Sus caminos no son nuestros caminos
- relojprofetico
- Oct 10, 2025
- 5 min read

Ana E. Ríos Los otros días un cuadro se presentó frente a mí, me veía caminando junto a mi familia por un desierto bajo un sol candente intentando sembrar unas semillas que teníamos en las manos. Me preguntaba a mí misma: ¿Cómo van a germinar estas semillas en este desierto?
Isaías 55:8-9 saltó a mi vista como una respuesta: Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
En este caso el Espíritu Santo le estaba hablando al pueblo de Israel, pero es un mensaje para nosotros hoy.
¿Qué quiere decirnos el Espíritu Santo? Primero, que nuestra manera de ver las cosas está bien distante de la manera que Dios las ve. En cierto momento Dios le preguntó a Moisés: ¿Qué tienes en tu mano? Moisés veía una vara, pero Dios veía una serpiente que devoraría las varas de los adivinos. Una demostración de la autoridad y poder de Dios sobre los adivinos y sus demonios que los controlaban.
Nosotros vemos las dificultades como obstáculos para avanzar en nuestro caminar espiritual, Dios las ve como posibilidades de escalar peldaños y autoridad espiritual. Vemos un inmenso mar que se interpone para cruzar y estar a salvo del enemigo. Dios ve un ancho camino por donde podemos caminar y un mar que se cierra detrás de nuestro enemigo. Entonces nuestra victoria es intentar ver las cosas como Dios las ve.
En cierto momento el profeta Eliseo oró para que los ojos de su criado fueran abiertos y pudiera ver lo que Dios veía. ¿Qué veía el criado? Veía un enorme ejército de enemigos guerreros que sitiaba la ciudad donde moraban. Pero el profeta oró y Dios le hizo ver la realidad. ¿Cuál era la realidad en ese momento? La realidad era lo que Dios veía: Un enorme ejército de carros de fuego y gente de a caballo que servían de muro de protección al pueblo de Dios.
¡Qué difícil se nos hace a nosotros los humanos entrar en la visión de Dios! Aveces estamos como el enorme elefante que desde pequeño lo acostumbraron a verse amarrado a la pequeña varita y nunca pensó que con un solo tirón de su pierna podía romper aquella frágil vara donde había pasado toda su vida amarrado.
O como la alegoría del águila en el corral que había pasado toda su vida comiendo gusanos en el fango porque no se habían abierto sus ojos para entender que era un águila no una gallina de corral.
Muchos hombres de Dios vivieron la disyuntiva que nosotros vivimos hoy. Dios llamó a Abraham poniendo su palabra en una promesa. Una simple promesa que Abraham nunca vio. Pero fue justificado y aparece en la galería de los hombres de la fe porque creyó contra esperanza.
Fue una esperanza desesperanzada la de este hombre. Alguien comentó que desde que Dios le dijo a Abraham “sal de tu tierra y de tu parentela y ve a la tierra que yo te mostraré” pasaron alrededor de veinte años antes de recibir una nueva palabra de Dios. Si esto es cierto, ¿se imagina lo que son veinte años sin tener ni una idea, ni una vislumbre del propósito de la vida? Un llamado incierto que solo pendía de una promesa incomprensible e intangible.
Él pudo volverse hacia su tierra y decir: “Me equivoqué, no fue Dios quien me habló.” Pero como dijo el escritor de Hebreos: … siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Hebreos 11:8-10
Pero Abraham creyó. Creyó contra esperanza y conquistó una posición honorable no solo en la historia de la humanidad, también en la eternidad.
Pedro dijo: “!Me vuelvo a las redes!” Porque pensó que el que decía ser el Mesías estaba sepultado dentro de una cueva en un cementerio. Pero luego lo vio rodeado de gloria.
Y cuando Lot prefirió escoger las deleitosas llanuras, Abraham se conformó con los escarpados montes y se mantuvo tras la promesa. La vida de nosotros los cristianos no se diferencia de la vida de aquellos que optaron por seguir detrás de una promesa. Los caminos de Dios son incomprensibles para nosotros. Pero, aunque estos sean incomprensibles si nos disponemos obedecer y meternos en la visión de Dios, de por lo menos intentar ver las cosas como Dios las ve, entenderemos que no solo nacimos para comer el pan de cada día. Dios en su misericordia muchas veces nos explica y nos muestra el propósito, otras veces guarda silencio. Y hay que aprender también a vivir en el silencio de Dios.
El escritor de Hebreos nos dice que …Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.
Dios no se avergüenza de llamarse tu Dios aun cuando tambaleas de miedo, aun cuando dudas como dudó Juan el Bautista en aquella oscura celda, aun cuando dudas de tu llamado. Lo que tienes que entender es que los caminos de Dios son muy diferentes a los nuestros.
Muchos de estos hombres y mujeres que son llamados grandes en el reino de los cielos y que ocuparán posiciones de autoridad sobre tronos apenas podían ver más allá del lugar donde ponían su pie.
Dice la Escritura que …experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.
¿Tú sabes por qué no recibieron lo prometido? Porque eran parte de un libro que comenzó a ser escrito y aun no estaba terminado. Eran piezas de un gran rompecabezas que cumple un propósito eterno. Un propósito que transciende eones del tiempo. Porque como dice Apocalipsis, sus obras siguen con ellos. Eran ladrillos de un gran edificio que aún no ha sido terminado.
Quizás tú y yo no veamos la promesa. Quizás no alcancemos lo esperado. Pero seremos reconocidos entre los héroes de la fe que vivieron contra esperanza. Y nuestros nombres serán ostentados en la lista de aquellos que agradamos a Dios porque vivimos en fe siguiendo una promesa.
Sentiremos satisfacción de ser un ladrillo de este suntuoso edificio, de ser un instrumento en las manos del gran alfarero.
Para recibir nuestros escritos suscriíase a nuestra página: elrelojprofetico.com
Para comunicarse con nosotros, escríbanos a: relojprofetico@hotmail.com



Comments