¿Quién acusará a los escogidos de Dios?
- relojprofetico
- Jan 26, 2025
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Ana Rios
Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. Apocalipsis 12:10-12
Cuando leemos estos versículos, que son una revelación hecha por el Espíritu Santo en un contexto de guerra espiritual, vienen a nuestra mente varias preguntas: ¿Por qué satán tiene acceso al cielo? ¿De qué acusa a los hijos de Dios? ¿De qué forma los creyentes de la gran tribulación pudieron vencer al acusador?
Quizás nunca logremos entender en su totalidad este misterio de iniquidad. Sobre el por qué Satán, cuando era Lucifer dechado de perfecta hermosura y sabiduría, se corrompió.
Pero algo nos hacen claro estos versículos: Satán está en una constante guerra contra los hijos de Dios. Entonces, si nos ha declarado la guerra, si está en esta constante guerra contra nosotros tenemos que saber cómo pelear esta batalla. Segundo, tenemos levantar baluartes y fortalezas que nos sirvan de protección. Tenemos que pelear.
Alguien dijo que las cortes de la tierra responden a unos modelos del cielo. Los mismos procesos en sus principios suceden en el cielo. Si esto es así, y yo lo creo, tenemos que empaparnos entonces sobre cómo rige el sistema legal del cielo.
¿Por qué satán acusa a los hijos de Dios? Cuando usted acusa a alguien en una corte es porque hay causa probable contra el acusado. Una infracción, alguna falla, crimen u obstrucción de la ley. Y para poder ir a la corte tiene que atenerse a unos procesos y procedimientos legales aplicables. Necesita una causa probable con una base legal para que su caso sea aceptado por la corte y sea visto por un juez. De esta misma manera Satán anda por la tierra, detrás de los hijos de Dios, buscando motivos y causas probables contra ellos para acusarlos ante el Juez de toda la tierra.
En los días de Job sucedió esto. La Biblia dice que se apareció entre una audiencia del cielo donde comparecieron todos los hijos de Dios, en este caso los ángeles.
Satán no tenía ninguna base legal contra Job, pero intentó una causa probable contra él que indirectamente incriminaba a Dios. Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10 ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. 11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. 12 Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová. Job 1:10-11
¡Con mucha razón hubo regocijo en el cielo cuando Satán fue expulsado!
Con Pedro hizo lo mismo. Pedro tenía un temperamento impulsivo. No era un hombre que reflexionaba sobre sus acciones y en cualquier situación o circunstancia disparaba su escopeta. Abría su boca sin medir palabras ni circunstancias. Esto le daba cierta desventaja a Pedro sobre su enemigo.
Los temperamentos impulsivos e iracundos son un blanco fácil para el enemigo pues él toma ventaja de ellos. Por eso Jesús tuvo que clamar al Padre para que la fe de Pedro fuera fortalecida pues ya Satán lo estaba pidiendo para zarandearlo.
Otro caso que nos muestra la Escritura es el del sumo sacerdote Josué, quien vino a ocupar su puesto cuando llegaron los exiliados a raíz del decreto de Ciro. (Zacarías 6:9-15) Quizás Josué no tuvo la bendición de ser criado y educado en el mismo ambiente que fueron criados los sumos sacerdotes que le antecedieron. Quizás la cultura pagana de Babilonia ejerció cierta influencia en la vida de este piadoso hombre. Entonces Satán comienza con su bombardeo de acusaciones contra este hombre de Dios. El enemigo no pierde tiempo. Hasta los pecados y errores de nuestros padres y antepasados el enemigo usa como causa probable para acusarnos delante de Dios e impedir que alcancemos sus bendiciones.
Y aunque en este contexto Josué es usado de una manera simbólica, pues Satán no solo tenía a este hombre de punto también a Jerusalén, el Espíritu Santo nos quiere llevar a que entendamos sobre como el deseo de Dios es un deseo de restauración y bendición, no de juicio y condenación. Satán fustiga contra este hombre para maldición, pero es reprendido por el Juez de toda la tierra.
¡Qué glorioso es cuando Dios dice Jehová te reprenda Satán! Queriéndole decir que él no tiene suerte ni parte en los negocios del reino. Que lo que Dios limpió no lo llame inmundo. A quien Dios restaura no hay cabida para el señalamiento. Por esta causa los hijos de Dios tienen que salir de la cárcel de la auto condenación. Tienen que escalar peldaños y ocupar el lugar que Dios ha preparado para ellos.
Muchos creyentes pasan su vida cristiana recriminándose constantemente por sus errores, sus derrotas y caídas. El secreto es levantarse. El secreto es reparar portillos, hacer sendas derechas a nuestros pies. Dejar lo que queda atrás y proyectarnos hacia el futuro glorioso de los hijos de Sion. A través de Balaam, Satán quiso poner tropiezo a Israel ubicando maldición. Dios lo impidió. Si la bendición de Dios está sobre nosotros y somos vasos de su Espíritu Santo ¿qué arma forjada prosperará contra nosotros? Tal y como hizo con Josué, Dios ha puesto corona de honra sobre nuestras cabezas.
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8:31-39




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