Los peligros de la incredulidad
- relojprofetico
- Oct 19, 2025
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Ana Ríos 19 de octubre 2025. La incredulidad es un problema grave que sufre el reino de Cristo en esta hora. Esta es una incapacidad de la mente y un síntoma del alma que ha perdido el candor de la sencillez del caminar con Cristo.
Hebreos 11 es una galería de crédulos que creyeron en medio de las tormentas de la hostilidad y contra toda esperanza. Pero el resto de casi toda la Biblia, especialmente el Antiguo Testamento, es una ilustración bien gráfica de las consecuencias de la incredulidad frente al trato y hechos de Dios en su trato con los humanos.
Un diccionario secular, RAE, hace una descripción breve de este estado del alma, dice que es: repugnancia o dificultad en creer algo, escepticismo, desconfianza, suspicacia, sospecha, recelo, duda.
No en balde somos amonestados para que tengamos cuidado y no caigamos en el foso de la incredulidad.
La incredulidad es un estado crítico del alma que ha sido acondicionada vez tras vez por los argumentos vanos de la mente y del mundo. Estos argumentos, lo que la Biblia llama fortalezas, han servido como ladrillos que a través de años de exposición, acondicionamiento y razonamientos vanos se han ido levantando hasta formar un armazón casi impenetrable e inaccesible donde difícilmente el Espíritu Santo puede trabajar.
Hace unas semanas atrás tuve un sueño bastante extraño. Estoy en un lugar al aire libre. Era una montaña y había muchos árboles y vegetación. No sé dónde era. Los que estábamos allí éramos todos cristianos. La única que recuerdo es a mi hija.
Había sido enviado desde el cielo un libro sobre algo terrible que se acercaba. Estaba sobrecogida de pavor pues mis sentidos espirituales estaban en estado de alerta y sabía sobre el peligro. Estaba sobrecogida de terror por el contenido del libro. En mi pensamiento titubeaba si lo leía o no pues sabía que lo que relataba era algo aterrador que vendría.
Estaban reclutando gente. Pasó un pequeño grupo. Me di cuenta de que los sentidos de la gente estaban medio aturdidos y no entendían nada de lo que pasaba.
Había una niebla espantosa. Había llegado aquel libro del cielo y se hacía un llamado para que lo leyéramos. Como mis sentidos espirituales estaban bien alerta yo tenía ya una noción del contenido del libro, y me decía a mí misma que no quería leerlo pues el mensaje era tan fuerte que traería más aflicción a mi alma.
Pero sentía urgencia por leerlo aun cuando se agolpaba sobre mí el impacto de lo que decía. Percibía en mi espíritu que estaba relacionado al sello de la bestia. Yo sentía una desesperación terrible porque lo que venía era un terrible engaño de tal magnitud donde caerían cristianos y líderes eclesiásticos y se harían parte del sistema del anticristo.
Hacían el llamado a los que estábamos allí. ¡Era una premura, algo tan inminente! Había una insistencia. Era como un campo de reclutamiento y el trabajo era leer el libro, documentarse y recibir un entrenamiento para desprogramar a la gente.
Había que desprogramarlos porque habían sido programados a través de la TV, computadoras, celulares, música y todo lo que había en el ambiente.
En el sueño, allí mismo, tengo una visión y me muestran algo raro que no pude descifrar. Era algo parecido a una máquina ATH pero en forma de libro. Era una de las formas para desprogramar a los cristianos que estaban en el letargo. Pasó un grupo para el trabajo.
Como no eran muchos los que estaban dispuestos y la urgencia era tan grande, enviaban siervos de Dios que ya estaban con el Señor para dar el mensaje. Entre ellos vi gente conocida que ya están con el Señor. Vino a mi mente Mateo 27:53:...he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
En la premura de dispersar el mensaje de la redención, Dios envió a estos santos a esparcir el mensaje. Entiendo que pronto sucederá lo mismo por la urgencia de advertir a la humanidad sobre el engaño que viene. Yo me retenía porque sabía que el proceso era crucial.
Yo me decía a mí misma que era terrible lo que venía, que la gente no tendría escapatoria y que los que vivían en ciudades grandes quedarían encerrados y no podrían salir. En ese terror, percibiendo el contenido del libro desperté.
Sentía miedo, me sobrecogía el mismo terror y me levanté a orar. Oré un rato y me acuesto y sigo con el sueño. Pero en este momento estaba frente a un Pastor. Se agarraba la cabeza porque estaba en una batalla mental. Me decía: “Te creo algunas cosas de lo que primero me dijiste, pero no acepto tu interpretación de…” (y me dio una cita bíblica que no recuerdo bien).
De momento comienzo a profetizar y le decía: “La línea de la incredulidad es bien fina y por caminar por esa línea (dije un nombre que no recuerdo) se perdió.” Luego el Pastor comienza a hablar lenguas y prosigue a dar un mensaje, pero yo intentaba escucharlo y no podía. Por más que luché no entendí. Salí de la visión.
Lo que percibo es que Dios hablará a muchos Pastores para advertir a los rebaños, pero lo harán a su manera, querrán proteger sus reputaciones e intereses personales y el mensaje no llegará.
Este es el estado más peligroso que vive la iglesia en esta hora: un estado de incredulidad. ¿Por qué esta incredulidad?
Hemos hablado muchas veces de una historia bien conocida: La historia de la mujer de Lot quien gustó la gracia y misericordia de Dios. Dos ángeles fueron enviados con una misión. La misión de dar fin a la condición pecaminosa que imperaba en aquel pequeño reino.
