenes se echan a perder en el consumo de drogas, fornicación, homosexualismo, pornografía y tantas otras cosas que destruyen el carácter y la vida espiritual.

 

En cierta ocasión había un matrimonio muy rico que había tenido un solo hijo.  Murió la madre y más tarde cuando también el padre muere decide dejar toda su cuantiosa herencia a su hijo.  Pero quería también dejarle un valor que sobrepasa a los bienes de este mundo y es que este padre quería que su hijo entendiera el valor de la Biblia.

 

Así es que deja un documento escrito metido dentro de la Biblia que decíaz: “En el momento que abras este libro serás poseedor de mi valiosa fortuna.”

 

Aquel joven rodó por la vida, amargado de que su padre le había negado su fortuna.  Y nunca abrió la Biblia.  Sólo cuando ya estaba viejo, quiso recordar las veces que su padre le leía la Biblia y cuando abre aquel desgastado libro se encuentra con un documento escrito que lo hacía poseedor de una inmensa fortuna.

 

¿Sabes cuántos hijos de Dios viven la misma experiencia? No están dispuestos a luchar por lo que ya es de ellos.  Viven muy cómodos.  Se sienten cansados para orar, se sienten débiles para ayunar, aun para venir a la iglesia se sienten cansados.

 

Y es que como no viven con actitud de conquistadores, el diablo termina quitándole todo lo que Jesús le conquistó en la cruz del Calvario.

 

Viven vidas llenas de miedo, de inseguridad, temores, complejos, resentimientos.  Un espíritu de autocompasión los mantiene sometidos y todo el tiempo viven lamentándose de sus fracasos, heridas y sufrimientos y terminan centrando su vida en sí mismos y no en Cristo.  Se conforman con ser cola y no cabeza.

 

Escuché de los labios de una mujer relatarme el infortunio de su vida. Si no la hubiera conocido tan bien, jamás hubiera creído todo lo que me relató. Increíbles encuentros con Dios. Visiones electrificantes sobre los planes que Dios tenía con su vida. Tal y como en Sansón, desde niña el Espíritu de Dios comenzó a manifestarse en su vida. Desde su nacimiento aquella mujer había sido marcada con un propósito. Habia sido señalada por el cielo. El Espíritu daba testimonio. Una unción emanaba de su persona que elevaba el alma. Sólo con estar a su lado se respiraba una santa presencia de lo divino.

 

Pero las actitudes tienen peso en las acciones humanas y erosionan la vida espiritual. Sansón pensó que en su última jugada con la desobediencia saldría como las otras y escaparía. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él. El problema de Sansón fue la debilidad por las mujeres. El de esta mujer fue la inercia. Un profundo desdén hacia lo que tenía un alto precio. Tanto en el cielo como en el infierno. Sí… porque Satán pone precio a los ministerios. Pone precio a los llamados divinos.

 

Esta mujer tenía por merecido lo que otros habían pagado hasta con su sangre. La embargaba una inercia desmedida para retener algo tan valioso. Sin oración, sin ayuno, sin pasar tiempo en el lugar secreto con Dios es imposible retener algo que Satán ha puesto precio en el infierno. Como éste, hay muchos ministerios que no vieron la luz. Ministerios abortados por el descuido y la inercia. Hombres y mujeres ilustres que ruedan por la vida dando bandazos en busca de lo perdido.

 

Jesús dijo a la iglesia de Filadelfia, la iglesia fiel: He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Apocalipsis 3:11          

 

¿Qué quiso inferir aquí Jesús? Me impresionó una definición que da el Diccionario de la Real Academia Española sobre esta palabra: Tropa que en más o menos número se pone sobre las armas, cuando las circunstancias lo requieren, para reforzar, especialmente de noche, uno o más puestos militares.

 

Aquí sobresale la palabra “reforzar”.  “Retener” entonces no es conformismo. Es reforzar lo que Dios nos ha dado. Protegerlo, luchar por ello. La palabra aparece en un contexto de batalla. Es la batalla espiritual que lidia todo hijo de Dios.

 

¡Alguien quiere quitarte lo que tienes!  ¡Alguien quiere destruir tus hijos, tu familia! ¡Alguien quiere derribarte! ¡Alguien quiere destruirte! Entonces estamos en guerra. Es Satán, el archienemigo de Dios y la raza humana. Y si es así, hay entonces que reforzar. Hay que velar en las noches. Hay que orar sin cesar. Hay que dejar de comer y esconderse en el lugar secreto de Dios en espera de instrucciones. En espera de dirección. Hay que asir aquello para lo cual hemos sido asidos.

 

Tanto el Antiguo como Nuevo Testamento están escritos en un contexto de guerra espiritual. El capítulo 12 de Apocalipsis resume esta guerra que se intensificará los últimos 3 ½ años de historia humana. De hecho, uno de los nombres de Dios es Jehová Dios de los Ejércitos. Tenemos entonces que tomar las armas

 

Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,  derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 

2 Corintios 10:4-5

 

Ana Ríos

9 de enero 2026

 
 
 

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