¡Entre dos caminos! ¡Entre dos mundos!
- relojprofetico
- Dec 3, 2025
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¿Qué hace que en tan breve tiempo una generación eche a un lado los grandiosos hechos de los cuales fueron testigos sus padres?
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La Biblia nos habla de una generación que no conocía a Jehová. El libro de Jueces 2:10 dice: Toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.
Esta generación que no conocía a jehová fue la generación que vino después de aquella que había visto milagros y maravillas. La generación del tiempo de Josué. Aquella que había experimentado provisiones y bendiciones de Dios tanto en el desierto como en la tierra que poseyeron.
Aquella gente vio abrirse el río Jordán, vio caerse las murallas de Jericó. Fue una generación que destruyó gigantes. Cuando los enviados a inspeccionar la tierra los vieron dijeron que ellos parecían como langostas al lado de aquellos gigantes. Pero los destruyeron. Los llevaron a un exterminio casi total. La cama de uno medía 13 pies en la medida de hoy.
Aquella generación enfrentó ejércitos mucho más poderosos. Hombres experimentados en guerras y batallas. Sus ciudades estaban amuralladas. Tenían armas sofisticadas. Carruajes que pocas naciones tenían. Vivían en casas artesonadas. Con pocos soldados, sin armas, sin caballos ni mulos, sin ropa apropiada, sin armadura Israel derrotó a todos estos ejércitos. ¿Por que? Porque conocían a Jehová su Dios y las obras que había hecho por sus antepasados.
Pero la siguiente generación vivió otra experiencia: la experiencia de haber dejado al Dios de sus padres e ir tras otros dioses. Los mismos dioses contra los cuales pelearon sus padres.
Adoraron a Baal y Astarot y e hicieron todas las abominaciones por las cuales Jehová había destruido aquellas naciones. Los récords históricos hablan de la barbarie de las culturas cananeas. Practicaban el canibalismo. Quemaban sus hijos en honor a sus deidades. Practicaban el bestialismo. Practicaban el satanismo en sus niveles más oscuros. Eran culturas endemoniadas. E Israel, el pueblo consagrado de Dios, se tornó a todas estas prácticas. Entonces Dios se tornó en su contra. Dice la Biblia que dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal y tuvieron gran aflicción.
¿Qué hace que en tan breve tiempo una generación eche hacia un lado los grandiosos hechos de los cuales fueron testigos sus padres? ¿Por qué no conocían a Jehová?
Podríamos presentar innumerables evidencias. Quizás fueron errores o descuidos. Quizás podríamos hablar sobre negligencia. !Aquella generación fue confrontada con dos caminos. !Con dos mundos!
Hay un fenómeno que se presenta como una constante del porqué una generación en tan poco tiempo se desliza sucumbiendo al pecado de apostasía y rebelión: la falta de conocimiento de Dios.
¿Qué llevó a aquella generación a la falta de conocimiento de Jehová?
El mismo fallo cometido por la presente generación de cristianos. Un fallo en inculcar el temor de Dios. Y este temor tiene primero que ser generado en mi corazón para que yo pueda transmitirlo y proyectarlo a los demás, especialmente a mis hijos.
Se requieren convicciones profundas, vivencias con Dios que me inspiren a mí transmitir los valores eternos e inmutables de la Palabra divina. Y no sólo transmitirlos, tengo que vivirlos. Aparentemente la generación del tiempo de Josué tomó esto livianamente. Algo que es de vida o muerte fue relegado a un segundo plano, a una leyenda de algo que pasó y que quedó sepultado en los anales históricos.
En cierta ocasión, mientras predicaba en una congregación, relataba un poderoso milagro de los hechos de Dios narrado por quien fui mi Pastor cuando yo era niña. Aquel hombre de Dios, junto a su esposa, daba un recorrido de alrededor de 20 millas por ríos y montañas en uno de los campos de Puerto Rico para predicar la palabra de Dios en el barrio donde me crié.
En uno de sus viajes había caído un diluvio que los agarró mientras predicaban, el río que tenían que cruzar había crecido arrastrando árboles y piedras. Pero aun así aquel piadoso hombre prosiguió su misión, siguió predicando. De regreso, ya de noche, no podían a travesar el río por la lluvia. Sus niños se habían quedado en su casa. Entonces frente al río crecido se bajaron de su Jeep, se arrodillaron y clamaron al Dios del cielo que hiciera un milagro. Y el milagro fue hecho. Las aguas se detuvieron como en los días de Josué y ambos pudieron cruzar. Luego las aguas se volvieron a su lugar.
Mientras narraba esto, los ojos de incredulidad me testimoniaban que esta es una generación que no conoce a Jehová. ¡Qué triste! ¡Con razón no vemos milagros ni maravillas en medio del pueblo!
