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Los mensajeros de Joab

  • relojprofetico
  • Jan 8
  • 5 min read

“Les estoy dando un corazón que me conozca. Debido al gran desaliento y desánimo de muchos de estos mensajeros que están escondidos, he enviado este mensaje para consolarlos y animarlos para que sigan adelante.”

 

El mes pasado el Señor me dio instrucciones de “cerrar mi boca dentro de mi casa” por un corto tiempo para estar a solas con Él y buscar su presencia. Mientras oraba y ayunaba el Señor comenzó a hablarme sobre los mensajeros. Su Espíritu me llevó a leer el recuento de 2 Samuel 18 sobre los dos mensajeros llamados Ahimas y el etíope.

 

Ya que esta porción de la Escritura es larga, si es posible, le recomiendo que lea 2 Samuel 18 antes de proseguir con este artículo. Para aquellos que no pueden leer este capítulo de inmediato trataré de condensar brevemente algunos detalles.

 

Absalón, el hijo de David, se había rebelado contra David para sacarlo del reino. Los ejércitos de David fueron en batalla contra Absalón y aquellos que se habían aliado a Absalón contra David. Mientras los ejércitos salían a la batalla, habían recibido instrucciones de David de no matar a su hijo. (v.5)

 

Sin embargo, Joab, uno de los tres capitanes del ejército y diez de sus pajes de armas, hallaron a Absalón colgando de un árbol por los cabellos de su cabeza. A pesar de las órdenes de David ellos lo mataron (versos 9-15).

 

En los versos 19 al 32, dos mensajeros fueron enviados por Joab al rey David para darle las nuevas de la batalla. Un hombre joven llamado Ahimas pidió a David que lo enviara aun cuando él no tenía mensaje alguno que llevar (versos 19-23).

 

Joab da el mensaje sobre la muerte de Absalón a un etíope (verso 21).

 

Leí 2 Samuel repetidamente, preguntándome la razón porqué el Señor me había dado este capítulo, Finalmente, después de días de oración y ayuno, el Señor comenzó a revelarme por qué había puesto este capítulo en mi corazón.

 

“Hay muchos hoy en día que vienen ante mi presencia”, me dijo el Señor. “Escuchan cuando yo comienzo a hablarles, e inmediatamente comienzan a correr con lo que han escuchado. No se dan cuenta, sin embargo, que solamente han recibido una pequeña porción del mensaje completo. En lugar de permanecer en mi presencia para recibir el mensaje completo, solo toman la pequeña porción que han recibido y corren a compartirlo con otros.”

 

“Están también aquellos que corren sin haber recibido ningún mensaje. Así eran los mensajeros de Joab,” me dijo el Señor. “Uno de los mensajeros de Joab corrió sin ningún mensaje. Él había visto algunas de las batallas, sabía que algo momentáneo había ocurrido y quiso correr con algo de aquel poquito de conocimiento que tenía. Ese conocimiento, no obstante, era sin valor y confuso. Al correr con un mensaje sin valor y confuso, trajo confusión, falsa esperanza y falsa paz a los corazones de aquellos a los cuales había corrido.”

 

“El otro mensajero de Joab llevó un mensaje verdadero, pero nunca pensó en el impacto que causaría aquel mensaje en sus oyentes.  Lo que él percibió ser un mensaje de victoria en su lugar se convirtió en un mensaje de dolor y angustia.

 

“Yo he llamado aparte a un grupo de mensajeros que estarán siempre en Mi presencia,” me dijo el Señor. “No correrán con un mensaje hasta que mi latido no sea sentido en el mensaje. Estoy abriendo sus entendimientos al impacto de cada palabra y cada mensaje que entreguen a otros en Mi nombre. No correrán por correr.”

 

“Cuando reciban la orden de correr con un mensaje de mi parte, no solo sabrán el mensaje, sino que mi corazón y mi propósito estarán en el mensaje. Conocerán también el corazón de la persona o grupo de gente a quien son enviados. No darán una palabra innecesaria o descuidadamente o un mensaje mío a algún grupo o persona que no haya la necesidad de afligir sus corazones. Temblarán con un respeto y temor reverente cuando mis palabras sean puestas en sus bocas y el mensaje llegue a sus corazones.”

 

“Los mensajeros de Joab provocaron aflicción a aquellos a quienes llevaron el mensaje. Joab fue degradado a consecuencia de este mensaje que había enviado a David. Aquellos que corren cuando yo no les he dicho que corran o hablen cuando yo no les he dicho que hablen perderán su lugar de delante de mí y serán echados a un lado como vasos infructuosos e impuros. “

 

¿Dónde están los mensajeros en este momento? Pregunté al Señor.

 

“Los tengo escondidos”, replicó el Señor.

 

¿Dónde? Pregunté al Señor.

 

“Están ante el Jordán y en Sidón.”  Replicó el Señor. “Están en un lugar donde hay hambre de mi palabra. Lloran y gimen por oír mi voz. En este momento muchos están siendo alimentados espiritualmente con lo que una vez fue considerado inmundo. Tengo el poder de convertir aquello que es considerado inmundo en un medio de sustento para aquellos que es requerido.”

 

“Yo usé unos cuervos inmundos para alimentar a Elías cuando se escondía en el Jordán en el tiempo del hambre, también un poco de comida y aceite para sostener a mi mensajero. Los sostendré con lo que haya a la mano.”

 

“Tengo una compañía de Abdías que han estado protegiendo a mis mensajeros,” continuó diciendo el Señor. “Estos Abdías no tienen el mismo espíritu que tenía Joab. Mi compañía de Abdías está en la presencia del Rey, y son de la casa del Rey. Están siendo enviados para proclamar la venida de los mensajeros.”

 

“Cuando estos mensajeros aparezcan no serán bien recibidos a primera instancia. Serán mal entendidos y lo tendrán que soportar. Habrá acusaciones contra ellos. Tendrán rostros de pedernal contra todo lo que venga. Hablarán osadamente mi palabra y darán mi mensaje. Convocarán a la gente para exponerle sus pecados y exhortarlos que vuelvan a mí. Repararán lo que ha sido roto en mi casa. Levantarán altares con sacrificios aceptables en ellos. Y lo harán con mucho cuidado ya que no solamente habrán aprendido a discernir y oír mi voz, sino también mis latidos y mi voluntad y el propósito del mensaje. No usarán mi palabra engañosamente o de acuerdo con sus motivos personales.”

 

“Les estoy dando un corazón que me conozca. Debido al gran desaliento y desánimo de muchos de estos mensajeros que están escondidos, he enviado este mensaje para consolarlos y animarlos para que sigan adelante. Es para fortalecerlos y sostenerlos. Diles que dentro de poco tiempo oirán mi voz nuevamente con corazones y oídos purificados. Todavía estoy con ellos. No los he desamparado.

 

En Él,

 

Hollie L. Moody

 19 de febrero 2002

 
 
 

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