Reclamando y conquistando
- relojprofetico
- Sep 22, 2025
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Toda conquista envuelve conflicto, todo conflicto nos lleva a una guerra y una guerra requiere estrategias, requiere planificación. Nadie se lanza a una conquista pensando que no va a tener conflicto y nadie se lanza a una guerra sin haber calculado el costo y haber planificado las estrategias.
Jesús dijo en Marcos 14: 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
Tenemos que entender también que cuando nos metemos en una batalla espiritual no estamos exentos de recibir heridas, pero el buen soldado se preparará de tal manera que pueda evitar los golpes de los ataques del enemigo.
Esto no es una excepción en la conquista espiritual.
Jesús dijo en Lucas 12:49: Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? 50 De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! 51 ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. 52 Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53 Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
En la conquista espiritual no hay términos medios o neutrales.
En la iglesia vemos dos tipos de creyentes: 1. los neutrales. Que viven como si no entendieran que están en una batalla espiritual. 2. Los comprometidos. Estos son los que han asumido la posicion de David frente a Goliat.
La Palabra nos relata lo siguiente: Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. 10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. 11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. 12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. 14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. 15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi; 16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación. Éxodo 17:9-16
Cuando el enemigo pelea contra usted, está peleando contra Jehová por lo tanto Jehová es el que pelea por nosotros. Esto quiere decir que usted tiene que depender de Dios para que pueda saber cómo pelear la batalla.
La promesa de las bendiciones hechas a la iglesia se circunscriben a la ejecución de una autoridad espiritual que afecta las profundidades del abismo abajo en la tierra, el Hades (que es este sistema que vivimos), y las dimensiones espirituales arriba en el cielo. Este es el tema central de la carta a los Efesios. En esta premisa tambien fueron impartidas las bendiciones de los patriarcas a sus hijos y descendientes.
Satán entiende esto, por lo tanto buscará la manera de debilitarte con el fin de que tú no puedas ejecutar la autoridad que has recibido del cielo. Tal autoridad demanda una responsabilidad suprema sobre cómo la iglesia ha de ejercer la misma. ¿Por qué la iglesia le fue concedida tal autoridad que ni aun el mismo Israel pudo ejecutarla? Porque la iglesia está fundamentada sobre la roca que es Cristo.
18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Mateo 16 al 19
Cada vez que decimos “Jesús dijo”, se crea una conmoción en el cielo, en el infierno y en la tierra.
Bajo ningún concepto debemos entender nuestras conquistas en algún ámbito material. Las conquistas materiales que hará la iglesia se basan en la promesa hecha por Jesús de alcanzar primero unas conquistas espirituales y luego las materiales vienen como una añadidura. O sea son secundarias.
Mateo 6:25 dice: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
La iglesia no irá en prosecución de bienes materiales, ni de alcances políticos porque el ideal del reino no es de naturaleza política ni de este mundo. La autoridad de la iglesia va sobre ideales políticos terrenales. La naturaleza de la iglesia no es terrenal. Cada vez que la iglesia ha desviado su vista de esta premisa, ha creado caos social y espiritual porque ha trastocado la naturaleza de su misión.
Al pueblo de Israel Dios hizo unas promesas de conquista territorial y la conquista que hizo el pueblo de Israel se limitaron a la palabra empeñada por Dios. Dios le dijo exactamente cuál era el territorio que iban a conquistar y cuál no conquistarían y les dio las razones. Por lo tanto vemos que las conquistas que harás serán en base a la promesa que Dios te ha hecho y a los límites que Dios te ha establecido.
Cuando Dios empeña su palabra la bendición es irrevocable. No hay fuerza, no hay oposición, no hay decreto que te impida recibir lo que se te ha prometido porque es tuyo. Pero si te extiendes más allá de lo que Dios te ha prometido, lo harás con tus propias fuerzas y te expones a pérdidas.
¿Por qué los hijos de Dios se ven inmovilizados en el camino, como impotentes de recibir una provisión que ya está hecha? ¿Cuál es el problema?
Número uno: quizás estás incursionando y reclamando lo que no te pertenece.
· Bienes terrenales
· Profesiones en conflicto con los intereses del Reino.
· Conquistando fuera de la voluntad de Dios.
Número dos se subestima la bendición de Dios: El pueblo que salió del desierto para la conquista tuvo en poco la provisión de Dios.
Jueces 13: 31 Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. 32 Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. 33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.
Número tres: está tambien la falta de fe.
Número cuatro: falta de confianza ocasionada por el temor.
Todo creyente de éxito (y aquí el éxito es relativo) sabe que sus victorias son un resultado de su entrega a Cristo y de permitirle obrar por medio de su vida para vencer los obstáculos y adversidades que se oponen.
¿Cuál es el obstáculo mayor de todo creyente que quiere conquistar? Los pecados individuales.
Los pecados individuales debilitan toda la iglesia. Si el creyente no enfrenta el problema del pecado rápida y decididamente, este como una célula cancerosa metastizará y destruirá al cuerpo que es la iglesia.
