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No retrocedas

  • relojprofetico
  • Nov 12, 2025
  • 5 min read

A Lot se le dijo no mires tras ti. A Israel Dios le dijo que no volvería a Egipto. Y a nosotros Dios nos dice que miremos hacia el frente, mirando siempre al blanco de la soberana vocación. O sea, lo que nos quiere decir el Señor es que hay que caminar. Tenemos que ser vencedores, lo que quiere decir que no podemos retroceder porque hemos sido marcados para la victoria. Como nos dice el apóstol:

 

Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.  Hebreos 10:39

 

Es preocupante, y causa dolor ver que cuando ya casi a punto de entrar a la tierra prometida, a la gran Canaán celestial, muchos están soltando el arado. Muchos están volviendo como Pedro y los otros discípulos a las redes.

 

Hay unas leyes en el mundo espiritual que han sido establecidas por el Espíritu Santo a fin de que podamos obtener la victoria en medio de las luchas de la vida.


Estas leyes son inviolables, ir en contra de ellas podría provocar la destrucción de nuestra alma y la interrupción de nuestra comunión con el Señor. Una de ellas es nunca retroceder, esto es desandar el camino ya recorrido.

 

Un constante caminar hacia el frente, sin volver atrás, sin tornar la mirada hacia atrás decidirá quiénes son vencedores y quiénes son los fracasados. Pero como mencionamos en otro momento, nuestras vidas no están marcadas por el fracaso porque somos de los que no retroceden.

 

El Espíritu Santo nos da muchos ejemplos en las Sagradas Escrituras sobre el ideal hacia el cual quiere conducirnos a fin de llegar a la meta, al objetivo de la soberana vocación. A través de estos ejemplos nos presenta una realidad absoluta: el que hace juramento bajo el estandarte de Cristo ha comenzado a caminar a través de una línea recta donde no hay retroceso.

 

El hombre y la mujer que quieren caminar con Dios tienen que entender que aquí no hay retroceso. La vida de los hombres y las mujeres de Dios tienen que ser, como dice la Escritura en Proverbios, como la luz de la aurora que va aumento hasta llegar al cenit de la perfección.


Y este cenit de perfección es la voluntad de Dios para nuestras vidas. Este cenit de perfección es el que dijo David en Salmos 17:15: En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.

 

No hay entonces satisfacción en la vida de un hijo de Dios hasta que no alcancemos el glorioso ideal de la perfección, y esto lo lograremos caminando, luchando contra viento y marea hasta poder ver el rostro de nuestro glorioso Señor.

 

Cuando nos convertimos a Cristo, hacemos un juramento bajo el estandarte de la fe, emprendemos una marcha hacia el centro de la voluntad de Dios. Quiere decir entonces que tenemos que poner todo nuestro empeño. Comenzar a orar, a ayunar. Comenzar a inquirir qué es lo que Dios quiere para nuestras vidas. Cuando el apóstol Pablo tuvo este encuentro con el Maestro se paró en esa línea recta, la Derecha. Lo primero que le preguntó Señor fue “¿Qué quieres que haga?”

 

Sí, porque al estar en esa línea recta dejamos de mirarnos a nosotros mismos, nos desenfocamos de las circunstancias que nos rodean y de los fracasos que han marcado nuestras vidas y nos enfocamos en Su santo propósito. Igual que Pablo, comenzamos a inquirir sobre esa gloriosa voluntad y preguntamos al Señor qué Él quiere que hagamos. Esto es rendir la voluntad al Maestro.

 

Entonces Jesús dio instrucciones a uno de sus mensajeros diciéndole:  Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, Hechos 9:11.

 

O sea, en el momento que este hombre tuvo este espectacular encuentro con Jesús se ubicó en una línea recta donde él sabía que no había retroceso. Y este camino era no sólo derecho, también estrecho. Allí no se podía retroceder. Más adelante dijo: 


No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús... 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filip. 3:12 


Un deslizamiento hacia atrás puede acarrear la muerte espiritual. Mirar atrás puede ocasionar la destrucción de nuestra alma. Por consiguiente, hay que sacar fuerzas, hay que levantar los brazos caídos, hay que enderezar las rodillas paralizadas, hay que soltar toda carga de pecado que nos asedia y caminar, aunque no haya fuerzas.


El escritor de Hebreos dijo:  Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. …12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; 13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Heb. 12:1-13


¿Qué es retroceder? Es “volver hacia atrás, detenerse ante un peligro u obstáculo.


A Lot se le dijo: … Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.


A Israel se le prohibió volver a Egipto; al profeta que fue enviado para llevar el mensaje a Jeroboam le fue prohibido volver por el mismo camino… Abraham nunca volvió a la tierra de donde salió. Pedro dijo, “volveremos a las redes”, pero el Espíritu Santo lo arrestó y jamás pudo volver atrás.


Es que cuando caminamos con Dios caminamos a través de una línea recta donde no hay retroceso. Retroceder envuelve perder de vista el blanco de la soberana vocación, renunciar al llamado santo en nuestra vida. Es una declaración y aceptación de la derrota. Equivale aceptar como probabilidad que el que me dijo “emprende el camino” se equivocó.


Es como decirle a Dios: Señor, las cosas funcionan mejor a mi manera que proseguir por esta línea recta, por este desierto que no tiene fin. Pero hay un peligro espiritual tornarse atrás del santo mandamiento. Hay un peligro retroceder porque retroceder equivale recoger los mismos trapos sucios de pecado que solté.  El Espíritu Santo nos dice a través del apóstol Pablo:


Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Gálatas 2:18

 

Y el apóstol Pedro nos amonesta en 2 Pedro 2:20: 20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

 

Si usted se ha dado cuenta, la armadura provista por el Espíritu Santo para la protección de nuestro cuerpo espiritual cubre todas las áreas excepto la espalda. ¿Por qué? Porque un creyente no puede retroceder. Un creyente no puede dar la espalda al enemigo. Un creyente no puede dar su espalda al sendero delineado por Dios pues un dardo de fuego lanzado por el enemigo podría derribarlo.


Ana Rios

12 de noviembre 2025

 
 
 

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