Estos ángeles fueron hospedados por Lot y su familia. Con ellos comieron y allí durmieron. ¿No es esto misericordia? ¿No es esto gracia? ¿Qué llevó a esta mujer a quebrantar una palabra que servía como condición para escapar del terrible juicio que caería sobre aquel reino?
Simplemente no creyó. No sólo ella, sus futuros yernos, quienes dice la Biblia se burlaban del mensaje de los ángeles.
¿Qué lleva a un ser humano a tal nivel de cauterización espiritual y emocional? Lo que nos exhorta el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2
¿Qué es conformarse? El diccionario dice que es sujetarse voluntariamente… Dar forma a algo o a alguien; convenir con otro, ser de su misma opinión y dictamen.
Quiere decir entonces que cuando nos sujetamos voluntariamente a todo lo que dictamina este sistema, cuando dejamos que el mundo nos forme, cuando convenimos con este sistema para ser de su misma opinión o dictamen se nos hace difícil aceptar y comprobar la buena voluntad de Dios que es agradable y perfecta.
No sin razón nos insiste tantas veces el Espíritu Santo sobre los peligros de amar al mundo y de entrar en amistad con él. Dios no quiere que vivamos cómodos aquí en la tierra. ¡Y nadie sobrepasa a Dios en querer lo mejor para un hijo! Su amor es perfecto e ilimitado.
Cuando se entra en esta zona de comodidad y complacencia con este sistema los sentidos espirituales se aturden porque estamos en conformación con el mundo. Entonces viene la incredulidad. Entonces viene el “todo esto es una farsa”, el “yo no le importo a Dios”, el “Dios me ha abandonado”, el Dios se ha olvidado de mí”. En este estado hacemos a Dios mentiroso.
La fue muere entonces y cuando la fe muere se entra en un estado comatoso. La credulidad que es lo contrario a la incredulidad, son las alas de la fe. Si a la fe se le cortan las alas muere.
Entramos entonces a una zona peligrosa: la fe muerta que tienen los demonios. Santiago 2:19 dice: Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.
El tiempo que vivieron Jeremías y Ezequiel fue bien difícil. Para mí fueron los dos ministerios más sufridos en la narrativa bíblica. No es fácil ver el colapso, la decadencia moral y espiritual y mucho menos la mano del juicio de Dios sobre el lugar que se ama.
Con la destrucción de la nación no solo se perdía el país amado, toda una vida de sueños y añoranzas se derrumbarían sin ver la luz. Era como morir y seguir respirando. Y me imagino ver a Dios entrar en un estado de angustia y desesperación. Dios comenzó una búsqueda a fin de detener el juicio.
A mi entender, cuando Dios determina juicios sobre pueblos, seres humanos, obras humanas, etc. Dios llama a toda su corte celestial y se lleva un proceso semejante a los que se hacen en la tierra. Entiendo que allí también está Satán como un acusador pues él es una autoridad, es un príncipe. El proceso del juicio lo determina entonces si hay causa probable.
Allí se presentan las causas y los argumentos, se debaten los hechos, los pros y los contras. Allí los ángeles lloran cuando se dictaminan sentencias. Jesús llora, el Espíritu Santo sufre, el Padre se conmueve y su corazón es quebrantado porque no quiere que los humanos sufran. Dios no quiere juicios.
Hay que introducirse emocionalmente en el libro de Jeremías y Ezequiel para entender la profundidad del sufrimiento de Dios cuando un juicio es determinado.
Es aquí, cuando la balanza de la justicia se ha inclinado, que Dios intenta ir más allá. E intentó librar al pueblo de Israel de la sentencia que se dictaría pues había sido declarada culpable en el juicio llevado a cabo. Dios dijo:
Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Ezequiel 22:30
Se requiere entonces de alguien que represente a los acusados o al acusado, en este caso al país. Alguien que se pare en la brecha.
¿Qué es pararse en la brecha? Es meterse en el medio por alguien. Es decir “yo recibo el golpe”, es decir “yo recibo el juicio”. Y sobre todo, es decir: Yo creo. Yo creo en tus juicios, pero también creo en tu misericordia. Creo en tu justicia, pero también creo en tu bondad.
¿De qué manera aquella pérfida nación podía detener la sentencia que había en su cabeza? Primero: creyendo a los profetas. Los profetas son los voceros de Dios que imparten instrucciones, que dan consejo divino sobre cómo escapar y no ser sentenciados.
Entonces se procede a abogar por nuestra causa. Y en este caso tenemos un nombre que es sobre todo nombre. Tenemos a Jesús nuestro abogado e intercesor. Y recordemos que Dios tiene el poder del veto.
Todo esto requiere humillación, requiere disposición de corazón, requiere sacrificio. Y sobre todo requiere creer.
El problema del tiempo de Jeremías y Ezequiel es que la nación había perdido el sendero. Y cuando Dios puso las señales de que iban por un camino equivocado no creyeron. No creían a los profetas que les hablaban la verdad, pero sí a los que les hablaban cosas agradables al oído. ¿Por qué? Porque a veces la verdad de Dios es dura porque no está a tono con la percepción personal nuestra de lo que es la verdad.
La verdad de Dios nos confronta con nuestra realidad y hay que ser humilde para admitir públicamente que hemos fallado. Para confesar pecados y transgresiones.
Jesús regañó a Tomás por ser incrédulo y esto lo llevó a poner una bendición sobre los que creen sin ver. Si nunca has visto un ángel, si nunca has tenido una visión de Jesús. Si ni aun en sueños has tenido ni una leve vislumbre de la persona de Dios y aun así crees, entonces estás bajo una bendición.
Estás bajo la bendición de los creen sin nunca haber visto. Ocuparás entonces lugares de honor en la gloria venidera. Lugares de privilegios que quizás no tendrán los que vieron.
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Dios le bendiga.



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