El Reino de los Cielos Sufre Violencia

Quizás en un momento dado en la lectura de estas palabras que salieron de la boca de Jesús, hemos atribuido su significado a la difícil demanda del reino de tomar la cruz cada día y seguirle. O quizás pensemos que hace referencia a lo estrecho de la senda que conduce a la vida eterna. Y tiene validez aplicarlo de esta manera.
Pero hay una sugerencia mucho más profunda que va más allá de un simple cuestionamiento. Jesús nos quiere llevar a una realidad más profunda. Algo que muchos de nosotros no queremos asimilar como realidad y es la guerra espiritual.
La batalla constante del cristiano dentro de un mundo intangible y completamente espiritual donde no vemos nuestro enemigo. Donde, generalmente no nos percatamos que no es el compañero de trabajo, quizás el esposo o esposa. No es el vecino que nos hace la guerra. Hay seres invisibles que gobiernan sus mentes y doblegan sus pasiones. Nos acosan a través de artificios y engaños. Ataques sutiles y disfrazados pensamientos que despiadadamente son lanzados a nuestra mente y que la mayoría de las veces pensamos que son nuestros.
Esta es la manera que el reino de los cielos sufre violencia. La violencia que se genera en la lucha mental. La lucha de cuerpo a cuerpo con el enemigo. La violencia que se genera en la guerra espiritual. La violencia que se genera cuando usamos las armas del espíritu contra estos poderes invisibles. Cuando queremos arrebatar de la condenación a un alma. Nuestro diario vivir se convierte en una guerra constante donde no tenemos tregua.
Entonces Jesús hace una descripción usando un adjetivo no muy romántico: “violencia”. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Mateo 11:12
El diccionario define la palabra violencia como: …una persona que actúa con ímpetu y fuerza y se deja llevar por la ira; agresivo, brutal, bruto, feroz, fiero, salvaje, furioso, iracundo, airado.
Esta es la guerra espiritual que gran parte de los cristianos no entiende. Y con una percepción que raya en el romanticismo se levantan día tras día. No oran. No leen la Biblia. No ayunan. Y cuando se congregan lo hacen en la perspectiva de una reunión social. Un encuentro con los hermanos. A veces con actitudes de crítica y con desdén. Observando quién vino y quién no vino a la iglesia. Qué traje se puso la hermana. Se convierten en meros espectadores.
El problema es que estos cristianos religiosos subestiman las intenciones de su enemigo. Un enemigo de quien Jesús dijo que solo viene para robar, matar y destruir. Que cada vez que los hermanos se congregan, este enemigo feroz envía legiones de sus vasallos para poner un pie en la vida de estos creyentes. Destruir sus matrimonios. Destruir sus hijos. Destruir su salud. Esta es la manera de destruir una iglesia. Esta es una manera de hacer guerra a Dios. Y Dios no nos tiene aquí para ser entes pasivos viviendo de fiesta en fiesta. La lucha es feroz.
¿Por qué entonces aparecen registrados en las Escrituras las armas de guerra? En Efesios 6 aparece registrado un arsenal de guerra para la defensa de los creyentes.
Uno de los nombres de Dios es Jehová Dios de los Ejércitos. En el contexto lingüístico nuestro un ejército es una milicia, es una tropa o gente de guerra. Entonces estamos en guerra.
Este enemigo está bien armado. Y tal y como usó gigantes para pelear contra los hebreos, envía hoy sus gigantes para destruirnos. Y mientras más nos aproximamos al gran día, el día de la venida de Jesús, sabiendo el enemigo que tiene poco tiempo ha afilado sus armas para la guerra. Nuestra victoria depende entonces de cuán preparados estemos para detener su ataque. Y esta no es una preparación física, es espiritual.
Lo primero es, que tenemos que estar888 posición de batalla. Y para esto hay que aceptar que estamos en guerra. En una posición de batalla desarrollamos estrategias de ofensiva y defensiva. Nos apropiamos de las armas necesarias para pelear. Fortalecemos nuestras defensas. Desarrollamos una infraestructura capaz de resistir los ataques. Estamos en vela. Revisamos nuestro inventario. Todo esto se aplica en el aspecto espiritual como principios para hacer frente al enemigo.
¿Cómo el enemigo puede atacar a un hijo de Dios? De ninguna manera el enemigo puede atacar a un hijo de Dios, excepto que haya abierto una puerta espiritual o que Dios lo permita con algún propósito santo como en el caso de Job. Satán tuvo que pedir permiso a Dios para comenzar su batalla contra el siervo de Dios. Tuvo que pedir permiso para destruir su hacienda, eliminar sus hijos y herir el cuerpo de Job con una sarna. En este contexto debemos tener presente la importancia de la oración. La necesidad de la oración para detener las agendas de Satán.
¿Qué otras razones usa el enemigo para su ataque? Estamos bien relacionados con la historia del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento. Mientras la nación se mantuvo en obediencia, sometida a Dios, el enemigo nunca pudo prevalecer contra Israel. Pero cuando prevaricaron, siguiendo a los dioses cananeos, fueron entregados a sus enemigos.
Esto está escrito como ejemplo para nosotros. Peleamos una guerra mucho más difícil y complicada que la que peleó Israel. Nuestra batalla se remonta al Edén.
Las mismas estrategias que usó la serpiente para engañar a Eva están siendo usadas contra nosotros. Y hay dos elementos claves que llevaron a la tentación: la codicia y la avaricia. No había otra manera de tentar la pareja pues vivían prácticamente en un estado de perfección. No había corrupción moral. No había objeto alguno que se convirtiera en un vehículo legal para atacar la pareja. No tenían fortalezas mentales ni traumas donde el enemigo pudiera maquinar.
Y esa es la misma táctica usada por el enemigo contra la gente de Dios, llena de su Espíritu Santo.
Satán le dijo a Eva: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; 3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. 4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; 5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. 6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
Aparentemente Eva vio que lo que estaba a punto de hacer, en cierto aspecto era legítimo. Y dio más validez a la percepción de su mente que a lo que Dios había dicho.
¿Acaso no es esto lo que vivimos día tras día? Somos tentados en estos tres aspectos: el objeto es bueno. Lo puedo ver. Lo puedo tener en mi casa. Lo puedo llevar a mi cuarto.
Dos, agradable a los ojos. Me hace sentir bien. Y si me hace sentir bien ¿Por qué no tenerlo conmigo?
Y tres, codiciable para poder obtener algo que supuestamente es legítimo. No es malo alcanzar sabiduría.
Pero había un problema. Y es el mismo problema que tenemos nosotros en esta hora. Dios había dicho “NO COMERÁS”. Sin ambages, sin explicaciones. Fue un seco “no comerás”. Y le dijo a Adán las consecuencias: “ciertamente morirás.”
Esa misma palabra la tenemos hoy. Más ampliada y específica. Son los “no” de Dios. Son las bendiciones y maldiciones. Esa es la Biblia. Es la misma batalla que lidiamos día a día por nuestra salvación. Por lo tanto tenemos que en este aspecto ser violentos y luchar por nuestra salvación.
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Ana Ríos
22 de julio 2026





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