No apaguéis el Espíritu
- relojprofetico
- Aug 10, 2025
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Investigué en el diccionario sobre la palabra apagar y encontré los siguientes significados: “Extinguir la luz o el fuego; echar agua a la cal viva para transformarla en cal muerta; aplacar, sosegar; que se emplea para dar alguna cosa por terminada.”
¡Esa es la condición patética de gran parte de la iglesia en esta hora, ha sido transformada en cal muerta, en sal sin sabor! Ha ido extinguiendo poco a poco esa llama ardiente. Ha sosegado el celo por Dios; ha dado por terminado el poder del fuego en su vida. Y Dios le dio una orden específica a Moisés en Levítico 6:13: El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.
¿Qué es ese fuego? Es el calor, la llama, el fuego que es provocado por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Recuerdo que cuando era pequeña en mi casa se usaba el fuego para muchas cosas. Vivíamos en un campo donde teníamos todo lo necesario para vivir excepto los lujos que tiene hoy la presente generación. El fuego era esencial, con él nos alumbrábamos cuando eran encendidas las lámparas de kerosene; cocinábamos también la comida en el fogón. Con fuego se planchaba la ropa con una plancha que se le introducían piezas de carbón encendido para calentar la plancha. Usábamos fuego también para quemar la basura. Y así, el fuego era una parta vital para poder sobrevivir en esos tiempos en Puerto Rico.
La obra del Espíritu Santo que es como fuego purificador en la naturaleza humana. Se compara a las necesidades que había del fuego en esos tiempos de mi infancia y que aún prevalece en muchos países subdesarrollados hoy en día. Sin el fuego es imposible la subsistencia.
Analizando los significados que se derivan de este vocablo “apagar”, entendemos la insistencia del apóstol Pablo al amonestar a los creyentes de su tiempo sobre la pertinencia y la necesidad de mantener el ministerio del Espíritu Santo activo en la vida diaria. Esta insistencia era provocada por una preocupación que le había sido transmitida por el mismo Espíritu Santo para advertirnos la importancia, la necesidad de mantener siempre el fuego del Espíritu ardiendo en nuestra vida cristiana.
Cuando apagamos algo es porque está encendido. Y escribiendo a los Efesios, el apóstol vehementemente hace una amonestación seria en el capítulo 4 y verso 30: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención.
Después de la salvación, la experiencia más importante y extraordinaria que puede suceder en la vida de una persona es la inmersión en el fuego del Espíritu Santo. Sin esa llama en nuestras vidas no podremos jamás a travesar este oscuro y frío desierto de la vida. Dios envió una llama durante la noche a los israelitas mientras caminaban por el desierto. La llama de fuego les servía de protección a las amenazas de animales depredadores durante la noche. También los protegía de ejércitos invasores quienes podrían ver la vulnerabilidad de aquella multitud en medio de aquel lugar inhóspito. Además, les señalaba el camino por donde transitar y los protegía dándoles calor en las bajas temperaturas desérticas. Lo mismo hace ese fuego del Espíritu en nuestras vidas.
Satán es bien astuto y una de las artimañas en la cual ha tenido éxito es cambiarnos la perspectiva divina sobre lo vital que es el Espíritu Santo en nosotros, sobre la necesidad del fuego. Ha usado muchas estrategias y una de ellas es plantar en nuestra mente la percepción errónea de la civilidad. En que hay que ser como todo el mundo, personas “cultas”. Sus palabras son lanzadas desde diferentes ángulos y como dardos se incrustan en nuestras mentes hasta ser aceptados como una verdad.
Cuando el gran avivamiento barrió a Puerto Rico sacando los hombres y mujeres de las barras y prostíbulos, convirtiéndolos en personas de bien y derribando los altares del espiritismo y la brujería, generalmente las personas “cultas” menospreciaban y se burlaban de las actitudes de estos conversos. Como Mical criticó a David cuando danzaba en el Espíritu, esta gente se mofaba de los que danzaban en el Espíritu, hablaban lenguas y ministraban los dones de una manera sobrenatural. Poca de esta gente aceptó la gracia de Dios, sólo los pobres de escasos recursos.
El enemigo fue taladrando y trabajando en la conciencia de los bendecidos hasta que se convencieron de las sugerencias de Satán, que hay que ser “civilizado”. Usaron como premisa el texto bíblico: 1 Corintios 14:40: Pero hágase todo decentemente y con orden.
Esta “decencia y orden” que habla el apóstol es el orden de Dios. Omitieron por tanto el contexto que explícitamente dijo Jesús: Lucas 16:15 Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.
La intervención del Espíritu Santo en nuestra vida obra la ministración del sacrificio expiatorio de Cristo y nos prepara a través de la santificación para el encuentro con nuestro Señor. Pero si apagamos el Espíritu y peor aún, si contristamos al Espíritu Santo en nuestra vida, corremos el riesgo de desligarnos de la gracia divina y perder la salvación de nuestra alma. Porque ese es el sello de nuestra promesa.
La Sagrada Escritura nos ilustra un dato de suma importancia. En Génesis 1:2 dice: Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas.
Aquí vemos un caos existente en la creación, pero el Espíritu de Dios está como un Celador o Protector de la creación de Dios. De la misma manera que sirvió como un fuego protector durante la oscuridad del pueblo que caminaba por el desierto, ese fuego protegía la tierra, la creación de Dios. Esta misma obra se produce en la vida del creyente cuando acepta el sacrificio de Cristo en su vida. Inmediatamente es rodeado por esta llama y toda su naturaleza queda inmersa en el poderoso fuego del Espíritu Santo. ¡Aleluya!
Jesús dijo que el Espíritu Santo nos guiaría a toda verdad. Juan 16:13 dice: Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
Por lo tanto, la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas:
· Nos deja saber lo que vendrá sobre la tierra.
· Nos protege del engaño.
· Crea un cerco protector en nuestras vidas contra la ola de maldad que nos rodea.
· Nos guía por sendas de justicia mostrándonos el camino por donde debemos andar.
· Nos santifica para el cielo.
· Nos deja saber los secretos que Jesús y el Padre hablan.
¿Qué hace que el Espíritu Santo se apague en la vida de un creyente? Hay actitudes, pecados y errores que nos pueden llevar a que el Espíritu Santo se apague en nosotros, pero veamos por lo menos tres que el Espíritu Santo ha puesto en mi corazón:
1. La desobediencia: El Espíritu se apartó de Sansón a raíz de la desobediencia. Violentó las tres condiciones divinas estipuladas para que la unción del Espíritu Santo estuviera sobre él, tocó cuerpo muerto, ingirió vino y cortó su cabello.
2. La rebelión: Saúl cometió pecado de rebelión contra Dios y el Espíritu Santo se apartó de él. En este estado de rebelión mató los sacerdotes de Jehová y selló su rebelión consultando a una pitonisa. Él y sus hijos perecieron en una de las batallas más cruentas que peleó Israel.
3. La apatía: El libro de Malaquías es una carta de despedida que expresa el dolor de Dios por la apatía del pueblo de Israel hacia su santo nombre. Pasaron cuatrocientos años de silencio después de este profeta hasta que irrumpió Juan el Bautista con un mensaje de arrepentimiento. Las actitudes hacia el servicio a Dios y su ley provocaban dolor a Dios. El Talmud de Babilonia dice que después del libro de Malaquías el Espíritu de Jehová se apartó de Israel.
Ana Ríos
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