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Señor, enséñanos a orar!

  • relojprofetico
  • Aug 4, 2025
  • 6 min read

Ana E. Ríos. Una de las ordenanzas más gloriosas y sublimes es la oración. Dios viene a nosotros a través de su Espíritu Santo, pero nosotros vamos a Él a través de la oración. Dios nos habla a través de su Palabra, pero nosotros hablamos con Él a través de la oración.

 

¿Qué es la oración? Es la ofrenda de nuestros deseos a Dios en el nombre de Jesús por cosas que están de acuerdo con Su voluntad. Es el momento cuando los más recónditos anhelos del alma se cristalizan con la esperanza de que sean aceptados por Dios. Y ese momento debe ser sagrado, algo especial donde preparamos nuestra alma para derramar nuestros anhelos en el altar de la ofrenda.

 

Es nuestro culto racional a Dios donde día a día quemamos el incienso de nuestra adoración y súplica, postrados ante su presencia.  Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.  Romanos 12:1

 

La oración es el incienso que día a día quemamos en el altar del sacrificio. Aparece tipificado en la ordenanza dada por Dios a los hebreos: Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harásÉxodo 30:1

 

¿Cómo presentamos nuestros cuerpos en sacrificio vivo? Cuando nos tiramos de rodillas ante Dios y derramamos nuestra alma ante el Señor. Ese es nuestro culto racional. El Señor le ordenó al pueblo de Israel hacer sacrificios dos veces al día: en la mañana y al caer la tarde. (Éxodo 29:38,39) De la misma manera todo creyente debe presentarse ante el Señor por lo menos dos veces al día: en la mañana al levantarse y por la noche al ir a su cama.

 

Un creyente que ha escalado los peldaños de la dulce y sublime compañía del Señor, dando al Espíritu Santo un completo control de su vida, aceptará la estipulación divina estampada en la Sagrada Escritura: “Orad sin cesar”.

 

Este “orar sin cesar” es una fijación del pensamiento en aquel a quien ama nuestra alma y nos lleva a una constante y permanente comunicación y comunión con el Señor. En este aspecto hacemos a Dios partícipe de todos nuestros actos y momentos de la vida. 

 

En este nivel hacemos que Dios sea partícipe de todos nuestros anhelos, ansiedades, dudas, alegrías, decepciones, frustraciones, etc. Pocas personas logran llegar a este nivel. Una de las causas es el constante descuido de la oración y la falta de ejercicio diario de caminar con el Señor. Podemos añadir tambien los afanes del diario vivir. Entonces terminamos como Marta, perdiendo los mejores momentos a los pies del Señor.

 

David es un ejemplo de los pocos creyentes que han escalado las alturas de la oración. Gran parte de los salmos fueron escritos por David y son un reflejo de su intimidad y constante comunión con el Señor.

 

David había hecho de la oración el arma principal de su arsenal de guerra espiritual. Sus grandes batallas espirituales fueron ganadas en el lugar secreto de la oración. Sus empresas y decisiones tomadas eran decididas después de largas noches y días esperando muchas veces en el silencio la respuesta del cielo.

 

Muchas veces los largos periodos de oración son acompañados por largos periodos de silencio donde el alma se recoge en el rincón de la espera. Esta estancia de la espera requiere la férrea disciplina de la inactividad. Sí, porque la oración también es hecha en un silencio del alma.

 

La oración es una gracia concedida sólo a los humanos donde el alma tiene la oportunidad de descargarse ante Dios que es atento y misericordioso. Es una ofrenda a Dios, pero en este acto de ofrendar nuestra alma se nos permite la bendición de hacer conocer nuestros deseos, nuestras peticiones, y echar sobre Él nuestra ansiedad.  

 

Filipenses 4:6 nos dice: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:7

 

No está permitido hacer oración a ninguna otra persona o cosa sino a Dios pues Él siempre está atento a la oración de sus santos.  La nación de Israel tuvo muchos tropiezos que le impidieron alcanzar la tierra prometida: falta de fe, rebelión, idolatría, desobediencia... De la misma manera la iglesia del Señor ha tenido sus tropiezos que no le han permitido sentarse en los lugares celestiales con Cristo y uno de ellos es una vida carente de oración.

