El poder de la Palabra de Dios
- relojprofetico
- Jan 21, 2025
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Ana Rios

Desde su creación, Dios nunca ha dejado al ser humano desprovisto de dirección y guía. Su palabra, su voz siempre ha estado presente dando aliento, impartiendo instrucciones, alumbrando el sendero del ser humano durante su estadía aquí en la tierra. Aun en su más extrema rebelión, como en el caso de Caín cuando mató a Abel, la palabra de Dios ha resonado impartiendo justicia, juicio y corrección.
El salmista que escribió el Salmo 119 entendió el misterio escondido dentro de la palabra de Dios. Entendió que en la tiniebla que constantemente rodea el alma, sólo la palabra de Dios tiene el poder y la capacidad de señalar y alumbrar el camino. Sólo la palabra de Dios da dirección y sirve de brújula en los mares impetuosos de la vida.
En el Antiguo Testamento el Padre hace una poderosa revelación de lo vital que es su palabra en la vida del ser humano. Él dijo: Deuteronomio 8:3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.
En Mateo 4:4 Jesús hace la misma reafirmación para que entendamos que de la misma manera que el cuerpo necesita ser sustentado para poder vivir, nuestra alma, nuestra naturaleza espiritual también tiene que ser alimentada. Y el alma no se alimenta con cosas de este mundo. La poesía, por más inspiradora que sea, llega el momento que empalaga y fatiga el alma. Muchos de los libros edifican solo por un momento. Si los leemos mucho nos cansan. La música por más elevadora que sea agota las emociones. Pero la palabra de Dios es vida para el alma y para el espíritu, nos nutre, nos vivifica porque tiene una capacidad, un poder increíble. No solo nos nutre y nos da vida, es más cortante que toda espada de dos filos. Penetra y parte el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos.
La palabra de Dios discierne nuestros pensamientos y nos hace ver su verdadera naturaleza. Revela las intenciones del corazón para que no tropecemos en nuestras propias ideas.
Así lo revela el escritor del libro de Hebreos: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Hebreos 4:12
Jesús dijo: El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Juan 6:63
Vivimos en una hora de una oscuridad espiritual nunca vista. Hace poco meditaba sobre un fenómeno que he estado experimentando durante estos últimos años. Antes cuando yo soñaba, mis sueños eran coloridos. Últimamente las escenas de mis sueños están envueltas dentro de una tiniebla espantosa. Entiendo que cuando soñamos nos metemos dentro de una dimensión espiritual pues todas las funciones de nuestro cuerpo están en un estado de latente inconciencia.
Pero el espíritu, esa naturaleza espiritual nuestra, nunca duerme. Eso fue lo que Jesús quiso decir a sus discípulos cuando dijo: Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Mateo 26:41
Quiere decir entonces que si nos metemos dentro de esa dimensión espiritual cuando estamos dormidos, nos salimos de los límites del tiempo y el espacio abriéndose nuestros ojos para ver el mundo espiritual que nos rodea. Y si eso es así, la hora que vivimos nos rodea una tiniebla espiritual espantosa. Necesitamos entonces de su luz. Y la luz está en su palabra. Necesitamos entonces una lámpara encendida. Y esa lámpara es la palabra.
Por esto fue que el salmista dijo: Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino. Salmos 119:105
Cuando caminaban por el desierto, los hebreos se quejaron porque se les estaba dando un pan liviano. La Escritura dice: Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Números 21:5
En el desierto y a través de la provisión que hizo del maná, Dios quería dar una lección a este pueblo. Que la vida del ser humano no consiste meramente en la provisión que nos ofrece este sistema. Y es cierto, tenemos que comer alimentos que nutran y fortalezcan nuestro cuerpo. Pero nada, nada de este mundo debe desenfocarnos de la esencia de la vida. No podemos subsistir solamente con la comida que necesita nuestro cuerpo.
Hay algo de más relevancia que si lo descuidamos moriremos espiritualmente y quedaremos desconectados del oxígeno espiritual. Es el pan espiritual. Es la palabra de vida. Dios nos enseña esta verdad profunda a través de muchas lecciones que aparecen en la Sagrada Palabra. Para poder tener la provisión de alimento del día el pueblo hebreo tenía que madrugar. Tenían que preparar sus envases y salir para recoger su alimento antes de que el sol saliera. Si no, se quedaban sin comer.
Quiere decir que para mantenernos en esa conexión con la palabra de vida tenemos, primero, que sacrificar parte de nuestro ajetreo de vida y sentarnos a recibir el alimento a través de la lectura de la Biblia. Y esto debe ser diariamente. Si lo descuidamos, moriremos espiritual y emocionalmente. Lo hacemos también cuando nos congregamos y allí se nos imparte el pan de vida. Si descuidamos esto corremos el riesgo de enfermarnos espiritualmente.
Lo hacemos también en una forma más literal cuando ingerimos el vino y el pan de la Santa Cena. Por esto Jesús dijo que Él es el pan de vida. Jesús es la Palabra. Juan 1:1 dice: En el principio era el Verbo, [la Palabra] y el [la Palabra] Verbo era con Dios, y el Verbo [la Palabra] era Dios.
Todo esto requiere esfuerzo, disposición, empeño y dedicación. Es nuestra vida. Si no nos esforzamos pereceremos. Seremos en número más en las estadísticas de enfermos emocionales y físicos, divorcios, desquiciados, y tantas cosas más que afligen a esta pobre humanidad.
En Génesis 3:19: Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
Cuando Adán y Eva estaban en el Huerto todo era fácil. Día a día eran alimentados por la palabra de Dios pues día a día Dios los visitaba en el Huerto. Este contacto diario con la Palabra de Dios los nutría y sustentaba.
Pero cuando desobedecieron, su desobediencia acarreó maldición. Entonces tenían que hacer como hacían los hebreos en el desierto. Día a día tenían que procurar el sustento de ese pan de vida.
Tenían que buscar la manera de agradar a Dios a través de su obediencia. Esa era su vida. Y esta es nuestra vida. Si descuidamos esto nos morimos.
En tus mandamientos meditaré;
Consideraré tus caminos.
Me regocijaré en tus estatutos;
No me olvidaré de tus palabras.
Salmos 119:15-16




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