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Un Desierto En Su Presencia – Conclusión

  • Aug 27
  • 8 min read
Un desierto en su presencia- Conclusión

Por Emily Colón

 

La Lucha

 

Por mucho tiempo luché en mi interior sobre si contar o no nuestro testimonio. Fueron muchas las veces que pensé que no hacía sentido hablarlo. Y decía: ¿Por qué hablar de algo que para muchos traería tristeza?

 

Porque para muchos, la palabra “testimonio” siempre va de la mano con grandes milagros y sanidades, llevando a las personas a acercarse más a Dios, pero mi esposo y yo no vimos esto. Entonces, ¿por qué hablarlo?

 

Yo luchaba con este pensamiento día a día: “¿De qué vale?” 

 

Mi plan por un tiempo fue hacer morir esta memoria. De la misma manera que mi hija murió, también esto moriría dentro de mí.

 

El domingo 26 de mayo de 2024, nos encontrábamos preparándonos para ir al servicio y nuevamente la tristeza quería apoderarse de mí. Mi suegra se encontraba de visita y hablé con mi esposo de que no iría a la iglesia. Él no cuestionó mi decisión. Preparé a mis hijos y ellos se marcharon al servicio mientras yo me quedaba en casa. Honestamente, quería que Félix me empujara a ir.

 

Al rato le envié un mensaje a mi esposo para que llamara y comenzamos a hablar. En ese momento entendí que ambos nos encontrábamos en la misma situación. Yo no era la única que había perdido una hija, él también. Aunque el tiempo había pasado, aún ambos nos encontrábamos batallando con nuestra mente. Y yo no podía entender como él aun en ese estado tenía las fuerzas para seguir trabajando y cumplir con la Iglesia. Recuerdo que me dijo: “Si yo no lo hago ¿quién lo va a hacer? Haciéndome entender su responsabilidad.

 

Más adelante me dijo: “Emily llega a la iglesia”, que no me quedara en la casa que teníamos que sacar un tiempo para orar y ayunar.  Me vestí lo más rápido posible y llegué a la iglesia. Esa mañana Dios habló por medio de la mamá de Felixalberto sobre el profeta Elías, cómo después de una gloria tan grande en el monte Carmelo y fuego bajó del cielo, ahora el profeta se encontraba dentro de una cueva.

 

Esa era yo ese día.

 

El día siguiente, ambos nos retiramos en ayuno. Llegamos temprano a la Iglesia y a las 10:00 A.M volvimos a la casa para atender a nuestros hijos que habían quedado al cuidado de mi mamá y volvimos nuevamente a la iglesia junto con ellos.

 

Al regresar al templo comienzo a orar a Dios y hago una pregunta: “¿Cómo puedo hablar de este proceso si no vimos un milagro? ¿Cómo puedo hablar de tu poder? ¿Cómo puedo darte la gloria a ti?

 

Honestamente hubiera sido más fácil hablar de un milagro, pero cuando no ocurre nada, cuando el resultado no era el deseado, ¿cómo puedo hablar de la grandeza de Dios?

 

En ese momento entonces llegó a mi memoria la frase del apóstol Pablo: “Derribados, pero no destruidos.” (2 Corintios 4:9)

 

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos.

 

Yo me sentía así: estaba derribada en aquel momento, pero no destruida. Mi corazón estaba desalentado, pero no estaba vencida. Seguía creyendo en el mismo Dios. Y mi fe había aumentado, porque aún en el proceso pude ver claramente la mano de Dios. Cómo tuvo cuidado de mí. Cómo me fortaleció. Cómo me dio la sabiduría y el coraje en los momentos más oscuros de mi vida.

 

Muchas veces quise encerrarme en mi cuarto, quise sentir el dolor, quise sufrir mi dolor. Pensaba que era mi derecho, pero no podía. Mi espíritu no me dejaba. Trataba de quedarme en una cama y quedarme allí. Entrar en un estado de depresión. Pero, aunque tratara con todas mis fuerzas mi espíritu rechazaba ese sentimiento de lástima. En una ocasión, mientras trataba de quedarme encerrada y acostada en mi habitación, sentí la voz del Espíritu Santo que me decía: “No tengas pena de ti.” 

 

Hoy doy gracias a Dios por su Espíritu Santo. Que no me permitió entrar en un estado de depresión o locura, porque aún en mi tristeza sabía que estaba en el plan de Dios. Aún en mi dolor conocía que era la voluntad de Dios. Aun cuando no entendía nada, la paz del Altísimo inundaba mi alma.

 

¿Y cómo explicar esto con palabras? No hay forma de explicar esto. No hace sentido para la mente humana. El único que puede hacer esto es DIOS.

 

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. 2 Corintios 4:17

 

La fe que condena

 

El tiempo pasó y a pesar de que Dios había hablado a mi corazón aquel día, aún sentía que faltaba algo más. Aún no me sentía completamente lista para compartir nuestro proceso y esperé otro tiempo más. Hasta que llegó la segunda palabra…

 

Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Hebreos 11:7

 

La fe que condena al mundo. Esa palabra marcó mi vida.

 

Noé, un hombre ejemplar, por fe preparó el arca, aunque no había llovido sobre la tierra. Solo lo hizo, obedeció. Con temor, comenzó a trabajar en lo que Dios había estipulado.

 

Dios fue claro. Exactamente las medidas que debían ser. Cuán alta y ancha sería el arca. Muchos pensarían que estaba loco. Mientras todos gozaban de la vida y se daban en casamiento, Noé hacía lo contrario. Construía un arca. Iba en contra de las corrientes del mundo, de lo que decía aquella generación en el momento.

