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¿Por qué te turbas dentro de mí?

  • relojprofetico
  • Aug 24, 2025
  • 5 min read

¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí; me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Salmo 42: 5-7 

 

 ¿Qué es turbación? Es confusión, desorden, desconcierto. ¿Cómo es posible que un hombre o una mujer que ama y sirve a Dios pueda ser turbado? ¿Pueda tener confusión? ¿Pueda estar en desconcierto?

 

El que compuso el Salmo 42 sabía quién era Dios. Había vivido torrentes de felicidad en su caminar con Dios. La profundidad poética de este salmo denota una vida de intimidad con Dios. Una comunión dulce y agradable que de alguna manera fue interrumpida por algún infortunio, por la desgracia.

 

Una nube negra se asoma y cubre su camino tornándolo intransitable. Apenas se ve la luz del día. Aquí vemos a este hombre viviendo un momento oscuro de su vida. Su brújula espiritual se había dislocado y yace caminando por un desierto donde no hay agua, caminando bajo un ardiente sol. Así es el desierto espiritual que atraviesa este hombre.

 

Lo que vemos aquí no es un alma turbada por las pruebas o alguna enfermedad pues este dolor tiene su lenguaje melodioso. Y es que en la prueba, el dolor y la enfermedad puede nuestro corazón cantar como el canario enjaulado. Este salmo que brotó de esta alma turbada es consecuencia de haber perdido la presencia de Dios a raíz de algún acto de desobediencia. Con un dolor agudo que cada día se acrecienta por el recuerdo de gozos anteriores, este hombre escribe estas profundas palabras que salen de un corazón abatido y turbado. Toda transgresión trae turbación a la vida de un hombre y una mujer que camina con Dios. Por eso el salmista se aseguró de tener la palabra de Dios como un contrafuerte en contra el pecado y exclamó: “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti.”  Salmos 119:11

 

Cuando tenemos comunión con Dios aun en el valle de la sombra de la muerte se mantiene ese hilo de comunicación. No hay viento tormentoso, no hay oscuridad que logre doblarnos hasta abatir nuestra alma. Y es cierto que viene la prueba. Es cierto que viene la enfermedad y nuestras almas quieren morir cuando atraviesan por esos momentos oscuros. Pero cuando ese hilo de comunicación está inalterable atravesamos el valle de la sombra de la muerte sin ser abatidos por los vientos contrarios.

 

Este salmo denota más que una prueba, algo más que un momento de enfermedad y desconcierto. Este salmo denota turbación. Y la turbación del alma sólo sucede cuando perdemos el hilo de comunicación con Dios. Y el hilo de comunión con Dios lo único que lo obstruye es la rebelión, es la desobediencia. Resumidamente, es el pecado.

 

¿Quién compuso esta elegía?  ¿Quién compuso este canto tan triste, lleno de melancolía por una fe perdida? ¿Por haber perdido la presencia de Dios? Masquil es un género musical que transmite una enseñanza. Entonces fue escrito para enseñarnos a nosotros. Para que no cometamos los mismos errores. Porque cuando perdemos eslabones en nuestra ascendencia a los lugares celestiales, volverlos a rebasar es bien difícil. El Salmo 42 fue escrito por los hijos de Coré, o quizás por algún descendiente por el evento sucedido a los hijos de Coré.

 

Y todos sabemos el evento trágico que sucedió a los príncipes y sacerdotes liderados por Coré, Datán y Abiram quienes en un acto de rebelión querían quemar incienso delante de Jehová, tal y como aparece relatado en Números 16. Da a entender entonces que alguno de los hijos de Coré escribe el salmo en algún momento oscuro de su vida.

 

¿De qué manera la desobediencia turba el alma?  El capítulo 7 de Josué nos ilustra un ejemplo bien claro sobre cómo el pecado de la desobediencia puede turbar una familia y como resultado una iglesia y una nación completa.

 

El valle de Acor, donde llevaron a Acán y toda su familia, quiere decir “turbación”. Y cuando transgredimos el mandato de Dios en nuestra vida es porque nos hemos detenido en el valle de Acor. La rebelión, la desobediencia y en general el pecado no solo turban el alma, turban también la familia y trastornan la sociedad y al país. El pecado se convierte en una puerta que se abre y a través de ella los demonios entrarán y la usarán como pasadizo para ubicarse dentro de las familias por generaciones.

 

Dios dijo a Caín: “el pecado está a la puerta”. Sólo hay que darle un poco a la manecilla de la puerta, abrirla suavemente y por la apertura pequeña de esa puerta abierta entrarán legiones de demonios generacionales, demonios territoriales que entrarán a nuestra vida, a nuestro hogar y a nuestra familia.

 

¡Qué terribles son las consecuencias del pecado!  ¡Qué terribles son las consecuencias de la desobediencia!

 

La Biblia relata otra elegía o cántico melancólico de un hombre que sufrió las mismas consecuencias del desvío al no querer obedecer a Dios y cumplir con una orden. Este fue Jonás. Sus palabras suenan como un eco de las expresiones de los hijos de Coré cuando dijo:

 

Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares,

Y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.

Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; mas aún veré tu santo templo.Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo;

El alga se enredó a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes;

La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Jonás 2

 

David trastornó toda su casa por su pecado de adulterio pues la espada nunca se apartó de su familia. A raíz de este acto que trajo turbación no solo a su vida, también a toda su familia escribe el Salmo 51. Un salmo que refleja el dolor de haber perdido la presencia de Dios. Por aquella puerta que David abrió entraron demonios de incesto, inmoralidad sexual, rebeldía, violencia, asesinato, parricidio. ¡David perdió la presencia de Dios en su vida y con lágrimas tuvo que recuperarla. Tuvo que implorar a Dios que su espíritu fuera renovado con el fin de recobrar la lozanía espiritual que en un momento dado lo había convertido en el dulce cantor de Israel.

 

Hasta que el tumor canceroso no es extirpado, no hay sanidad para el cuerpo. Por eso Jesús dijo que mejor es entrar al cielo sin un ojo o sin una mano que ser echado al infierno con ambas. Aunque no entendamos las circunstancias de nuestra prueba, vamos a someternos a Dios y esperar en Él. Hagamos de su palabra nuestra adarga y nuestro escudo para no sucumbir a la rebelión. Las sendas de Jehová son misericordia y verdad para los que le temen. El salmista exclamó:

 

Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad.

Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida.

Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. Salmos 30:4-5

Ana Rios

 

 

 

 

 

 
 
 

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