El capítulo 2 y versículos 11al 23 de este libro de Jueces, específicamente presentan un cuadro triste y patético de esta generación que no conocía a Jehová. Habían sido seducidos por el espíritu cultural de aquella época. Los majestuosos templos paganos no tenían comparación con el humilde tabernáculo de pieles de animales.
Los sofisticados ritos a las imágenes estaban fusionados en todos los quehaceres del diario vivir y eran impuestos como modas de la época. La música estaba saturada de este espíritu contemporáneo. Pero los israelitas habían sido advertidos, tal y como nosotros hemos estado siendo advertidos por décadas.
El problema es que si no tenemos cuidado poco a poco nos vamos aclimatando. Nos vamos acostumbrando y haciéndonos parte de la época.
Cada época tiene sus dioses y seducciones. Cuando leemos estas historias de Israel en contubernio con los dioses cananeos nos imaginamos las grotescas figuras halladas por los arqueólogos de hoy y nos preguntamos cómo después de haber tenido una revelación tan sublime y glorioso del poderoso Jehová de los Ejércitos, aquel pueblo pudo sucumbir a la barbarie espiritual narrada en estos versículos.
No es que habían dejado el culto a Jehová, lo habían combinado con ritos paganos de las naciones que parecían ser más sencillos y agradables. Habían introducido la cultura cananea en el culto de Jehová y en las prácticas del diario vivir. Cantaban las canciones cananeas, usaban los vestuarios cananeos y comenzaron a adornar sus casas con los adornos cananeos.
El problema es el costumbrismo. El ser humano tiene una naturaleza que fácilmente se aclimata al ambiente que le rodea. Argumenta con el Espíritu Santo poniendo sus conclusiones en la mesa y quiere hacer lo que todo el mundo hace. Antepone su criterio al de Dios.
Y como no conoce a Dios, sus preceptos son como metal que resuena y címbalo que retiñe. Son como dice el Eclesiastés: Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. (Ecl. 12:11)
Recién comenzado nuestro pastorado me enfrenté a un dilema. Dilemas que están presentes en gran parte de la narrativa bíblica y que me lleva a entender el de esta generación descrita en este capítulo 2 de Jueces. Y me refiero a una madre que al paso de los años fue testigo de la destrucción espiritual de las únicas dos hijas que tuvo. Aquella madre parece que pensó que la vida cristiana era solo un ir y venir a la iglesia.
Su eslogan era que no impondría a sus hijas el mismo yugo que se le impuso a ella y prácticamente su cristianismo se limitó a poner en práctica un eslogan político muy famoso en Puerto Rico: “Vivir lo mejor de los dos mundos”.
Pero esto no aplica a la vida cristiana. Jesús dijo: No podéis servir a dos señores. No podéis servir a Dios y a Mamón. No podemos comer de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios a la misma vez. Y esta madre expuso sus hijas a toda la fanfarria del siglo presente. Los conciertos de artistas seculares no cristianos donde se vitoreaban los ídolos del mundo eran su predilección.
La vibración de música y géneros musicales producidos en los altares del siglo son abominación a Dios. Y todo esto fue asimilado como algo natural por unas mentes tiernas que como esponjas absorbían todo lo que se movía alrededor. La gran oportunidad para inculcar el temor y el amor a un Dios que tiene poder para llevarnos al cielo, que tiene mansiones preparadas para los que le aman, que ofrece una vida de paz y seguridad fue desperdiciada. Fue pasada por alto.
Pero este Dios que tiene el poder de llevarnos al cielo también nos dice que
Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte. Proverbios 14:12
Dos veces lo afirma la palabra: Proverbios 16:25 y Proverbios 14:12
Estas dos niñas llegaron a jóvenes. Ya adultas me encontré con ellas y pude entonces entender por qué la generación de la cual habla este capítulo se echó a perder: “No conocían a Jehová, ni la obra que Él había hecho.” Y lamentablemente así vive la nueva generación de pentecostales que crecieron en las bancas de las iglesias, incluyendo hijos de pastores.
La presente generación de cristianos es una generación muda, teológicamente hablando. Ni le predican al mundo, pero tampoco predican a sus hijos y mucho menos a su familia. No inculcan valores que son eternos y de los cuales dependen su existencia. No se ora con los niños. No se les lee la Biblia. Jesús no es un héroe para los niños, otros han usurpado su lugar. Si hoy ponen a un hijo de un cristiano a elegir entre Jesús y Bad Bunny o cualquier otro de los famosos de hoy, erigirán al conejo porque están aprendiendo a danzar bajo su fuego. No a danzar bajo el fuego del Espíritu de Dios. Danzan bajo el fuego del espíritu del mundo. El dios que ahora opera en los hijos de desobediencia.
