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El peligro del desamor

  • relojprofetico
  • Dec 26, 2025
  • 9 min read

Si la persona de Jesús, su carácter, sus ideales, su pasión por la humanidad, su sacrificio no provoca en ti sentimientos, no sensibiliza tu alma, algo está mal.  Estás desconectado del misterio del amor.  Estás desconectado del Espíritu de Cristo.¡Tus sentimientos están muertos, eres anatema! ¡Estás en peligro!


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La Biblia habla del pecado y específicamente categoriza el pecado. Nos habla del pecado del adulterio, la mentira, la lascivia, la fornicación, el homicidio, etc., etc. Pero hay un pecado específicamente donde el Espíritu Santo ubica una maldición y es el pecado del desamor a Jesús.

 

1 Corintios 16:22 dice:  El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene]

 

El amor en sí es un misterio. Y el amor de Dios es un misterio más profundo todavía.  ¿Quién podrá entender la profundidad de este amor? Es un misterio impenetrable, incomprensible y poco conocido. Es un amor que demanda amor. Es un amor que requiere ser correspondido.

 

Cuando oímos sobre que aquellos que en un acto de entrega han correspondido impulsados por este profundo sentimiento, nos preguntamos:  ¿Qué fuerza, qué sentimiento puede hacer llegar a una persona a aceptar el martirio?  A ser lapidado como lo fue Esteban y morir bendiciendo a sus verdugos.  A ser quemado en la hoguera como lo han sido miles de cristianos a través de las edades.

 

A Policarpo se le dijo: Lo único que tienes que hacer es renunciar a Jesús.  Y él dijo:  “Ochenta y cinco años ha que le sirvo y sólo me ha hecho bien, ¿cómo he de negarle?”

 

Leí el libro Torturado por Cristo.  Los cristianos de Rumania fueron masacrados por el martillo comunista.  El Pastor Wumbrand relata su historia de catorce años de tortura en una prisión. Eran drogados y apaleados. Se les arrancaban las uñas y muchos de ellos morían bendiciendo y orando por sus verdugos.

 

Wumbrand relata el caso de un cristiano cuyos dientes y cabellos fueron arrancados.  Cuando fue tirado en medio de la celda, gimiendo de dolor y bañado en sangre, sus compañeros con furia maldecían a los verdugos. Pero él les decía:  “No maldigan, oren por nuestros verdugos.”

 

¿Qué misterio hay en el amor?  El amor es lo incomprensible que eleva al alma y la ennoblece.  El amor hace florecer flores en un desierto.  El amor ve posibilidades en medios de las debilidades humanas porque todo lo espera. El amor ama sin razón, sin esperar nada a cambio. ¿Cómo se puede llegar a la cumbre de esa grandeza humana que acepta con gozo el sacrificio y la tortura? ¿Que bendice al enemigo? ¿Que besa las manos del verdugo?

 

El ser humano en su naturaleza caída jamás puede penetrar en el misterio de este amor.  En ese nivel, el amor es un sentimiento revelado y propulsado por el Espíritu Santo. Es como si Dios mismo nos abriera su corazón y nos bañara con su esencia que es amor.

 

El amor a Jesús se origina en la receptividad y sensibilidad del alma agradecida. Es el Espíritu Santo quien abre esa rendija de nuestra alma y nos permite ver el sacrificio de Cristo. Vemos su sufrimiento, sus heridas, sus desprecios… y todo por amor. Un amor no merecido.   

 

La doncella de Cantares (símbolo del creyente que vive en intimidad con Dios) entendió el misterio del amor cuando observó un acto de sacrificio del Amado intentando abrir la puerta de su recámara que es la puerta de su corazón. Sus manos se metieron por la rendija de la puerta y gotearon mirra.  La mirra es una sustancia amarga y olorosa, símbolo del sacrificio de Cristo.   

 

Y cuando ella pudo ver ese acto de amor entendió cuánto le amaba su alma.  Pero por pereza a no apresurarse a abrir las puertas de su alma hacia una experiencia con el Amado provocó la pérdida y la ausencia de su presencia. Sólo cuando llegamos a la cruz, sólo cuando el Espíritu Santo nos permite ver el sacrificio de Cristo es que nuestro corazón puede palpitar por el Amado.