 

No hay excusa, no debe haber tropiezo ni estorbo… nada, absolutamente nada debe interponerse entre un hijo de Dios y sus momentos de oración. El cristiano que no ora afrenta a su Creador. Los grandes hombres de Dios que lidiaron cruentas batallas entendieron el misterio y la virtud de la oración. Que la oración es hablar con Dios. Es intercambiar sentimientos y anhelos. Sí, porque Dios también nos comunica sus sentimientos en los momentos que pasamos a solas con Él.

 

En Salmos 25:14 dice la Escritura:  La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto.

 

Dios revela sus sentimientos y sus propósitos a través del Espíritu Santo a todos aquellos que le temen y que con reverencia y amor día a día queman el oloroso incienso de la oración ante su presencia.


12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14 Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. Juan 16:12-15


Los discípulos querían que Jesús les enseñara a orar. Sabían que había un secreto en la ciencia de la oración y que era un acto de abrir las puertas del cielo. El alma que no ora es como el cuerpo que no recibe los nutrientes necesarios para ejecutar las arduas faenas del diario vivir. La vida espiritual comienza a languidecer hasta sumirse en una depresión oscura.


Es que los discípulos habían sido testigos de la vida de oración de Jesús y cómo ésta daba vida a todas sus acciones. A diferencia de las oraciones que enseñaban los Escribas y Fariseos, la comunión de Jesús con su Padre se hacía manifiesta a través de oraciones espontáneas y lozanas.

 

Si Jesús es Dios no tenía entonces porqué orar. Pero cargaba con un cuerpo humano, había asumido una naturaleza humana que por sí sola es incapaz de subsistir. Además, quería dar ejemplo a los discípulos y la Biblia dice que pasaba largas horas durante las noches orando hasta que rayaba el alba. 

 

En Levítico 19:5 dice: Y cuando ofreciereis sacrificio de ofrenda de paz a Jehová, ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos.

 

¿Cómo nuestra oración es aceptada por Dios? Primero, hay que orar en el nombre de Jesús. Dios jamás recibirá una oración que no sea hecha en el nombre y por los méritos de Jesús. Segundo, tenemos que darle el control al Espíritu Santo. Nosotros no sabemos cómo orar ni cómo pedir. Es aquí donde el Espíritu Santo interviene y nos lleva a la oración eficaz.

 

Nuestras oraciones no deben ser como las del publicano: centradas en nosotros mismos y nuestros intereses personales. Cuando la oración está centrada en nosotros mismos caemos en el pecado de la justificación propia. Y nadie que se justifica a sí mismo ante Dios alcanzará misericordia.


En la oración de Daniel que aparece registrada en la Biblia, Daniel pudo justificar ante Dios la situación precaria que vivía. Pudo decirle a Dios “Mira a dónde tú me has traído. ¡Por qué has hecho esto conmigo! Yo nunca te he fallado, siempre te he servido”, etc., etc.  Muchas veces nosotros oramos a Dios de esta manera. Sin embargo, Daniel comienza su oración con súplica y humillación, confesando el pecado y pidiendo misericordia. Y alabando y justificando a Dios por sus justos juicios y hechos. (Daniel 9)

 

¡Entremos en el secreto de la oración! ¡Vamos al aposento alto! ¡Jamás le robemos el tiempo que sólo corresponde a Dios! ¡Cambiemos nuestra manera de orar! ¡Cambiemos nuestra actitud ante la oración! Veámoslo como la dulce oportunidad de entablar conversaciones de amor con nuestro Amado.

 

Habrá muchos lamentos en día del juicio del tribunal de Cristo, un día que ha sido separado en la eternidad donde serán juzgadas nuestras obras. ¡Muchos lamentarán las horas desperdiciadas y el tiempo que se le ha robado a Dios! Se habla del tiempo que los padres roban a sus hijos, del tiempo que los esposos roban a sus esposas, del tiempo que los empleados le roban a la compañía. ¡Pero no se habla del tiempo que los hijos de Dios le roban a su amante Padre celestial!

 

Y Jesús no pide mucho. ¡Sólo una hora!

 

Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Mateo 26:40

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

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