 

Su postura, su decisión, su fe… esto fue lo que condenó al mundo.

 

Esta palabra marcó mi vida pues llegará un momento en que nuestra fe actuará de la misma manera. El en “esperar en Dios”. En esperar su perfecta voluntad aun siendo contraria a la mía. Esto llegará a ser algún día de condenación para otros que operaron bajo su propia voluntad.

 

Cuando leí esta palabra fue como un alivio para mi alma. Porque mi fe no sería avergonzada. Que, a pesar de los diagnósticos, la presión, la angustia, la larga espera, el no recibir lo deseado, yo esperé en Dios y aún seguiré esperando en Él.

 

Fue en ese momento que entonces decidí hablar. Hablar de mi mayor milagro: Que aún estoy de pie.


Quizás para muchos esto hubiera sido mi derrota, pero fue todo lo contrario. Mi hija Isabella me acercó más a Dios y su Palabra. Me enseñó a esperar en el Todopoderoso y confiar en Él. Entender que su voluntad es perfecta y su amor incomparable. Nuestra hija no alcanzó a estar en esta tierra, pero hizo más por mí que cualquier otra persona. Porque su vida fue bendición a la mía. Porque cada uno de sus latidos trajo propósito a mi vida. Cada uno de sus latidos cumplieron el plan perfecto del Altísimo. Fue por medio de su vida que yo aprendí una de las verdades del evangelio.


…Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Hechos 9:16

 

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:8-9 


Con amor, su hermana en Cristo, Emily Colón. 

 

*****************

La conclusión no nos corresponde a nosotros, le corresponde a Emily y Felixalberto.  Quizás ni aun ellos sean quienes la concluyan. Nuestras obras siguen. Nuestro libro nunca termina. Nuestras vidas correrán eones de tiempos. Nuestras experiencias sufrirán su metamorfosis, pero nuestra fe se mantendrá incólume. Inalterable. Pero sí terminarán las pruebas. Acabará el sufrimiento. El dolor se transformará en oloroso incienso ante Su presencia.

 

Esta en sí no es una conclusión porque esta historia sigue. Sigue en las vidas de millones de mujeres que hoy lamentan no haberse detenido cuando los médicos aconsejaron abortar al hijo de sus entrañas. Y no las condenamos pues ya se sienten suficientemente condenadas infligiéndose día a día el castigo de la culpa, los recuerdos y el remordimiento.

 

¡En Jesús hay perdón! ¡Hay redención! Él deshace como nube nuestras rebeliones y como niebla nuestros pecados si nos tornamos a Él con corazón arrepentido. (Isaías 44:22)

 

Pero también esta historia sigue en aquellas que optaron por elevarse. Elevarse en las alas de la fe. Elevarse sobre las opiniones de la presente ciencia que avala la muerte de los no nacidos.

 

El libro de Revelación presenta dos maneras que los cristianos de los últimos días vencerán a la Bestia y su sistema: Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Apocalipsis 12:11 

 

Sin embargo, si leemos el libro completo de Revelación, se nos muestra que estos cristianos fueron decapitados. ¿Es esto victoria? Ante el mundo, quizás ante la ciencia, esto sea derrota, pusilanimidad o fatalismo. Pero en la eternidad resonará como un grito de victoria: “¡Vencimos al mundo! ¡Vencimos al sistema! ¡No nos inclinamos!”

 

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Apocalipsis 20:4

 

Dios pudo hacer el milagro en Isabella. Pudo darle riñones nuevos. Pudo arreglar el Síndrome Down. Pero no lo hizo. No porque sus padres no tuvieran fe. No porque no se estuviera orando. Dios quiso ir más allá. Quiso hacer brillar la fe que no claudica. La fe que cree contra esperanza. Quiso llevarnos a la esperanza que no avergüenza. Este lado de la fe que ignoramos. Que es cuando Dios pudiendo hacer algo, no hace nada. Permanece en silencio. Y hay que aprender también a estar en el silencio de Dios. Es esta la fe que no avergüenza.

 

Se ha testimoniado ante la ciencia moderna que contra toda esperanza nos ha sido trazado un sendero superior. Un sendero de excelencia: El amor que dignifica. El amor que protege. Un amor que aun cuando un niño se forme con defectos en el vientre de su madre, es amado. Es aceptado como un milagro del Creador. Es este el amor que nos hace semejantes a Dios, quien aun con todos nuestros defectos nos acepta y nos ama.

 

Se ha testimoniado que hay una ley superior a la de la conciencia. Una ley que va más allá de toda lógica humana. Va más allá de conclusiones humanas. Es la ley sempiterna de Dios, escrita no sólo en tablas de piedra. Escrita también en corazones que palpitan y sienten.

 

Agradecemos a nuestra hermana Emily por su valentía en hacer llegar su testimonio al mundo. Ha sido un acto no sólo de valentía, también de humildad. Ha sido un acto de amor que honra la breve vida de Isabella Grace. También la vida de millones de niños que todos los días son abortados en esta nación y a través del mundo entero. Una humildad que glorifica la soberanía de Aquel que teniendo todo el poder para hacer algo, quiso mostrar otra manera sobre cómo Él hace las cosas. ¡Y todo lo que Dios hace es bueno! A Él sea la gloria. Amén

 

[Todos los dibujos y pinturas presentadas en esta publicación son autoría de Hillary Escalante, hermana de Emily, a quien Dios ha investido con el hermoso don artístico de la pintura. Gracias Hillary.]

 

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