El apóstol Juan nos presenta una manera de cómo Satanás puede destruir la vida espiritual de un creyente:
1 Juan 5:18 Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.
Si tú eres nacido de Dios, tienes que entender que no puedes dar cabida al pecado en tu vida, de lo contrario te conviertes en presa del enemigo y minas el cuerpo de Cristo que es la iglesia.
Si quieres ser un cristiano victorioso que va de conquista en conquista somete tus instintos y pasiones, no dejes ningún pecado sin confesar ni sin enfrentar. Recuerda que un pecado no confesado se convierte en una trampa.
Somete continuamente tu vida a la autoridad de Jesús, no olvides que independientemente de la fuerza del enemigo, Dios puede y quiere hacerte prevalecer. El que quiera conquistar tiene que comenzar conquistándose primero a sí mismo.
El pecado nos obliga a una constante lucha que debemos enfrentar, si no queremos correr el riesgo de una caída. Cuando rechazamos el pecado, a veces nos parece que la batalla ya ha pasado, solo para ser tentados de nuevo una y otra vez por el mismo pecado. El pecado nunca desaparece, por lo que debemos estar permanentemente en guardia.
Los pecados a los cuales no nos enfrentamos al final nos debilitan y pueden ocasionar nuestra caída.
Alguien dijo: “Conquístate a ti mismo.” No podemos luchar a la ofensiva y ganar territorio si no hemos logrado someter nuestros vicios y pasiones, insistamos en lograr la victoria en nuestra lucha contra el pecado.
Cuídemonos de las tentaciones del mundo y de la carne. Comprendamos que cualquier acomodo puede con el tiempo debilitarnos y dejarnos indefensos, dándole al maligno la ocasión de dominarnos.
Hay que arrepentirse enseguida cuando nos venza el pecado. Confíar en que Dios honra fielmente todo arrepentimiento sincero. Rompamos todo compromiso con los instrumentos de iniquidad.
De la misma manera que los pecados individuales afectan la armonía y las victorias del cuerpo de Cristo en la implementación del Reino, las estrategias individuales afectarán también la lucha por la implementación del Reino de Cristo.
La Reforma Protestante comenzó por un solo hombre que tenía unas convicciones profundas, Martin Lutero. Pablo se paró solo en Efeso una ciudad gobernada por una maquinaria religiosa de tenebrosidad espiritual y política. Allí Pablo comenzó una iglesia que derribó el engaño satánico del culto a Diana.
Cuando Charles Finney se lanzó a la conquista de las almas incluyó en su equipo a un hombre llamado Nash quien permanecía detrás de él en una constante y profunda intercesión. Sobre 50,000 almas venían a los pies de Cristo en cada cruzada evangelistica.
Tenemos que entender las dimensiones geográficas, materiales, mentales, espirituales, intelectuales de la batalla que vamos a librar para poder conquistar y obtener la batalla. Esto lo hacemos a través de una vida sometida a Dios en ayuno y oración. El apóstol Pablo nos hizo claro que nuestra lucha no es contra carne ni sangre.
El General Douglas MacArthur, en una de las decisiones más cruciales que tuvo que tomar en su carrera militar pronunció unas famosas palabras que fueron escritas para la historia: “No hay un sustituto para la victoria.”
Cuando peleamos una batalla, tenemos que ir de frente, no podemos buscar atajos ni remedios. Hay que cortarle la cabeza al Goliat. Este es un principio bien difícil de entender para los creyentes. Cuando tú obtienes una victoria tienes que procurar obtener la victoria completa. No puedes conformarte con obtenerla a mitad. Y cuando ya conquistaste lo que tenías que conquistar, tú tienes que retener lo conquistado.
Cuando tú recibes una bendición, tú tienes que retener esa bendición. Cuando recibes la salvación tú tienes que luchar por retener la salvación que Dios te dio. ¿Qué hacemos generalmente nosotros los cristianos? Bajamos los brazos y a veces en medio de la cruenta batalla. O buscamos una solución al problema porque ya estamos cansados de luchar.
Entonces nos bajamos a la llanura, nos vamos a caminar por los campos de Moab, escogemos las llanuras de Sodoma, volvemos a la barca a seguir pescando, nos quedamos plácidamente en Jerusalén.Nos olvidamos que un soldado no puede soltar sus armas y desvestirse de sus atuendos de guerra.
Cuando entras una batalla de intercesión y de oración, el enemigo se retira, se va al otro lado, pero recuerda que lo hace para reorganizar su ejército y reagrupar fuerzas y el ataque que viene va a ser más feroz que el primero.
Dios nos ha dado la autoridad, nos ha dado el nombre de Jesús como una garantía de una victoria certera y segura.
La oración, la intercesión, y el ayuno son armas mortíferas contra los baluartes del enemigo. Son proyectiles lanzados contra las fortalezas de Satán. Si tú bajas la guardia te debilitarás y fortalecerás las guarniciones del enemigo.
Ana Rios




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