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Los peligros del descuido espiritual

  • relojprofetico
  • Sep 19, 2025
  • 5 min read

Updated: Sep 21, 2025


Este es un tema que prácticamente aparece incluido, ya sea como advertencia o exhortación en cada uno de los mensajes que presentamos ¿Por qué? Porque el tiempo es corto. Porque no nos preparamos de un día para otro. Porque volver a recuperar lo perdido cuesta y aun muchas veces ni logramos recuperarlo. Pero el descuido es el problema más grave que tiene Dios con su pueblo en esta hora.


Jesús quiso ser tan enfático respecto a esto que nos condensó la exhortación en una de las parábolas más gráficas en lo que a nuestra eternidad concierne: la parábola de las diez vírgenes. Mateo 25


Y no vamos a entrar en detalles que ya han sido explicados en muchas exhortaciones. Vamos a detenernos en un punto bien importante:


·      Todas eran vírgenes;

·      Todas tenían lámparas;

·      Todas tenían el aceite;

·      Todas se quedaron dormidas;

·      Todas se enfocaban en un único propósito: esperar al esposo.


Esta es una representación de todos nosotros. El cristianismo de este último tiempo aparece dentro de esta categoría. Todos somos vírgenes. Personas que una vez tomamos el estandarte de Cristo, pero quizás nos olvidamos de que el recorrido es largo y difícil. Personas que comenzamos a edificar una torre, pero olvidamos calcular los gastos.


Nos olvidamos que un camino de tres días nos tomaría cuarenta años atravesarlo. Que nos esperaba un desierto inhóspito donde caminaríamos bajo las inclemencias de un candente sol por el día y un helado frío por la noche. Un desierto donde no habría agua ni comida.


Nos olvidamos que antes que se nos pusiera una corona de oro en nuestra cabeza tendríamos que cargar con una de espinas. Nos olvidamos que nos envolveríamos en una guerra. La guerra de los siglos. La guerra entre el bien el mal. La guerra entre la carne y el espíritu. La guerra del alma. Una guerra por nuestros hijos, por nuestro país y por nosotros mismos.


¿Por qué es tan importante la comprensión de esta parábola en esta hora? Porque podemos caer en el mismo error de aquellas cinco vírgenes insensatas. Un error que nos podría costar nuestra eternidad si es que no actuamos rápido.


¿Qué es descuido? Es sinónimo de omisión, negligencia, falta de cuidado. Es ser despistado, distraído, actuar con dejadez, apatía, desgana.


¿Está justificado el descuido en un creyente? No.  Porque Dios nos ha dado herramientas y más que herramientas, advertencias de que no nos enredemos en los afanes de este siglo y perdamos de vista nuestro enfoque en nuestra eternidad.


Dios nos dejó la Biblia que está llena de ejemplos sobre cómo correr esta carrera, cómo pelear nuestras batallas y salir triunfantes. Hay muchos senderos trazados en este gran libro que nos llevarán a encontrar nuestro propósito en la vida. Que nos prevendrán del descuido.


La vida de los hijos de la fe es como los terrenos de siembra. Por más fértiles que sean si no se les da cuidado crece la maleza y se vuelven inútiles.  Dios nos comparó a una viña que fue sembrada de uvas, pero a raíz del descuido se echó a perder. Y por no cumplir con su propósito, quedó al descuido hasta desaparecer.

Satán usa muchas herramientas para erosionar nuestra vida espiritual y toma ventaja de nuestros descuidos. El más peligroso es la apatía o la impasibilidad del ánimo.


La apatía no solo nos tira dentro de un conformismo corrosivo, comienza a arroparnos dentro de su manto negro de desesperación. En este estado, cuando nos vemos frente a disyuntivas sobre qué camino tomar, nos lanzamos por el más apelativo a nuestros sentidos carnales o por el más fácil.


La vida espiritual de muchos hombres y mujeres de Dios se ha visto truncada cuando se dejaron envolver por el manto negro de la apatía. En un estado de apatía perdemos la capacidad de discernir. Y el brillo de la esperanza que debe fulgurar como lucero en nuestro horizonte pierde su esplendor. Es aquí donde entra la desesperanza y la desesperanza anula la fe.


Y el Espíritu Santo nos dice que la victoria que vence al mundo es nuestra fe y que sin fe es imposible agradar a Dios.


El sacerdote Eli ejercía una de las funciones más grandes e importantes que cualquier ser humano pudiera desempeñar en la tierra en ese tiempo. Era un representante de Dios en la tierra. Ninguna de las criaturas de Dios, ni ángeles, ni serafines, ni arcángeles, ni querubines jamás habían ostentado un título tan honorífico como el de Sumo Sacerdote.


Eli cargaba con esto sobre sus hombros. Era una gloria, un honor. Algo que los ángeles anhelaban. Pero lo perdió. ¡Y de qué manera lo perdió! Fue amonestado una y otra vez. Dios esperó años por este hombre. Años para que tomara una resolución en su vida. Pero nunca hubo una humillación ante Dios quien es perdonador.

El descuido se convirtió en un estilo de vida que imposibilitaba a este hombre cumplir con sus responsabilidades.  ¿Qué caracterizaba este descuido? Una mordaz apatía que lo mantenía sumido en un estado de indiferencia y letargo espiritual.


A causa de esto la palabra de Dios escaseaba y no había visión con frecuencia. Pero antes que la lámpara de Dios se apagara, antes que se fuera el Espíritu Santo y abandonara aquella morada, Dios en su misericordia se suscita un instrumento. Dios escoge a Samuel.


Cuando Dios le habla a través de Samuel, su respuesta fue casi sarcástica. Leamos lo que dice la Biblia:


 10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. 11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. 12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. 13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. 14 Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí. 16 Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí. 17 Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo. 18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere. 1 Samuel 3:10-18


Estos son ejemplos para que no cometamos los mismos errores. El descuido es peligroso. Pablo le escribe a los Filipenses: Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.   Filipenses 2:12 

Ocuparse es obedecer a Jesús y hacer su voluntad. Es mantenerse activo, orando, ayunando, leyendo la Biblia y tener un corazón dispuesto todo el tiempo diciéndole a Dios que haga lo que quiera en nosotros.  


Ana Rios


Nota: Envíenos sus comentarios, experiencias, sueños o revelaciones que usted entiende ha recibido del Señor para bendición y beneficio de la iglesia de Cristo. Si no desea que su nombre sea publicado, por favor nos lo deja saber. Escríbanos a: relojprofetico@hotmail.com


 
 
 

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