 

¿Por qué tenemos que amar a Jesús?

 

37 Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.38 Éste es el primero y el grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.  (Mat 22:37-40 SRV)

 

Aquí se resume el cristianismo. Este es el cenit del evangelio.  La vida misma del ser humano depende de este precepto. No son reglas y ritualismos. Y sin reglas es difícil vivir. Los ritualismos afinan nuestros sentidos. Pero el amor nos vivifica. El amor nutre dando vida. El amor nos eleva hacia las alturas. Entonces hay que amar. Y más que nada hay que amar a Jesús. ¿Por qué?

 

1.  Por su excelencia.  La amada dijo:  9 ¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, Que así nos conjuras? 10 Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil. 11 Su cabeza, como, oro finísimo; sus cabellos crespos, negros como el cuervo.12 Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, Que se lavan con leche, y a la perfección colocados. 13 Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores: Sus labios, como lirios que destilan mirra que trasciende. 14 Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos: Su vientre, como claro marfil cubierto de zafiros.15 Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de fino oro: Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros. 16 Su paladar, dulcísimo: y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalem. (Cantares 5:9-16 SRV)

 

2.  Por su humillación.  El sacrificio de Cristo ha sido el acto más humillante, más degradante que jamás ser humano haya podido experimentar.  Si profundamente examinamos lo que envolvía el acto del juicio contra Jesús y su crucifixión podemos entender lo terrible de ese sacrificio.  Nació en un establo en medio de animales, en una cuna de paja. Un lugar maloliente por el excremento y orín de los animales.  Se crió en la pobreza.  Sus padres no eran ilustres, eran iletrados.  No fue aceptado ni reconocido por su pueblo.  El castigo de la cruz fue su fin. Fue abofeteado, desnudado de sus ropas, escupido, azotado y vilipendiado. Fue humillado hasta lo sumo.

 

¡Tenemos que amar a Jesús por ese sacrificio tan terrible! 

 

3.  Porque Él nos amó primero.  Tu no escogiste amar a Jesús.  Él puso sobre ti Sus ojos. Te atrajo hacia Él para que tú le ames.  Dios ha sacado lo mejor de ti:  tus talentos, tus habilidades, ha purificado tus sentimientos, te ha pulido como el diamante para que tú le ames y te entregues como ofrenda a Su altar.

 

El amor a Dios no son palabras. Tampoco son cánticos huecos y vacíos.  El amor a Dios es pasión. Es desgastarse día a día. Es ofrecerse en sacrificio en el altar del sacrificio.  Es ser incienso que se quema día a día en el altar. 

 

El amor a Dios no son idealismos. Son acciones. Son actitudes. Son alabanzas a Jesús.  Es adoración. Es un darse a sí mismo día a día. Son sentimientos aquilatados por la esperanza de algún día contemplar su rostro. Es dejar de vivir para nosotros. Es pensar en el bienestar de los demás.

 

Muchos dicen que aman a Dios, pero no toleran estar al lado de su hermano que tiene la semejanza de Dios.  Permiten que sentimientos negativos arropen su corazón.  Es por eso que sus oraciones son estorbadas. Porque sus sentimientos están manchados.

 

Les pasa como a Caín que no podía hablar pacíficamente con su hermano.

 

Amar a Jesús es llevar una espina clavada en el corazón porque el amor exige una separación, un rompimiento personal. Una ruptura total con lo existente. Un despojamiento de todo lo que se interpone en ese amor.  Un desligamiento de sentimientos con toda cosa creada. 


El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. 38 Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. (Mat 10:37-39 SRV)

 

Amar a Jesús es tener una herida en el corazón. Una herida que sangra día a día.  ¿Por qué una herida? Es la herida de la ausencia. La herida de no poder verle. La herida de nuestro negro pasado donde blasfemamos. Donde ofendimos la santidad de Jesús. 

 

Amar a Jesús es dejarte marcar.  Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo: Porque fuerte es como la muerte el amor; duro como el sepulcro el celo: Sus brasas, brasas de fuego, Fuerte llama.