Esta es una generación de hijos de cristianos espiritualmente analfabeta. Desconocen los hechos de Dios porque no se les testimonia de sus grandezas. Son expertos de la tecnología, pero ignorantes de la Biblia.
Viven "lo mejor de los dos mundos." En la iglesia por la noche, si acaso van, le cantan a Dios, pero por el día afinan sus oídos para oír las canciones cananeas. La mayor parte de los ritmos y canciones de los ídolos del presente pasaron por el fuego de Baal, porque han sido consagradas al dios de este siglo.
Y Dios es un Dios celoso.
Israel sólo podía retener la tierra y completar su conquista por la misma fe por la cual habían entrado primeramente. Pero la habían desgastado enfervorizándose ante los ídolos. Quemando incienso en lugares extraños. Usando las vestimentas cananeas, comiendo la comida cananea y cantando la música cananea. Y así está la fe de esta presente generación: quemada… desgastada. No en balde Jesús hizo una pregunta retórica: Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? Lucas 18:8
La fe nunca es cosa del pasado. Es una sustancia viva. Y es perennemente contemporánea. Es una fe de ahora, del momento. Y es en este momento cuando más dependo de esta fe en Jesús y su omnipotencia. Si espero tener fe para cuando llegue la prueba, para cuando lleguen las tormentas me hundiré en las aguas como Pedro. La fe es una chispa energética que produce vida. Es como una semilla con vida latente. Dios probó la fe Israel, nosotros seremos también probados. Nuestra fe será probada.
Vemos como después de la muerte de Josué rápidamente Israel declinó enredándose con las naciones de alrededor, mezclando sus idolátricos ritos con el servicio de Jehová, descuidando la guerra contra los cananeos.Habían sucumbido en un declive tal que no pudieron librar a Sansón de las manos de los filisteos. Las batallas del presente son más desafiantes que las que peleó Israel pues ellos peleaban por una tierra. La fe ya había sido energizada pues vieron los milagros.
Nosotros peleamos por una fe, por el alma de nuestros hijos, nuestras familias y nuestro país. Peleamos por nuestra cultura que nos está siendo arrebatada día a día. Peleamos por la iglesia que se aleja más y más de Dios. Peleamos en un ámbito espiritual con enemigos que no vemos, con seres espirituales que nos engañan, nos seducen y si no estamos en guardia, toman control de nosotros, de nuestros hijos y nuestras casas.
Y esta batalla nos drena. Nos agota. Es como si no nos quitaran el puño de encima. Hoy tenemos alguna pequeña victoria, pero solo es para recobrar un poco de fuerza para enfrentar la próxima. Quizás más feroz.
Es una guerra mortal. Nos están envenenado. Están rociando los aires con químicos mortales. Están dañando nuestros alimentos. Le meten aditivos a nuestros alimentos para que sigamos comiendo más y más y no ayunemos. Nuestra agua está siendo contaminada. Nuestros hijos son consumidos por la tecnología. Son drogados bajo engaño.
Valores sempiternos de los cuales depende nuestra subsistencia como civilización están siendo trastocados. Las mentes de los niños están siendo bombardeadas con ideas extrañas con la aprobación del gobierno. Están mutilando los niños, cambiando su sexualidad. Estamos siendo bombardeados día y noche con ondas electromagnéticas para cambiar nuestros pensamientos y alterar nuestros valores.
¿Qué vamos a hacer? ¿Permanecer indiferentes con la excusa barata que otras generaciones han vivido lo mismo y todo sigue igual? ¿Justificarnos? ¿Decir que estamos cansados? ¿Hacernos de la vista larga y dejar que todo siga su curso normal?
¿O agarraremos la espada y echaremos mano al pavés? ¿O tomaremos la resolución de Josué? Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová. Josué 24:15
El llamado está en pie. Dios nos dice:
Preparad escudo y pavés, y venid a la guerra. Uncid caballos y subid, vosotros los jinetes, y poneos con yelmos; limpiad las lanzas, vestíos las corazas. ¿Por qué los vi medrosos, retrocediendo? Sus valientes fueron deshechos, y huyeron sin volver a mirar atrás; miedo de todas partes, dice Jehová. No huya el ligero, ni el valiente escape… Jeremías 46:3-6
Nehemías nunca soltó la espada. Es mas, dice en la Palabra: Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. Nehemías 4:18
Estes es el consejo del Espíritu Santo para nosotros en esta hora, tenemos que tomar las armas del Espíritu:
Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.
16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. Efesios 6:10-18
Por Ana Ríos
3 de diciembre 2025



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