 7 Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre toda la hacienda de su casa por este amor, De cierto lo menospreciaran. (Cantares 8:6-7 SRV)

 

Amar a Jesús es recibir esa herida con la lezna que te convierte en propiedad de Él.  Te convierte en esclavo.

Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Juan 21:17-18

Amar a Jesús es perder toda capacidad de autosuficiencia, pierdes todo derecho.  Eres un esclavo que lleva las marcas del amo.  Pablo dijo: De aquí en adelante nadie me sea molesto porque llevo en mi cuerpo las marcas del evangelio.  Estas son las marcas del amor y amar a Jesús equivale la pérdida aun de ti mismo.

 

Para ser esclavo, para ser propiedad de Jesús tienes que haber sido vencido.  Jacob fue vencido cuando aquel mensajero que no era otro que Jesús, dislocó su muslo y estuvo cojeando toda su vida. El verdadero creyente, aquel que ama, es cojo porque ha sido vencido por Jesús.

 

Tú tienes que haber sucumbido al amor, haber sido vencido por Jesús.  “Aparta de mí tus ojos, porque me vencieron”, dijo el amado. 

 

Este amor hará morir en ti tu yo porque es fuerte como la muerte.  Mata en ti todo vestigio de mundanalidad.  Tendrás ojos sólo para el Maestro pues eres ahora su paloma.

 

Paloma mía, perfecta mía.  La paloma mira en una sola dirección, no tiene ojos para dos.  Ya tú no tienes ojos para dos amos, para dos señores pues ese amor ha matado los deseos extraños. Eres su único, su única.  Su perfecto, su perfecta.

 

Dios te ha convertido en siervo, en esclavo de su amor y de su causa haciendo en ti una herida que sangra día a día por el pecado de la humanidad, por los hermanos, por los que sufren, por los desvalidos, por las ovejas descarriadas, por los que están enfermos.

 

La iglesia de Éfeso fue recriminada porque había dejado su primer amor. Jesús está en contra de los que dejan este amor.  Creyentes que han comenzado a subir las cumbres del amor, pero su cobardía, su apatía, su enfriamiento y las luces de este mundo los detienen en el camino. Les pasa como a Lot, que frente a las dificultades se deciden por las llanuras de Sodoma y Gomorra. Y como a los discípulos que comenzaron a seguir a Jesús de lejos.  “Pero tengo algo contra ti que has dejado tu primer amor.

 

Si la persona de Jesús, su carácter, sus ideales, su pasión por la humanidad, su sacrificio no provoca en ti sentimientos, no sensibiliza tu alma, algo está mal.  Estás desconectado del misterio del amor.  Estás desconectado del Espíritu de Cristo.

 

¡Tus sentimientos están muertos, eres anatema! ¡Estás en peligro!

 

La insensibilidad no tiene cabida en la familia del cielo.  Los ángeles guardan silencio y lloran ante el pecado del desamor.  El Espíritu Santo se contrista.  El amor es el que nos perfecciona para alcanzar la corona. 

 

!Escala las cumbres del amor! 


Lee 1 Corintios 13 y entenderás la verdadera definición del amor. Allí verás que el verdadero amor prefiere sufrir antes de hacer sufrir. Gobierna en un corazón donde sólo hay bondad, no maldad. Que no hay lugar para la envidia diciéndole a otros quítate tú para ponerme yo.

 

No vive exaltándose sobre los demás. No se siente orgulloso porque ama, lo ve como un deber. Hace las cosas como deben ser, con justicia y equidad. No piensa en sí mismo, sino en los demás. No siente coraje por las flaquezas de los demás, ora por ellos. Se aflige ante las injusticias y se regocija cuando las cosas se hacen bien.

 

El que ama sufre, llora, soporta, aguanta. Se traga la palabra hiriente. Tiene fe que aun el más miserable algún día podrá levantarse. Todo acabará menos el amor. Y si este amor está en ti, nunca dejarás de ser. Porque el que ama nunca pierde, siempre gana.


Ana Ríos

26 de diciembre 2025

 
 
 

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